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King david on his palace balcony looking south

Balage Balough/Archaeology Illustrated/La Trompeta

¿Existieron realmente David y Salomón?

Si es así, ¿fueron ellos los gloriosos reyes que la Biblia describe, o simplemente fueron pequeños caudillos?

Cuando comenzó el campo de la arqueología bíblica, sus primeros practicantes creyeron que a fin de entender los restos de material de las civilizaciones en la Tierra Santa, se necesitaba entender la Santa Biblia. Sin embargo en su entusiasmo por apoyar la narrativa bíblica, los fundadores de la arqueología bíblica fallaron con frecuencia en examinar completamente la evidencia bíblica y científica. Se apresuraron a declarar que sus descubrimientos eran bíblicamente significativos, y esto llevó a muchas conclusiones falsas y a identificaciones precipitadas de sitios.

En las siguientes décadas, repetidas expediciones y métodos mejorados demostraron que muchos de estos sitios arqueológicos no son los mismos que aquellos encontrados en la
narrativa bíblica.

Muchos de los incipientes arqueólogos en Israel estaban molestos cuando supieron de estos primeros errores en el campo de la arqueología bíblica. Sin embargo, más que cuestionar la interpretación de sus maestros, la siguiente generación de arqueólogos cuestionó la validez de la Biblia misma.

En los casos donde no se conocía evidencia que corroborara un periodo particular de la historia bíblica, la Biblia ya no se consideraba exacta. Pronto estos argumentos del silencio (la idea de que la evidencia no existe porque no ha sido hallada) dieron paso a los eruditos a refutar la existencia misma de algunas personalidades bíblicas.

Las más notables de éstas fueron el Rey David y el Rey Salomón. ¿Existieron estos hombres? Y si lo hicieron, ¿fueron sus reinos tan grandiosos como lo expone la Biblia?

¿Sólo un pequeño caudillo tribal?

Aunque la mayoría de los arqueólogos bíblicos tradicionales no estaban listos para desestimar completamente a David y a Salomón, algunos eruditos a mediados de los 80’s y a principio de los 90’s hicieron exactamente eso. Sin embargo, este argumento fue cuestionado por el descubrimiento del Tel Dan Stele en 1993. Hallado en uso de segunda, habiendo sido usado después en la construcción de un muro, el Tel Dan Stele es un pequeño grabado que detalla la derrota de Israel a manos de los sirios. Los eruditos estaban asombrados cuando notaron que una de las líneas del texto decía bytdwd, o “Casa de David”. Esta fue la primera referencia fuera de la Biblia, sobre el Rey David y el hecho de que tenía una casa: un linaje familiar descendiendo de él.

Los minimalistas bíblicos al principio intentaron interpretar los caracteres escritos en el Tel Dan Stele como que decían algo—cualquier cosa—en vez de “Casa de David”. Finalmente, admitieron que no había otra manera de leer la inscripción. Pero no cambiaron su conclusión; cambiaron su ataque. Ellos reconocieron que David y Salomón existieron pero dijeron que no eran tan ricos, poderosos o significativos como lo describe la Biblia: dijeron que ellos probablemente fueron caudillos tribales de poca monta que tenían un pequeño asentamiento en la colina de Jerusalén.

Para los arqueólogos bíblicos de la vieja escuela este contragolpe fue ridículo. Aunque ningún hallazgo podría ser atribuido conclusivamente al reino de David, un número de grandes hallazgos del tiempo de Salomón ha sido verificado.

La escritura clave en este aspecto es 1 Reyes 9:15: “Esta es la razón de la leva que el rey Salomón impuso para edificar la casa de [el Eterno], y su propia casa, y Milo, y el muro de Jerusalén, y Hazor, Meguido y Gezer”. Este versículo detalla un vasto programa de construcción emprendido por Salomón no sólo en Jerusalén sino a través de todo el territorio perteneciente a su reino. Gezer está en la región del sur de Israel, con vista a lo que una vez fueron las tierras de los filisteos. Meguido se encuentra en la región centro-norte, a 112 kilómetros de Jerusalén y al interior de la ciudad moderna israelí de Haifa. Hazor está al norte del Mar de Galilea.

Estas tres ciudades antiguas son tal vez algunos de los sitios más excavados en Israel. ¿Y qué han encontrado los arqueólogos allí? Puertas de entrada enormes, una en la antigua entrada a cada ciudad. Cada una es tan similar a las otras que este diseño consistente es conocido hoy como la “puerta israelí”. Estas puertas indican una sociedad desarrollada, rica y poderosa capaz de construir muros de fortificación sofisticados con grandes puertas y estructuras impresionantes dentro de ellas. Es más, cuando los arqueólogos dataron estas puertas por la alfarería asociada con su construcción, las fecharon en el tiempo de David y Salomón, el siglo x a.c. Por décadas, esta fue considerada prueba sólida de los proyectos de construcción a gran escala de Salomón descritos en 1 Reyes 9:15.

Pero los minimalistas rebatieron este peso aparentemente insuperable de evidencia que demostraba el programa de construcción de Salomón. Incapaces de negar la existencia de las estructuras, ellos atacaron la fecha de esas puertas disputando la edad de la alfarería.

Baja Cronología

Excavando durante la década de 1990 en Meguido, una de las ciudades descritas en el programa de construcción de Salomón, estaba el Dr. Israel Finkelstein. Él es más famoso por un texto de 2005 titulado The Bible Unearthed (La Biblia Desenterrada). Su principal tesis en el libro es explícita: “El mundo en el que la Biblia fue creada no era un reino mítico de grandes ciudades y héroes santísimos, sino un pequeño reino realista donde las personas luchaban por su futuro contra todos los temores muy humanos de la guerra, pobreza, injusticia, enfermedad, hambre y sequía. La saga histórica contenida en la Biblia, desde el encuentro de Abraham con Dios y su viaje a Canaán, hasta la liberación de los hijos de Israel de la esclavitud con Moisés, hasta el auge y caída de los reinos de Israel y Judá—no fue una revelación milagrosa, sino el producto brillante de la imaginación humana” (énfasis añadido).

El objetivo de Finkelstein es claro: convencer al lector que el Israel bíblico, aunque real, fue pequeño en lugar de grande, y que su historia fue más que todo imaginaria.

En el texto y documentos correspondientes, Finkelstein introdujo una nueva cronología del Israel antiguo conocida como Baja Cronología. Tradicionalmente, los arqueólogos creyeron que el inicio del reinado de David marca el comienzo del periodo arqueológico llamado Iron iia. Este periodo cubre un aumento masivo en la construcción a través de todo Israel. Tradicionalmente, este programa de construcción estaba asociado con David y Salomón.

La Baja Cronología es una hipótesis que cambia el comienzo de Iron iia hasta después de que David y Salomón murieron. Esta cronología expone que las edificaciones monumentales, tales como la puerta israelí, no fueron construidas por Salomón, sino por reyes posteriores. Finkelstein dijo que David y Salomón pertenecían más bien a la civilización más simple, mucho menos avanzada de Iron i, un periodo normalmente asociado con los Jueces, y con un comercio, instituciones, gobierno y construcción israelita descentralizado, débil y poco impresionante. Eso empuja hacia adelante a la sociedad que construyó esas puertas masivas fuera del periodo de Salomón a un rey posterior, cuando tal construcción habría sido más común y menos impresionante.

La evidencia clave de Finkelstein está basada en un análisis de muestras de Carbono-14 tomadas de los estratos de Iron iia. Esta evidencia es sospechosa, dado que el margen de error en las muestras de carbón de ese periodo es la misma cantidad de tiempo que el Dr. Finkelstein quiere usar para empujar la Cronología de Iron iia hacia adelante.

Descubriendo a David

El mismo año que Finkelstein publicó su libro, comenzó una excavación en la antigua Jerusalén, en la parte norte de la Ciudad de David. Allí, la arqueóloga Dra. Eilat Mazar propuso excavar un área que ella creía podría ser la ubicación del palacio del Rey David. En cuestión de días, sus palas golpearon rocas masivas que habían estado justo bajo la superficie. Las grandes rocas formaban un muro de 27 metros de largo sobre 3,6 metros de grosor. Cualquier estructura, moderna o antigua, con muros de este grosor es una edificación verdaderamente enorme. Desde la alfarería relacionada a la estructura, así como de varias muestras de carbón, la Dra. Mazar pudo datar el muro a algún tiempo entre el siglo xi y x. Este es el periodo exacto en el que la Biblia indica que David construyó su palacio.

Después de terminar la excavación ese año, Mazar declaró que la conclusión más lógica era que esta gran estructura era el palacio del Rey David. Las siguientes temporadas de excavación, desde 2006 hasta 2008, revelaron incluso más muros de la misma estructura, ¡con el fuerte muro oriental de 5,7 metros de grosor! Es más, la temporada de excavación de 2008 reveló que este muro estaba en realidad conectado a la parte superior de la famosa Estructura de Piedra Escalonada, un muro de contención de 19,8 metros de alto que desciende al Valle de Cedrón. En efecto, esto demostraba que el gran muro de contención fue construido al mismo tiempo expresamente para apoyar el muro oriental de la estructura anterior: el palacio del Rey David.

Mazar estima que sólo el 20 por ciento de las ruinas del palacio ha sido excavado. Pero aparte del tamaño de la estructura, hay otras indicaciones de que esta estructura era de realeza. Cuarenta años antes del descubrimiento de Mazar, Dame Kathleen Kenyon, una arqueóloga formidable en su propio derecho, excavó en el valle justo afuera y abajo de los muros del palacio. Ella descubrió un enorme capitel, el apoyo descriptivo añadido a la parte superior de las columnas, conocida hoy como un capitel Proto Aeolic. Este elemento arquitectónico es característico de palacios de otros sitios israelitas tales como Meguido, Samaria y Ramat Rachel. Claramente, este capitel (que aparece en la moneda israelí de cinco shekels actual) debió haber caído desde algún lugar importante.

El descubrimiento de Mazar fue un garrotazo arqueológico al esfuerzo del Dr. Finkelstein de reducir la importancia de David y Salomón. Fue una afirmación osada, para una arqueóloga meticulosa y respetada como Mazar, la cual hizo en la cara de minimalistas bíblicos. Guiados por Finkelstein, los minimalistas examinaron minuciosamente sus hallazgos para tratar de desacreditar sus métodos o su razonamiento a fin de desaprobar su identificación de la estructura como el palacio del Rey David.

Incluso los guías turísticos del centro de turismo de la Ciudad de David, que posan irónicamente encima de los soportes de acero fijados directamente a la base del palacio, pensaron que la idea de que estaban parados en el área del palacio del Rey David era rebuscada. Muchos de ellos menospreciaban la exposición mientras guiaban a sus grupos a través de las masivas ruinas. Por supuesto que 3.000 años de ocupación posterior han hecho difícil distinguir todos los muros del palacio, pero algunos (como el muro oriental de 5,7 metros de ancho) son simplemente inconfundibles.

Sin embargo, con el transcurso del tiempo desde la designación original de la Dra. Mazar, incluso los minimalistas bíblicos están comenzando a reconocer que aunque los muros no están inscritos con el nombre del Rey David, son indiscutiblemente las bases de una edificación masiva construida en la ubicación bíblica exacta del palacio del Rey David, y dentro de la (aunque disputada) franja de tiempo apoyada por los arqueólogos tradicionales, el Carbono-14 y la Biblia.

Poco después de que Mazar hiciera su descubrimiento, el otro hallazgo importante del mismo periodo fue anunciado. Conocido como Khirbet Qeiyafa, este sitio estaba ubicado en la frontera del territorio israelita colindando con tierra filistea. Basado en hallazgos en el sitio, el excavador Yossi Garfinkel escribió: “El argumento de que Judá era una sociedad agraria hasta finales del siglo x a.c. y que David y Salomón no pudieron haber gobernado sobre un reino centralizado e institucionalizado antes de ese entonces ha sido ahora vuelto añicos por nuestra excavación”. Las excavaciones revelaron un sitio fuertemente fortificado. Una serie de muestras de carbón fueron tomadas de dentro de los estratos iniciales de Iron iia. Estas muestras datan a más tardar al año 969 a.c., una fecha asociada por todos los arqueólogos al tiempo alrededor de la muerte del Rey David.

La fecha del sitio al tiempo de David es tan sólida que los minimalistas bíblicos han tenido que conceder el punto. Pero muchos entonces comenzaron a reclamar que no era una fortaleza israelita, sino más bien una filistea. Sin embargo, la arquitectura, los estilos de alfarería, las inscripciones y la falta de huesos de cerdo (el cerdo es carne inmunda para los judíos) todo indica que Khirbet Qeiyafa pertenecía no al archienemigo de David, sino a David mismo.

¿Necesita más prueba? Sólo espere

Incluso con estos y otros descubrimientos que testifican la existencia tanto de David como de Salomón, la batalla por la verdad histórica aún continúa en los círculos académicos en Israel. La historia de los minimalistas bíblicos se mantiene cambiando mientras tratan de igualar el mundo real con su principal afirmación que permanece consistente: que el Israel bíblico no es lo que la Biblia dice que fue.

El debate y la diferencia de opinión son importantes para cualquier afirmación científica, pero no tan importante como la honestidad intelectual.

Y la honestidad intelectual, o la falta de ésta, tiene consecuencias reales. El muy acalorado debate público acerca de David y Salomón ha contaminado la receptividad del público a los descubrimientos pasados y futuros que tienen significado bíblico. Ya que los críticos han impugnado el registro bíblico, muchos asumen que las descripciones de la Biblia han sido desaprobadas científicamente, cuando en realidad han sido simplemente refutadas académicamente.

Durante los últimos 30 años, los eruditos han tratado de socavar a la Biblia como un documento históricamente exacto. Muchos han sido motivados por una mezcla de hechos y prejuicios. Estos eruditos han enseñado a la próxima generación de arqueólogos e historiadores israelíes un sentido de escepticismo sin bases acerca de los registros históricos de la Biblia. Ese prejuicio es tan injusto como—y menos fundado que—el prejuicio que guió a los primeros arqueólogos bíblicos a sus identificaciones erróneas originales. Este prejuicio contrario ha guiado a los minimalistas bíblicos a sus propias identificaciones erróneas.

El Dr. Walter C. Kaiser Jr. aborda este prejuicio creciente contra la historicidad de la Biblia en su prólogo del The Popular Handbook of Archaeology and the Bible [Manual Popular de Arqueología y la Biblia] (2013): “El caso de la fiabilidad de las personas y los eventos de la Biblia llega a ser más necesitado y necesario cada día mientras las tesis anti bíblicas de la generación más reciente tiene mayor aceptación en los corazones y mentes de sus miembros”.

Un arqueólogo intelectualmente honesto examinará las piedras, fragmentos de cerámica y otras evidencias habitacionales por lo que son. Y si coinciden con un texto antiguo, incluso si ese texto es la Biblia, entonces ese texto es correcto.

Vivimos en un tiempo cuando el avance tecnológico en el campo de la arqueología ha llevado a una explosión de descubrimientos que están demostrando que la Biblia es un texto histórico preciso. Más y más excavación y conocimiento está tomado lugar. Más y más evidencia está siendo desenterrada. Objetos que coinciden con los registros bíblicos están emergiendo más rápido que nunca. Los minimalistas y maximalistas bíblicos y todos los demás en el medio, todavía discuten de allá para acá, pero entre más evidencia surge, más interesante se pone el debate.

La Dra. Mazar es un buen ejemplo del último grupo: ella es una científica acreditada, seria y minuciosa. Controversiales como son sus conclusiones, su metodología en general es indiscutible. Los críticos menos conocedores o menos escrupulosos acusan a la Dra. Mazar de ser una fundamentalista religiosa con un sesgo evidente de “probar la verdad de la Biblia”. Quienes la conocen saben que ella no es religiosa en absoluto, pero respeta la Biblia como un documento histórico. Para ella, la Biblia detalla los eventos de sus patriarcas, relatando la historia de sus antepasados israelitas. Y por eso, ella le tiene aprecio.

Además, la Biblia le muestra a ella en dónde excavar.

Continuando en este prólogo del Dr. Walter C. Kaiser Jr.: “Mientras tanto, la evidencia de la veracidad e historicidad de la Biblia sigue aumentando como nunca antes. Justo cuando el escepticismo parece estar haciendo su mayor ruido, somos inundados con una cantidad abrumadora de evidencias reales y fuertes que exigen un veredicto opuesto a lo que los escépticos, revisionistas, minimalistas y desconstruccionistas están clamando en su visión del mundo actual y puntos de vista de la vida. Nunca ninguna generación anterior ha visto la cantidad y el significado de las evidencias que ahora están disponibles para nosotros hoy”.

Para muchos, el escepticismo que rodea a la Biblia permanecerá, a pesar de todos los objetos que se han descubierto. Muchos siguen usando argumentos de silencio para desacreditar la historia bíblica como fábula. Pero hubo argumentos similares de silencio que guiaron a la gente a creer que David y Salomón nunca existieron. Ahora sabemos que sí existieron. Y que construyeron un reino de proporciones bíblicas.

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