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La forma correcta de obedecer a Dios

Es una cuestión del corazón.

¿Sabía que Satanás obedece a Dios? Quizás nunca haya pensado en esto. Pero Dios es más poderoso que el diablo, así que cuando Dios manda, Satanás obedece.

Cuando Dios quiso liberar a los israelitas de Egipto, el faraón se negó reiteradamente. Pero Dios lo golpeó con tantas maldiciones terribles que finalmente cedió (Éxodo 12:29-32). El faraón era un tipo del diablo.

En el libro de Job, Satanás se apareció ante Dios para acusar a este hombre justo (Job 1:6-8). Dijo: “¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene?” (versículo 10). El diablo quería derribar a Job, pero no podía cruzar el límite que Dios había puesto.

Dios le dijo a Satanás, haz lo que quieras, pero no le hagas daño a Job directamente (versículo 12). Dios eligió volver a trazar ese límite para probar y desarrollar el carácter de Job. Satanás atacó llegando al límite, destruyendo casi todo lo que Job poseía, pero no lo cruzó (versículos 13-22). Luego presionó a Dios, hambriento de atacar aún más fuerte. Dios respondió: “He aquí, él está en tu mano; mas guarda su vida” (Job 2:6). Así que otra vez Dios ordenó, hasta aquí y no más. Satanás hirió al pobre hombre con úlceras desde los pies hasta la coronilla (versículo 7), pero obedeció. No mató a Job.

Satanás no tiene piedad. Está lleno de odio; está ansioso por desatar la miseria; no tiene autocontrol. Lo único que lo reprime es Dios. Pero no puede desafiar a su Hacedor.

En Mateo 4:10-11, Jesucristo ordenó: “Vete, Satanás”, y el diablo se fue. En Apocalipsis 12:9-12, Dios expulsó del cielo a Satanás y sus demonios. Los confinó a la Tierra y ellos obedecieron.

El diablo obedece a Dios, ¡a quien odia absolutamente! Eso nos dice algo importante: la obediencia a Dios no es suficiente.

Muchas personas están perfectamente dispuestas a hacer cosas que no deberían si nadie está mirando. Trabajan cuando el jefe está cerca y holgazanean cuando se va. Obedecen a regañadientes, porque podrían ser golpeados si no lo hacen. Muchas personas cometerían delitos si supieran que no los atraparían. ¡Pero de Sus hijos, Dios quiere una clase diferente de obediencia!

Sí, a veces Dios exige sumisión, como lo hizo con Satanás. Dentro de la familia, Dios ordena a los padres que castiguen a los hijos por la desobediencia como un medio para establecer la obediencia como un hábito (por ej., Proverbios 22:15; 29:15, 17). Pero ese es sólo un punto de partida para el tipo correcto de obediencia a Dios.

El Salmo 111:10 dice: “El principio de la sabiduría es el temor de [el Eterno]; buen entendimiento tienen todos los que practican [u obedecen] sus mandamientos”. Se trata de algo más que del miedo al castigo por infringir una ley: es respeto y reverencia por el Legislador. Este temor apropiado conduce a la madurez y a la sabiduría. La obediencia a las leyes justas produce entendimiento, lo que refuerza el respeto por el Legislador.

Cuanto más obedezca la ley de Dios, más la comprenderá. Y cuanto más comprenda la ley de Dios, más llegará a amarla. Ese amor inspira el tipo de obediencia que Dios está buscando.

En Efesios 6:5-6, el apóstol Pablo les dice a los empleados que obedezcan a sus jefes, pero no de cualquier manera. Específicamente dice: “No sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios”. Obedezca a su jefe como si fuera Cristo Mismo, con sinceridad, de todo corazón. Esa es la obediencia que Dios quiere.

¡La mera obediencia no le hace necesariamente mejor que el diablo! La pregunta es, ¿qué está pasando en su corazón? Romanos 6:17 alaba a los que obedecen “de corazón”. Dios quiere que practique esa obediencia hacia las autoridades en su vida como un medio para desarrollarla hacia Él.

¿Obedece usted a Dios por obligación o por amor? Examine sus motivos y entrene su corazón para querer obedecer, para agradar a Dios.

Deuteronomio 10:12 dice: “Ahora, pues, Israel, ¿qué pide [el Eterno] tu Dios de ti, sino que temas a [el Eterno] tu Dios, que andes en todos sus caminos [u obedezcas], y que lo ames, y sirvas a [el Eterno] tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma”. Observe la progresión: el temor piadoso conduce a la obediencia, la cual conduce al amor, ¡que a su vez le inspira a comprometerse con una vida de servicio eterno en la Familia de Dios!

Dios no quiere una obediencia satánica a regañadientes. Quiere una obediencia gozosa y sincera. Quiere que Sus hijos amen Su camino de vida tal como Él lo ama.

“¡Oh, cuánto amo yo tu ley!” (Salmos 119:97). ¡Aprenda a amar el Sábado, los días santos, el diezmo y todas las leyes de Dios! Llegue al punto en el que si alguien dijera, “ya no tiene que guardar el Sábado”, sonaría tan ridículo como, “ya no tiene que disfrutar de su comida favorita”.

Ese amor es lo que motivó a Jesucristo a obedecer a Su Padre, hasta el punto de la tortura y la muerte.

Esta profundidad de amor y obediencia no es algo que pueda desarrollar usted mismo. Tiene que orar para que Dios le ayude por el poder de Su Espíritu Santo trabajando con usted.

Pero cuanto más ame a Dios y Su camino, más se esforzará por obedecerle, porque usted quiere. Y pronto, podrá trabajar junto con Dios para enseñarle al mundo entero a guardar esa hermosa ley de amor de la Familia Dios. 


Boletín, AD