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ISTOCK.COM/CELSODINIZ

La perspectiva de Lincoln sobre derribar estatuas sagradas

Consejo perene de uno de los presidentes más notables de EE UU.

Por todo EE UU los radicales han estado profanando y derribando estatuas y monumentos. Condenan la historia de nuestra nación y quieren borrarla.

Ese es un problema serio. ¿Cuál es la solución? Abraham Lincoln, considerado por muchos el presidente más grande de EE UU, tuvo la solución. Su consejo sigue siendo relevante hasta hoy, y creo que usted se conmoverá con éste.

En 1838, Lincoln dio un famoso discurso en el Liceo de Jóvenes de Springfield, Illinois. Él sólo tenía 28 años. En ese discurso, Lincoln dijo lo siguiente acerca del sitio donde estaba enterrado George Washington: “Durante su largo sueño, no permitimos que ningún pie hostil pasara ni profanara su lugar de descanso”. Lincoln exigió que simplemente no permitieran tal profanación.

¡Qué contraste con la actualidad! Ahora la gente está derribando estatuas de George Washington y muchos otros monumentos; supuestamente en nombre de la igualdad y la justicia. Incluso desfiguraron y demolieron monumentos de Lincoln, ¡el hombre responsable por la emancipación de los esclavos en EE UU! ¿Tiene eso sentido? Esto muestra que los motivos de los radicales no son en verdad sobre la igualdad.

La palabra profanar significa destruir lo sagrado. Muchas de estas estatuas y monumentos realmente son sagrados porque traen a Dios al cuadro. ¿Hay algún ejemplo más piadoso de un presidente estadounidense, que Abraham Lincoln? Entonces, ¿No podría ser anti-Dios esta profanación de estatuas? Necesitamos pensar seriamente sobre esto; físicamente, ¿qué otra cosa podría ser más seria para nuestra nación?

¿Cómo resolvemos este problema? Consideremos el punto de vista de Lincoln.

Un fundamento bíblico

Primero, Lincoln tenía un profundo respeto por la Biblia. Una vez dijo: “Con respecto a este gran Libro [la Biblia], no tengo más que decir que, es el mejor regalo que Dios le ha dado al hombre. Todo lo bueno que el Salvador le dio al mundo fue comunicado a través de este Libro. Si no fuera por éste, no sabríamos de lo bueno y lo malo. Todas las cosas más deseables para el bienestar del hombre, aquí y en lo sucesivo, tienen que encontrarse descritas en este Libro” (énfasis mío en todo).

Él tenía razón. Sin la Biblia, ¡ni siquiera sabríamos la diferencia entre lo correcto y lo incorrecto! Debemos enseñar a nuestros hijos a partir de la Biblia para que puedan entender lo bueno y lo malo. La Biblia misma ordena esto (ej. Deuteronomio 4:9; 6:6-7; 11:18-19; Efesios 6:4). Y Lincoln lo sabía. Él conocía la Biblia y creía en ella.

Sin embargo, hoy, apenas se permite la Biblia en la educación. Nuestro fracaso en enseñarle a nuestros hijos lo correcto de lo incorrecto como la Biblia lo revela es el fundamento de los problemas que enfrentamos.

El conocimiento de la Biblia que tenía Lincoln lo enfrentó con la llamada cristiandad de su tiempo. “Todos afirman ser cristianos e interpretan sus diversos credos como infalibles”, le dijo a un amigo. “Dudo de la posibilidad o propiedad de establecer la religión de Jesucristo en los modelos de credos y dogmas creados por el hombre”. ¡Él vio que la mayoría de las religiones son hechas por el hombre pero no siguen a Dios! Le dijo a su amigo que “con mucho gusto se uniría” a una Iglesia “que aceptara la declaración del Salvador de la sustancia de la ley”. ¡Pero él nunca encontró una Iglesia así! Ése es un serio problema.

La comprensión de la Biblia que tenía Lincoln impregnó su punto de vista de cómo manejar los problemas políticos de su tiempo. En la actualidad, ¿para cuántos políticos es eso cierto?

El peligro en la ley de la calle

En su discurso del Liceo, Lincoln advirtió sobre una peligrosa tendencia de su tiempo: “Hay, incluso ahora, algo de mal presagio entre nosotros. Me refiero a la creciente indiferencia por la ley que impregna al país; la creciente disposición a sustituir las pasiones salvajes y furiosas, en lugar del sobrio juicio de los tribunales”.

Luego relató muchas atrocidades que estaban siendo cometidas en ese tiempo por las fuerzas en la nación, a favor de la esclavitud. La gente estaba tomando la ley por sus propias manos, siendo gobernados por sus pasiones más que por la ley. Esto horrorizó a Lincoln, y debería horrorizarnos a nosotros también.

Lincoln creía en un gobierno fuerte que protegería a sus ciudadanos y su propiedad. Él habló del peligro en fracasar de no reprimir por la fuerza, a aquellas fuerzas en desafuero. “Hombres buenos, que aman la tranquilidad, que desean acatar las leyes y disfrutan de sus beneficios, que con gusto derramarían su sangre en defensa de su país; viendo su propiedad destruida; sus familias insultadas, y sus vidas en peligro; los suyos heridos; y viendo nada en prospecto que augure un cambio para mejor; cansándose de (y disgustándose con) un gobierno que no les ofrece protección; y no es muy contrario a un cambio en el cual ellos imaginan que no tienen nada que perder”.

Lincoln condenó a un gobierno que falló en su deber de proteger, y él haría lo mismo hoy. ¿Por qué incluso obedecer a un gobierno que no le protegerá?, preguntó. ¡Él entendió que el continuo abuso de ciudadanos respetuosos de la ley lleva a la revolución y guerra!

¡Este espíritu de anarquía nos está sobrepasando ahora! En muchas ciudades y Estados, ¡nuestros gobiernos se están rindiendo a la turba destructiva!

Lincoln continuó: “Cada vez que a la porción viciosa de la población se le permita reunirse en grupos de cientos y miles, y quemen iglesias, arrasen y roben tiendas de provisiones, arrojen imprentas a los ríos, baleen a los editores, y con impunidad cuelguen y quemen a personas detestables para su gusto... confíe en ello, este gobierno no puede durar”.

¿Cuál fue la solución de Lincoln a esta grave amenaza? ¡Obedecer y hacer valer la ley de la Nación!

Hacer valer la ley

Lea estas sabias palabras sobre cómo acabar con los pecados de los disturbios, el vandalismo y la violencia: “La respuesta es simple. Que cada estadounidense, cada amante de la libertad, (…) nunca viole en el menor detalle las leyes del país; y que nunca tolere que otros las vulneren. (…) Dejemos que toda madre estadounidense inspire reverencia por las leyes al bebé que cecea y parlotea en su regazo; que ésto se enseñe en las escuelas, en seminarios y universidades; que se escriba en los textos escolares, libros de ortografía y almanaques; que se predique desde el púlpito, que se proclame en las salas legislativas, y se haga cumplir en las cortes de justicia”, dijo él. “Y, en resumen, que se convierta en la religión política de la nación…”.

La reverencia de Lincoln por la ley le produjo el gran respeto de los ciudadanos de EE UU en ese tiempo. Pero muchos hoy no están de acuerdo.

Él habló sobre las pasiones que alimentaron la revolución norteamericana, y luego dijo: “La pasión nos ha ayudado; pero ya no es más así. En el futuro será nuestro enemigo. La razón, fría, calculadora y sin pasión, debe proporcionar todos los materiales para nuestro futuro apoyo y defensa. Permítase que esos materiales sean moldeados en la inteligencia general, en la moralidad sólida y, en particular, en una reverencia por la Constitución y las leyes; que hasta el último de nosotros permanezcamos libres; que reverenciemos su nombre [de George Washington] hasta el último de nosotros, y que durante su largo sueño, no permitimos que ningún pie hostil pisara o profanara su lugar de descanso; será eso por lo cual aprenderemos que la última trompeta despertará a nuestro Washington”.

Lincoln habló de la “última trompeta” (el regreso de Jesucristo). ¿Cuántos políticos hoy si quiera mencionan eso? Incluso pocos ministros hablan al respecto. Lincoln hablaba sobre lo que leía en la Biblia, y él lo creía.

¿Por qué mencionó no permitir que ningún “pie hostil pasara o profanara su lugar de descanso” [de Washington]? Debe haber habido gente que buscaba profanar esa tumba. ¡Pero Lincoln se aseguraría que nunca sucediera! ¿Cómo abordaría él, el asalto a las estatuas en nuestro tiempo? ¡Pues lo confrontaría por la fuerza haciendo cumplir la ley y el orden!

No hemos estado enseñando esta historia como debiéramos. La mayoría de la gente joven hoy es ignorante de estas importantes verdades.

Lincoln detestaba y despreciaba la esclavitud. Él literalmente puso su vida en riesgo por liberar a los esclavos. Sin embargo, la gente hoy mutila el monumento sagrado de este hombre piadoso. ¿A qué precio?

¿Qué ocurriría si esta historia fuera borrada, como algunos están tratando de hacer actualmente? De seguro podemos ver que esto sería una catástrofe devastadora para la nación.

Incluya a Dios

En 1862, durante la Guerra Civil, Lincoln le escribió a un amigo diciendo: “Ciertamente estamos atravesando una gran prueba, una prueba abrasadora. En la posición de responsabilidad en la que me han puesto, siendo un humilde siervo en las manos de nuestro Padre celestial, como lo soy, como todos lo somos, para cumplir Sus grandes propósitos, he deseado que todo mi trabajo y actos estén de acuerdo a Su voluntad, y que así sea habiendo yo buscado Su ayuda”.

¿Hablan así los presidentes o los políticos hoy en día? ¡Repito que es difícil escuchar incluso a un ministro hablar de tal forma!

Siguiendo dos derrotas devastadoras en Chancellorsville y Fredericksburg, la guerra dependía de Gettysburg. ¿Y qué hizo Lincoln? “Un día fui a mi habitación, cerré la puerta, me arrodillé ante el Dios Todopoderoso, y Le oré con mucho fervor por la victoria en Gettysburg. Le dije que ésta era Su guerra, y nuestra causa era Su causa, pero que no podríamos soportar otro Fredericksburg no otro Chancellorsville. Y entonces y allí hice un voto solemne al Dios Todopoderoso, que si Él apoyaba a nuestros muchachos en Gettysburg, yo estaría con Él. Y después de eso (no sé cómo fue, y no puedo explicarlo) la dulce tranquilidad de que el Dios Todopoderoso había tomado todo el asunto en Sus propias manos llegó a mi alma, y que las cosas saldrían bien en Gettysburg”.

¡Lincoln le clamó a Dios por la victoria en Gettysburg! ¡Él involucró a Dios en la Guerra Civil! Y Dios usó al Espíritu Santo para confortarlo y hacerle saber que Él le daría la victoria.

¡Hoy estamos a punto de sufrir una guerra civil que será mucho peor! ¿Estamos tan lejos como para involucrar a Dios esta vez? Lincoln involucró a Dios y Su poder y fuerza; y Dios escuchó esa oración. Ésta es la única solución a estos problemas de pesadilla.

En 2017, miembros principales de la administración del presidente Donald Trump citaron mal a un pasaje bíblico importante que dice: “Si yo cerrare los cielos para que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo, si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:13-14). ¡Esos líderes omitieron las partes sobre volverse de sus malos caminos y recibir el perdón por sus pecados!

¡La Biblia dice que nuestras oraciones son en vano si no nos arrepentimos y obedecemos a Dios! Cristo dijo, “¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? (Mateo 6:46).

Lincoln les advirtió a los estadounidenses sobre ser complacientes en su riqueza y sus bendiciones. Él dijo: “Hemos sido los destinatarios de las mejores recompensas del Cielo. Hemos sido preservados, todos estos años, en paz y prosperidad. Hemos crecido en número, riqueza y poder como ninguna otra nación jamás ha crecido. Pero hemos olvidado a Dios. Hemos olvidado a la mano bondadosa que nos preservó en paz, y nos multiplicó, enriqueció y nos fortaleció; y hemos imaginado vanamente, en el engaño de nuestros corazones, que todas estas bendiciones fueron producidas por alguna sabiduría y virtud superior de nosotros mismos. Embriagados por el éxito inquebrantable, nos hemos vuelto demasiado autosuficientes para sentir la necesidad de la gracia redentora y preservadora, ¡demasiado orgullosos como para orar al Dios que nos creó!” (30 de marzo de 1863).

Esto ciertamente es verdad para EE UU hoy. Este mundo está repleto de bombas nucleares, muchas de ellas en las manos de hombres que ni siquiera deberían estar a cargo de naciones. ¡Cristo advirtió de la extinción humana si Él no volvía para salvarnos! (Mateo 24:21-22). Pero la mayoría de la gente está irresponsable y tontamente poniendo a Dios a un lado. Muy pronto, todos los hombres dejarán de cometer ese error; a la última trompeta, ¡la cual estará aquí en muy pocos años aunque no obedecemos a Dios! ¡Así de cerca estamos de la Segunda Venida!

Debemos seguir el ejemplo de Lincoln y buscar a Dios para soluciones y liberación. Ésta es la única solución a la devastadora división en EE UU. La ley está siendo desechada, y las turbas violentas y fanáticas están ganando más y más poder. Nuestra república constitucional está en riesgo.

Pero pronto Dios intervendrá para solucionar nuestros problemas. Él lo hará a Su manera, en la única manera que funciona: ¡aplastando la rebelión y estableciendo Su ley perfecta! ▪

Boletín, AD