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Las siete señales milagrosas de Juan
Transcripción de La Llave de David
En el libro de mi padre El Evangelio de Juan: el amor de Dios, habla de cuánta profundidad hay en ese evangelio en particular, uno de los cuatro que se refieren a Jesucristo y Sus enseñanzas. Y dice que Juan se benefició de tener 50 o 60 años para meditar en las circunstancias en torno al ministerio de Jesucristo, para meditar en sus enseñanzas. Y lo pensó detenidamente. Lo meditó. También pasó tiempo con la madre de Jesús después de Su crucifixión. Y era el discípulo a quien Jesús amaba, según las Escrituras. Así que tenía una visión maravillosa de las enseñanzas de Jesucristo.
En este libro, como digo, el libro de mi padre, se expone con bastante profundidad. Si no lo tienen en su biblioteca, llamen hoy mismo a nuestros operadores y soliciten su ejemplar gratuito. Y en la misma línea, pueden suscribirse a la revista la Trompeta. Los espectadores habituales probablemente ya estén suscritos. Pero si son nuevos en el programa, todo lo que ofrecemos en él no tiene costo ni obligación alguna. Sólo queremos compartir la verdad de Dios, libremente.
Juan estaba escribiendo décadas después de los hechos, y en un tiempo de gran rebelión en la verdadera Iglesia. Incluso señala a uno de los rebeldes en sus epístolas. ¡Dice que “Diótrefes” estaba echando a la gente de la Iglesia porque se le subió a la cabeza el poder! Quería el control. No tenía el Espíritu de Dios guiándole. Era un impostor y mucha gente se estaba alejando de la verdad. Y Juan escribió sus libros para tratar de detener el engaño, como mi padre escribió en otro libro, La verdadera historia de la verdadera Iglesia de Dios.
Él dice: “Estoy convencido”. Escribe mi padre: “Estoy convencido de que el entendimiento de Juan sobre el Logos…”. Él es el único que escribió sobre el Logos, el Ser que estaba con Dios antes de que viniera en la forma de Jesucristo en la carne, el Hijo de Dios. Dice, en Juan 1: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios”. La palabra griega para “Verbo” es Logos: L-O-G-O-S. Aquí dice: “Estoy convencido de que el entendimiento de Juan sobre el Logos vino como resultado de sus conversaciones directas con Cristo. Jesús pasó mucho tiempo con Juan porque sabía el momento difícil que Juan enfrentaría a través de su larga vida”. Están todos esos sucesos y expresiones únicas, en el libro de Juan, el Evangelio de Juan, y en ello nos enfocaremos hoy. Él tiene más que decir sobre las agonizantes horas finales de la última Pascua de Jesucristo y, claro, sobre la crucifixión al día siguiente. Dos tercios del Evangelio de Juan tratan de los últimos seis meses del ministerio de Jesucristo. Y habla de la Fiesta de los Tabernáculos, del Último Gran Día, obviamente de la Pascua, de los Días de Panes sin Levadura. Estos son los días que Jesús observó. Por supuesto, Él se convirtió en ese sacrificio pascual, cambió los símbolos en esa última Pascua, y los verdaderos cristianos celebran la Pascua hoy.
Esto está en el libro La última hora, otro libro que escribió mi padre: “Considere la profundidad de sus expresiones únicas”, o sea, Juan. “Usa opuestos poderosos: luz y tinieblas, vida y muerte, amor y odio, verdad y mentiras, El Padre y el mundo, hijos de Dios e hijos del diablo, tener la vida y no tener la vida, conocer a Dios y no conocer a Dios”. Dice mi padre: “Con Juan no hay áreas grises”. A menudo lo señalo en las clases universitarias que imparto. Es tan refrescante tan sólo mirar la palabra de Dios y ver cuál es Su postura frente a cualquier tema. ¡No hay áreas grises con Dios! Con el hombre es otra historia. No es más que gris. Pero con Dios todo es blanco y negro. Conoceréis la verdad, dice la Biblia, y la verdad os hará libres. Eso está en Juan 8.
Veamos Juan 20 versículo 30, dice: “Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro”, quiero decir que hubo toda clase de milagros, dice Juan, pero él sólo se centra en unos pocos, un puñado. Dice en el versículo 31: “Pero estas”, en otras palabras, las que menciono, “se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo”, o el Ungido. Es el Mesías, “el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre”. Y así, a lo largo del Evangelio de Juan, Juan se centra en algunas señales especiales, 7 en particular, que se registran para que creamos. Esa palabra “creer” aparece 98 veces en el Evangelio de Juan. Y repito, esto es 50 o 60 años después del ministerio de Cristo, y es aquí donde Juan enfocó su mensaje evangélico, ¡porque muchos estaban perdiendo la verdad! ¡Se estaban apartando! Ya no creían. Y Juan llega más tarde y dice: ¡Miren, esto ocurrió de verdad! ¡Esto debería fortalecer su fe! Esto debería aumentar su fe. Y todo está ahí registrado para nosotros, para que podamos alcanzar la vida eterna. Eso es lo que Dios quiere para toda la humanidad.
Esto es de un artículo de Las Buenas Noticias de diciembre de 1983, donde dice: “Juan fue inspirado a organizar así su evangelio para enseñar y guiar a las personas que habían perdido la fe y el valor, que habían perdido mucho, incluso físicamente, por las persecuciones y pruebas que había sufrido la Iglesia”. Ese artículo es de 1983 y destaca 7 señales o milagros especiales que están ahí para que aprendamos, y creamos, para que podamos alcanzar la vida eterna.
Pueden empezar a buscar Juan 2. Espero que lean conmigo en su Biblia. Quítele el polvo a su Biblia, como decía a menudo Herbert Armstrong, y léala usted mismo.
En este programa, me gustaría comenzar un estudio sobre la visión general de estas señales especiales que Juan quería que contempláramos para que creyéramos, para que tuviéramos una fe más fuerte. No puedo cubrir los 7 puntos en el tiempo que me queda, pero veremos hasta dónde podemos llegar con esto.
La primera está registrada en Juan 2, versículo 1, y dice: “Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos”. Así que aquí tenemos esta gran celebración de bodas, y es al principio del ministerio de Jesucristo. El versículo 3 dice: “Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino. Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora”. Parece extraño que responda así a Su madre, quien obviamente había sido testigo de muchos otros milagros que no están registrados en este libro, como Juan señaló, pero ella le dijo a su Hijo, ¡necesitamos vino! Y Él dice, es una respuesta extraña sólo mirándolo en la superficie, Aún no ha venido mi hora. Ahora bien, hacia el final de Su ministerio, Él dijo a menudo, ¡Mi hora ha llegado! ¡Y se refería a la crucifixión! Estaba a punto de convertirse en ese Cordero del sacrificio.
En “El evangelio de Juan, escrito para nosotros”, este es un artículo de 1966. Dice: “Cristo hablaba de Su crucifixión. Estaba a punto de convertir el agua en vino. En este ejemplo, Cristo convirtió el agua en vino. ¿Qué representa el vino?”. Bueno: “Lea 1 Corintios 11:23-26. El vino representa la vida que Jesucristo dio para pagar por nuestros pecados espirituales”. Y así, los cristianos en la Pascua toman un sorbo de vino, y eso simboliza Su sangre derramada. El artículo dice: “¡Cristo estaba mostrando el comienzo de Su plan de salvación! Su pago del castigo supremo por nuestros pecados. Quiere que pensemos en ello, que meditemos en este sacrificio. Es un tema recurrente en el evangelio de Juan. Dedica más palabras a describir las últimas horas y la muerte de Cristo que [cualquiera de] los otros evangelios”. Por eso dio esta respuesta aparentemente extraña. Aún no era el momento de derramar Su sangre. Estaba diciendo que el vino tipifica esa sangre derramada, y quiere que nos enfoquemos en ello: el sacrificio realizado por toda la humanidad.
Versículo 5: “Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere”. Entonces aquí está el milagro de convertir el agua en vino. Versículo 7, dice: “Jesús les dijo: Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dijo: Sacad ahora, y llevadlo al maestresala. Y se lo llevaron”. Lo llevaron. Algunos comentarios dicen que Cristo produjo aquí unas 3.000 copas de vino, suficientes para todos. Y de la misma manera esa sangre derramada, porque Dios creó todas las cosas a través de Jesucristo, esa sangre derramada cubriría una multitud de pecados. Hay suficiente para todos si nos arrepentimos, si nos volvemos a Dios en fe, ¡si creemos! Como dijo Juan, ¡Por eso he reunido estos milagros! ¡Estas señales! He sido selectivo. No están seleccionadas al azar. ¡Están reunidas de tal manera que puedan creer la verdad y aferrarse a ella!
El versículo 9, dice: “Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde era (…) llamó al esposo, y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho”, dice, “entonces el inferior; mas tú has reservado el buen vino hasta ahora”. Es decir, este era un vino especial. Este milagro fue realizado por el Hijo de Dios. Dios vivía en Él mediante el poder de Su Espíritu, y Jesucristo caminaba por fe, fe perfecta.
Y dice en el versículo 11: “Este principio de señales hizo Jesús en Caná (…) y sus discípulos creyeron en él”. Si se es un verdadero discípulo de Cristo, este tipo de acontecimientos tienen un impacto, un poderoso impacto en uno.
Noten Juan 4 y versículo 46, y veremos otra señal. Dice: “Vino, pues, Jesús otra vez a Caná de Galilea”, que se sitúa en los alrededores de Nazaret y en las orillas noroeste del mar de Galilea. Llegó a Caná, “donde había convertido el agua en vino. Y había en Capernaum un oficial del rey, cuyo hijo estaba enfermo. Este, cuando oyó que Jesús había llegado de Judea a Galilea, vino a él y le rogó que descendiese y sanase a su hijo, que estaba a punto de morir. Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y prodigios, no creeréis”. Es difícil para los seres humanos creer la verdad, caminar por fe, ¡poner su confianza en el poder invisible de Dios!
Versículo 49, dice: “El oficial del rey le dijo”, señor, desciende” ya, ¡mi hijo está muriendo! “Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue”. ¡Qué maravillosa bendición es cuando uno cree en las palabras de Jesucristo, cuando cree en el poder de Dios Todopoderoso, cuando camina por fe y no por vista, como dijo Pablo, sino que cree en fe! Confía en Dios.
Versículo 51: “Cuando ya él descendía, sus siervos salieron a recibirle, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive. Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado a estar mejor. Y le dijeron: Ayer a las siete le dejó la fiebre. El padre entonces”, versículo 53, “entendió que aquella era la hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive; y creyó él con toda su casa”. Y ahora era un hombre de fe, ¡y toda su casa, su familia, su hogar creyó! Dios realiza milagros para los fieles, para los creyentes. Esta es una lección que se deja ver con total claridad en estas 7 señales milagrosas.
Este artículo de 1966 dice: “Cristo estaba simplemente señalando: ‘Yo soy el Dios que sana”. Eso está en Éxodo 15:26. “Este es uno de los mayores problemas que tiene el pueblo de Dios: confiar de verdad en Dios para su sanación. Él también lo sabe”. Y luego el versículo 54 dice, este es el segundo milagro, el segundo milagro que hizo Jesús.
Noten Juan capítulo 5. Creo que tenemos tiempo suficiente para repasar una más de estas señales. Pero antes, permítanme volver a mencionarles El Evangelio de Juan: el amor de Dios. Es un libro poderoso que cubre gran parte del material que intentamos abordar en el programa de hoy, y mucho más. Tiene mucha profundidad. Todo el mundo se estaba alejando de la verdad, ¿y cómo combatió eso el apóstol Juan? ¡Él les señaló el amor de Dios! Les señaló el gobierno de Dios. Tendré que abordar ese tema en otro momento. Pero él realmente profundizó en el amor de Dios, y eso es lo que falta en este “mundo malvado”, como lo llama Pablo en Gálatas 1:4, este mundo moribundo. ¡Jesús es el que comparó los últimos días con Sodoma y Gomorra! Nos advirtió que no cometiéramos el error que cometió la mujer de Lot: no mirar atrás añorando este mundo y los caminos de este mundo. Él dice: ¡Salgan y sepárense y los recibiré como un padre recibe a sus hijos! ¡Dios es una familia! Eso está en 2 Corintios 6.
Volviendo a Juan 5 y versículo 1, dice: “Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén. Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos”. Entonces, Juan lo llama aquí “fiesta judía”. No significa que sea sólo para los judíos. Sólo significa que los judíos eran los únicos que observaban abiertamente estos días, estas “fiestas”. Leemos sobre estas fiestas a lo largo de todo el Evangelio de Juan. ¡Es increíble! La mayoría de la gente del mundo cristiano tradicional ni siquiera sabe de estas fiestas. ¡Nunca han oído hablar de ellas! Tenemos otro folleto, Las fiestas santas de Dios. ¿Cuáles va a observar y guardar, las de Dios o las del hombre? La mayoría opta por seguir el camino del hombre; tradiciones humanas, razonamientos humanos. Aquí se muestra a Cristo durante la fiesta de, algunos comentarios suponen que se trata de la Pascua, pero es probable que se refiera a la Fiesta de los Tabernáculos, las fiestas de otoño, los Tabernáculos seguidos por el Último Gran Día. ¡Y aquí está Jesucristo dispuesto a ayudar a cualquiera! Y, por supuesto, cuando el plan de Dios se abra a toda la humanidad, lo que representan la Fiesta de los Tabernáculos y el Último Gran Día, entonces TODOS tendrán acceso a Dios. ¡TODOS tendrán una mente que entienda la verdad! Por ahora, todo el mundo está aislado, excepto unos pocos elegidos que están en formación para ayudar a Jesucristo a gobernar, a enseñar y liderar en el Reino venidero. Tendré que guardar ese estudio para otra ocasión.
Versículo 3, dice: “En estos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua”. Es decir, estaban allí desesperados por sanarse, y pensaron que había sanación en estas aguas. Y Jesús apareció.
Versículo 4, dice: “Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese”. De nuevo, no son casos aleatorios puestos juntos. ¡Hay un significado, un propósito detrás de ello! ¡Las señales están ahí para que creamos! Este estanque estaba rodeado de gente que era miserable, que sufría, que estaba debilitada, enferma y con dolencias. ¿Y quién es el sanador?
Versículo 5, dice: “Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo”. Es decir, hordas de gente. El hombre lisiado no podía bajar hasta el agua. ¡Y no se dio cuenta de que Jesucristo, que Dios podía sanarlo! Aún no conocía la verdad.
Versículo 8: “Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día”. ¡Levántate y anda! Un poderoso milagro directamente de Dios. Y Juan destaca que esto sucedió en Sábado, probablemente en un día santo, uno de los Sábados anuales que coincidió con el Sábado semanal: el reposo del séptimo día.
Versículo 10: “Entonces los judíos dijeron a aquel que había sido sanado: Es día de reposo; no te es lícito llevar tu lecho”. Así que aquí estaban estos judíos autojustos que querían criticar y perseguir e incluso matar a Jesucristo, porque su visión de la religión era muy diferente de lo que Jesús enseñaba. Resulta que no estaban muy familiarizados con las enseñanzas de la Biblia. ¡Creían estarlo! Estaban más arraigados en sus tradiciones. Y aquí recurrieron a estos extremos ridículos. ¡Deberían haber estado saltando y celebrando el hecho de que este hombre enfermo había sido curado! Que ahora estaba sano. En su lugar, fueron tras Cristo.
Versículo 11: “Él les respondió: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda”. Y así lo hizo, y eso, eso enfureció a los enemigos de Cristo, y había muchos de ellos en el primer siglo, y hay muchos de ellos hoy también.
Versículo 12: “Entonces le preguntaron: ¿Quién es el que te dijo: Toma tu lecho y anda?”. ¿Quién es el que te sanó? Ellos, ¡ellos no prestaron atención a la dramática sanación! Se dejaron llevar por esa mentalidad de turba y querían perseguir y hacer daño a Jesucristo.
Versículo 13: “Y el que había sido sanado no sabía quién fuese, porque Jesús se había apartado de la gente que estaba en aquel lugar. Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor”. Fíjense, Cristo le dijo que dejara de pecar. Si no dejaba de pecar, le sobrevendría algo peor. Una vez más, hay una poderosa lección que va más allá de confiar en Dios para la sanidad. Si miramos los paralelos físicos/espirituales, somos liberados de la pena del pecado espiritual, que sería la muerte eterna, por la sangre derramada de Jesucristo, pero sólo mediante el arrepentimiento y la fe. Y la Biblia lo destaca en Hechos 2:38, y también en muchos otros versículos. Lo dejaré para un futuro programa. Pero hay condiciones: ¡arrepentimiento y fe! ¡Tenemos que creer!
Miren esa fórmula del bautismo en Hechos 2, que dice que tras el arrepentimiento y la fe, el ministro impone las manos sobre el nuevo convertido y, tras la oración de unción, el espíritu de Dios, Su naturaleza, Su carácter y Su amor, se une a nuestro espíritu humano, permitiéndonos comenzar la transformación milagrosa de la que se habla en Romanos 12 y versículo 2 y en otros versículos. ¡Convertirse en Dios! Mateo 5:48. Eso no es blasfemia, ¡está en las Escrituras! Dios se está reproduciendo a Sí Mismo, Génesis 1:26. Pero uno acepta la sangre derramada de Cristo, se arrepiente y se vuelve a Dios con fe; el mismo principio se aplica cuando se trata del pecado físico y ese cuerpo quebrantado de Cristo. Fue azotado antes de ser crucificado. Y tanto Isaías como Pedro dijeron que es por esas heridas que somos sanados. Necesitamos sanación física; necesitamos sanación espiritual. Jesús escribió sobre eso o habló sobre eso en Mateo 9.
Esto es de ese artículo de 1966: “Cristo estaba señalando”, en esta señal, este milagro, estaba señalando “¡que tenía poder para perdonar pecados! Una prerrogativa que le dio Dios el Padre. Lea Mateo 9:6 donde Cristo le dijo lo mismo al hombre lisiado. Cristo quiere que sepamos que se le ha dado el poder, la responsabilidad, como nuestro Sumo Sacerdote, de perdonar nuestros pecados. El hombre lisiado no tenía fe ni sabía que Cristo tenía ese poder. Pero, por misericordia, Cristo sanó al hombre. Por misericordia, perdonó los pecados que habían causado la enfermedad”. Este principio recorre toda la Biblia. Jesús dijo en Juan 8 a la mujer que fue sorprendida en adulterio: ¡Vete y no peques más! ¡Tenemos que comprometernos a dejar el pecado! Todo el capítulo del bautismo en Romanos 6 lo deja claro. ¡Enterrar al viejo hombre! Destruir las obras de la carne. Gálatas 2:20 dice que el viejo hombre está crucificado con Cristo. Y lo que surge es una nueva creación, eso es 2 Corintios 5:17.
La Biblia es un libro tan maravilloso. Contiene enseñanzas muy edificantes y la mayoría de la gente ni siquiera la lee. Simplemente aceptan lo que dicen otros sobre ella.
Desempolve su Biblia. Vea lo que dice. Lucas 5:32: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento”. Llamó a los pecadores al arrepentimiento, y Juan el Bautista lo hizo antes de que llegara Cristo, o antes de que Cristo comenzara Su ministerio.
Lucas 13 y versículo 3, dice: “Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente”. En estos momentos se habla mucho del llamado “renacimiento religioso” en Estados Unidos, pero no se habla de arrepentimiento. No queremos hablar de arrepentimiento. Sólo queremos hablar de que somos justos, de que quizá haya unas cuantas personas más yendo a la iglesia, o hablando de Jesús, o llevando una cruz en el cuello, o lo que sea. Si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.
Este último número de la revista la Trompeta, por cierto, tiene mucho que decir sobre el “renacimiento religioso” en Estados Unidos. ¿Es real? ¿Hay arrepentimiento por nuestros pecados nacionales? ¿Estamos dejando atrás el pecado? ¿O son sólo palabras? Porque si es puro “hablar”, Jesús dijo, ¿Por qué me llaman, o hablan, y dicen que soy Señor, Señor o Maestro, pero no hacen las cosas que digo? ¿Por qué son “religiosos” sólo de nombre?
Si quieren adentrarse en la verdadera religión, en la religión sincera, este número de la Trompeta es un buen punto de partida. Y no hay ningún costo ni obligación. Pueden suscribirse hoy mismo por un año.
Pero para profundizar en algunos de los temas que tratamos en el programa de hoy, asegúrense de llamar a nuestros operadores y solicitar: El Evangelio de Juan: el amor de Dios.
Es todo el tiempo que tenemos para el programa de hoy. Gracias por acompañarnos, y esperamos verlos la próxima vez.