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MIRRORPIX/GETTY IMAGES

La crucial historia que fue eliminada de la Segunda Guerra Mundial

¿Por qué los Aliados ganaron la Segunda Guerra Mundial? ¿Por malas decisiones de Adolfo Hitler? ¿La obstinada resistencia de la Gran Bretaña de Churchill? ¿El aguante de Rusia? ¿Por el enorme poderío industrial de Estados Unidos?

Todos estos factores cumplieron su papel. Pero la razón más importante está borrada de los libros de historia.

Gran Bretaña llevó a cabo un total de siete días de oración durante la Segunda Guerra Mundial. El primero ocurrió días después que Winston Churchill asumiera como primer ministro, y el último, el 23 de abril de 1944, en anticipación al Día D.

La nación invirtió fuertemente en estos días. En el primero de ellos, el 26 de mayo de 1940, las tiendas cerraron mientras la Iglesia de Inglaterra, la Iglesia católica, los judíos y otras religiones invocaron a Dios por ayuda. El Times describió cómo el Rey y la Reina asistieron a servicios en la Abadía de Westminster, con la reina Wilhelmina de los Países Bajos, junto con el primer ministro y todos los líderes de Gran Bretaña. “En las ciudades y pueblos, los líderes de la vida cívica asistieron a la iglesia en este Día de Oración Nacional a la cabeza de su pueblo”, escribió el Times. “Desde las pacíficas iglesias de las aldeas en el campo lejano se ofrecían las mismas oraciones, justamente en estas horas decisivas están los mismos pensamientos en la mente de las personas”. Después, el arzobispo de Canterbury hizo un llamado a que todos hicieran una pausa a mediodía, todos los días, y oraran por la liberación. ¡Los periódicos incluso daban consejo sobre cómo orar!

“Es bueno que le mostremos al mundo que aún creemos en la guía divina; que en las leyes del cristianismo podemos encontrar inspiración y fe en este solemne día”, declaró la British Pathé (el noticiario que se mostraba entonces en los cines).

Una cobertura noticiosa similar continuó durante otros días de oración. “Mire atrás a la historia y descubra cómo la gente de esta tierra nuestra siempre ha comprometido su causa al Dios Todopoderoso”, declaró un presentador de noticias cuando la Real Fuerza Aérea se alineó para implorar la ayuda de Dios en 1942. “Éstos son cruzados modernos que no se avergüenzan de orar”.

EE UU respondió de la misma forma a la guerra. En el Día D, el presidente exhortó a toda la nación a unirse a él en oración. Las tiendas cerraron temprano. Una cadena de tiendas de departamentos, Lord & Taylor, cerró completamente: su presidente envió a sus 3.000 empleados a casa a orar.

En su editorial principal, el New York Times escribió: “Oramos por los jóvenes que conocemos y por los millones de jóvenes desconocidos que son igualmente parte de nosotros. (…) Oramos por nuestro país. (…) La causa ora por sí misma, porque es la causa del Dios que creó al hombre libre e igual”.

El historiador estadounidense Stephen E. Ambrose escribió en su libro El Día D: “El impulso para orar era arrollador. Muchas personas supieron sobre la invasión cuando comenzaban sus rutinas diarias; después de que recuperaron el aliento, dijeron una oración en silencio. Otras oyeron la transmisión de las noticias por altoparlantes durante sus turnos de noche en las líneas de montaje en todo el país. Hombres y mujeres hicieron una pausa en sus máquinas, oraron, y volvieron a trabajar con una renovada dedicación. Por todo EE UU y Canadá, desde el Atlántico hasta el Pacífico, desde el Ártico hasta la costa del Golfo replicaron las campanas. No en triunfo o celebración, sino como un solemne recordatorio de unidad nacional y un llamado a la oración formal. Se realizaron servicios especiales en cada iglesia y sinagoga en el territorio. Los bancos de las iglesias estaban abarrotados de fieles”.

¿Cuál fue el resultado de estas oraciones?

Después de las oraciones por Dunkerque, 335.000 hombres fueron rescatados de las costas de Francia; el gobierno esperaba que sólo pudieran salvar a 45.000. El Daily Telegraph escribió el 8 de julio de 1940, “Aquellos que están acostumbrados al Canal (de la Mancha), testifican sobre la rareza de esta calma; están profundamente impresionados por el fenómeno de la naturaleza por el cual fue posible que pequeñas embarcaciones fueran y volvieran con seguridad”. La gente en ese momento pudo ver que esta “rareza” no era otra cosa que un milagro de Dios.

“La fortaleza demostrada y el éxito alcanzado son para mí, al menos, milagros y una respuesta a las oraciones que se erigieron desde el Imperio, y de millones más fuera de éste en ese 26 de mayo. No olvidemos devolver las gracias”, decía una carta al Times.

“¿Seguramente fueron respondidas nuestras oraciones en la misericordiosa liberación de la completa destrucción de nuestra Fuerza Expedicionaria?” decía otra carta. El agradecimiento es de seguro tan importante como la súplica, y debe haber muchos que sienten, así como yo, que deberíamos tener un día especial de agradecimiento a Dios por Su maravillosa respuesta a nuestras oraciones”.

El Times escribió que estas cartas “son dos de un gran número dirigido al Times con el mismo sentido”.

El 9 de junio, Gran Bretaña volvió a la iglesia para un día nacional de acción de gracias. “Una cosa puede ser cierta sobre el agradecimiento de mañana en nuestras iglesias”, escribió el Telegraph. “De nadie ascenderá el agradecimiento con mayor sinceridad o un fervor más profundo, que de los oficiales y hombres que han visto la mano de Dios, poderosa para salvar, liberándolos de las manos de un enemigo poderoso, quien, humanamente hablando, los tuvo completamente a su merced”.

La revista Time también resaltó esta conexión, haciendo notar que sólo cinco días después del primer día de oración de la nación, el Ejército fue rescatado, y que milagros similares sucedieron después del segundo (día de oración).

El segundo y tercer día de oración de Gran Bretaña sucedieron durante la Batalla de Inglaterra, cuando la Fuerza Aérea alemana trató de allanar el camino para una invasión nazi. Gran Bretaña ganó la batalla, y el mariscal en jefe del Aire, Hugh Dowding dijo: “Diré con absoluta convicción que puedo trazar la intervención de Dios. (…) Humanamente hablando, ¡la victoria era imposible!”.

Después del Día D, todos los comandantes superiores de los Aliados dieron gracias a Dios. “Si no hubiera nada más en mi vida que probara la existencia de un Dios todopoderoso y misericordioso, los eventos de las próximas 24 horas lo hicieron”, dijo el general Dwight D. Eisenhower.

“Rara vez tal marcha de eventos puede haber tenido lugar en tan corto espacio de tiempo”, escribió el mariscal de campo Bernard Montgomery. “Digámonos unos a otros, Esto fue obra del Señor, y es maravilloso ante nuestros ojos”.

El teniente general Sir Frederick Morgan, quien hizo la mayor parte de la planificación para el Día D como jefe de personal del comandante supremo Aliado, escribió un artículo para el Telegraph después de la guerra titulado “El milagro del Día D”.

“Y los milagros aún ocurren”, escribió él. “Cuántos de ellos no hemos visto representados ante nuestros ojos en estos últimos años”.

Él estuvo en la escena en el Día D. “Hubo muchos otros que, al igual que nosotros, no veían otra salida salvo un milagro. Y el milagro llegó”.

Él describió la manera en que el clima cambió milagrosamente ante el desembarco de los Aliados en el norte de África. “La historia de nuestros otros teatros de guerra inevitablemente contarán muchos sucesos similares, pero dudo que alguno se compare con el milagro del Día D en 1944”, escribió él.

En respuesta a esta liberación, el gobierno británico incluso tomó medidas para hacer que la nación fuera más religiosa. La Ley de Educación de 1944 requería que todas las escuelas tuvieran un acto diario de adoración colectiva.

En el Día de la Victoria, el rey Jorge vi le dijo a la nación, “Le damos gracias a Dios por una gran liberación”. El presidente de EE UU, Harry Truman, señaló el 13 de mayo como un día de oración, diciendo, “Hago un llamado al pueblo de EE UU, cualquiera sea su fe, a unirse en alegre ofrenda de agradecimiento a Dios por la victoria que hemos obtenido y a orar para que Él nos apoye hasta el fin de nuestra presente lucha y nos guíe hacia el camino de paz”.

Éstos no son individuos insignificantes llamando a la oración y luego reconociendo los resultados. Casi todos los máximos líderes británicos y estadounidenses estaban involucrados. Pero usted no escucha nada de esto cuando se enseña hoy la Segunda Guerra Mundial.

Usted habría pensado que incluso un ateo habría recordado algunos detalles de estos días de oración. Desde un punto de vista puramente académico e histórico, debería ser importante saber que los líderes Aliados creían que Dios estaba de su lado, que buscaron Su ayuda y le dieron crédito a Él por sus victorias. Pero en vez de eso, casi nunca son mencionados; Dios y la Biblia fueron excluidos.

Con un completo relato de esta historia, el Día de la Victoria debería ser un recordatorio anual de nuestra necesidad de Dios, tanto nacional como individualmente. Incluso sin abrir su Biblia, una honesta mirada a la historia le da una educación profunda.

Un gran lugar donde ver el papel de Dios en la historia está en nuestro libro gratuito Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía , por Herbert W. Armstrong. Éste muestra el plan de Dios en los eventos mundiales. Explica qué ha estado haciendo Dios a lo largo de toda la historia del hombre, y lo que hará hoy. Le muestra profecías específicas que fueron cumplidas durante la Segunda Guerra Mundial. Este libro junta la historia y la Biblia, y hace que ambas cobren vida. 

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