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iStock.com/LeoPatrizi

La encrucijada del catolicismo

Las luchas internas de alto nivel, la agresión islámica y la secularización global: ¿cómo responderá el Vaticano a estas graves crisis? La historia nos da una clave.

La Iglesia Católica Romana está en crisis. Tanto desde dentro de su baluarte tradicional en Europa como fuera de éste, está bajo ataque.

Por un lado, la Iglesia está al borde de la guerra civil. El cardenal Robert Sarah advirtió el 18 de abril que la Iglesia enfrenta un “grave riesgo” de cisma sobre los asuntos de divorcio y casarse nuevamente. Algunos —especialmente entre la opulenta Iglesia alemana— desean liberar las restricciones, mientras que los católicos de otros lugares están en contra. Antonio Socci, un respetado observador del Vaticano ha informado que algunos de los antiguos partidarios del papa Francisco están tan preocupados por el cisma, que están tratando de persuadir al Papa a renunciar.

“No es secreto en Roma que ciertos cardenales que votaron por Francisco están ahora preocupados de que él esté llevando la Iglesia hacia el cisma, y que por lo tanto él debe ser detenido”, escribió Damian Thompson en el “Spectator”. Hay más de una docena de ellos y, creo que, aunque ellos podrían aún no estar listos para actuar sobre sus preocupaciones, a ellos les gustaría que este pontificado terminara pronto más que tarde” (11 de marzo).

Mientras tanto, lo que una vez se llamó cristianismo se está convirtiendo en “secularismo”. En Francia, uno de los países más católicos de Europa, sólo una persona de cada 20 asiste a la misa. Dos tercios de los jóvenes franceses se describen a sí mismos como “no religiosos”. Desde 1980, el número de sacerdotes católicos en toda Europa ha caído a cerca de 80.000—una caída de casi un tercio. En el Reino Unido, 10.000 dejan de asistir a servicios de Iglesias (de cualquier tipo) cada semana. El catolicismo se está reduciendo más rápido en las naciones occidentales que cualquier otra denominación importante.

Mientras que la Iglesia católica aún sigue siendo por mucho la denominación cristiana más grande, su popularidad viene disminuyendo muy rápido en áreas en las que históricamente ha sido fuerte. En 1965, aproximadamente 9 de cada10 centro y suramericanos se identificaban como católicos. Para 2010, prácticamente todo país en el hemisferio occidental vio la disminución de su población católica —en muchos de ellos por más de un tercio. En Estados Unidos, por cada individuo que se convierte al catolicismo, seis lo abandonan.

Al mismo tiempo, la cristiandad está literalmente bajo ataque en Oriente Medio. El 9 de abril, un terrorista del Estado Islámico (EI ) estuvo a punto de asesinar al Papa copto. Mientras eso sucedía, el EI mataba 44 personas en dos ataques bomba ese día. Desde la primavera árabe en 2011, unos 200.000 cristianos han huido de Egipto según reportes. La población cristiana de Irak ha caído de 1,4 millones en 2003 a un estimado de 275.000. Si los cristianos en Irak no pueden ser protegidos, “ellos no tienen ningún futuro; es tan desolador y simple como eso”, escribió Benedict Kiely, un sacerdote que administra nasarean.org, un sitio web que enfoca su atención en las situaciones difíciles de los cristianos en Oriente Medio.

Papas recientes parecían reconocer la crisis en curso y han alcanzado respaldo en la historia por las formas de solucionarlo. El anterior Papa, Benedicto XVI, tomó este nombre para sí en honor de San Benedicto, el fundador de un sistema de monasterios que ayudó al catolicismo a sobrevivir el colapso del Imperio Romano de Occidente. El actual Papa tomó su nombre de San Francisco de Asís, quien revitalizó al catolicismo con su mensaje de pobreza piadosa.

Pero quizás hay un modelo más efectivo —aunque más amenazador— para los problemas de la actual Iglesia: el final del siglo XI.

El papa Gregorio VII había decidido entablar una contienda con el rey más poderoso del mundo occidental, Henry IV, gobernador del Sacro Imperio Romano. Gregorio había lanzado una audaz toma de poder, imponiendo lo que el historiador Paul Johnson llama “una teoría del gobierno mundial papal” en su libro Historia de la cristiandad.

En un punto, Henry IV fue reducido a arrastrarse descalzo en la nieve afuera de la residencia papal; un testimonio del poder del papado. Pero la contienda entre el Papa y el emperador continuó, y esto produjo fuertes pérdidas en ambos lados.

Gregorio fue forzado a salir de Roma. Su sucesor, el papa Víctor III, se encontraba en mal estado de salud y se mantuvo en el papado por poco más de un año. En este punto, la situación para el Vaticano era calamitosa. El papado estaba aún en guerra con el Sacro Imperio Romano. También se hizo enemigo del segundo gobernante más poderoso de Europa, el rey Felipe I de Francia. Luego que el rey (ya casado) se casara nuevamente con una mujer (también ya casada), la Iglesia lo excomulgó, ganando así su enemistad.

Además de eso, una parte importante de la Iglesia se había dividido unas décadas antes, cuando en 1054 los cristianos ortodoxos de Oriente se separaron de Roma. Para hacer el asunto peor, el bastión de la cristiandad oriental estaba en riesgo de ser borrado. Los invasores se esparcieron en lo que ahora es Turquía, y ahora estaban golpeando las puertas de Constantinopla, la ciudad más rica y más gloriosa del cristianismo. Aunque la cristiandad oriental era entonces independiente de la Iglesia Católica Romana, su caída le daría un fuerte golpe al Vaticano. Si ésta caía, Europa Oriental podría tornarse musulmán, como mucho del resto del mundo ya lo era. El poder político de la Iglesia parecía estar a punto de ser roto para siempre.

Pocos esperarían que tan sólo en unos pocos años, ésta brillaría con una gloria renovada.

La solución

En 1088, el papa Urbano II llegó al trono. Él encontró una solución que resolvería todos esos problemas. Es el único evento por el cual él es muy recordado; fue una acción que lo escribió en los libros de historia para siempre. Él lanzó las cruzadas.

“La guerra con Alemania, el conflicto en Francia, un Papa rival y los cristianos en el Oriente bajo asedio: sorprendentemente, las cruzadas podrían resolver todos esos problemas”, escribe Jay Rubenstein en Armies of Heaven: The First Crusade and the Quest for Apocalypse (Ejércitos del cielo: la primera cruzada y la búsqueda del Apocalipsis). Si el grito inicial a reunirse era exitoso, una porción significante de la Europa cristiana se uniría detrás de Urbano II (…) En retrospectiva las ventajas de las cruzadas parecen obvias”.

En 1095 Urbano recibió un embajador del emperador bizantino Alejo I solicitando ayuda contra los invasores turcos. “La ayuda que el emperador bizantino tenía en mente era probablemente un par de miles de mercenarios”, escribieron Terry Jones and Alan Ereira en su libro Cruzadas. Lo que Urbano vio en la solicitud, sin embargo, fue la oportunidad de convertirse en el salvador de la Iglesia oriental y así moverse más cerca hacia su meta de supremacía sobre toda la Iglesia. Así que, en vez de escribir unas pocas cartas a los barones occidentales, solicitándoles enviar fuerzas al oriente, el Papa se levantó sobre la tribuna en ese campo afuera de Clermont, ante la vasta multitud que zumbaba con anticipación, e hizo un anuncio que cambiaría al mundo”.

La cruzada fue más que una respuesta a los ataques turcos desde el oriente. Ésta pretendía no sólo destruir enemigos agresivos, sino también resolver los problemas y las divisiones dentro de Europa.

“Al convocar un ejército bajo el estandarte de la cruz, el Papa estaba extendiendo el manto de la Iglesia sobre toda la cristiandad. Ésa era la idea en el corazón mismo del papado revolucionario; en lugar de Iglesias locales separadas en el centro de comunidades discretas, habría una Iglesia predominante, gobernada por un Papa predominante. La cruzada iba a ser su expresión y su instrumento” (ibíd.).

El plan funcionó. En 1122 el Sacro Imperio Romano llegó a un acuerdo con la Iglesia. (La Iglesia nunca perdonó a Henry IV: ésta finalmente persiguió y mató a sus últimos descendientes 200 años después). La Iglesia también hizo componenda con el rey Felipe de Francia. Él realizaría penitencia pública, y la Iglesia toleraría su bigamia, con tal que él mantuviera el asunto discreto.

Aún más importante, las cruzadas forjaron una nueva unidad en Europa. “Las cruzadas ayudaron a moldear un sentido más amplio de la identidad cristiana de la tierra europea, de otro modo dividida”, escribe Rubenstein. “Los peregrinos venían de diferentes culturas y hablaban diferentes lenguas: alemán, flamenco, normando, francés, provenzal e italiano —pero sus experiencias compartidas les inculcaban una identidad común (…) No sería exageración decir que la economía, espiritualidad, tecnología y moralidad —los fundamentos de la cultura occidental— serían reconstruidas por causa de la primera cruzada” (óp. cit.).

Sólo cuando trató de reunificar Oriente y Occidente fue que Urbano falló. El esfuerzo empezó bastante positivo. El Papa envió al obispo Adhemar de Le Puy como delegado papal para negociar y fomentar la cooperación con la Iglesia oriental. Él tomó medidas concretas para conseguir que los patriarcas orientales y los obispos occidentales trabajaran juntos. Pero las cosas fracasaron rápidamente. Cuando el emperador Alejo solicitó ayuda, él estaba buscando un pequeño grupo de mercenarios élite para reforzar su propio ejército. En cambio, lo que obtuvo fueron montones de cruzados sirviendo bajo lores extranjeros, en ejércitos extranjeros. Él temía que las nuevas fuerzas invadirían sus tierras con tanta seguridad como los turcos con los que habían tenido que pelear. Con el emperador ofreciendo, a lo más, un apoyo tibio para los cruzados, el Vaticano y la Iglesia ortodoxa oriental pronto rompieron sus vínculos.

Un nuevo llamado

La Iglesia Católica Romana hoy en día ha recibido una petición de ayuda del oriente en la forma de millones de cristianos huyendo. El Papa aún tiene que responder con mucho más que palabras. Pero ya esas palabras están sanando viejas divisiones.

El papa Francisco visitó Egipto el 28 de abril, reuniéndose con el Papa copto que había escapado de ser asesinado justo unos días antes. Los dos firmaron una declaración en conjunto reconociendo el bautismo de la Iglesia del otro como válido dentro de la suya.

Éste es un paso importante en sanar una división mucho más vieja que incluso el cisma ortodoxo. Los coptos se separaron en el 451, en un ridículamente complicado desacuerdo sobre la naturaleza exacta de Cristo, en la controversia monofisita. Mucha sangre ha sido derramada por este asunto. Esto en parte es la razón por la cual los antiguos baluartes cristianos de Egipto y Siria son ahora en su mayoría musulmanes.

No obstante el estar enfrentando una persecución renovada, se le ha restado importancia a toda esta historia.

“Hoy, hay un ecumenismo de sangre”, dijo el papa Francisco a un reportero italiano en diciembre de 2013. “En algunos países matan a los cristianos porque ellos llevan una cruz o tienen una Biblia, y antes de matarlos ellos no preguntan si son anglicanos, luteranos, católicos u ortodoxos. La sangre es mezclada. Para los que matan, somos cristianos. Estamos unidos en la sangre, incluso si entre nosotros mismos aún no hemos tenido éxito en dar los pasos necesarios hacia la unidad y quizás el momento no ha llegado. La unidad es una gracia que tenemos que pedir”.

¿Cuánta unidad más podría alcanzar la Iglesia si ésta montara una defensa más vigorosa de los cristianos en el Oriente? Si el Vaticano salva el día y detiene la persecución, ¿podría éste ganar la completa unidad con las Iglesias ortodoxas; un sueño que eludió incluso a Urbano?

Al apuntarse tal victoria, la Iglesia ganaría relevancia renovada en un mundo secularizado. El debate sobre el divorcio y volver a casarse, los cuales amenazan con estallar en una guerra religiosa entre el Papa y los cardenales, llegaría a ser una mera distracción. Es difícil sostener una guerra civil cuando uno está ocupado combatiendo a intrusos. Este tipo de misión y propósito renovados es lo que la Iglesia exactamente necesita con el fin de distraer la atención y disminuir sus divisiones.

De ninguna forma esto es una recomendación para tal curso de acción. Una Iglesia Católica Romana haciendo cruzadas es una de las amenazas más sangrientas y más temibles que el mundo ha enfrentado, y que ha enfrentado una y otra vez. Pero es importante darse cuenta de que este tipo exacto de agresión es una opción de la que la Iglesia está bien consciente; una “opción nuclear” que ha usado repetidamente.

Exactamente qué papel tendrá el actual Papa en un Vaticano resurgido y más agresivo, no se sabe. Pero seguramente el Vaticano reconoce el éxito que tal política ha disfrutado en el EI .

Un llamado a la guerra

El Estado Islámico está haciendo todo lo que puede para entablar una lucha con el Vaticano. Ellos también recuerdan las cruzadas. Después de todo, el otro conflictivo en estas guerras fue el Islam. El diciembre pasado el EI atacó una construcción conjunta a la sede de la Iglesia copta, la cual es la catedral más grande en Oriente Medio y África. En el Domingo de Ramos en abril, EI atacó una Iglesia que los coptos claman está construida sobre el sitio de una Iglesia fundada por el hombre que escribió el evangelio de Marcos; y trató de matar al Papa copto. El EI específica y repetidamente se ha dirigido contra esta Iglesia, conllevando tanto simbolismo como sea posible en sus ataques. El EI quiere una guerra.

Los líderes del Estado Islámico tienen perversas razones teológicas para lo que están haciendo. Pero convenientemente, su agresión también ayuda a cumplir sus metas domésticas dentro de Egipto. “Perseguir a los cristianos en Egipto es una estrategia fría y calculada para el grupo”, escribió la revista Atlantic. El EI “espera que inflamar la lucha sectaria en Egipto sea el primer paso en la desintegración del país” (9 de abril). Los líderes del EI creen que si ellos pueden dividir a los musulmanes y cristianos en Egipto, los musulmanes se pasarán al lado de ellos.

Cuando Abu Bakr al-Baghdadi declaró por primera vez un califato del EI en 2014, él dijo: “Apresúrense musulmanes a su Estado. Sí, éste es su Estado. Apresúrense porque Siria no es para los sirios e Irak no es para los iraquíes (…) La tierra es para los musulmanes, todos los musulmanes (…) Éste es mi consejo para ustedes. Si lo toman ustedes conquistarán a Roma y poseerán el mundo, con la voluntad de Alá” (énfasis agregado). Roma ha sido el objetivo principal todo el tiempo. La principal revista de propaganda del EI se llama Dabiq. ¿Por qué? El artículo de la portada de su primera edición declaró: “De acuerdo con la hadith [tradición], el área [de Dabiq] jugará un papel histórico en las batallas que conducirán a la conquista de Constantinopla y luego Roma”.

Ésta es la misma estrategia que el EI está empleando en Egipto, pero a una escala mucho mayor. Entabla una lucha con la cristiandad con la esperanza de que todos los musulmanes se unan.

Esto podría no funcionar con el EI . Pero como el conflicto sobre los coptos lo muestra, ya está funcionando para Roma.

El siguiente paso lógico es una defensa más contundente de los cristianos en Oriente Medio. Un líder católico viajando por Europa incitando a los políticos a tomar acción real para defender a los cristianos en Oriente Medio sería instantáneamente popular.

Hasta el momento, la formación maligna en Oriente Medio entre el EI y los grupos terroristas patrocinados por Irán, se ha encontrado con una respuesta increíblemente suave por parte de Europa y el resto de Occidente. Pero los europeos están ansiosos de que alguien que finalmente responda con fuerza.

La Iglesia católica se benefició grandemente de la primera cruzada, pero para mucha gente no fue así. Cientos de miles de musulmanes e incluso judíos fueron masacrados. Y tan sólo un siglo más o menos después del discurso de Urbano, los caballeros cruzados comenzaron a derramar la sangre de los mismos europeos. Constantinopla cayó, no la invadieron musulmanes, sino los ejércitos cruzados atacando y matando a los cristianos ortodoxos orientales como herejes. Cinco años más tarde, el papa Inocencio III envió cruzados al sur de Francia para matar a cristianos que él consideraba herejes.

Una vez la Iglesia Católica Romana se alzó en el poder, todos los no católicos sufrieron.

Ésta ha sido una constante a lo largo de la historia. Recientemente en los años sesenta y setenta, cuando la Iglesia católica tuvo gran poder en Irlanda y España, llevó a cabo atrocidades como la venta de infantes, abuso sexual infantil masivo y trabajo infantil forzado.

La historia advierte lo que puede suceder cuando la Iglesia Católica se alza en el poder. La profecía bíblica nos da la misma advertencia.

La advertencia en la profecía

La Biblia a menudo representa simbólicamente a Iglesias como mujeres (ej. Apocalipsis 12). Isaías 47 describe a una Iglesia llamada “señora de reinos”. Ella tiene el poder sobre muchas naciones. Esta Iglesia tiene hijas protestantes: Iglesias separadas que deben mucho de su herencia a la Iglesia madre, pero se han separado. Sin embargo, este capítulo profetiza que la Iglesia madre católica las traerá de regreso, diciendo, “no quedaré viuda, ni conoceré orfandad”.

Esto predice que las Iglesias hijas que dejaron a la Iglesia católica en protesta serán traídas de regreso bajo su control. La Iglesia ya ha hecho grandes avances en este sentido. El impulso por unidad con los cristianos de todas las diferentes clases ha sido uno de los temas más grandes del papado de Francisco. La Iglesia ha firmado acuerdos con luteranos, ortodoxos, metodistas, anglicanos, apostólicos armenios, presbiterianos y ahora cristianos coptos reconociendo la validez del bautismo del otro. El papa Francisco incluso ha sostenido recepciones con los tele-evangelistas estadounidenses más importantes, incluyendo a Joel Osteen en 2014.

Mucha de esta profecía ya ha sido cumplida. “Hace quinientos años, se libraron guerras por los mismos asuntos por los que luteranos y católicos romanos han ahora llegado a un consenso”, dijo Elizabeth A. Eaton, la obispa quien preside en la Iglesia Evangélica Luterana en EE UU, en octubre de 2015.

En noviembre de 1963 a la mitad del Segundo Concilio Vaticano, la Pura Verdad informó: “Según los puntos de vista oficiales católicos hoy es el momento oportuno para hacer el esfuerzo final, de unir los órganos de la Iglesia del mundo cristiano. El gran problema para alcanzar la unidad es doble. Primero, éste involucra la reconciliación del cisma ortodoxo que oficialmente comenzó en 1054 y dividió las Iglesias en Oriente (Grecia, Rusia, los Balcanes y Oriente próximo) de Roma. Segundo, éste involucra la restauración a la comunión romana de todo el protestantismo, que se desarrolló desde el 1517 en adelante”.

¿No es lógico confiar en la Fuente de predicciones que ya se ha probado ser correcta?

La Biblia profetiza la siguiente jugada de esta Iglesia. Esta misma “mujer” liderará el poder político en Europa (Apocalipsis 17). Está profetizado que esta combinación de Iglesia y Estado atacará a Irán, cortándole la cabeza al imperio terrorista islámico (Daniel 11:41-44). Muchas otras profecías muestran que el resultado de esta conflagración detonará una guerra de alcance global.

¡Ahí es hacia donde se dirige la Iglesia católica! ¡Esto es lo que una solución inspirada por el papa Urbano para sus actuales crisis producirá!

Sin embargo, la profecía también es clara en que, aunque esta pesadilla inducida como solución aumentará las fortunas de la Iglesia, esta victoria tendrá una vida extremadamente corta. Lea el resto de la historia en Isaías 47 y Apocalipsis 17. Dios traerá este imperio impío a juicio, ¡y el mundo nunca tendrá que sufrir bajo su dominio otra vez! 

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