Aubrey Mercado/La Trompeta (3)
Excavando la arqueología
La relevancia de la Biblia aparece a menudo en lugares inesperados. Para mí, fue mi viaje a Madrid después de mi graduación en 2023. Esperaba mucho sol español, mazapán y arte barroco. Algo que no esperaba era un viaje a la época del rey Salomón en el Museo Arqueológico Nacional de España.
2 Crónicas 9:21 muestra que el pueblo fenicio del Líbano tenía presencia en una tierra lejana llamada Tarsis. Salomón utilizó a sus aliados fenicios para desarrollar vínculos comerciales con esa tierra. Bajo Salomón, el reino de Israel usó a Tarsis como base para obtener oro, plata, marfil y animales exóticos.
Muchos eruditos bíblicos y arqueólogos creen que el sur de España fue probablemente uno de los destinos favoritos de la flota de Salomón. Los textos griegos se refieren a España como “Tartessos”, y los arqueólogos han descubierto importantes restos fenicios en la región.
El Museo Arqueológico Nacional de Madrid exhibe exquisitos ejemplos de orfebrería tartésica y plata extraída localmente, una pequeña muestra de la riqueza que habría atraído a los marineros de Salomón a España. También se exhiben ídolos de dioses fenicios como Baal (1 Reyes 16:31) y Astoret (1 Reyes 11:5). Una estela representa un árbol con una copa curiosamente curvada, que evoca a un capitel de columna de estilo fenicio encontrado en la ciudad de David de Jerusalén, donde la Biblia dice que los fenicios construyeron un palacio para el padre de Salomón, el rey David (2 Samuel 5:11).
Este museo hizo que esta pequeña sección de la narración bíblica fuera mucho más tangible y me conectó con la historia de 3.000 años atrás. Las historias de la Biblia se volvieron vívidas, ¡mucho más que un texto en una página!
Este es el efecto que la arqueología bíblica puede tener sobre usted.
Dios preservó la historia de la Biblia para enseñarnos lecciones en la actualidad (1 Corintios 10:11). El creer en la Biblia y seguir a Jesucristo significa hacer de la historia bíblica nuestra historia. Sin embargo, usted y yo estamos separados de las personas, los lugares y los acontecimientos de la Biblia por miles de años, por miles de kilómetros, por la lengua y por la cultura.
La arqueología bíblica puede cerrar la brecha. La arqueología bíblica desentierra objetos y estructuras que se pueden tocar, que los hombres de la Biblia tocaron. Lo transportará a calles y edificios milenarios por los que caminaron profetas y santos. Le permite hacer de la historia de la Biblia su historia. Como me enseñó un maestro de arqueología en el colegio, hace que la Biblia cobre vida.
Moisés, David y los 12 apóstoles están muertos. Sumergirse en el mundo de la arqueología bíblica es lo más cerca que podemos estar físicamente de su mundo. Nos ayuda a conectar con las personas y los lugares de la Biblia como pocas otras cosas pueden hacerlo. Con la tecnología moderna y los medios de comunicación, podemos sumergirnos en ella desde cualquier lugar.
¿Cómo se empieza?
Siga las excavaciones actuales. Excavar sitios bíblicos no es algo de una época pasada de exploradores coloniales y barcos de vapor. En estos momentos se están realizando excavaciones en Israel y en otros lugares importantes de Oriente Medio. Algunas de estas excavaciones publican regularmente actualizaciones de su obra, que puede seguir en línea para estar al día en los últimos descubrimientos.
Visite museos. No hace falta viajar a España para ver maravillas de otro mundo. Hoy vivo en Inglaterra, y aquí están dos de los mejores museos del mundo de arqueología bíblica: El Museo Británico de Londres y el Museo Ashmolean de Oxford. Deambular por los pasillos del Museo Británico lo pone cara a cara con un antiguo obelisco que muestra una imagen del rey Jehú de Israel (2 Reyes 9). Podrá pasear entre paneles de la pared que una vez decoró el palacio del rey Senaquerib de Asiria (2 Reyes 18-19). El Museo Ashmolean tiene toda una galería dedicada a la civilización minoica asentada en Creta (llamada Caftor en la antigüedad): los minoicos eran el pueblo ancestral de los filisteos (Deuteronomio 2:23). Un paseo por galerías de jeroglíficos egipcios y estatuas romanas puede ser una educación sobre las civilizaciones descritas en la Biblia.
Las ciudades europeas ofrecen colecciones especialmente significativas, pero en todo el mundo se encuentran grandes museos de arqueología bíblica. Una de las mayores colecciones de EE UU se encuentra en la Universidad de Chicago.
Viaje. Para quienes disponen de medios, pocas experiencias pueden hacer que la Biblia cobre vida más que visitar la Tierra Santa. En una visita a Israel, recorrí la Cesarea Marítima, una ciudad romana de la costa mediterránea. Los eruditos han identificado un edificio entre las ruinas que pudo ser donde el apóstol Pablo compareció ante los gobernadores romanos (Hechos 25:1-6). En Atenas, una atracción turística popular es la Colina de Marte, donde Pablo dio su famoso discurso a los filósofos de Grecia (Hechos 17:22-31). Ver los lugares reales de la Biblia —y en algunos casos caminar por ellos— es una experiencia increíble.
Estudie la historia arqueológica. La arqueología bíblica lleva más de 154 años progresando como disciplina científica. Su librería y biblioteca locales probablemente contienen una buena selección de libros que le presentarán artefactos y otros elementos destacados de excavaciones en Israel, Egipto, Irak, Grecia y otros lugares. También puede suscribirse a revistas que le traen información sobre obras arqueológicas bíblicas pasadas y desarrollos modernos fáciles de entender para académicos, escolares y todos los intermedios.
El Instituto Armstrong de Arqueología Bíblica publica una revista bimestral titulada Que las piedras hablen [en español se publica con menor frecuencia] (https://www.latrompeta.es/). Lo mantiene actualizado con los últimos desarrollos en arqueología bíblica, con artículos escritos para el público en general. Como la Trompeta, Que las piedras hablen es gratis. No hay mejor manera de aprender, como dice el Salmo 102:14 respecto a Jerusalén: “aman sus piedras, y del polvo de ella tienen compasión”.
