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La personalidad alterada de Europa

(MIDJOURNEY)

La personalidad alterada de Europa

Los días del metrosexual vegano chic han pasado. Las realidades modernas están endureciendo a los europeos.

El estadounidense es un vaquero armado; el ruso, un oligarca corrupto; el saudí, un jeque rico en petróleo. El europeo, por su parte, es un metrosexual vegano; va en bicicleta al trabajo, se toma un mes de vacaciones al año, bebe café con leche de soya y, con sofisticación, predica a los demás las virtudes de su estilo de vida ilustrado.

Se trata de burdos estereotipos. Sin embargo, por muy ciertos o falsos que fueran en su día, ahora están obsoletos.

La crisis financiera de 2008 y la crisis migratoria de 2015 dieron un golpe en la cabeza a nuestro europeo. Su personalidad ha cambiado. Se podría decir que ahora conduce un camión, come carne y ha empezado a hacer culturismo.

La mayor parte del mundo no se ha dado cuenta. Muchos de los que se han dado cuenta se alegran de ello. Pero la personalidad alterada de Europa está a punto de alterar el curso de la historia mundial.

¿Un europeo de extrema derecha?

Un nuevo tipo de partido está creciendo en Europa. En la prensa se le suele llamar “extrema derecha”. Pero ese término está tan trillado que prácticamente carece de sentido.

Para algunos de estos grupos, como la Agrupación Nacional de Francia, “extrema izquierda” describiría mejor sus políticas económicas.

Quizá “marginales” sea el término más adecuado. Estos grupos son tan diferentes que los partidos mayoritarios los excluyen deliberadamente de la política. Los periodistas intentan estigmatizarlos para que ninguna persona decente admita votar a los “marginales”.

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Pero incluso el término marginal resulta anticuado. En toda Europa, estos políticos están adoptando una nueva estrategia ganadora y alcanzando nuevas cotas de éxito electoral. Han abandonado las partes más odiosas de sus programas. El antisemitismo está fuera. Muchos han pasado de apoyar a Vladimir Putin y a Rusia a apoyar a Volodimir Zelenski y a Ucrania.

Giorgia Meloni, que lidera el partido sucesor del literal Partido Nacional Fascista de Benito Mussolini, es ahora primera ministra de Italia. Polonia está dirigida por este tipo de partido marginal. También Hungría. Partidos marginales apoyan a los gobiernos de Finlandia y Suecia.

Podrían seguir más. En este momento, la Alternativa para Alemania (AfD, por sus siglas en alemán) es el segundo partido más popular de Alemania, aunque se desplace más a la derecha. En Francia, Marine Le Pen, del partido Agrupación Nacional, se enfrentó a Emmanuel Macron en las elecciones presidenciales del año pasado, forzando, y luego perdiendo, una segunda vuelta. Sigue siendo popular y es una de las principales aspirantes a las próximas elecciones presidenciales. El Partido de la Libertad de Austria está obteniendo buenos resultados en las encuestas y parece que ganará sus elecciones el año que viene.

Estos partidos han realizado otro cambio crítico en sus plataformas que podría resultar más importante que cualquier otro: ahora trabajan juntos. Se les ha llamado “extrema derecha” porque son nacionalistas: quieren que su nación vuelva a ser grande y no les importan tanto otras naciones. La idea de que pudieran trabajar juntos para apoderarse de la Unión Europea era descabellada. Pero eso es justo lo que están haciendo.

Para muchos de sus partidarios, la UE es el antídoto contra el nacionalismo de extrema derecha. Es un proyecto multinacional, globalista, progresista y de izquierda diseñado para destruir el nacionalismo. Ha sido construida por naciones que renuncian a la soberanía nacional.

Los partidos de extrema derecha en Europa han sido generalmente euroescépticos. Pero su éxito en toda Europa significa que ahora tienen una oportunidad no necesariamente de destruir la UE, sino de rehacerla.

Las elecciones en las distintas naciones de la UE forman parte de una lucha más amplia. ¿Qué aspecto tendrá la UE; cuál es su propósito; cuál es su alma? En el centro de esta lucha hay una reacción contra dos políticas clave de la UE adoptadas en un país tras otro.

Reacción negativa

El antiguo estilo de vida vegano de Europa sencillamente no era saludable, y muchos lo ven ahora.

En 2015, 1,3 millones de inmigrantes solicitaron asilo en la UE; al año siguiente, la cifra se redujo sólo ligeramente hasta 1,2 millones. Muchos eran musulmanes que huían de la guerra civil siria. La canciller Angela Merkel abrió célebremente Alemania a cualquiera que atravesara sus fronteras.

Las ramificaciones fueron inmediatas. Las ciudades se sintieron peligrosas. Las mujeres se quejaron de agresiones. Un hospital se vio obligado a contratar guardias armados. Colonia vivió de forma infame el asalto sexual masivo de Nochevieja, en el que 1.000 inmigrantes se juntaron en una multitud y presuntamente cometieron 331 delitos sexuales, incluidas dos violaciones.

Sin embargo, los principales medios de comunicación se negaron a hablar de ello. La policía y las autoridades locales ocultaron las estadísticas. Los principales partidos políticos se negaron a abordarlo.

Su indiferencia continúa. Este verano, las piscinas públicas se han convertido en un tema candente en Alemania. Algunas han cerrado. Otras han pedido protección policial. ¿Por qué? Debido a un aumento de las agresiones, sobre todo a chicas con bañadores reveladores. Los periodistas y los políticos de la corriente dominante no quieren hablar de ello, pero estos ataques son cometidos principalmente por inmigrantes procedentes de países musulmanes.

Francia ha experimentado problemas similares. El 27 de junio, la policía francesa le disparó a Nahel Merzouk durante una parada de tránsito. El video del tiroteo se hizo viral y desató acusaciones de abuso policial contra las minorías negra y musulmana. La nación estalló en violencia durante días: más de 700 negocios fueron incendiados y más de 1.300 coches quemados. La gente atacó escuelas y centros culturales. Un bombero murió intentando apagar las llamas en un estacionamiento subterráneo. Se desplegaron 45.000 agentes para detener los disturbios; más de 500 agentes resultaron heridos y 2.000 alborotadores fueron detenidos.

Los alborotadores también atacaron a la familia del alcalde derechista de L’Haÿ-les-Roses, estrellando un coche en llamas contra su casa. Uno de sus hijos resultó herido y su esposa se rompió una pierna al escapar.

“La gente habla de disturbios”, dijo el jefe de policía de L’Haÿ-les-Roses, “pero para los que tenemos que lidiar con todo esto, no son disturbios. Es una guerra”.

Esta violencia se produjo en un contexto constante de atentados islamistas en Europa. El 8 de junio, un migrante sirio apuñaló a cuatro niños de entre 1 y 3 años en un parque del sureste de Francia. El 10 de junio, un chico de 15 años murió y tres personas resultaron heridas en un tiroteo en Estocolmo (Suecia), poco antes de que otro tiroteo no relacionado en la zona hiriera a tres personas. La violencia de las bandas en Suecia se ha disparado desde 2015, cuando el gobierno abrió la nación al segundo mayor número de inmigrantes per cápita de Europa.

En Francia los problemas son mucho más antiguos que la crisis migratoria de 2015. Los partidos políticos mayoritarios han tenido décadas para solucionarlo, pero han fracasado.

En todas estas situaciones, la reacción de la opinión pública ha sido la misma. Como escribimos durante la crisis migratoria alemana de 2015: “Muchos de los alemanes que se están desilusionando con la política dominante (…) no quieren perseguir a los migrantes ni verlos encarcelados, apaleados o asesinados. No son extremistas que buscan el genocidio. Son personas normales, sensatas y racionales, muchas de las cuales sienten una enorme empatía por los que sufren en Siria y en otros lugares. Estas personas simplemente están preocupadas por el impacto que millones de migrantes tendrán en su nación, sus instituciones, su infraestructura, su economía, su cultura y en el pueblo alemán. (…) Pero el gobierno de Angela Merkel se niega a prestar una atención seria a estas preocupaciones y se niega a decir la verdad sobre el impacto que los migrantes están teniendo y tendrán en la nación”. …

“¡La gestión de esta situación por parte del Gobierno de Merkel está convirtiendo al pueblo alemán en una bomba de tiempo! Cuanto más desilusionado, frustrado y enfadado esté el pueblo alemán, más vulnerable será a las políticas radicales y a los líderes radicales con soluciones radicales” (Trumpet, marzo de 2016).

Ignorados por la corriente dominante, en un país tras otro los votantes preocupados han buscado consuelo en los grupos políticos marginales.

Ambientalismo desastroso

Ahora estamos viendo cómo esta tendencia se fusiona con la cuestión aparentemente no relacionada del ambientalismo. Nuestro europeo estereotipado es notoriamente consciente del medio ambiente. Pero ahora esto empieza a doler.

Los políticos demasiado entusiastas con el medio ambiente de los Países Bajos (el segundo mayor exportador agrícola del mundo) están cerrando granjas de forma activa. Los miembros del gobierno de la UE están debatiendo leyes que impondrían estas calamitosas políticas a los agricultores, y a los consumidores, en todo el Continente.

La UE dice que prohibirá los nuevos coches de gasolina y diésel que utilicen combustibles fósiles para 2035. La industria automovilística alemana representa alrededor del 10% de su economía. Pero las empresas extranjeras llevan la delantera en coches eléctricos. Esto podría devastar la fabricación alemana y provocar un desempleo masivo.

El gobierno alemán prohibirá la venta de todos los sistemas de calefacción de gas y petróleo a partir de finales de 2024. Está prevista una prohibición en toda la UE para 2029. Después de eso, si su caldera se rompe, se verá obligado a sustituirla por una alternativa “ambientalmente amigable” y a menudo menos efectiva.

Todos los grandes periódicos y partidos políticos apoyan totalmente estas medidas: las consideran indispensables para hacer frente al cambio climático; no hay alternativa. Ninguna alternativa, es decir, a menos que se recurra a un grupo de extrema derecha como Alternativa para Alemania.

El hecho de que no quiera que cierren su granja o que no quiera gastar miles de euros en una bomba de calor eléctrica no le convierte en un nazi. ¿Pero si ninguno de los partidos mayoritarios va a escuchar sus preocupaciones y toda la economía parece abocada a la autodestrucción, no se plantearía votar por uno de estos grupos?

Estas preocupaciones ya habían provocado una resistencia masiva manifestada en las protestas de los “chalecos amarillos” en Francia en 2018. En los Países Bajos, el rechazo provocó la creación de un nuevo Partido de los Agricultores, que ya se ha convertido en el partido más grande del Senado. Este Movimiento Campesino-Ciudadano no tiene ningún bagaje histórico, pero no es el caso en otros lugares.

En Alemania, la oposición a las políticas medioambientales destructivas es una razón clave por la que la AfD ha ascendido a nuevas alturas de poder. Si un alemán no quiere que su gobierno destruya la economía nacional, no tiene adónde ir.

Vínculos nazis

A medida que estos partidos “marginales” se hacen más populares, también se vuelven más extremistas. En 2017, la estrella ascendente de la AfD, Björn Höcke, atacó la idea de que Alemania debería arrepentirse o expiar su historia nazi. Esta actitud, dijo, es una “estúpida política de superación”. Se quejó de que “la historia alemana se maneja como podrida y se hace parecer ridícula” y pidió una “inversión de 180 grados en la política del recuerdo”. Los alemanes deberían dejar de conmemorar el Holocausto. Calificó de “monumento de la vergüenza” el Monumento a los judíos de Europa Asesinados que está en Berlín.

Al público de Höcke le encantó, pero fue demasiado lejos. Los miembros moderados de la AfD querían que le echaran del partido. Al año siguiente, el líder del partido, Alexander Gauland, pronunció un discurso similar, alabando la “gloriosa historia de Alemania que es mucho más larga que 12 años”, el tiempo que duró el régimen de Adolfo Hitler. Ante un público indignado, pidió disculpas a medias.

Sin embargo, ahora las cosas han cambiado. En mayo, el líder de AfD, Tino Chrupalla, concedió una entrevista al blog derechista “Sezession”. Cuando le preguntaron por la historia bélica de Alemania, dijo: “Me parece fundamentalmente problemático vincular siempre la conmemoración con la cuestión de la culpa”. La visión que Alemania tiene de su historia tiene que cambiar, explicó. “La culpabilidad histórica ya no debe determinar nuestra forma de actuar”, dijo.

Esta vez, en lugar de indignación, la respuesta fue solamente grillos.

La colíder de Chrupalla, Alice Weidel, es una de las voces más moderadas del partido, una de las que intentó forzar la salida de Höcke hace cinco años. En abril, presumió en un discurso de campaña de que el partido estaba a punto de entrar en el gobierno. Se paseó por el escenario cogida del brazo con el candidato local de la AfD: Björn Höcke.

En lugar de recibir censura, la AfD está alcanzando nuevas cotas. Consiguieron su primer alcalde, en la ciudad de Raguhn-Jessnitz, en Sajonia-Anhalt, el 2 de julio. La semana anterior, ganaron su primer distrito regional en el estado vecino de Turingia. Friedrich Merz, líder de la corriente dominante Unión Cristianodemócrata (cdu), abrió la puerta a hacer negocios con la AfD a nivel local, rompiendo el precedente que, hasta entonces, había mantenido a la AfD alejada de los cargos públicos. Rápidamente dio marcha atrás, pero para la AfD en estos días, la derrota siempre parece solamente temporal.

Las personas que votan por la AfD por las políticas equivocadas de los partidos mayoritarios sobre el cambio climático o la inmigración no son extremistas de extrema derecha. Pero están dando poder a un partido con opiniones peligrosas. Y los partidos mayoritarios no les han dejado otra opción.

Esto puede cambiar pronto. En toda Europa, los partidos mayoritarios están empezando a seguir el ejemplo de los partidos marginales. Están despertando lentamente a los peligros de la inmigración. Algunos incluso están suavizando sus posturas sobre el cambio climático.

Pero están haciendo aún más: están copiando las visiones marginales de la historia, el imperio y el orgullo nacional.

Hacia la derecha

En junio, la cdu anunció planes para un Programa Federal de Patriotismo. Quiere que se ondee más la bandera, que se cante más el himno y más vínculos con el ejército. Los planes incluyen un nuevo día nacional para celebrar la constitución el 23 de mayo y otro para celebrar la reunificación de Alemania el 3 de octubre. El parlamento alemán también se renovará con más imágenes de grandes alemanes y símbolos de la historia alemana para reforzar la “autoconfianza patriótica” de los legisladores.

En Francia, el presidente Emmanuel Macron se ha vuelto cada vez más extremista en su retórica. Ha dado a la policía el poder de cerrar mezquitas y echar a predicadores. Ha prohibido la educación en casa, principalmente para impedir que los niños musulmanes eviten el sistema educativo francés. El ministro del Interior francés ha disuelto docenas de organizaciones musulmanas francesas y ha deportado a radicales. “El islam es una religión que vive hoy una crisis, en todas partes del mundo”, dijo Macron en un discurso histórico en 2020. Sin embargo, mientras continúan los ataques islamistas y los disturbios masivos, el apoyo a los partidos marginales europeos sigue creciendo.

A nivel de la UE, los líderes conservadores miran a Italia y a Meloni como solución. Dirigentes de toda Europa están peregrinando a Roma, entre ellos la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, y el líder del Partido Popular Europeo, Manfred Weber.

“Giorgia Meloni se está convirtiendo poco a poco en la líder política más importante de Europa”, afirmaba el Spectator en un artículo del l 4 de marzo. “Algunos dicen incluso que su destino es ser la próxima Angela Merkel. De ser así, eso significaría un cambio drástico en la dirección de la Unión Europea…”.

“Meloni es ahora líder de la derecha europea”, afirmó el presentador de entrevistas Massimo Cacciari. “Y la tradicional coalición europea de fuerzas socialdemócratas y populares católicas se debilita. (…) Meloni y quienes le rodean podrán mover el eje de la política europea en las próximas elecciones. Ésa es la estrategia que persiguen” (ibíd.).

Las elecciones españolas del 23 de julio demostraron que este enfoque podría funcionar. Ninguno de los dos bandos obtuvo votos suficientes para lograr la mayoría. Pero al Partido Popular, de la derecha dominante, le fue muy bien a costa del partido de la derecha marginal Vox. Puede que la imitación sea la forma más sincera de adulación, pero cada vez más políticos europeos ven que también es una forma inteligente de ganar elecciones.

Así pues, las creencias y la retórica “marginales” se están apoderando de Europa de dos maneras. Los propios partidos marginales están llegando a la cima. Y cuando son derrotados, es sólo porque sus ideas se han infiltrado en los partidos mayoritarios. De cualquier forma, la personalidad de Europa está cambiando.

¿Es bueno?

Este giro hacia la derecha ha hecho que algunos medios de comunicación de Estados Unidos se levanten y tomen nota. “Una Unión Europea de extrema derecha podría estar a la vuelta de la esquina”, tituló el Washington Post el 21 de julio. En Oriente Medio, Al Jazeera advertía: “Siempre hemos supuesto que la unidad europea implicaría un mayor cosmopolitismo y multiculturalismo. Con el reciente ascenso de la extrema derecha, puede que no sea así” (19 de julio).

Muchos conservadores estadounidenses están encantados con esta tendencia. Relacionan el ascenso de la derecha en Europa con el movimiento pro-Trump. Las fuerzas del globalismo y el ecologismo están retrocediendo. Pero el problema es que este punto de vista pasa por alto cierta historia vital.

En realidad, los orígenes de la UE no residen en los bienhechores liberales que quieren relegar el nacionalismo al basurero de la historia. Sus orígenes son mucho más antiguos.

En la Primera y Segunda Guerras Mundiales, Alemania quiso crear una forma de Unión Económica Europea para hacer más llevadera su dominación del Continente. En la Primera Guerra Mundial, el canciller alemán Theobald von Bethmann-Hollweg dijo que pretendía crear una “asociación económica centroeuropea” en la que “todos sus miembros serán formalmente iguales, pero, en la práctica, estarán bajo el liderazgo alemán y deberán estabilizar el dominio económico de Alemania sobre Mitteleuropa”.

La propaganda nazi de la década de 1930 abogaba por la Großraumwirtschaft, (es decir, una gran área económica). En 1940, el embajador alemán en Francia, Otto Abetz, escribió a Hitler recomendándole que Alemania “usurpara la idea europea” para intentar controlar Europa del mismo modo que Hitler había “usurpado la idea de paz” antes de la guerra.

Ese verano, Hermann Göring inició los planes para la “unificación económica a gran escala de Europa”. Walther Funk, ministro de economía y presidente del banco central alemán, desarrolló estos planes, llamándolos Comunidad Económica Europea y esbozando sus características en una serie de documentos en 1941. Ni siquiera dos décadas después, en 1957, la Comunidad Económica Europea (cee) se convirtió en el nombre de lo que hoy es la UE.

Los nazis también abogaban por un “sistema monetario europeo” que funcionaría con tipos de cambio fijos entre determinadas monedas, hasta que se pudiera introducir gradualmente una moneda única. Esto es exactamente lo que ha ocurrido con el euro.

Después de la guerra, el infame Oswald Mosley, líder de la Unión Británica de Fascistas, se convirtió en un ardiente proeuropeo. El jefe de la Reich Credit Co., el Dr. Bernhard Benning, que habló en la conferencia nazi de la cee en 1942 sobre la “Cuestión de la moneda europea”, llegó a convertirse en una alta figura del Bundesbank.

Otras figuras de la UE simpatizaban con los nazis antes de la guerra, como Paul-Henri Spaak, uno de los padres fundadores de la UE. Como miembro del Partido Obrero Belga antes de la guerra, elogió “algunos de los magníficos logros de Hitler”. En 1937, dijo que “la hora del nacionalsocialismo belga” había llegado. Instó a Bélgica a permanecer neutral en lugar de unirse a Francia para luchar contra Alemania. (Alemania invadió Bélgica en 1930).

Muchos vieron en la Unión Europea una herramienta para combatir el nacionalismo alemán. Pero otros la vieron como una forma de unir a los europeos en torno a objetivos más amplios.

Ahora vemos llegar al poder a líderes europeos vinculados a los regímenes fascistas de la Segunda Guerra Mundial. La AfD alemana quiere revisar esa historia (recuadro, página 12). La italiana Meloni no se limita a liderar al sucesor del partido de Mussolini; está reconstruyendo su política exterior, reconstruyendo los vínculos de Italia con el norte de África.

Lo que estamos viendo ahora no es un cambio brusco de personalidad en Europa. Se trata de una lenta retirada de la máscara.

¿Siempre ahí?

No es la única vez que Alemania ha cambiado rápidamente de personalidad. En su libro The Europeans, Luigi Barzini comparó a los alemanes con Proteo, el metamorfo de la mitología griega, por su tendencia a cambiar de identidad. A lo largo del siglo xix, los alemanes fueron tanto objeto de burla como amados por su pacifismo e inofensividad. Pero todo eso cambió en 1870.

“Cruzaron la frontera de Francia como una marea gris de soldados sin rostro, disciplinados, con cascos de pinchos, una implacable máquina de guerra imparable”, escribió. “¿De dónde habían salido? Sólo unos pocos alemanes y ningún extranjero habían sospechado cómo sería la inminente metamorfosis. (…) Los llorosos escritores franceses siguieron contando durante décadas innumerables historias desgarradoras de lo despiadados, rapaces y despreciativos que habían sido los invasores. ¿Cómo podían estos alemanes ser tan distintos de aquellas gentes inofensivas y pacíficas que Madame de Staël había descrito, aquellas que Europa había conocido y amado sólo unos años antes?”.

Luego, durante la década de 1930, Berlín pasó rápidamente de ser un antro de hedonismo al centro de la eficacia militar.

El ascenso de la AfD en estos momentos sugiere que se avecina un cambio similar.

Para aquellos que quieran escuchar, la Biblia ofrece una advertencia aún más cruda que la historia. Apocalipsis 17 describe una “bestia”. A lo largo de los libros de Apocalipsis y Daniel, una bestia simboliza un imperio. Ésta está montada por una mujer, el símbolo bíblico de una iglesia.

Esta bestia está dirigida por una serie de reyes. Apocalipsis 17:10 dice: “Y son siete reyes. Cinco de ellos han caído; uno es, y el otro aún no ha venido; y cuando venga, es necesario que dure breve tiempo”. Esto nos dice que estos reyes vienen uno tras otro. Este imperio se levanta, es dirigido por un hombre fuerte, y luego cae, sólo para ser resucitado por otro.

¿Dónde hay un imperio, dominado por una iglesia, que se haya levantado y caído repetidamente? La única respuesta es Europa. La última media docena de veces ha tenido el nombre de “Sacro Imperio Romano”. La más reciente fue dirigida por Adolfo Hitler.

Esta profecía en Apocalipsis está congelada en el tiempo. Describe el estado de esta bestia durante su sexto líder, Hitler.

El versículo 8 describe “la bestia que era y no es, y será”. Esta bestia existe, luego desaparece, para más tarde “subir del abismo”. Se podría decir que emerge de la nada, del “subsuelo”. Esto describe el estado de este poder de la bestia en la actualidad. Las señales están ahí, pero pocos las reconocen. Cuando este poder ascienda por completo, “los que pertenecen a este mundo (…) se asombrarán al ver la reaparición de esta bestia, que había muerto” (versículo 8; Nueva Traducción Viviente).

El mundo piensa que esta bestia ha desaparecido y que los europeos sólo quieren café con leche de soja, turbinas eólicas y reducción de las flatulencias de las vacas. Pero estas cuestiones sólo enmascaran la verdad.

Apocalipsis 17 describe a esta bestia durante su sexta resurrección porque fue en ese tiempo que un hombre estaba en la escena a través del cual Dios reveló estas Escrituras y desenmascaró a esta bestia. Ese hombre fue Herbert W. Armstrong. Explicó lo que estaba sucediendo en Europa y advirtió que volvería a levantarse.

“No entendemos la minuciosidad alemana”, dijo en mayo de 1945. “Desde el comienzo mismo de la Segunda Guerra Mundial, han considerado la posibilidad de perder este segundo asalto, como perdieron el primero, y han planeado cuidadosa y metódicamente, en tal eventualidad, el tercer asalto - ¡la Tercera Guerra Mundial! Hitler ha perdido. Esta ronda de guerra, en Europa, ha terminado. Y los nazis han pasado a la clandestinidad. En Francia y Noruega aprendieron la eficacia con la que una resistencia organizada puede obstaculizar la ocupación y el control de un país. París fue liberada por la resistencia francesa y los ejércitos aliados. Ahora se planea metódicamente una resistencia nazi. Planean volver y ganar al tercer intento”.

A pesar de todas las señales, este cambio de personalidad pronto tomará al mundo por sorpresa. Pero no tiene por qué sorprenderle a usted.

Los detalles sobre este poder de la bestia que se describen en la Biblia nos orientan hacia Dios Padre. El ascenso de este poder de la bestia será aterrador. Pero estas profecías detalladas nos lo aseguran: Dios tiene el control. Todos estos acontecimientos forman parte de Su plan.

Ahora es el momento de conocer lo que está sucediendo, de ver lo que ocurre en Europa detrás de la máscara. Entonces, en lugar de sobresaltarse, aterrorizarse o victimizarse por lo que está ocurriendo, podrá animarse.

El versículo 17 dice: “Porque Dios ha puesto en sus corazones el ejecutar lo que él quiso: ponerse de acuerdo, y dar su reino a la bestia, hasta que se cumplan las palabras de Dios”. En última instancia, Él es quien está detrás del cambio de personalidad de Europa. Ver el papel de Dios en estos acontecimientos es nuestra única esperanza.

El hombre ha probado gobiernos de izquierda y de derecha. Ha probado una asombrosa variedad de sistemas políticos y económicos. Ninguno ha traído la paz ni ha resuelto todos sus problemas.

Dios está permitiendo el ascenso final de este poder de la bestia por una razón muy positiva: para mostrar a la humanidad los fracasos de los sistemas y soluciones ideados por los humanos, y para ayudarnos a ver que Él es la única solución segura a los problemas del hombre. Estudie estas profecías por sí mismo, y le indicarán las únicas soluciones seguras tanto para sus problemas como para los de todo este mundo.

EL MISTERIO DE LOS SIGLOS

Se ha preguntado usted alguna vez: "¿Quién soy yo? ¿Qué soy? ¿Por qué existo?" Usted es un misterio. El mundo que lo rodea es un misterio. ¡Ahora usted puede comprenderlo!