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La economía artificial de EE UU

GETTY IMAGES

La economía artificial de EE UU

La IA se ha convertido en el mayor mercado de la historia de la humanidad. Es más grande que el petróleo, más grande que la vivienda, y todos esperamos que no sea una burbuja a punto de estallar.

Las proyecciones de gasto de Amazon, Microsoft, Meta y Alphabet en infraestructura de inteligencia artificial lo dejarán atónito.

La economía estadounidense no ha visto nada igual desde la fiebre del ferrocarril de mediados del siglo xix. Y esto podría ser incluso más grande.

Así que más vale que esto funcione.




Las personas más inteligentes del mundo piensan que así será. ¿Por qué? Porque estas corporaciones están invirtiendo billones de dólares para hacer de la IA una realidad en la vida personal, empresarial, gubernamental y militar cotidiana. ¿Gastarían esa suma de dinero si no estuvieran seguros? Los inversionistas dan su visto bueno: las acciones tecnológicas están en aumento. Los fondos de cobertura, los planes de pensiones y los pequeños inversionistas no se cansan de invertir en ellas.

Pero ¿y si todos están equivocados?

Las empresas de IA están llegando a dominar los mercados financieros de EE UU y, cada vez más, nuestra economía. Se han convertido en las corporaciones de mayor valor en el mundo. nvidia, una empresa cuya existencia casi nadie conocía hace cinco años, vale 5 billones de dólares. Es la más valiosa del mundo.

Así que si las cosas no salen como todos esperan, no habrá muchos lugares donde refugiarse.

Hace diez años, las empresas de semiconductores representaban alrededor del 2% del S&P 500. Hoy representan aproximadamente el 18%, más del doble de su ponderación en el pico de la burbuja puntocom a comienzos del año 2000. Después de que estallara aquella burbuja, billones de dólares en valor de mercado se esfumaron a medida que las acciones tecnológicas se desplomaron durante los dos años siguientes.

Ese 18% ni siquiera incluye a las empresas de equipo tecnológico que también se han disparado en valor. Ni a los nombres industriales como Caterpillar, que se han inflado en valor porque las empresas están comprando más de sus productos para construir los centros de datos. Luego están las empresas de servicios públicos que se preparan para suministrar toda la electricidad.

“Si comienza a revisar todos estos índices, hay una diferencia fascinante en la actualidad con respecto a lo que ocurrió en el pico de la burbuja tecnológica”, dice Cameron Dawson, directora de inversiones de NewEdge Wealth. Cuando aquella burbuja estalló, “uno podía refugiarse en los mercados emergentes, en acciones de valor, en las empresas de pequeña y mediana capitalización; todos ellos índices que, de hecho, no tenían la misma exposición a la burbuja tecnológica (…) esto es muy distinto en esta ocasión”.

Como señala Cameron en el podcast Thoughtful Money con Adam Taggart, el negocio de la IA ha “infiltrado todos los índices”, y eso significa que es mucho más difícil para los inversionistas mantenerse alejados de estas inversiones, incluso si quisieran hacerlo.

Si tiene un plan de jubilación de 401k, una ira (cuenta de jubilación individual) o una pensión, es casi seguro que usted sea un inversionista de IA, y probablemente uno importante. De modo que si se trata de una burbuja y explota, no habrá forma de evitar el impacto.

Las empresas tecnológicas estadounidenses tienen previsto gastar más de 800.000 millones de dólares en infraestructura de IA sólo en 2026. Eso es aproximadamente el 3% del producto interno bruto total de EE UU en un año.

Planean gastar 1 billón de dólares adicionales el año próximo. Y miles de millones más al año siguiente.

La economía de EE UU creció a un ritmo del 1,6% en este último trimestre. Si se excluye de la ecuación el gasto en IA, nuestra economía en realidad se habría encogido: estaríamos en recesión.

Sin embargo, la dependencia económica de EE UU en el gasto de IA podría ser aún mayor de lo que sugieren las cifras principales. Eso se debe a que se está construyendo mucha infraestructura relacionada para apoyar el despliegue de la IA.

Considere esta estadística: durante los últimos 20 años, el consumo de electricidad de EE UU se ha mantenido esencialmente plano. Ahora estamos añadiendo el equivalente a una ciudad de Nueva York cada tres meses, dice Robert Thummel, director ejecutivo de Tortoise Capital.

La empresa consultora icf dice que la demanda de electricidad de EE UU en realidad crecerá un 25% para 2030. Forbes la denomina una “fiebre energética”. Y está siendo impulsada en gran medida por el consumo de los centros de datos de IA.

Las compañías eléctricas lo saben, y están expandiéndose a lo loco. Eso significa que se extraerán y procesarán más cemento, cobre, plata, neodimio y un sinnúmero de otras materias primas industriales. Significa que se fabricará más gas natural, uranio, paneles solares y turbinas eólicas. Significa que se necesitarán más camioneros, operadores de grúa, electricistas, arquitectos y soldadores, además de todos los picos, palas y bocadillos necesarios para su sustento.

“Este es el auge de la IA materializado en acero y grava”, escribe cnbc. “Es la manifestación física de una creencia: que la inteligencia misma puede fabricarse a escala industrial, y que quien construya la fábrica más grande gana. Sameer Dholakia, socio de Bessemer Venture Partners, dice que este despliegue de la IA se ha convertido en ‘el mayor mercado de la historia de la humanidad”.

La última vez que tanto dinero inundó nuevas infraestructuras “transformadoras” fue durante el auge ferroviario de la década de 1870, dice el ganador del Premio Pulitzer Liaquat Ahamed. Aquel auge provocó un colapso épico: causó el desempleo de millones de personas, un desplome de la bolsa de valores, dos depresiones y la quiebra de absolutamente todas las compañías ferroviarias excepto una. “Estoy genuinamente asustado”, dice Ahamed.

A finales del siglo xix, los ferrocarriles revolucionaron el mundo tal como se conocía, algo parecido a lo que la IA promete hacer hoy. Los ferrocarriles convirtieron a EE UU en una nación verdaderamente conectada, con dos océanos. Redujeron los tiempos y los costos de transporte. Conectaron vastas extensiones de la geografía y los recursos estadounidenses con las fábricas y los mercados costeros. La financiación de los ferrocarriles revolucionó las finanzas y popularizó la inversión en acciones.

Los ferrocarriles ayudaron a convertir a EE UU en una superpotencia. También trajeron mucha deuda a la economía de EE UU. Y como señaló Ahamed, cuando los ferrocarriles no generaron las ganancias prometidas, los inversionistas perdieron sus inversiones, y una serie de depresiones económicas azotaron a la nación durante décadas.

Cuando estalló la burbuja ferroviaria, el resultado fue el desempleo de entre el 20 al 25% de la mano de obra en EE UU.

¿Podría el despliegue de la IA en EE UU conducir a un desenlace similar?

“Los ferrocarriles se construyeron con deuda. Deuda, deuda, deuda”, dice Derek Thompson, quien conduce el podcast Plain English. “Todo aquello era una tambaleante torre de Jenga de endeudamiento, y se vino abajo estrepitosamente”. Pero antes del desplome, ese modelo financiero se consideraba el ingenio de los constructores ferroviarios: estaban construyendo una red transformadora, y encima lo hacían con el dinero de otros.

Algunos dicen que esa es una gran diferencia con el despliegue actual de la IA.

Es cierto que los Anthropic, Oracle y OpenAI del mundo han prometido financiar estos enormes gastos de capital con sus ganancias. Pero eso está cambiando rápidamente.

En enero, el Banco de Pagos Internacionales advirtió que el desarrollo de la IA ha pasado de financiarce con flujos de caja internos a basarse en un crecimiento financiado con deuda y que “no sólo está remodelando los balances corporativos, sino que también plantea importantes preguntas acerca de los estándares crediticios y la estabilidad financiera”.

Bloomberg informó el 19 de mayo que los préstamos para financiar el auge de los centros de datos estaban ascendiendo rápidamente en la lista de posibles amenazas crediticias de Wall Street. cnbc dijo que se ha convertido en “un frenesí histórico de préstamos”.

Los gigantes tecnológicos de EE UU dependen cada vez más de préstamos para financiar sus planes de crecimiento. Es lo que hicieron los constructores y prestamistas de viviendas en 2007, las empresas tecnológicas a finales de la década de 1990, los fondos de inversión antes de la Gran Depresión y el sector ferroviario a finales del siglo xix.

Sin duda, últimamente se han visto algunas ofertas de bonos bastante creativas. En febrero, Alphabet, la empresa matriz de Google, vendió un bono a 100 años. Imagínese pagar intereses por una deuda durante 100 años. En mayo, Alphabet reveló que asumiría deuda denominada en yenes japoneses por primera vez. Eso formaba parte de su esfuerzo por recaudar 37.000 millones de dólares, que ahora le toca devolver. También en mayo, Amazon anunció la venta de deuda en francos suizos por primera vez. Eso forma parte de un acuerdo de deuda de 37.000 millones de dólares. En octubre, Meta tomó prestados 30.000 millones de dólares como parte de su despliegue de IA.

Hay un temor entre los inversionistas y los gobiernos de quedarse fuera y rezagados. Existe la sensación de que vale la pena gastar enormes cantidades del propio dinero y del dinero ajeno.

La promesa de la IA es enorme, escribió Joel Hilliker en el número de enero de la Trompeta. Los entusiastas dicen que “es más grande que la Internet, más disruptiva que los ferrocarriles y más transformadora que la electricidad”. Pero, como él escribió, siempre hay una trampa. “Las presiones estratégicas y económicas que impulsan esta iniciativa son profundas e irresistibles”.

¿Qué pasaría si estas extraordinarias promesas, y las ganancias reales, demoran más en concretarse de lo que los inversionistas prevén?

Pregúnteles a los trabajadores del Philadelphia and Reading Railroad, o a los empleados del Atchison, Topeka and Santa Fe Railroad. O tal vez a los inversionistas de WorldCom o Global Crossing, quienes gastaron miles de millones instalando cables de fibra óptica para un tráfico de Internet que tardó en materializarse más de lo esperado. O quizá a todos los especuladores inmobiliarios y empleados del sector petrolero que perdieron sus hogares y sustento durante la burbuja petrolera de la década de 1980.

Cuando las burbujas estallan, muchas personas resultan perjudicadas. ¿Es la IA una burbuja?

EE UU está entrando en una época peligrosa. Su economía se ha estado inflando más de lo que normalmente lo haría, impulsada en gran medida por el mayor frenesí de gasto que se haya conocido. Cuando se tenga que pagar las facturas, ¿se materializarán las esperadas ganancias de la IA?

¿O resultará artificial la economía de EE UU?

Es un buen momento para reducir su nivel de vida. Puede comenzar leyendo ¡Resuelva sus problemas financieros! y La ley financiera que no puede permitirse ignorar.