La apuesta de la IA
Las economías más grandes del mundo están todas metidas en la misma apuesta de alto riesgo: invertir cientos de miles de millones en centros de datos avanzados y modelos de lenguaje a gran escala cada vez más potentes. Estados Unidos, China y Europa están haciendo apuestas enormes con estrategias distintas, pero la ventaja de la casa es la misma. Si la apuesta da resultado, el ganador podría reconfigurar el orden mundial. Si fracasa, las pérdidas podrían arruinar economías y desestabilizar naciones.
Durante los últimos 80 años, el orden mundial ha estado dominado por EE UU. Sin embargo, avances tecnológicos como la IA “podrían representar una amenaza existencial para los Estados-nación: riesgos tan profundos que podrían perturbar, o incluso derrocar, el actual orden geopolítico”, escribe Mustafa Suleyman en La ola que viene.
Algunos creen que el dominio continuado de EE UU depende de su estrategia en cuanto a la IA. Sin embargo, la Biblia revela que, bajo la superficie, un asunto espiritual más profundo será el factor decisivo.
La apuesta estadounidense
Las proyecciones de gasto de Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft en infraestructura de IA le dejarán boquiabierto.
La economía estadounidense no ha visto nada parecido desde la fiebre ferroviaria de mediados del siglo xix. Y esto podría ser incluso más grande que aquello.
Así que más vale que funcione.
La gente más inteligente del mundo cree que sí funcionará. ¿Por qué? Porque estas corporaciones están gastando billones de dólares para hacer de la IA una realidad en la vida cotidiana personal, empresarial, gubernamental y militar. ¿Gastarían sumas tan gigantescas si no estuvieran seguros? Los inversionistas lo aprueban: las acciones tecnológicas están por las nubes. Los fondos de cobertura, los planes de pensiones y los pequeños inversionistas no se cansan de ellas.
¿Pero qué pasa si todos están equivocados?
Las empresas de IA han estado dominando los mercados financieros de EE UU, y ahora su economía. Se han convertido en las corporaciones de mayor valor del mundo. Nvidia, una empresa que pocas personas fuera del mundo de la tecnología y los videojuegos conocían hace cinco años, es ahora la empresa más valiosa del mundo, con un valor de 5 billones de dólares. Eso es casi el tamaño de toda la economía alemana, que tiene 84 millones de habitantes.
Hace diez años, las empresas de semiconductores representaban alrededor del 2% del S&P 500. Hoy representan cerca del 18%, más del doble de su peso en el punto máximo de la burbuja de las puntocom a principios de 2000. Después de que esa burbuja estallara y las empresas tecnológicas perdieran su valor, se evaporaron billones de dólares.
Ese 18% no incluye a las empresas de hardware tecnológico, cuyo valor también se ha disparado, ni a gigantes industriales como Caterpillar, que se han disparado porque las empresas están comprando más de sus productos para construir centros de datos. Luego están las empresas de servicios públicos que se preparan para suministrar toda la electricidad.
“Si uno empieza a repasar todos estos índices, hay una diferencia fascinante hoy respecto a lo que ocurrió en el punto máximo de la burbuja tecnológica”, dijo Cameron Dawson, directora de inversiones de NewEdge Wealth. Cuando esa burbuja estalló, “uno podía refugiarse en los mercados emergentes, en las acciones de valor, en las de pequeña y mediana capitalización, en todos los índices que, en la práctica, no tenían la misma exposición a la burbuja tecnológica”. Ya no es así. Como señaló Dawson en el podcast Thoughtful Money con Adam Taggart, las operaciones basadas en IA se han “infiltrado en todos los índices”, lo que significa que es mucho más difícil para los inversionistas mantenerse al margen de estas inversiones, incluso si así lo quisieran.
Si tiene un plan 401(k), una cuenta ira o una pensión, casi con toda seguridad usted es un inversionista en IA, y probablemente uno grande. Así que, si este enorme fenómeno es en efecto una burbuja, cuando estalle, nadie podrá evitar la onda expansiva.
Las empresas tecnológicas estadounidenses van a gastar más de 800.000 millones de dólares en infraestructura de IA sólo este año. Eso es alrededor del 3% del producto interno bruto total de EE UU. En un año.
Planean gastar un billón de dólares adicionales el próximo año. Y miles de millones más el año siguiente.
El auge del acero y la grava
La economía estadounidense creció a una tasa del 1,6% el último trimestre. Si se quita el gasto en IA, en realidad se habría contraído: estaríamos en recesión.
Sin embargo, la dependencia económica de EE UU del gasto en IA podría ser incluso mayor de lo que sugieren las cifras generales. Esto se debe a que se está construyendo mucha infraestructura relacionada para respaldar la expansión de la IA.
Considere esto: durante los últimos 20 años, el consumo eléctrico de EE UU se ha mantenido esencialmente estable. Ahora estamos añadiendo el equivalente a una ciudad de Nueva York cada tres meses, dice Robert Thummel, director general de Tortoise Capital.
La consultora icf dice que la demanda eléctrica de EE UU crecerá un 25% para 2030. Forbes lo llama un “frenesí energético”. Y está impulsado en gran parte por el consumo de los centros de datos de IA.
Las empresas eléctricas lo saben, y están construyendo a un ritmo frenético. Eso significa que se extraerá y procesará más cemento, cobre, plata, neodimio y toda una serie de otros recursos. Significa que se fabricará más gas natural, uranio, paneles solares y turbinas eólicas. Significa que se necesitarán más camioneros, operadores de grúas, electricistas, arquitectos y soldadores, así como todos los picos, palas y sándwiches necesarios para sostenerlos.
“Este es el auge de la IA plasmado en acero y grava”, escribió cnbc. “Es la manifestación física de una creencia: que la inteligencia misma puede fabricarse a escala industrial, y que quien construya la fábrica más grande gana”. Citó a un funcionario de Bessemer Venture Partners que calificó la expansión de la IA como “el mercado más grande en la historia de la humanidad”.
Recuerde la burbuja ferroviaria
La última vez que tanto dinero inundó una nueva infraestructura “transformadora” fue durante el auge ferroviario de la década de 1870. En ese entonces, los ferrocarriles revolucionaron el mundo tal como la gente lo conocía, de forma similar a lo que la IA promete hacer hoy. Los ferrocarriles convirtieron a EE UU en una nación verdaderamente conectada, con salida a dos océanos. Redujeron los tiempos y costos de transporte. Conectaron vastas extensiones de la geografía y los recursos estadounidenses con las fábricas y mercados costeros. El financiamiento de los ferrocarriles revolucionó las finanzas y popularizó la inversión en acciones.
“Los ferrocarriles se construyeron con deuda. Deuda, deuda, deuda”, dijo Derek Thompson, presentador del podcast Plain English. “Todo era una tambaleante torre de Jenga de endeudamiento, y se vino abajo”. Pero antes de la crisis, ese modelo financiero se consideraba la genialidad de los constructores de ferrocarriles: estaban construyendo una red transformadora, y lo hacían con el dinero de otras personas.
Los ferrocarriles ayudaron a convertir a EE UU en una superpotencia. También trajeron mucha deuda a la economía estadounidense. Y como señaló el ganador del Premio Pulitzer Liaquat Ahamed, cuando los ferrocarriles no generaron los rendimientos prometidos, los inversionistas perdieron sus inversiones, y una serie de depresiones económicas azotaron a la nación durante décadas.
Cuando estalló la burbuja ferroviaria, entre el 20% y el 25% de la fuerza laboral estadounidense perdió su empleo. Significó desempleo para millones, un colapso bursátil, dos depresiones y la quiebra de todas las compañías ferroviarias menos una.
¿Podría la expansión de la IA en Estados Unidos llevar a un resultado similar? “Estoy genuinamente asustado”, dice Ahamed.
Es cierto que las Anthropic, Oracle y OpenAI del mundo han prometido financiar estos enormes gastos de capital con sus propias ganancias. Pero eso está cambiando rápidamente.
Una racha histórica de endeudamiento
En enero, el Banco de Pagos Internacionales advirtió que la expansión de la IA ha pasado de financiarse con flujos de caja internos a financiarse con deuda, y que esto “no sólo está transformando los balances corporativos, sino que también plantea importantes interrogantes sobre los estándares crediticios y la estabilidad financiera”.
Los gigantes tecnológicos de EE UU dependen cada vez más de préstamos para financiar el auge de los centros de datos y sus planes de crecimiento. Esto es lo que hicieron los ferrocarriles a finales del siglo xix, los fondos de inversión antes de la Gran Depresión, las empresas tecnológicas a finales de la década de 1990 y las constructoras y entidades crediticias en 2007.
Sin duda, últimamente se han producido algunas emisiones de bonos muy creativas. En febrero, Alphabet, la empresa matriz de Google, vendió un bono a 100 años. Imagine pagar intereses de una deuda durante 100 años. En mayo, Alphabet entró por primera vez al mercado de bonos de Japón, emitiendo 3.600 millones de dólares en deuda denominada en yenes, como parte de una campaña más amplia de endeudamiento para financiar infraestructura de IA. Como cualquier emisor de bonos, Alphabet tendrá que pagar esa deuda cuando venza. También en mayo, Amazon reveló que, por primera vez, venderá deuda denominada en francos suizos, como parte de un acuerdo de deuda de 32.000 millones de dólares. En octubre, Meta pidió prestados 30.000 millones de dólares para la expansión de su proyecto de IA.
Alimentando esta “racha histórica de endeudamiento”, como la llamó cnbc, está el poderoso temor de los inversionistas y los gobiernos a perderse la oportunidad y quedarse atrás. Sienten que no les queda más remedio que gastar enormes sumas de dinero, incluido el dinero de otras personas.
La promesa de la IA es enorme. Como señaló nuestra edición de enero, los entusiastas dicen que “es más grande que la Internet, más disruptiva que los ferrocarriles y más transformadora que la electricidad”. Pero como escribimos, siempre hay una trampa. “Las presiones estratégicas y económicas que impulsan esta iniciativa son profundas e irresistibles” (laTrompeta.es/1/qgq8u).
¿Qué pasa si estas asombrosas promesas, y las ganancias reales, tardan más en cumplirse de lo que esperan los inversionistas?
Pregúnteles a los trabajadores del ferrocarril Philadelphia and Reading. O a todos los especuladores inmobiliarios y empleados de servicios petroleros que perdieron sus hogares y su sustento durante la burbuja petrolera de la década de 1980. O quizás a los inversionistas de WorldCom o Global Crossing, que gastaron miles de millones tendiendo cables de fibra óptica para un tráfico de Internet previsto que tardó más de lo esperado en materializarse.
Cuando burbujas de este tamaño estallan, mucha gente sale perjudicada. ¿Es la IA una burbuja?
En su informe anual de junio, el Banco de Pagos Internacionales dijo que el auge del gasto en IA, que se prevé alcance los 2,5 billones de dólares en todo el mundo este año, podría resultar insostenible. La escasez de suministros, la intensa competencia y los complejos acuerdos de financiamiento podrían llevar a una sobreinversión y a una fuerte retracción si las ganancias esperadas no cumplen las expectativas, señaló.
La IA es claramente una tecnología que está cambiando el mundo. Sin embargo, muchas empresas todavía están invirtiendo en ella sin formas claras de medir la rentabilidad financiera, lo que hace que esta escasez de suministros sea especialmente riesgosa.
El bpi advirtió que estas inversiones podrían estallar como la burbuja de las puntocom, que infló las acciones relacionadas con Internet hasta una valoración de 3 billones de dólares para marzo de 2000, antes de perder el 78% de su valor. De los cientos de empresas de internet que salieron a bolsa a finales de la década de 1990, aproximadamente la mitad había quebrado o sido retirada de cotización para finales de 2002. Internet sí que cambió el mundo, pero el frenesí inversor provocó pérdidas financieras catastróficas que afectaron a mucho más que a los inversionistas.
Si esta historia se repite con las empresas de IA, algunos economistas calculan que el pib de EE UU podría caer entre el 1% y el 3%. Sin embargo, el bpi advierte de otros tres riesgos económicos —inflación, mercados de bonos frágiles y deuda pública desbordada— que podrían hacer que el estallido de la burbuja de la IA sea más doloroso que el de las puntocom.
La deuda nacional de EE UU es más de siete veces mayor de lo que era durante la crisis de las puntocom.
EE UU está entrando en un momento peligroso. La economía ha crecido más de lo que lo haría normalmente, impulsada en gran parte por la mayor juerga de gasto de la historia. Cuando llegue el momento de pagar las cuentas, ¿se materializarán las ansiadas ganancias de la IA? ¿O la solidez financiera de EE UU resultará ser artificial?
Codicia alimentada por deuda
El rey más sabio que ha existido advirtió contra el tipo de riesgo que ahora está inflando la burbuja de la IA. En Proverbios 22:26-27, Salomón escribió: “No seas de aquellos que se comprometen, ni de los que salen por fiadores de deudas. Si no tuvieres para pagar, ¿por qué han de quitar tu cama de debajo de ti?”.
Este versículo no prohíbe de plano invertir. Más bien, advierte contra la imprudencia de comprometer aquello que uno no puede permitirse perder, como por ejemplo, avalar deudas o invertir grandes sumas de dinero prestado.
A pesar de esta antigua sabiduría, Morgan Stanley calcula que aproximadamente la mitad de los 3 billones de dólares necesarios para construir centros de datos de IA provendrán de fondos prestados en lugar de flujos de caja internos. Eso significa que muchos podrían literalmente perder su cama si el auge de la IA no cumple lo prometido. Un endeudamiento tan imprudente no sólo es necio, es pecaminoso.
En otra parte, Salomón advierte: “El que labra su tierra se saciará de pan; mas el que sigue a los ociosos se llenará de pobreza. El hombre de verdad tendrá muchas bendiciones; mas el que se apresura a enriquecerse no será sin culpa” (Proverbios 28:19-20).
En otras palabras, la riqueza verdadera proviene del trabajo diligente y del desarrollo de los propios recursos. Cargarse de deuda para “hacerse rico rápido” termina resultando contraproducente. En el fondo, esta mentalidad es codicia: un deseo intenso de poseer lo que uno no se ha ganado. Quebranta el décimo mandamiento: “No codiciarás…” (Éxodo 20:17).
Hoy, mucha gente codicia una parte del auge de la IA y deja que esa codicia la motive a endeudarse para invertir en tecnologías no comprobadas. Si uno invierte únicamente lo que puede permitirse perder jamás caerá en bancarrota; por eso, el folleto ¡Resuelva sus problemas financieros! de la Trompeta aconseja sabiamente: “Si no puede permitirse perder el dinero que está invirtiendo, entonces probablemente no debería ponerlo en el mercado”. Esto es más que sentido común; es una instrucción de base bíblica.
Pedir prestado el dinero de otra persona para invertir en una tecnología emergente es sumamente arriesgado; incluso se podría argumentar que es inmoral. La historia muestra que gran parte de la agitación económica de EE UU ha surgido de la especulación impulsada por deuda.
Una advertencia del pasado
El difunto Herbert W. Armstrong predijo que EE UU sufriría una crisis financiera masiva, mucho más dramática que el ciclo ordinario de “auge y caída”. Dijo que sería una crisis capaz de destruir a la nación.
¿Por qué? En una época en la que el estadounidense promedio prestaba poca atención a la economía, el Sr. Armstrong comprendió la importancia de la banca nacional e internacional. Pero había una razón espiritual más profunda detrás de su análisis. Nunca olvidó una lección aprendida al inicio de su carrera profesional.
En 1920, en una conferencia de empresarios, escuchó al economista Roger Babson pronosticar que la nación estaba a punto de entrar en una amarga depresión económica. Babson fue, en su mayor parte, objeto de burlas e ignorado. Pero en menos de un año, la depresión llegó. En la conferencia del año siguiente, Babson regresó. Esta vez, los rostros en la sala estaban serios y sombríos, y sus palabras tuvieron mucho más peso. Su mensaje sigue siendo una severa advertencia para EE UU hoy.
“Ahora estamos a mediados de invierno”, dijo Babson. “Si quiero saber cuál es la temperatura ahora mismo en este salón, voy a la pared y miro el termómetro. Si quiero saber cuál ha sido hasta ahora y cuál es la tendencia actual del momento, miro un termómetro registrador. Pero si quiero saber cuál será la temperatura de este salón dentro de una hora, voy a la fuente que determina las temperaturas futuras. Bajo a la sala de calderas y veo qué está sucediendo allá abajo.
“Ustedes, caballeros, miraron las cámaras de compensación bancaria, los índices de actividad comercial, las cargas de vagones de ferrocarril, las cotizaciones bursátiles: miraron los termómetros en la pared; yo miré la manera en que la gente, en conjunto, se trataba entre sí. Miré a la fuente que determina las condiciones futuras. He descubierto que esa fuente puede definirse en términos de ‘rectitud”.
“Cuando el 51% o más de la gente es razonablemente ‘recta’ en su trato con los demás, nos dirigimos hacia una prosperidad creciente. Cuando el 51% de la gente se vuelve ‘injusta’ en sus tratos comerciales con sus semejantes, ¡entonces nos dirigimos hacia tiempos económicos difíciles!”.
¿Dónde está EE UU hoy en la escala de la rectitud? ¿Ha escuchado esa pregunta formulada por algún analista de cnbc?
La burbuja más grande
Había una razón aún más profunda por la que el Sr. Armstrong enfatizaba la importancia del sistema financiero estadounidense, las causas de sus fallas, sus vulnerabilidades ocultas, y las consecuencias finales.
“La actual crisis económica amenaza la existencia misma de Estados Unidos de Norteamérica”, dijo en una transmisión de El Mundo de Mañana del 14 de agosto de 1984. “Ahora bien, esa declaración debería ser proclamada en titulares a toda plana. Pero esta crisis, la crisis financiera, es más grave de lo que el mundo comprende”.
El Sr. Armstrong describió reuniones con jefes de gobierno durante una cumbre económica en Londres y la conclusión a la que llegó mientras discutían sobre la economía mundial. Advirtió que la crisis podría forzar repentinamente una unificación en Europa, unos Estados Unidos de Europa que producirían una nueva potencia mundial, quizás mayor que la Unión Soviética o EE UU, formada con el propósito expreso de desafiar a EE UU. Ese acontecimiento, dijo, está predicho en la profecía bíblica.
El Sr. Armstrong había advertido durante décadas que el poderío económico aparentemente invencible de EE UU era, en efecto, una burbuja. Pese a las minas, fábricas, carreteras, puertos, campos, cosechas, rebaños y bancos de la nación, su fracaso en guardar las leyes financieras de Dios creó una vulnerabilidad fatal. Lo mismo ocurrió con su profunda interconexión con los sistemas bancarios de otras naciones.
La enorme expansión de financiamiento y riesgo que ahora inunda el sector de la IA, combinada con el desprecio de EE UU por las leyes financieras de Dios y sus vínculos financieros con Europa, encaja directamente en esas mismas profecías bíblicas. Y esas profecías involucran decenas de billones en fondos, miles de millones en pérdidas y millones de vidas.
Extraiga las lecciones personales que pueda de esta enorme y arriesgada apuesta. ¡Está a punto de presenciar las dolorosas consecuencias de despreciar las leyes de Dios, que Él nos da para nuestra protección, nuestra prosperidad y nuestra salud espiritual!