Reciba nuestro Boletín de avisos gratuitamente una vez por semana.

8gjek7xaps file

WSTERA2

La cabeza de la serpiente

Los blancos actuales en la guerra contra el terrorismo son sólo un tentáculo del monstruo. ¿Atacará Estados Unidos a la cabeza? A continuación veremos cómo terminará esta guerra.

De la edición impresa de la Trompeta de noviembre de 2001.

Después de que el polvo se asentara en Washington y Manhattan el 11 de septiembre, los estadounidenses querían venganza. Sangre.

¿Pero la sangre de quién? Les habían declarado la guerra, ¿pero quién fue?

Rápidamente las pistas condujeron a Oriente Medio, un hervidero de hostilidad hacia Estados Unidos con un fervor religioso violento e incluso suicida. Está claro que el ataque provino de terroristas islámicos radicales.

Después de años de operar como intermediario en los esfuerzos de paz en Oriente Medio, de pedir amablemente a los terroristas que dejaran de molestar a Israel, de repente Estados Unidos se encontró solo en el cuadrilátero con ellos. El presidente George W. Bush declaró la determinación de Estados Unidos de erradicar el terrorismo de raíz.

Estados Unidos comenzó su campaña en las afueras, centrándose en Osama Bin Laden y en el régimen talibán que gobierna Afganistán. Los talibanes son, en el mejor de los casos, sólo un punto de partida. Lejos de ser la fuente principal del terrorismo en el mundo, son un régimen solitario, inestable y sin amigos que antes del 11 de septiembre prácticamente nadie reconocía oficialmente.

Por supuesto, toda guerra debe comenzar en algún lugar. El presidente Bush dice que Estados Unidos no terminará la guerra hasta que desaparezca el terrorismo. Ese honorable objetivo despierta la esperanza de los estadounidenses de forma casi unánime. No tienen más remedio que enfrentarse enérgicamente a este enemigo; la seguridad de todos los ciudadanos está en peligro. Ahora, con Estados Unidos comprometiendo todos sus recursos a la tarea y muchas otras naciones expresando su apoyo, uno quiere creer que el terrorismo está enfrentando su muy merecido fin.

¿Podemos saber si la campaña de Estados Unidos tendrá éxito? Sí podemos, ¡la profecía bíblica nos da la respuesta!

Un llamado de atención desde el infierno

Muchos estadounidenses creen que la gente es intrínsecamente buena. La voluntad de aterrorizar es inconcebible.

El 11 de septiembre fue un despertar aterrador para una nación bastante dormida ante las amenazas del mundo actual. Fue un llamado de atención desde el infierno, en palabras de Benjamin Netanyahu. Hizo que los estadounidenses (los que habían ignorado u olvidado los actos terroristas anteriores) llegaran a conocer muy rápidamente el odio venenoso que crece en algunos sectores del mundo. Muchos comprendieron que si los terroristas pudieran, habrían arrasado Manhattan con una bomba nuclear. Si tuvieran la capacidad, convertirían las ciudades en cementerios con enfermedades mortales como el ántrax o la viruela. El 11 de septiembre obligó a la gente a enfrentarse al mal, aunque sólo fuera por un momento.

Eso no quiere decir, sin embargo, que el optimismo —incluso la ingenuidad— haya desaparecido. “¿Cómo respondo cuando veo que en algunos países islámicos hay un odio virulento hacia Estados Unidos?”, preguntó el presidente Bush en una conferencia de prensa el 11 de octubre. “Les diré cómo respondo: estoy asombrado. Me asombra que exista una incomprensión tan grande de lo que es nuestro país como para que la gente nos odie. Yo, como la mayoría de los estadounidenses, no puedo creerlo porque sé lo buenos que somos”.

Aunque los estadounidenses quieren creer que los enemigos violentos de su país son pocos (una pequeña red clandestina de individuos poco extendida), en realidad, el odio hacia Estados Unidos está creciendo en popularidad e intensidad, en muchas comunidades, naciones y gobiernos. Las imágenes de los palestinos vitoreando en las calles el día del atentado sólo dan una idea de la gravedad del problema. Los terroristas no actúan de forma aislada. Representan la voluntad de las poblaciones; reciben la aprobación y ayuda de naciones soberanas.

El presidente Bush confirmó esta realidad al decir el 20 de septiembre: “Nuestro enemigo es una red radical de terroristas y todos los gobiernos que los apoyan”.

¿Qué gobiernos? La lista no es secreta. Pero es un avispero de naciones con aliados poderosos. Realmente, llevar a cabo una guerra contra el terrorismo no es una tarea pequeña.

¿Tiene Estados Unidos la voluntad de llevarla a cabo? ¿Qué ocurrirá cuando la guerra se extienda de Afganistán a otros gobiernos menos aislados; cuando la opinión mundial comience a ponerse en contra de Estados Unidos? ¿Qué ocurre si empiezan a morir soldados estadounidenses, o si se intensifican los ataques terroristas de represalia en suelo estadounidense? ¿Se fracturaría la unanimidad de la opinión pública? ¿Se intensificaría el miedo y flaquearía la determinación?

El rey del sur

Precisemos a dónde nos llevaría una guerra realmente exhaustiva contra el terrorismo. Si los talibanes son sólo un tentáculo del monstruo, ¿dónde está la cabeza? Para la respuesta, podemos ir directamente a la Biblia.

Los ataques del 11 de septiembre fueron realizados sólo por una facción de los grupos terroristas existentes en Oriente Medio. La verdadera cabeza de la serpiente del terrorismo se conoce en la profecía del tiempo del fin como el “rey del sur”.

La Trompeta ha hablado a menudo de que el rey del sur (Dan. 11:40) es probablemente un país fuerte situado en Oriente Medio que encabeza una coalición de naciones unidas por el islamismo radical. Es la religión la que alimenta los objetivos asesinos de los terroristas y, como hemos dicho a menudo, será la religión lo que unirá a esta potencia internacional diversa y generalmente problemática.

Ninguna profecía bíblica habla explícitamente de un conflicto directo entre Estados Unidos y el rey del sur. En cambio, la profecía dice claramente que la destrucción completa de esta potencia de Oriente Medio la llevará acabo el “rey del norte”: la Unión Europea.

Dense cuenta de lo que esto significa: Estados Unidos no será el vencedor de esta guerra. ¡Lo será Europa!

La profecía afirma el ascenso inminente de la Unión Europea para dominar la escena política mundial. Y cuando Europa aborde el problema del terrorismo en Oriente Medio, ¡lo hará mediante una decisiva guerra blitzkrieg [relámpago]!

Debemos implantar esto firmemente en nuestras mentes antes de que podamos entender el significado del esfuerzo actual de Estados Unidos. Este es el pronóstico seguro de Dios sobre el final definitivo de las fuerzas del terror en Oriente Medio. ¡Léalo! ¡Créalo! “Pero al cabo del tiempo el rey del sur [el islam radical] contenderá con él; y el rey del norte [Europa] se levantará contra él como una tempestad, con carros y gente de a caballo, y muchas naves; y entrará por las tierras, e inundará, y pasará. Entrará a la tierra gloriosa [Israel y Jerusalén], y muchas provincias caerán…” (Dan. 11:40-41).

Europa no va a distinguir entre terroristas individuales. No intentará coaccionar a Irán y Siria para que se unan a una coalición contra el terrorismo. No se andará con rodeos respecto a bajas civiles. ¡Europa vendrá como una tormenta de furia! Ella “inundará”, es decir, limpiará, ahogará, conquistará. ¡Países enteros “caerán”! El rey del norte realmente no hará distinción entre terroristas y gobiernos.

Así es como terminará la guerra contra el terrorismo radical islámico. De hecho, ¡ésta es la única manera en que esta guerra podría terminar! Estados Unidos está diciendo que existe una red terrorista enorme que debe ser erradicada. ¡La red es tan grande que nada que no sea una tempestad repentina, furiosa e indiscriminada se deshará de ella!

La conclusión ineludible que debemos entender es que Estados Unidos no logrará su objetivo declarado, y Europa, que observa desde la periferia, aprenderá la lección. ¡Ella no cometerá el mismo error!

También debemos deducir que pronto llegará un momento en que Estados Unidos ni siquiera será un factor en esta guerra. De hecho, muchas profecías predicen una caída catastrófica para el actual país más poderoso del mundo. (Nuestro folleto Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía contiene información de vital importancia, y está disponible bajo petición sin costo alguno).

Comprenda esto: al personal de la Trompeta le gustaría como a cualquiera que Estados Unidos triunfara en la guerra contra el terrorismo. Pero la profecía muestra que, lamentablemente, está subestimando a su enemigo. Si no vemos positivamente los esfuerzos actuales de EE UU, ¡es porque conocemos el resultado que la Biblia declara!

Al examinar los hechos actuales que surgen de esta guerra, podemos ver inequívocamente que la serpiente terrorista sobrevivirá la agresión de Estados Unidos con la cabeza intacta y más fuerte que nunca.

Estados patrocinadores del terrorismo

Antes de comprometerse a eliminar el terrorismo, Estados Unidos no dudó en señalar quiénes eran, en su opinión, los principales patrocinadores del terrorismo. El Departamento de Estado ha mantenido una lista de siete regímenes que patrocinan el terrorismo: Irán, Irak, Siria, Libia, Corea del Norte, Sudán y Cuba. La documentación sobre las brutales actividades de estas naciones (tres de las cuales se encuentran en Oriente Medio) es inmensa; la amenaza que supone cada una de ellas es grande.

Observe: Afganistán no estaba en esta lista. Por más devastador que fue el 11 de septiembre, no lo habían anticipado y lo que es más importante, el ataque del 11 de septiembre fue leve en comparación con el potencial destructivo que tienen las naciones hostiles que sistemáticamente construyen arsenales e incrementan sus capacidades de producción de armas nucleares, biológicas y químicas. Los talibanes difícilmente cuentan con esas capacidades.

Irán es el único país de Oriente Medio con el poder, la determinación y los recursos para ser el rey del sur. Desde hace tiempo, su objetivo es convertirse en el líder indiscutible de la región. No sólo está en lo más alto de la lista de terroristas del Departamento de Estado debido a sus vastos vínculos con los grupos terroristas regionales (incluyendo Hamás y Hezbolá), sino que Irán ha estado almacenando armas y sistemas de lanzamiento (antiguas cabezas nucleares soviéticas y material nuclear utilizable para la fabricación de armas; miles de toneladas de agentes químicos vesicantes, sanguíneos y asfixiantes; morteros de artillería, cohetes, bombas aéreas y ojivas Scud) y construyendo capacidades de producción (fabricando agentes biológicos y misiles de largo alcance; impulsando instalaciones de conversión de uranio) durante años. No hay que equivocarse: Irán es la cabeza de la serpiente.

Recuerde que fue la crisis de los rehenes en Irán en 1979 la que introdujo a Estados Unidos a la brutalidad del terrorismo internacional en primer lugar. Poco después de que la Revolución Islámica pusiera al Ayatolá Jomeini en el poder, los militantes iraníes asaltaron la Embajada de Estados Unidos en Teherán y mantuvieron a 66 estadounidenses como rehenes durante un tenso y aterrador período de 444 días. ¡El hecho es que el régimen islámico gobernante en Irán es el arquitecto del terrorismo en Oriente Medio!

El Jerusalem Post informó el 23 de septiembre que altos funcionarios de las Fuerzas de Defensa de Israel (fdi) creen que Irán pudo haber estado involucrado en el ataque del 11 de septiembre. “Están muy involucrados en todo lo que lleva la etiqueta de terrorismo radical islámico”, dijo un alto funcionario de las fdi. “Irán proviene de la misma escuela que [Osama] Bin Laden. Hezbolá y Hamás pertenecen a la misma escuela de pensamiento. Irán es el único país del mundo que realmente adopta esta ideología y está desarrollando sus capacidades para conseguir armas de destrucción masiva y misiles de largo alcance”.

La amenaza es clara. Pero ¿perseguirá Estados Unidos a Irán? No es probable, ciertamente no como lo hará el rey del norte. Ahora que los Estados patrocinadores del terrorismo están en la nueva lista de ataque de Estados Unidos, la definición de ese concepto repentinamente se ha complicado más. Al golpear a Afganistán, Estados Unidos no disgusta a casi nadie. Sin embargo, si actúa más firme, la cuestión no sería la misma. Por ejemplo, si hace de Irán un objetivo, también se busca conflicto con sus aliados, sobre todo con Rusia.

Aunque Estados Unidos quiere eliminar el terrorismo y se está volviendo mucho más agresivo en su intento, sus esfuerzos se quedarán cortos. Francamente, no tiene la voluntad necesaria para abordar la enormidad del problema. Por lo tanto, Estados Unidos se ve obligado a enfrentarse a la situación utilizando medidas sofisticadas a medias. En este momento, a Irán ya no se le considera un “Estado patrocinador” del terrorismo. En cambio, irónicamente, ¡se le considera como un aliado en la lucha contra el terrorismo!

Una tarea imposible

Tras el 11 de septiembre, Estados Unidos formuló rápidamente un plan de guerra contra el terrorismo de cuatro puntos: 1) atacar a los autores directos, 2) intensificar la campaña contra los países anfitriones, 3) reforzar la seguridad interior y 4) crear una coalición mundial de naciones antiterroristas.

Aunque este plan suena bien, la verdad es que el cuarto objetivo socava los primeros tres, especialmente el más importante de ellos, el número 2: acabar con los gobiernos que apoyan el terrorismo.

El diario Los Angeles Times informó que para esta coalición Estados Unidos quiere a la “gran mayoría de los países a bordo, pero aspira a la participación activa de más de 100 naciones”, entre ellas Irán y Siria. Un funcionario llegó a describir a Irán como un “participante clave” en cualquier lucha en contra de Bin Laden (Middle East Newsline, 25 de septiembre). El razonamiento que quieren plantear es que los terroristas son una amenaza tanto para el gobierno iraní como para cualquier otro.

En otras palabras, para llevar a cabo esta coalición extraña, los dirigentes estadounidenses están diferenciando entre terrorista y países patrocinadores del terrorismo. Exactamente lo que dijeron que no harían.

¿Realmente se puede confiar en Irán en la lucha contra el terrorismo?

Seguramente Irán está sonriendo ante la situación: Estados Unidos —el “gran Satán”, a ojos de muchos iraníes— está pidiendo ayuda para frenar al terrorismo.

¿Y cómo respondió Irán? ¡Con un firme no! El ayatolá Jamenei rechazó de plano la declaración del presidente Bush de que “o están con nosotros o están con los terroristas” por ser “arrogante e imperialista”. “Nosotros decimos que no estamos ni con ustedes ni con los terroristas”, dijo. En lugar de unirse a la lucha contra el terror, Jamenei pidió descaradamente a Estados Unidos que abandonara su apoyo a Israel. Incluso el presidente iraní “moderado”, Mohamed Jatamí, dijo que el Sr. Bush debería darse cuenta de que su enfoque era erróneo.

A pesar de esta bofetada, continúan los esfuerzos por atraer a otros Estados árabes a la coalición. ¿Cuál es el problema de este enfoque? ¡Deja intacta la cabeza de la serpiente! ¡Es como pasar de puntillas alrededor del enemigo!

Siendo realistas, no se podría ganar ninguna guerra contra el terrorismo sin atacar a los regímenes que están en la lista del Departamento de Estado. Pero una coalición que incluya a los Estados árabes no se mantendría unida ni un segundo si la guerra se extendiera a un Estado árabe. “Si se ataca a un país árabe”, dijo un diplomático, “todo el mundo árabe se unirá en torno a él”. ¿Por qué? Porque ahí es donde están sus lealtades, ¡no con Estados Unidos! Esta “coalición” lucha contra una causa en la que enormes franjas de la población árabe cree profundamente. Es más frágil que el cristal.

Estados Unidos no quiere hacer la guerra contra todo el mundo árabe (ni tiene los recursos para hacerlo). Por eso, aunque hable con dureza sobre el terrorismo, hace todo lo posible para no enfadar a nadie.

En términos simples, ¡Estados Unidos está asumiendo la tarea imposible de llevar a cabo una guerra sin ofender al enemigo!

Puede estar seguro de que en el fondo el rey del norte está observando y aprendiendo.

Cortejando al terrorismo

¿Hasta dónde está dispuesto a llegar Estados Unidos en la creación de esta coalición antiterrorista que incluye a los Estados árabes? Vea los hechos hasta la fecha.

Inmediatamente después del 11 de septiembre, muchos comentaristas dijeron que el ataque seguramente reforzaría el eje Estados Unidos-Israel. La opinión pública estadounidense ya no toleraría que se le dijera simplemente a Israel que se moderara en sus respuestas a los atentados suicidas y otros actos terroristas. El líder palestino Yasser Arafat tendría que reprimir el terrorismo y capitular ante Israel.

Sorprendentemente, eso no ocurrió. Arafat condenó los atentados (eludiendo la cuestión de que su pueblo los celebrara abiertamente). Cuando se planteó la idea de la coalición, Arafat dijo que la apoyaría, distanciándose públicamente de los terroristas antiisraelíes (a quienes Arafat apoya en secreto, según acusaciones de los israelíes). El presidente Bush le dio la bienvenida explicando por primera vez que su “visión” de paz en Oriente Medio incluía un Estado palestino.

La frustración dentro de Israel estalló. Un conmocionado primer ministro israelí, Ariel Sharon, acusó a Estados Unidos de recompensar la violencia. Después de todo, muchos palestinos dicen que apoyarán la guerra de Estados Unidos contra el terrorismo si la definición de terrorismo incluye la ocupación israelí de Cisjordania y la franja de Gaza. El propio Estados Unidos ha sufrido ataques de algunos de estos grupos antiisraelíes. Sin embargo, los palestinos están en la coalición.

La lógica de Estados Unidos se volvió aún más tortuosa después de que los palestinos asesinaran a un miembro del gabinete israelí el 17 de octubre. En lugar de apoyar a Israel y hacer justicia en contra del autor del atentado, Estados Unidos condenó cualquier intento de retribución por parte de Israel por temor a que perjudicara el apoyo palestino a la alianza antiterrorista.

Casi al mismo tiempo, Estados Unidos lanzó un hueso a Siria, uno de los “siete grandes” patrocinadores del terrorismo, al consentir su ingreso en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el órgano de la ONU que supervisa la paz y la seguridad internacional.

Los Estados árabes nunca han disfrutado de un trato tan conciliador por parte de la actual administración estadounidense. Su nueva “delicadeza” hacia estas naciones contrasta radicalmente con el enfoque duro, distante y aislacionista que tenía antes del 11 de septiembre.

A cambio, ¿qué grado de cooperación esperará Estados Unidos de sus nuevos socios? “Algunos miembros de la coalición se sentirán más cómodos haciendo ciertas cosas que otros miembros de la coalición”, dijo el presidente Bush el 11 de octubre. “Aceptaremos cualquier ayuda que un gobierno se sienta cómodo en dar. (...) Cualquier ayuda es mejor que ninguna. Y por eso agradezco mucho la ayuda que estamos recibiendo en Oriente Medio”.

En este momento, Estados Unidos está recibiendo declaraciones de apoyo tibias —o, al menos, ninguna condena directa— por parte de la mayoría de los gobiernos musulmanes por sus ataques aéreos en Afganistán. Sin embargo, lo que resulta alarmante es la oleada de protestas populares dentro de estas naciones.

“Los gobiernos de naciones musulmanas como Argelia, Egipto, Jordania, Indonesia, Arabia Saudí y Yemen deben ahora equilibrar la cooperación con Estados Unidos frente a un aumento en la oposición islámica radical”, escribió Stratfor el 8 de octubre. “Una multitud de organizaciones radicales tienen presencia en casi todas las naciones islámicas”. El artículo hablaba de protestas públicas de miles de personas en Egipto y Arabia Saudí, que ilustran “una creciente marea de radicalismo que se opone a los lazos con Estados Unidos”.

Pakistán es un ejemplo dramático de una nación en la que el gobierno se enfrenta, por un lado, a la presión de Estados Unidos para que coopere y, por otro, a una tremenda e incluso violenta oposición pública. El peligro en Pakistán es que los radicales derroquen al gobierno actual, dejando las armas nucleares del país a disposición de los fundamentalistas islámicos.

¡Esta es la naturaleza de la coalición que Estados Unidos está construyendo!

A diferencia de los gobiernos musulmanes más moderados, Irán no tuvo miedo de condenar los ataques aéreos de Estados Unidos en Afganistán. Y ahora hay multitudes de personas enfadadas en varios países árabes a las que les gustaría mucho ver a sus propios gobiernos alinearse con Irán.

Incluso si Irán no estuvo directamente detrás de los atentados del 11 de septiembre (aunque no se ha descartado su participación), su posición en la región sólo se ha fortalecido gracias a ellos.

El poder de la voluntad

El ataque del 11 de septiembre fue realmente un acto de guerra. Pero no fue más que uno de los muchos que se han cometido contra Estados Unidos a lo largo de varios años.

En abril de 1983, un coche bomba reivindicado por yihadistas islámicos proiraníes hizo estallar la embajada de Estados Unidos en Beirut, matando a 63; Hezbolá también estuvo implicado en el hecho, pero su líder eludió al fbi. En octubre de ese año, un camión cargado de explosivos embistió el cuartel de los marines estadounidenses de Beirut, matando a 241; se culpó a Hezbolá; Estados Unidos se retiró del Líbano cuatro meses después.

En diciembre de 1988, un agente de inteligencia libio hizo estallar el vuelo 103 de twa sobre Lockerbie, Escocia, matando a 270 personas; aunque los jueces dijeron que el acto era “de origen libio”, no lo calificaron como un ataque patrocinado por un país y se limitaron a enjuiciar a un solo hombre. En febrero de 1993, militantes musulmanes mataron a seis personas e hirieron a más de mil al detonar 1.110 libras de explosivos bajo el World Trade Center (Centro Mundial de Comercio); el autor intelectual del ataque fue condenado a cadena perpetua, más 240 años de cárcel.

En noviembre de 1995, cinco estadounidenses fueron asesinados en una base militar en Riad; no se tomó ninguna acción militar. En junio de 1996, un camión bomba de Hezbolá mató a 19 estadounidenses en el alojamiento militar de las Torres Khobar en Arabia Saudí; los funcionarios estadounidenses dijeron que Irán ayudo a los terroristas; aun así, no se tomó ninguna acción militar. En agosto de 1998, 12 estadounidenses se encontraban entre los 224 muertos cuando las embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania fueron bombardeadas. En respuesta, Estados Unidos lanzó misiles contra objetivos insignificantes en Sudán y Pakistán. En octubre de 2000, 17 marineros murieron en el ataque al u.s.s. Cole en Yemen; se detuvo a seis sospechosos, pero Yemen se negó a entregarlos a Estados Unidos; de nuevo, no hubo respuesta militar.

El hecho es que los ataques a Nueva York y Washington no fueron más que los últimos de una serie de victorias envalentonadas por parte de los terroristas contra lo que una vez fue un país poderoso. Hace unos años, el enemigo no se habría atrevido a realizar un ataque así. Ahora están decididos y los ataques son comunes. No temen a Estados Unidos, sino que lo odian. Perciben la debilidad de Estados Unidos, como un tiburón percibe la sangre.

A menudo la Trompeta ha escrito que el orgullo del poder de Estados Unidos ha sido quebrantado (Lev. 26:19). Eso es obra de Dios: una maldición sobre una nación que rechazó sus mandamientos y abandonó su protección.

Con el país actualmente firme, cantando himnos patrióticos y ondeando banderas, reforzando su seguridad, emitiendo proclamas y órdenes, desplegando barcos, aviones y personal, Estados Unidos puede parecer fuerte para algunos. Estas acciones pueden incluso mantener temporalmente a distancia el próximo ataque. Pero en general, no son actos de valor, sino de miedo. Y no son lo suficientemente totales o feroces como para eliminar la amenaza.

Lamentablemente, eso requerirá una tempestad del norte, la misma tempestad que le dará el golpe final a Estados Unidos. 


Boletín, AD