CHIOMA CHUKWURAH/la trompeta
La visión de paz que Oriente Medio necesita
"Mi legado más orgulloso será el de pacificador y unificador”, dijo Donald Trump en su segunda toma de posesión. El presidente Trump probablemente se ha esforzado más que cualquier otro presidente en décadas para traer la paz a este mundo. Sin embargo, por mucho que se esfuerce él o cualquier otro aspirante a pacificador, el mundo no tiene paz. Esto ha sido cierto en las búsquedas de paz del hombre a lo largo de la historia.
La paz es un objetivo noble, pero si se persigue de la manera equivocada, ¡ese esfuerzo logra exactamente lo contrario!
Hay una causa oculta por la que el hombre no puede tener paz hoy en día. Esta causa se revela a través de un ejemplo reciente de pacificación el cual realmente sí dio frutos.
Ese ejemplo fue un esfuerzo del presidente Anwar Sadat de Egipto con el apoyo de Herbert W. Armstrong, redactor jefe de La Pura Verdad. Hicieron algo verdaderamente notable: ¡restaurar momentáneamente el camino de la paz para que todo el mundo lo viera!
Gran parte de este material lo escribí originalmente para mi folleto The Way of Peace Restored Momentarily [El camino de la paz restaurado momentáneamente; disponible en inglés]. Publicamos este folleto por primera vez en 2012, pero los principios son aún más relevantes hoy en día.
Presidente y embajador
Después de la Guerra de los Seis Días de 1967, Israel se fortaleció considerablemente como nación y se convirtió en una potencia con armas nucleares. Pero a finales de 1973, Egipto y Siria, junto con muchos otros aliados en el mundo árabe y más allá, atacaron de nuevo en Yom Kipur, el día santo judío más solemne, cuando los judíos religiosos ayunan —sin comida ni agua— durante 25 horas. Los judíos ganaron esta guerra de manera milagrosa, pero a un alto costo. Tras ser tomada por sorpresa, Israel sufrió 2.691 bajas militares, además de otros muertos y heridos. Aunque los judíos ganaron, la guerra sacudió su conciencia nacional.
El presidente Sadat dirigió a Egipto contra Israel en esa guerra y su pueblo lo elogió por ello. Como escribió Sadat en su autobiografía: “[el desempeño de Egipto] restauró la confianza en sí mismos de nuestras fuerzas armadas, de nuestro pueblo y de nuestra nación árabe. También restauró la confianza del mundo en nosotros y destruyó para siempre el mito de un Israel invencible”.
Entonces ocurrió algo asombroso en la mente de este hombre. Ofreció la paz a Israel. Se enfrentó a muchos de los suyos, arriesgando su vida, para ofrecer paz a los judíos.
En noviembre de 1977, el presidente Sadat se presentó ante los legisladores israelíes, mostrándoles que él reconocía el derecho de su país a existir como Estado. En ese histórico discurso ante la Knesset, dijo: “Ustedes desean vivir con nosotros en esta región del mundo, y les digo con toda honestidad que les damos la bienvenida entre nosotros”.
Entre el público que asistió al discurso del presidente Sadat se encontraba el primer ministro de Israel, Menachem Begin. Estos dos hombres eran únicos en la historia de las relaciones árabe-israelíes. Y ambos eran amigos de Herbert W. Armstrong.
El Sr. Armstrong era conocido como “Embajador no oficial para la paz mundial”. Visitó a jefes de Estado de todo el mundo con un mensaje sobre el verdadero camino de la paz según la Biblia. No sólo conocía personalmente tanto al presidente Sadat como al primer ministro Begin, sino que también se vio directamente implicado en esta extraordinaria situación. Él calificó el discurso del presidente Sadat como una “genuina oferta de paz”, ¡y estaba en posición de saberlo!
Prácticamente todo el mundo árabe albergaba un intenso odio hacia los judíos. Sin embargo, el presidente Sadat viajó directamente al corazón del Estado judío para dirigirse a la Knesset en Jerusalén. Quizás no se dio cuenta plenamente de cuánta hostilidad generaría ese acto, pero a partir de ese momento se convirtió en un hombre marcado. Una ambulancia lo seguía a todas partes porque él sabía que mucha gente quería matarlo. Su viaje a Jerusalén desencadenó el asesinato de otros dignatarios egipcios.
¿Acaso no fue un sacrificio por la paz? Este hombre era muy inusual. Anwar Sadat se convirtió en uno de los pocos grandes líderes de este mundo. Sacrificó su vida por la verdadera paz. ¡Esa es la marca de un gran líder!
El presidente Sadat, líder árabe y musulmán, extendió una genuina oferta de paz al primer ministro Begin, asumiendo un gran riesgo personal. En 1978, estos dos hombres se reunieron en Camp David junto con el presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter —quien pertenecía a otra religión— y firmaron un acuerdo que mantuvo la paz durante más de 30 años entre Egipto e Israel, ¡dos naciones que hasta entonces habían estado enfrentadas!
Este fue un plan de paz basado en la buena voluntad y el sacrificio mutuos, y fue respaldado por el apóstol de Dios. Estoy convencido de que Dios estuvo detrás de ello. De hecho, creo que Dios organizó gran parte de eso para enseñar una lección a este mundo.
Para comprender el verdadero significado de esta iniciativa de paz, es importante fijar en nuestra mente la asombrosa historia del sitio al corazón de este pacto de paz: ¡el Sinaí, el monte de Dios!
Donde Dios descendió
Cuando Dios liberó a los israelitas de la esclavitud en Egipto, los hizo cruzar el mar Rojo y los condujo hasta esta montaña mediante una serie de milagros asombrosos. Pero de todos los milagros que obró, quizá el más espectacular y estremecedor fue cuando Dios Mismo descendió al monte Sinaí (Éxodo 19:18-20).
¡Qué día! Dios descendió y estableció personalmente la nación de Israel. Ninguna otra nación había tenido un comienzo tan espectacular.
Moisés, su líder, subió a la montaña y ¡habló con Dios! (versículo 3). Imagine este evento único. ¡Esto no tiene comparación alguna con los inicios de ninguna otra nación sobre la Tierra!
Tanto el islam como el judaísmo y el cristianismo consideran a Moisés como un gran profeta ancestral. Parece que ese hecho por sí solo debería darle a estas tres religiones cierto margen para el acuerdo y la cooperación.
Dios instruyó a Moisés a decir a los israelitas: “Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí. Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa...” (versículos 4-6). Ellos debían enseñar y mostrar al mundo cómo tener paz verdadera.
Entonces Dios le dio a Israel un regalo sin paralelo: Él les entregó escrita Su ley espiritual eterna. Era una ley detallada y codificada que había existido desde el principio, al igual que las leyes de la física y la química. Este regalo es una ley espiritual. Si la obedecemos, nos trae bendiciones deslumbrantes; si la desobedecemos, cobra un alto precio en nuestras vidas. Esta ley distinguía a Israel de todas las demás naciones de la Tierra.
Este mundo ve la ley de Dios como dura y opresiva, y la gente la ignora. ¡Vea el sufrimiento que hay en este mundo porque la gente no escucha a Dios! Esa ley da seguridad y protección a las personas; nos ayuda a evitar la tristeza, la miseria, el sufrimiento, la violencia y la muerte; ¡nos da felicidad y gozo!
El Sr. Armstrong resumió la ley de Dios en su obra maestra, El misterio de los siglos: “Su ley, Su camino de vida; es el camino del dar, no el del obtener, que es el camino de este mundo”. Más adelante profundizó: “Ese carácter [el de Dios] se puede resumir en una palabra: amor, que se define como un interés altruista y generoso. Es el camino de dar, servir, ayudar y compartir, no el camino de ‘obtener”.
“Es el camino que no conoce la codicia, la lascivia ni avaricia, la vanidad ni el egoísmo, la competencia, el conflicto, la violencia ni la destrucción; no conoce envidias ni celos, resentimientos ni amarguras”.
“¡La naturaleza inherente de Dios es el camino de la paz, la justicia, la misericordia, la felicidad y el gozo, que irradian de Él hacia todos los que Él ha creado!”.
La ley de Dios es Su camino de vida codificado. Él siempre ha vivido el camino de la paz (Salmo 119:165). Él quiere que el hombre viva este camino de paz ahora mismo.
Esto es consistente con lo que el Sr. Armstrong observó en los Acuerdos de Camp David.
El camino del dar
En 1981, el Sr. Armstrong escribió sobre una idea específica que tenía Sadat: “Él planea construir en la base del monte Sinaí un centro mundial para la paz, emblemático de la paz entre todas las naciones y religiones. El concepto es único; un alejamiento total de cualquier iniciativa de paz anterior” (Quest, mayo de 1981; énfasis mío). Este esfuerzo mostró la “extrema disposición [de estas dos naciones] a hacer un sacrificio extraordinario en este inicio hacia la paz en su región”, escribió. En la revista, una representación artística del edificio propuesto mostraba una iglesia, una mezquita y una sinagoga. Esto buscaba representar la paz entre las tres religiones que reclamaban una herencia con Abraham y con Moisés.
Yo diría que esa idea apunta en la dirección correcta, ¿no le parece?
Cuando el Sr. Armstrong —el apóstol de Dios— se enteró de la propuesta de Sadat, donó inmediatamente 100.000 dólares como anticipo de una promesa total de 1 millón de dólares. El apóstol de Dios vio una verdadera visión en este proyecto y pensó que podría guiar a las personas del mundo hacia la paz verdadera.
Creo que este proyecto fue especial porque en él participó el apóstol de Dios. ¿Qué otro acuerdo de paz similar ha conocido usted alguna vez? ¡Esto fue enorme! El Sr. Armstrong quería animar al presidente Sadat en estos esfuerzos. Le llamaban el embajador para la paz mundial sin portafolio. Era realmente un hombre de paz. ¡Él sabía cómo tener paz! Y sabía que el presidente Sadat iba tras algo realmente grande en este mundo. Creo que la participación del Sr. Armstrong fue la forma en que Dios dijo: Este es un acto de paz de un verdadero pacificador. Es necesario apoyarlo y ayudarlo y formar parte de esto. Al menos déjelo como un ejemplo. Y qué ejemplo fue Anwar Sadat, y también el Sr. Armstrong, para el mundo.
¿Cuál era ese “camino de paz” que se enseñó en el monte Sinaí? El Sr. Armstrong dedicó un tiempo considerable en su artículo a explicar el ingrediente que faltaba en el resto del mundo: la ley de Dios, dada en el monte Sinaí. Esa ley revela el camino del dar, que conduce hacia la paz.
Obviamente, el Sr. Armstrong sabía que sus esfuerzos no resolverían los problemas del mundo ni traerían la paz mundial. Él conocía las profecías: que este mundo terminaría violentamente y que la verdadera paz sólo podrá alcanzarse cuando regrese el Príncipe de la Paz. Aun así, hizo todo lo posible por representar la paz y promoverla, y demostró su profundo deseo de que todos los hombres trabajen por ese objetivo hoy.
Menachem Begin y Anwar Sadat hicieron grandes sacrificios por esta paz. El primer ministro Begin cedió el enorme territorio de amortiguamiento de la península del Sinaí. Y el presidente Sadat dio su vida.
Un ejemplo condenatorio
Satanás también se acordó del Sinaí. No lo ha olvidado, y el plan de paz de Anwar Sadat realmente despertó su odio. Satanás ama el camino de la guerra y odia el camino de la paz. Él no quería que la paz se estableciera y actuó con rapidez para destruirla.
El 6 de octubre de 1981, Egipto celebró su desfile anual de la victoria para conmemorar el cruce del canal de Suez durante la guerra de 1973. El presidente Sadat estaba allí. Se le ofreció una escolta militar, pero la rechazó. Dijo: No, no la necesito ni la quiero. Estos son mis hijos. Sus enemigos —incluidos los miembros de la Hermandad Musulmana, la misma organización que hoy controla Egipto— lo sabían y lo tenían todo cuidadosamente planeado. Mientras los aviones Mirage de la Fuerza Aérea volaban muy bajo, dificultando escuchar cualquier cosa, un grupo de hombres liderados por uno de los propios tenientes de Sadat saltó de un camión militar. El teniente, en lugar de saludar a su presidente, le lanzó tres granadas mientras los otros hombres disparaban fusiles de asalto.
A las pocas horas, el herido Sadat fue declarado muerto.
Todo estaba planeado profesionalmente y programado con precisión. Sadat debería haberlo sabido, pero al parecer no tenía hijos tan leales como pensaba.
Dios permitió que mataran a Sadat y que muriera ese esfuerzo del centro de paz. Como mínimo, esto le dio al mundo un ejemplo condenatorio de cómo odia el camino de la paz, incluso en el sentido más literal de la ley. ¡Qué testimonio en su contra!
Después del asesinato de Sadat, el Sr. Armstrong esperaba que Hosni Mubarak continuara con el centro de paz previsto y dijo que mantendría su apoyo al mismo. Pero el proyecto se vino abajo. Mubarak no siguió adelante como debía y como esperaba el apóstol de Dios. El Sr. Armstrong creía que Mubarak simplemente no tenía la fuerza suficiente para continuar como lo hizo Sadat.
Realmente hace falta un compromiso heroico de sacrificio y entrega para lograr la paz entre las naciones o dentro de una Iglesia o una familia. Cualquiera puede dejar que un matrimonio o una Iglesia se desmorone. ¡Se necesita fuerza y poder para aferrarse al camino de la paz! ¡Se necesita la fuerza y el poder mismos de Dios para mantenerse así!
El camino de la paz
¿Acaso las naciones de hoy no necesitan paz? Piense en los horrores sufridos por los prisioneros que Hamás mantuvo cautivos tras el atentado del 7 de octubre de 2023. ¡Pronto, todas las personas que no estén protegidas divinamente en un lugar de refugio pasarán por experiencias mucho peores! La Biblia describe un cataclismo mundial que se avecina como una “gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (Mateo 24:21-22).
Este mundo necesita paz verdadera. Hace décadas, el Sr. Armstrong y el presidente Sadat le mostraron al mundo un ejemplo de paz verdadera. Pero hoy en día el mundo podría contar con más ejemplos de ese camino de paz.
La ley dada en el monte Sinaí es la misma ley que Dios espera que Su pueblo obedezca hoy (Hebreos 8:10). Dios quiere que Su pueblo obediente sea una luz para el mundo de hoy sobre cómo tener paz verdadera (Mateo 5:14-16). Podemos vivir siguiendo el ejemplo de generosidad reflejado en los Acuerdos de Camp David.
Dios le mostró profundamente al Sr. Armstrong cómo tener paz mundial. Esa paz debe comenzar en nuestras vidas individualmente. El pueblo de Dios está a punto de enseñarle al mundo el camino de la paz, así que nosotros mismos debemos estar en paz. Debemos tener matrimonios pacíficos, familias pacíficas, una Iglesia pacífica, ¡aplicando los Diez Mandamientos que Dios dio en el monte Sinaí! Tenemos que ser un ejemplo para este mundo del camino de la paz.
¡Realmente creo que, por un momento, el Sr. Armstrong restauró el camino de la paz en la Tierra! Él conocía el camino de la paz, y sabía y enseñaba sobre el Dios del monte Sinaí.
¡Si incluye a este Dios en su vida, tendrá paz! Si todas las partes miran a este Dios, ¿cómo no habrá unidad y alegría?
“Y el fruto de la justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz” (Santiago 3:18). La versión English Standard dice: “Y una cosecha de justicia se siembra en paz por aquellos que hacen la paz”. Si queremos cosechar el fruto de la justicia, debemos sembrar en paz. Eso es exactamente lo que hizo el Sr. Armstrong, y nos mostró a nosotros y al mundo entero cómo hacerlo. Cuanto más considero este ejemplo, más impresionado quedo.
El Sr. Armstrong nos mostró, y mostró al mundo, el camino de la paz. ¡Mire los frutos! Trajo la paz a la Iglesia y, momentáneamente, la trajo a este mundo. ¡Tremendo ejemplo! Tenemos que seguirlo lo mejor que podamos. Así es como calificamos para enseñar al mundo entero cómo tener paz: como reyes y sacerdotes en el Reino de Dios (Apocalipsis 1:6; 5:10).
No pasará mucho tiempo antes de que él y el Sr. Sadat vuelvan a estar juntos. Esta vez estarán enseñando y practicando el camino de la paz, y diciendo: “¡Oh, cuánto amo la ley de Dios!”. ¡Qué tiempo tan maravilloso nos espera, y ya casi está aquí! ¡Pronto esa paz llenará la Tierra!
