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La Junta de Trump
La Junta de Paz del presidente Donald Trump ha tenido un comienzo difícil. Cuando lanzó este esfuerzo internacional de mantenimiento de la paz al margen del Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, el 22 de enero, dijo que tenía “la oportunidad de ser uno de los organismos más trascendentales en ser creados”. Sin embargo, tales proclamaciones de paz ya están siendo socavadas por las divisiones entre las potencias mundiales que nos empujan hacia la próxima guerra mundial.
Aliados occidentales clave como Alemania, Dinamarca, Francia, Italia, Noruega y el Reino Unido se han negado a participar en el consejo, alegando que ello podría socavar el papel de las Naciones Unidas en la diplomacia mundial. Mientras tanto, estas mismas naciones discuten cómo mantener el poder europeo sobre Groenlandia y obstaculizar a Estados Unidos.
Canadá fue invitado a unirse a la Junta de Paz, pero el presidente Trump retiró su invitación después de que el primer ministro canadiense, Mark Carney, diera un discurso en la misma conferencia sobre cómo las “potencias intermedias” como Australia, Canadá y el Reino Unido, que han vivido bajo la magnanimidad estadounidense, deben encontrar alianzas alternativas. Carney, junto con los líderes europeos, también ha insinuado que EE UU puede ser atacado económicamente (artículo, página 1).
Es preocupante que Canadá no sea bienvenida en la Junta de Paz porque Carney insultó a Trump, y sin embargo el presidente ruso Vladimir Putin y el secretario general chino Xi Jinping estén invitados porque el presidente Trump quiere negociar con estos tiranos.
Pero el hecho de que el presidente Trump no pueda negociar la paz con Canadá es una mala señal de su capacidad para negociar la paz con Rusia y China.
Cuando el primer ministro británico Neville Chamberlain proclamó “paz para nuestro tiempo” tras firmar un pacto con Adolfo Hitler en 1938 que permitía a Alemania anexionarse los Sudetes checoslovacos, la gente aplaudió. La Segunda Guerra Mundial comenzó sólo 11 meses después. Su optimista pronunciamiento de paz resultó ser una broma de mal gusto.
¿Verán los historiadores del futuro a la Junta de Paz del presidente Trump de la misma manera?
Junta de autócratas
El presidente sigue refiriéndose a su Junta de Paz como la “mayor y más prestigiosa junta en ser reunida”, sin embargo, dos tercios de los países que se han unido a ella hasta ahora son regímenes autoritarios. Entre sus miembros fundadores se encuentran el presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, a menudo llamado el último dictador de Europa; el presidente Kassym-Jomart Tokayev, un hombre fuerte postsoviético; el príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohammed bin Salman, un monarca absoluto; y el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan, un autócrata de tendencia islamista.
¿Le parece ésta la junta más grandiosa y prestigiosa en ser reunida?
Los datos del Índice de Democracia de la Economist Intelligence Unit sitúan la puntuación promedio de democracia de los gobiernos que integran la Junta de Paz en aproximadamente 4,5 en una escala de 10.
Los regímenes autoritarios explotan con frecuencia los organismos de la ONU, en particular el Consejo de Derechos Humanos, para protegerse del escrutinio, legitimar su gobierno y socavar los derechos humanos internacionales. Se supone que la Junta de Paz del presidente Trump debe arreglar tales injusticias. Pero hasta ahora, los países que se han unido a la Junta de Paz son, en promedio, más autoritarios que los que forman parte de la ONU.
En comparación con la ONU, la Junta de Paz podrá tomar decisiones rápidas porque en sus estatutos se nombra a Donald J. Trump (independientemente de quién sea el actual presidente de EE UU) como presidente. Trump tiene autoridad exclusiva para modificar las entidades de la junta.
Sin embargo, confiar en que Donald Trump haga rendir cuentas a los dictadores puede seguir siendo una estrategia perdedora. Ya ha amenazado con aranceles del 200% sobre el champán y el vino franceses simplemente porque el presidente francés, Emmanuel Macron, dijo que no quería unirse a la Junta de Paz, mientras hacía la vista gorda ante los abusos de los derechos humanos por parte de Hamás.
Después de que el presidente presionara al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, para que liberara a 1.904 terroristas de Hamás el año pasado a cambio de un alto el fuego, mi padre, Gerald Flurry, escribió: “El presidente Trump no sólo traicionó a Israel, sino que deshonró específicamente a Netanyahu. Esta es una catástrofe difícil incluso de describir” (la Trompeta, marzo de 2025).
El primer ministro Netanyahu entregó y liberó a los rehenes, pero Hamás rompió el cese al fuego sólo seis semanas después. Pero ¿aprendió el presidente Trump de su fracaso? ¡No! Su nueva Junta de Paz se originó como un intento de supervisar futuros ceses al fuego con Hamás con un panel de líderes mundiales procedentes principalmente de países autocráticos que odian a Israel y oprimen a su propio pueblo.
Trump es sin duda sincero en su creencia de que su Junta de Paz creará tanto prosperidad como tranquilidad en Oriente Medio. ¡Pero las generaciones futuras recordarán sus promesas como un momento de “paz para nuestro tiempo!”.
Un mundo peligroso
Cuando el difunto Herbert W. Armstrong asistió a la reunión inaugural de las Naciones Unidas en 1945, contrastó los elocuentes discursos públicos sobre la paz con las agrias discusiones que tenían lugar fuera del escenario.
“Nunca en la historia de la humanidad ha sucedido algo así”, explicó el Sr. Armstrong. “Es la mayor y más elaborada conferencia de líderes mundiales que se ha celebrado. (…) En las sesiones plenarias de la conferencia oímos una hermosa oratoria en la que se enuncian elevados objetivos de altruismo y paz mundial que se imprimirán en los periódicos de todo el mundo para consumo público. Pero las sesiones reales se celebran a puerta cerrada en las salas de las comisiones del consejo, y allí se libra con ferocidad la encarnizada batalla por los intereses nacionales” (La Pura Verdad, diciembre de 1948).
Si avanzamos ocho décadas, dos cosas han cambiado. La primera es que ya no es necesario asomarse tras puertas cerradas para ver cómo se libra “la encarnizada batalla por los intereses nacionales”. En el Foro Económico Mundial de 2026, los líderes discutieron abiertamente su deseo de resistir a EE UU y crear un poderoso bloque europeo. La segunda es que ya no hay un solo país con armas nucleares (Estados Unidos), sino casi una docena, además de países con ambiciones nucleares e incluso organizaciones terroristas.
Ninguno de los 19 líderes que se reunieron alrededor del presidente Trump para establecer la Junta de Paz fue testigo de la muerte de 85 millones de personas en una guerra mundial, como lo fue la generación que fundó la ONU. Entonces, ¿qué le hace pensar al presidente Trump que sus intentos por lograr la paz mundial funcionarán?
La Sociedad de Naciones, creada en 1920; el Pacto de París, firmado en 1928; las Naciones Unidas, fundadas en 1945; y el Tribunal Internacional de Justicia, también creado en 1945, fueron esfuerzos impresionantes y prestigiosos dirigidos por hombres que posiblemente tenían más talento y capacidad que el presidente Trump. Sin embargo, todos ellos fracasaron estrepitosamente.
¿Qué hace diferente a la Junta de Paz? La misma naturaleza humana egoísta que arruinó los esfuerzos de paz anteriores sigue presente en la Junta de Paz. De hecho, esta naturaleza humana egoísta probablemente ha empeorado a medida que líderes como el presidente Trump han olvidado los horrores desatados por la Segunda Guerra Mundial.
El 27 de enero, el Boletín de Científicos Atómicos adelantó cuatro segundos su simbólico “Reloj del Juicio Final”, situándolo a 85 segundos de la medianoche, la hora simbólica de la destrucción nuclear mundial (artículo, página 17). Ahora más que nunca es necesaria la paz mundial, pero sus posibilidades de lograrla son cada vez menores.
Naturaleza humana
Tras firmar la rendición japonesa en la Segunda Guerra Mundial, el general Douglas MacArthur lanzó una enérgica advertencia sobre la guerra y la paz a EE UU y al mundo. Dijo: “Desde el principio de los tiempos, los hombres han buscado la paz. (…) Las alianzas militares, los equilibrios de poder, las ligas de naciones, todas fracasaron, dejando como único camino el crisol de la guerra. La destructividad absoluta de la guerra ahora borra esta alternativa. Hemos tenido nuestra última oportunidad. Si no ideamos un sistema mejor y más equitativo, el Armagedón estará a las puertas. El problema es básicamente teológico e implica un renacimiento espiritual y una mejora del carácter humano que se sincronizará con nuestro avance casi inigualable en ciencia, arte, literatura y todos los desarrollos materiales y culturales de los últimos 2.000 años. Debe ser del espíritu si queremos salvar la carne”.
¡Este mensaje es muy diferente del que el presidente Trump transmitió en Davos!
MacArthur no transmitió un mensaje optimista sobre “un futuro mejor” y “más seguro”. Después de haber vivido la peor guerra de la historia de la humanidad, este hombre de carácter fuerte nos advirtió que necesitamos “un renacimiento espiritual” y “una mejora del carácter humano”.
El apóstol Pablo también reconoció que la naturaleza humana era el principal obstáculo para la paz. Advirtió que “el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán” (1 Tesalonicenses 5:2-3).
En un giro irónico, el hecho de que hombres como MacArthur alertaran sobre la extinción humana fue una señal de que el mundo estaba a punto de experimentar un respiro de los horrores desatados durante la Segunda Guerra Mundial. Y el hecho de que hombres como Donald Trump estén hablando tanto de una nueva edad dorada de paz es una señal de que una “destrucción repentina” está a punto de llegar a gran parte del mundo.
Como escribí en la Trompeta de mayo-junio de 2025 (“El defecto fatal en la política exterior de Trump”), la creencia de la administración Trump de que todo puede resolverse con diálogo es ingenua. El presidente no ha aprendido nada de los fracasos del diálogo para llevar la paz a Gaza, Ucrania y otros conflictos. Él cree que sólo tiene que reunir a los líderes mundiales en una Junta de Paz u otro foro y discutir las cosas.
Esta noción ilusoria refleja una perspectiva limitada de la historia mundial y la naturaleza humana. El mundo es ahora más peligroso que nunca. ¡Cuenta con más de 12.000 ojivas nucleares!
Oseas profetizó que los líderes del Israel del tiempo del fin (que incluyen a EE UU, Gran Bretaña e Israel) serían “como paloma incauta, sin entendimiento; llamarán a Egipto, acudirán a Asiria. Cuando fueren, tenderé sobre ellos mi red; les haré caer como aves del cielo…” (Oseas 7:11-12). Esta analogía describe bien la absurda política exterior de EE UU.
¡Dios está preparando una red para derribar al pueblo estadounidense si no hacen caso a Su advertencia!
