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Pixabay/FelixMittermeier

La superpotencia invisible del mundo

Sólo falta una cosa.

La sabiduría convencional dice que Estados Unidos es la única superpotencia del mundo. Muchos analistas ven a China convirtiéndose en su único rival, y a Rusia tras bambalinas al acecho. Es fácil describir a Europa como un continente dividido y económicamente deprimido y que está siendo plagado por inmigrantes. Hacer eso es pasar por alto un punto vital: que la Unión Europea ya es una superpotencia.

“Actualmente, Europa es una superpotencia genuina y probablemente lo seguirá siendo durante las próximas décadas”, escribió Andrew Moravcsik de Foreign Policy. “A través de las mediciones más objetivas, Europa o es rival de, o sobrepasa a Estados Unidos y a China en su habilidad para proyectar todo un espectro de ejercito global, económico y de poder blando. Regularmente, Europa despliega tropas militares dentro y más allá de su vecindario inmediato; también manipula el poder económico con una habilidad y éxito sin igual no vista en otros países o regiones. Y su habilidad para emplear ‘poder blando’ y persuadir a otros países para cambiarles su comportamiento, es única”.

“Si una superpotencia es una entidad política que puede regularmente proyectar por todos los continentes, su poder blando militar y económico con una posibilidad razonable de éxito, entonces no hay duda que Europa sí califica. Su poder, además, es probable que permanezca arraigado por al menos otra generación, a pesar del resultado de la actual crisis europea. En resumen, Europa es la ‘superpotencia invisible’ en las políticas contemporáneas del mundo” (abril 13).

La mayoría de naciones europeas son muy pequeñas para tener un alcance global masivo. Sin embargo, si se unieran política, militar y económicamente, sobrepasarían al poder de Estados Unidos, Rusia y China.

Eso es exactamente lo que Herbert Armstrong predijo ¡durante más de medio siglo, comenzando en 1934!

Económicamente, Estados Unidos y China son los dos gigantes del mundo, y China es aclamada como el rival de Estados Unidos. Sin embargo, la verdad es que la segunda economía más grande del mundo es la Unión Europea (UE). Y si Europa pudiera alcanzar unidad económica adicional, podría rivalizar a los dos poderes. Europa ya es el centro del comercio mundial, el principal comerciante de bienes y servicios, es el líder en inversión extranjera, con dinero fluyendo desde países en desarrollo. Europa también domina la regulación económica internacional, forzando a otras naciones a adoptar sus estándares comerciales.

Europa todavía está plagada de inestabilidad económica, pero el centro de gravedad que mantiene a toda la eurozona junta es Alemania. Sin la capital alemana, toda la Unión colapsaría. Mientras la mayoría de países europeos están luchando con la deuda y la inflación, Alemania sigue registrando un superávit en sus presupuestos anuales.

El Sr. Armstrong también profetizó sobre el papel central de Alemania en la superpotencia europea venidera. En la revista Plain Truth (La Pura Verdad) de junio de 1952, él escribió: “Estados Unidos está determinado, ahora, a no permitir que nada se interponga en el camino para construir una Alemania independiente y rearmada. Ésta será el corazón y meollo de la Europa unida que revivirá al Imperio Romano”.

Ahora, los ejércitos europeos actúan independientemente; cada nación decide el gasto militar por separado. Sin embargo, Europa es un líder exportador de armas, y cuenta con una enorme cantidad de producción militar disponible. El líder en todas estas estadísticas (en gasto y producción militares), es Alemania. Siendo un bloque militar consolidado, Europa es el segundo inversionista militar más grande del mundo, reportando alrededor del 15 por ciento del total. (China invierte el 13 por ciento y Rusia el 4 por ciento). Unida, sólo Europa es el segundo en poder militar después de USA.

Moravcsik resumió las ventajas de Europa sobre las demás potencias: “Los determinantes subyacentes de la influencia global (la capacidad militar, el ingreso nominal y per cápita, la competitividad del comercio y la inversión, el atractivo intrínseco de las ideas simbólicas e instituciones), están cambiando mucho más lentamente de lo que sugieren los titulares. Actualmente, Europa es la superpotencia invisible del mundo, rivalizando y, en muchos casos, superando a Estados Unidos y a China. Europa tiene los recursos para mantener este estatus durante décadas y generaciones por venir”.

¿Por qué pues, Europa es una superpotencia invisible? Porque simplemente le falta un líder que le inspire la confianza.

La gran clave para la unidad europea, y el mayor requisito para impulsar hacia adelante una Europa completamente federalizada, es un líder fuerte que pueda subsanar las enormes diferencias que hay en Europa. Las profecías de la Biblia apuntan hacia una superpotencia europea con un líder en el timón. Ningún líder europeo actual cumple ese papel.

En el amplio recorrido de la historia europea, en cada caso de unidad europea, surge un imperio opresivo. Otto el Grande, la Dinastía de los Habsburgo, Luis xiv, Napoleón Bonaparte, Kaiser Wilhelm ii y Adolfo Hitler, son los hombres fuertes que han marchado a través de las páginas de la historia europea. Algunos de ellos están entre los peores tiranos de la historia pero todos unieron al pueblo europeo por medio del liderazgo, una fe común o por medio de la espada.

Estos hombres son recordados bajo la sombra del primer rey europeo: Carlomagno. Los europeos todavía reverencian su memoria.

Hoy, la superpotencia invisible está esperando por un nuevo Carlomagno. Las circunstancias están maduras para que surja un imperio del siglo XXI. De nuevo, el corazón y centro de éste será Alemania. Europa ya es una superpotencia aun no realizada, todo lo que necesita es que surja un líder y forje la unidad europea con mano de hierro. Este nuevo Carlomagno conducirá a Europa por el camino familiar de todos los imperios europeos: la guerra y la conquista. La superpotencia ya está lista, y solamente espera a ese alguien que la dirija. 

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