La profecía demuestra a Dios
Los sucesos mundiales son desconcertantes y angustiantes. Pero hay una manera de entender los sucesos que le dará una paz mental profunda. Los sucesos no son aleatorios ni arbitrarios. Pueden ser preocupantes y aleccionadores, pero Dios los está vigilando, asegurándose de que cumplan Sus propósitos. Usted mismo puede comprobarlo, ¡y esto cambiará la manera en que ve los sucesos mundiales, y cómo vive su vida!
¿Sabía usted que una tercera parte de la Biblia es profecía, y el 90% de esa profecía es para nuestros días?
La Biblia está llena de profecía, que describe sucesos antes de que ocurran. La mayoría de estas profecías se hicieron hace más de 2.500 años, y sin embargo, conciernen a naciones de hoy: Gran Bretaña, Estados Unidos, naciones europeas, asiáticas y de Oriente Medio; países de todo el mundo. Predicen lo que sucederá en estas naciones. Muchas de estas profecías ya se han cumplido, y muchas más se están cumpliendo en este momento. ¡Ni una sola de estas profecías ha fallado! ¡Estas profecías, registradas hace milenios, demuestran una y otra vez ser descripciones y pronósticos excelentes de sucesos que están ocurriendo en este mismo momento!
Esta es una verdad que usted puede comprobar, y que debe enfrentar con honestidad. ¿Podría algún ser humano pronunciar una profecía que se cumpliera de esa manera? Estas profecías son de inspiración divina. Usted puede estudiar estas Escrituras, estudiar la historia y los sucesos actuales, y comprobarlo.
Hay otras pruebas que demuestran la existencia de Dios y que la Biblia es la palabra de Dios, pero los escépticos las descartan. Jesús hizo milagros, e incluso los paganos admitieron que ocurrieron, pero los cínicos se niegan a aceptarlo. Hay quienes consideran que la oración contestada es prueba de que Dios está vivo y activo; sin embargo, a los incrédulos no se les contestan sus oraciones, así que eso no les resulta convincente.
¡Pero la profecía cumplida no se puede refutar! Es la mejor prueba de la Biblia, y revela a Dios.
¿Sabía usted que la Biblia literalmente desafía a los escépticos, incluso los ridiculiza, en cierto modo? ¡Los reta a refutar la realidad de la profecía cumplida como prueba de Dios!
Las cosas por venir
Isaías 41:21-22 dice: “Alegad por vuestra causa, dice [el Eterno]; presentad vuestras pruebas, dice el Rey de Jacob. Traigan, anúnciennos lo que ha de venir; dígannos lo que ha pasado desde el principio, y pondremos nuestro corazón en ello; sepamos también su postrimería, y hacednos saber lo que ha de venir”. Dios los desafía: ¡Escuchemos sus profecías, si creen que pueden predecir el futuro con exactitud! Por supuesto, nadie acepta Su desafío.
Pero Dios ha pronunciado repetidamente profecías asombrosas, a gran escala, y luego las ha hecho cumplirse.
Dios tuvo el cuidado de registrar y preservar estas profecías, y ha tenido el cuidado de revelar su significado en nuestros días. El fundamento de toda esa revelación y comprensión profética le fue dado a Herbert W. Armstrong, quien, durante casi 60 años, explicó la relevancia de las profecías de la Biblia para este tiempo del fin.
Lamentablemente, incluso dentro de la Iglesia que el Sr. Armstrong fundó, algunos ministros quisieron alejarse del mensaje de la profecía. El Sr. Armstrong dijo en un sermón el 21 de julio de 1978: “En los últimos dos años, los ministros no han estado predicando la profecía. Quisiera poder lograr que nuestros ministros hablen sobre estas profecías. Estas profecías necesitan ser explicadas y profetizadas a nuestro pueblo”.
Después de que el Sr. Armstrong murió en 1986, casi todos los ministros abandonaron sus enseñanzas y adoptaron un mensaje de “no profeticéis”. Dejaron de transmitir toda esa profecía que Dios había revelado.
Así que Dios comisionó a un remanente fiel, la Iglesia de Dios de Filadelfia: “Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes” (Apocalipsis 10:11). ¡Este es un mandato de Dios, para este período de tiempo específico, de que profeticemos otra vez! Esto es en sí mismo una gran profecía que se está cumpliendo hoy.
Piénselo: el hecho de que Dios tuviera que mandarle a Su pueblo que profetizara otra vez, que profetizara como lo hizo el Sr. Armstrong, debería ser una gran advertencia para todos nosotros. ¡Esto implica fuertemente una terrible rebelión y un alejamiento de ese ministerio profético! La propia Iglesia de Dios fracasó, pero Dios tuvo que asegurar otra manera de difundir esa comprensión profética.
En Isaías 56, Dios critica a esos ministros rebeldes: “Sus atalayas son ciegos, todos ellos ignorantes; todos ellos perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos, echados, aman el dormir” (versículo 10). Qué imagen tan poderosa. Dios compara su negligencia con la de un perro guardián en el porche, mientras la casa de su amo está rodeada de bestias feroces que se acercan. Pero el perro, que debería estar alertando ruidosamente a la familia del peligro, ¡duerme!
¡Dios está diciendo que un atalaya debe advertir! Él dio la profecía por una razón, ¡y les manda a Su pueblo advertir al mundo de los peligros que se avecinan! Si no lo hacemos, entonces somos tan inútiles como un perro guardián dormido. Dios hace responsables a Sus ministros que no cumplen con su labor.
El apóstol Juan escribió en Apocalipsis 19:10: “Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía”. Si el testimonio de Jesucristo es el espíritu de profecía, entonces, si Él nos está guiando y dirigiendo, nosotros también deberíamos tener el espíritu de profecía.
La señal de Su venida
Mateo 24 contiene la profecía más milagrosa para probar la promesa de la segunda venida de Cristo y para probar a Dios. Esta fue la última y más importante profecía que Cristo dio durante Su ministerio terrenal.
“Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán” (versículos 3-5). Esta es una profecía de lo que prevalece hoy en gran parte del mundo cristiano: personas que vienen en el nombre de Cristo y hablan mucho de Cristo, pero no le dan a usted Su mensaje.
Su profecía continúa: “Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos…” (versículo 7). Las pestes ciertamente incluirían una enfermedad como el coronavirus. ¡Cristo profetizó que justo antes de Su regreso, plagas y virus atormentarían a las naciones!
Pero estas cosas, dijo Cristo, son “principio de dolores” (versículo 8), en otras palabras, van a empeorar mucho más.
Ahora, fíjese en esta gran profecía, que le muestra cuán confiable es realmente la profecía de Cristo: “Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (versículos 21-22).
¡Entienda la magnitud de esta declaración! La traducción de Moffatt dice: “De no haberse acortado aquellos días, ni un alma se salvaría con vida…”. La traducción de Phillips indica: “Sí, si aquellos días no se hubieran acortado, ningún ser humano sobreviviría”. La versión inglesa New Living Translation dice: “De hecho, a menos que ese tiempo de calamidad se acorte, toda la raza humana será destruida”. Cuando Cristo hizo esta profecía, los ejércitos usaban espadas, lanzas y otras armas de guerra primitivas. Sin embargo, él profetizó de un tiempo en que las armas serían tan potentes y letales que ¡la propia supervivencia de la humanidad estaría amenazada!
¡Hoy, las armas de destrucción masiva sí amenazan literalmente con la extinción humana! ¡En ningún otro momento de la historia esto fue posible!
Qué pronóstico tan impresionante: Cristo, hace 2.000 años, nos dijo exactamente lo que sucedería hoy. ¿Cómo puede usted ignorar esta profecía tan asombrosa?
Muchas profecías declaran explícitamente que están destinadas a un tiempo muy posterior. Por ejemplo, Dios le dijo al profeta Daniel que sus profecías no se entenderían en su época (Daniel 12:8-9). Son para el tiempo en que vivimos ahora. Apocalipsis 5 describe cómo el significado de esa profecía quedaría sellado, pero ahora el sello ha sido removido. (Solicite mi folleto gratuito Daniel Unlocks Revelation [Daniel revela Apocalipsis; disponible en inglés] para saber cómo estos dos importantes libros proféticos se entrelazan. El marco de todas las profecías del tiempo del fin se encuentra en estos dos libros, y para ambos el sello ha sido removido en estos últimos días).
En Efesios 3:3-5, el apóstol Pablo explicó cómo la revelación que Dios le había dado “en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado…”. Esto es aún más cierto, ahora que el mundo vive sus últimos días antes del regreso de Cristo. ¡Se nos han dado a conocer profecías de gran magnitud! Y usted puede comprobarlas por sí mismo.
La Iglesia
Dios quiere que Sus profecías se entiendan, así que revela esa comprensión a través de sus siervos fieles. “Porque no hará nada [el Eterno] el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3:7). Una vez que ha revelado ese “secreto”, que incluye el espíritu de profecía, entonces espera que esos siervos compartan esa comprensión, ¡que la difundan y la transmitan! “¿Quién no profetizará?”, dice Él (versículo 8). Aquellos que están en sintonía con Dios saben que tienen una labor importante que hacer: ¡deben profetizar para Dios!
Por eso es un pecado tan grave que esas personas incumplan esa responsabilidad, cuando empiezan a decir: “No profeticéis” (Amós 2:12).
La Iglesia no sólo desempeña un papel crucial en predicar sobre la profecía, sino que también es objeto de algunas profecías bíblicas muy importantes.
Durante su ministerio terrenal, Jesucristo profetizó: “Edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18). Cristo mismo fundó la Iglesia del Nuevo Testamento, y prometió que la Iglesia nunca moriría: ¡siempre existiría! Así que esa Iglesia debe seguir existiendo hoy.
El libro de Apocalipsis revela el gran panorama de los sucesos del tiempo del fin. Y los primeros tres capítulos se centran en la profecía acerca de la Iglesia de Cristo. El apóstol Juan escribió: “Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro [lámparas es una mejor traducción] (…) El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros [lámparas] de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros [lámparas] que has visto, son las siete iglesias” (Apocalipsis 1:12, 20). Estas lámparas representan las siete eras sucesivas de la verdadera Iglesia de Dios, que comienzan en el siglo primero y se extienden hasta nuestros días. Hoy estamos en la última de estas siete eras. (Solicite un ejemplar gratuito de mi libro La verdadera historia de la verdadera Iglesia de Dios para conocer esta historia.)
Note que en Apocalipsis 1, Cristo aparece justo en medio de esas siete eras (versículo 13). Sus ojos arden como fuego, Su rostro resplandece como el sol en su fuerza, y Su voz es como de muchas aguas (versículos 14-16). ¡Qué Ser tan poderoso!
Guiada por Jesucristo, la Iglesia de Dios es como una lámpara resplandeciente en este mundo oscuro. Hay una sola Iglesia, una “manada pequeña”, como la llamó Cristo (Lucas 12:32), donde encontrará esta lámpara encendida. En eso debemos enfocarnos. Ahí encontrará la luz para mostrarle al mundo la manera de resolver sus problemas. La gente de este mundo podría tener luz, si tan sólo la reconociera y comenzara a cambiar su vida.
El mensaje del vigilante
Cristo le da a Su Iglesia “el espíritu de profecía” y luego le da a este pequeño grupo una gran labor que realizar justo antes de la Segunda Venida: advertir al resto del mundo de la severa tribulación que precederá Su regreso.
Ahora bien, si usted fuera un vigilante de Dios, ¿obtendría su mensaje de las fuentes noticiosas de este mundo? Dios instruye a Su atalaya: “A ti pues, hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya [vigilante] a la casa de Israel; y oirás tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte” (Ezequiel 33:7). El vigilante de Dios debe recibir su mensaje, no de las fuentes noticiosas del mundo, sino de la palabra de Dios, de la Biblia. Dios nos mostrará exactamente lo que viene.
En Jeremías 23:16, Dios condena a los falsos profetas. “No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan”, dice él, “os alimentan con vanas esperanzas; hablan visión de su propio corazón, no de la boca de [el Eterno]”. Eso es todo lo que obtendrá de cualquier fuente en este mundo: personas simplemente inventando sus propias visiones. No están buscando a Dios para obtener Su mensaje y Su profecía de lo que sucederá.
¿Está usted escuchando la palabra de la boca de Dios? ¡Él realmente quiere que usted entienda Sus profecías y que las compruebe!
Lamentablemente, el mundo de hoy no tiene ningún interés en la palabra de Dios y en lo que Dios tiene que decir. Viven en oscuridad y desprecian el mensaje de Dios. El apóstol Pedro profetizó de un tiempo así. Escribió que en los últimos días, el tiempo en que ahora vivimos, habría burladores (2 Pedro 3:3-4). Muchos cuestionan la prueba de la promesa de la Segunda Venida de Cristo.
Más adelante, Ezequiel 33 muestra que finalmente todos reconocerán que las profecías de Dios son seguras: “Pero cuando ello viniere (y viene ya), sabrán que hubo profeta entre ellos” (versículo 33). ¡La tragedia es que la mayoría de la gente no lo reconocerá hasta después de que las peores plagas les hayan sobrevenido! Debido a que los seres humanos son tan tercos y obstinados, eso es lo que hará falta: plagas y violencia que escalen hasta el borde de la extinción humana, ¡antes de que la gente reconozca que Dios siempre tiene la razón!
Dios le da este urgente mensaje a Su vigilante: “Diles: Vivo yo, dice [el Eterno] el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel?” (versículo 11). ¡Dios nos está suplicando que nos apartemos de nuestros malos caminos! Nos está llamando a todos a que nos arrepintamos. Ese es realmente el propósito de sus profecías. Pero trágicamente, el arrepentimiento no se entiende en este mundo.
Al tratar con un falso profeta, el profeta Jeremías dijo: “El profeta que profetiza de paz, cuando se cumpla la palabra del profeta, será conocido como el profeta que [el Eterno] en verdad envió” (Jeremías 28:9). Existen falsos profetas. ¡Usted sabrá que es un verdadero profeta cuando lo que diga se cumpla! Dios envía profetas para advertir, para darle a la gente la oportunidad de escapar y evitar castigos severos y plagas. ¡Así que preste mucha atención, y podrá discernir que Dios está detrás de ello!
La profecía es la prueba de Dios. Muestra que Dios está vivo y activo: está cumpliendo hoy lo que registró hace miles de años. Compruebe esas profecías, ¡y reconozca que el Dios omnipotente que las dio quiere tener una relación con usted!
