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Este acuerdo no traerá ‘paz eterna’
Israel y Hamás acordaron un cese al fuego elaborado por Estados Unidos con el que pretendían poner fin a su guerra el 8 de octubre. El presidente Donald Trump, en su habitual estilo hiperbólico, calificó el acuerdo de “potencialmente uno de los días más grandiosos en la civilización”, prometiendo una “paz eterna en Oriente Medio”. El presidente israelí, Isaac Herzog, lo calificó de “una oportunidad para reparar, sanar y abrir un nuevo horizonte de esperanza para nuestra región”.
Para Israel, significó el final de la guerra. Otras naciones lo consideran una oportunidad para una solución de dos Estados: un nuevo Estado de Palestina que coexista pacíficamente junto al Estado de Israel.
Israel lleva dos años luchando contra Hamás y otros grupos terroristas. La población está cansada de la guerra. El primer ministro Benjamin Netanyahu está sometido a una inmensa presión interna e internacional. Dado que el patrocinador iraní de Hamás sigue amenazando con vengarse, muchos ven este acuerdo como el respiro que han estado esperando. Israel puede volver a ser un país normal: puede dejar de enviar a sus hijos en un viaje sin retorno a una guarida de yihadistas; no tiene que sufrir el dedo acusador del resto del mundo; y no estará atormentado por imágenes de rehenes reducidos a casi esqueletos, demacrados, pudriéndose en oscuras mazmorras.
Pero ¿llega realmente a Israel una “paz eterna” en “un nuevo horizonte de esperanza”?
Hamás no se ha rendido
Bajo este acuerdo, Hamás liberó a los últimos 20 rehenes vivos que había secuestrado 733 días antes durante su masacre del 7 de octubre de 2023. También se supone que debe devolver los restos de los rehenes que había matado, pero no lo ha hecho. Las Fuerzas de Defensa de Israel iniciaron una retirada gradual de la Franja de Gaza y se espera que una fuerza internacional de mantenimiento de la paz llene el vacío. Esta Fuerza Internacional de Estabilización (isf, por sus siglas en inglés) estará patrocinada por “socios árabes e internacionales”. Hamás también aceptó ceder el poder a un “comité palestino tecnocrático y apolítico”.
Israel declaró la victoria con el acuerdo. También lo hizo Hamás. El cese al fuego es sólo eso; no es una rendición incondicional y Hamás no lo trató como tal. El acuerdo depende de que Hamás entregue sus armas de buena fe, una condición que Hamás ha rechazado públicamente. Hamás quiere conservar sus armas porque quiere seguir matando judíos.
Mientras tanto, el comité interino de Gaza está en proceso de formación y Hamás ha dado hasta ahora su consentimiento. Fuentes diplomáticas que han hablado con los medios israelíes afirman que Hamás tiene poder de veto extraoficial sobre la mitad de la composición del comité para garantizar la membresía de “individuos alineados con los principios de Hamás, aunque no abiertamente afiliados a la organización”, como dice Ynetnews. Según se informa, Hamás no aceptaría la formación del comité en caso contrario.
En otras palabras, Hamás no va a abandonar Gaza, y la comunidad internacional que ha elaborado estas posiciones provisionales lo ha aceptado. Hamás sólo está pasando a la clandestinidad mientras influye en el futuro de Gaza a través de subsidiarios.
El preámbulo del pacto para la fundación de Hamás dice: “Israel existirá y seguirá existiendo hasta que el islam lo extermine, igual que exterminó a otros antes que él”. Hamás hizo esta declaración en su fundación en 1987 y sus miembros mantienen este credo hasta el día de hoy. Su emblema es una representación del característico tono verde de Hamás pintado sobre toda la Tierra Santa: “desde el río hasta el mar”.
Hamás nunca creerá en la paz ni en la coexistencia con Israel. Su meta siempre ha sido la aniquilación del Estado judío. Cada movimiento que realiza tiene como objetivo hacer avanzar esa gran estrategia, aunque signifique una pausa temporal en los combates.
Los habitantes de Gaza siguen odiando a Israel
La mayoría de los gazatíes odia a Israel tan intensamente como Hamás.
Durante el ataque terrorista del 7 de octubre, muchos de los palestinos que cruzaron la frontera hacia Israel no eran miembros ni afiliados de Hamás. Eran “gazatíes del común”. Fueron gazatíes del común los que celebraron el desfile de rehenes, vivos y muertos, por Gaza. Fueron gazatíes del común los que participaron a sabiendas en videos de propaganda que presentaban falsamente la campaña de Israel como genocida. Fueron gazatíes del común los que abrieron sus casas para esconder a los rehenes. Es de la población civil de la que Hamás repone sus filas. No hay indicios de un cambio de opinión entre la población.
“Todos los rehenes vivos [han] regresado a nosotros”, escribió el periodista árabe-israelí Yoseph Haddad, “pero ni uno solo de los secuestrados el 7 de octubre ha dicho que alguien en Gaza se preocupara por ellos, les ayudara o intentara salvarles o ayudarles de alguna manera. (…) Por el contrario, los supervivientes del cautiverio que han regresado dicen que no hay nadie en Gaza, ni una sola persona, desde los niños hasta los ancianos, que no los haya tratado con odio, desprecio y violencia”.
Hamás se formó en 1987 por personas que pensaban que los grupos terroristas palestinos existentes no eran lo suficientemente radicales. Aunque Hamás desaparezca, los nuevos grupos terroristas tienen entre la población un terreno muy fértil de donde pueden brotar. Hay poco que impida que nuevos grupos sustituyan a Hamás, como Hamás sustituyó a sus predecesores. La visión totalitaria e islamista de Hamás para la Tierra Santa es un reflejo de lo que quieren los propios gazatíes.
El primer ministro Netanyahu ha dicho que le gustaría que un grupo palestino no afiliado ni a Hamás ni a la Autoridad Palestina gobernara Gaza. Un grupo que Israel ha estado supuestamente patrocinando con tal fin son las Fuerzas Populares, una milicia dirigida por Yasser Abu Shabab. Oficialmente, intentan llevar ayuda a las familias gazatíes y mantenerla fuera del alcance de Hamás. Pero el grupo podría estar vinculado al Estado Islámico, que operó en el vecino Egipto durante años. Uno de sus destacados dirigentes participó en la masacre del 7 de octubre, independientemente de Hamás.
Al parecer, la mejor solución que Israel puede idear para sustituir a Hamás es el Estado Islámico.
Conflictos de intereses
Israel no está completamente solo en su intento por estabilizar Gaza; al parecer, otros países están ofreciendo ayuda. Pero ¿qué tipo de ayuda está recibiendo Israel?
A pesar de lo que propone el plan de paz del presidente Trump, ningún “socio árabe” se ha ofrecido como voluntario para enviar soldados como fuerzas de paz. Trump había indicado que quería que Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos desempeñaran un papel importante en los esfuerzos de reconstrucción. Pero ambos países han descartado el envío de tropas de mantenimiento de la paz mientras Hamás esté en el poder. Lo mismo ocurre con Egipto, el otro país que comparte frontera con Gaza. Los países árabes que envían fuerzas de paz para ayudar a Israel a “ocupar” Gaza parecerían estar colaborando con el “enemigo” sionista ante sus propias poblaciones. Ningún gobierno árabe quiere poner en marcha una revolución en su propio país por unos cientos de soldados enviados a Gaza.
¿Y el resto del mundo musulmán? Según informes no confirmados de los medios de comunicación, Israel estaría buscando a Azerbaiyán, Indonesia y Pakistán para formar la fuerza de mantenimiento de la paz. Indonesia se ha ofrecido públicamente a enviar tropas. Pakistán es un hervidero de terrorismo islámico que engendró una variante del Talibán. Azerbaiyán tiene un largo historial bélico marcado por acusaciones graves y creíbles de limpieza étnica y otros crímenes de guerra. Indonesia, el país musulmán más grande, tiene sus propios problemas con el extremismo islamista. Ni Indonesia ni Pakistán han mantenido nunca relaciones diplomáticas con Israel.
Estos son los países en los que Israel confiaría para desarmar a Hamás, para portar armas en suelo israelí, con los que se sentiría cómodo compartiendo secretos de seguridad y en cuyas filas no habría individuos que quisieran lanzar sus propios ataques terroristas.
Aun así, esto no es lo suficientemente bueno para Trump. Al parecer, está intentando presionar a Israel para que permita a Turquía contribuir a la fuerza de mantenimiento de la paz.
Turquía se sumó recientemente como aval del acuerdo de paz de Trump entre Armenia y Azerbaiyán. Fue el primer país islámico en reconocer la independencia de Israel y técnicamente aún mantiene relaciones diplomáticas. Pero también es uno de los mayores patrocinadores de Hamás. Hace un año, el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan incluso permitió que Hamás utilizara Estambul como nuevo cuartel general. Erdoğan ha comparado a Netanyahu con Hitler y ha dicho que quiere conquistar a Jerusalén.
Erdoğan está entre las últimas personas de las que uno esperaría que ayudaran a traer una “paz eterna” a la Tierra Santa. La nominación de Turquía por parte de Trump es reveladora. Su fórmula para la paz puede dar la impresión de que “el mundo está uniéndose” y “todos los malos del mundo finalmente se dan cuenta de sus errores”. Pero son puras apariencias. Detrás de la fachada se esconden políticas de conveniencia: en pocas palabras, Israel es la parte más fácil de presionar para que se someta.
Netanyahu podría haber hecho concesiones mucho peores. Él ha hecho un trabajo admirable al enfrentarse a la opinión mundial para continuar manteniendo a salvo a su pueblo. Pero incluso él tiene sus límites. En lo que respecta a la seguridad nacional, este alto al fuego no le deja opciones favorables. Parece estar eligiendo simplemente la opción que perjudicará más lentamente a Israel.
Una herida mortal
El libro de Oseas es para los últimos días, justo antes de la Segunda Venida de Cristo (Oseas 3:5). Con esto en mente, observe esta profecía: “Y verá Efraín su enfermedad, y Judá su llaga; irá entonces Efraín a Asiria, y enviará al rey Jareb; mas él no os podrá sanar, ni os curará la llaga” (Oseas 5:13).
Judá fue el patriarca ancestral de los judíos, que hoy forman el Estado de Israel. Efraín es el antepasado patriarcal del moderno pueblo británico, mientras que Asiria es la moderna Alemania. (El libro de Herbert W. Armstrong Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía explica esto en detalle. Solicite su ejemplar gratuito en laTrompeta.es).
Esta profecía dice que el Judá moderno sería afligido con una “llaga” tan severa que atraería la atención internacional. Ningún remedio físico puede curarla. ¿Qué es esta llaga?
La Concordancia de Strong define la palabra “llaga” como “en el sentido de vendar: un vendaje, es decir, un remedio…”. El Gesenius’ Hebrew-Chaldee Lexicon la explica como “apretar juntando, o vendar una herida; aquí es usado figurativamente de un remedio aplicado a las heridas del estado…”. “En otras palabras”, escribe el redactor jefe de la Trompeta, Gerald Flurry, en Jerusalén en profecía, “¡el remedio es la llaga!”.
Israel tiene una herida nacional. Intenta aplicar un remedio, pero el remedio sólo lo empeora. La herida es tan horrenda que Israel pide ayuda internacional, pero la herida empeora aún más. De nuevo, ¿qué es esta herida?
El Sr. Flurry continúa: “¿Es el pacto de paz con los árabes la llaga israelí a la que Dios se refiere en Oseas 5:13? No habría habido pacto de paz si Judá hubiese confiado en Dios en lugar de los hombres. La palabra traducida como llaga no necesariamente se refiere a algún acto violento; mas eso indudablemente conducirá a la violencia”.
El Sr. Flurry publicó por primera vez Jerusalén en profecía en 2001, antes de que Israel se retirara de Gaza como gesto de paz hacia los palestinos, antes de que Hamás tomara el control de Gaza y la convirtiera en un estado islamista totalitario. Israel tenía entonces grandes problemas con los palestinos, pero muchos pensaban que la paz aún era posible. Durante años después, la mayoría de los israelíes seguían pensando que la solución de dos Estados tenía alguna posibilidad.
La situación en 2025 es radicalmente diferente. Casi ningún israelí cree en una solución de dos Estados. Sin embargo, nadie ha presentado una opción mejor. Lo mejor que parece esperar Israel es que los pacificadores musulmanes puedan convencer a Hamás de que renuncie a sus tierras y a sus armas y convencer a los gazatíes de que renuncien a su profundo odio genocida hacia el pueblo judío.
El Sr. Flurry calificó el proceso de paz como un remedio que es una herida. Es como un veneno tóxico con una etiqueta mal impresa que dice medicina.
La solución
Dios estableció la antigua nación de Israel para que el mundo volviera a mirar hacia Él (p. ej., Deuteronomio 4:6‑7). A través de muchos milagros, Dios estableció el moderno Estado de Israel, a pesar de que sus vecinos intentaron una y otra vez destruirlo. Dios espera que su pueblo confíe en Él para resolver sus problemas, no en otros seres humanos.
“Así dice [el Eterno]: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de [el Eterno]. Será como la retama en el desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada. Bendito el varón que confía en [el Eterno], y cuya confianza es [el Eterno]. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto” (Jeremías 17:5-8)
La única esperanza de Israel es volverse a Dios con arrepentimiento y fe y buscar en Él y en Su Palabra la solución a sus problemas. Oseas 5 concluye con Dios diciendo: “Andaré y volveré a mi lugar, hasta que reconozcan su pecado y busquen mi rostro. En su angustia me buscarán” (versículo 15).
“La verdadera llaga es espiritual; es una falta de fe en Dios”, escribe el Sr. Flurry en Jerusalén en profecía. “Los judíos siguen tratando de sanarse a sí mismos haciendo pactos de paz. Ellos fueron fuertes cuando confiaron en Dios, incluso la historia reciente prueba esa verdad. Hace poco tiempo eran el terror de los árabes. Ahora los árabes son un terror para los judíos. ¡Un vuelco total en tan poco tiempo! (…) Hoy los judíos sólo ven su herida humanamente. Pero incluso ese entendimiento llega dolorosamente despacio. Antes de que esto termine, ellos verán su herida espiritualmente, a través de los ojos de Dios. Entonces, su herida será sanada y tendrán paz para siempre”.
Hay una gran lección en Oseas 5:13 que puede extrapolarse a todos los individuos con los que Dios está trabajando. Confiar en Dios significa confiar en que Él hará por nosotros lo que no podemos hacer por nosotros mismos. El apóstol Pablo escribió que “sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6). Esto significa ver a Dios como el Dios real y vivo que es, como la autoridad final literal que debemos traer a nuestra vida y seguirle. Esto significa confiar en Su poder infinito y no en nuestra propia capacidad como la fuerza que guía nuestra vida. Dios quiere que las personas aprendan esta lección. Pero Él también quiere que las naciones, como la nación judía llamada por Su nombre, aprendan también esta lección.
Uno de los títulos de Jesucristo es “el León de la tribu de Judá” (Apocalipsis 5:5). Aunque la tribu de Judá le rechazó en su primera venida, Él sigue teniendo una relación especial con ellos. Él los considera Su propio pueblo (Juan 1:11). Dios tiene un plan para salvar a Judá, pero antes, el pueblo en su conjunto debe aprender algunas duras lecciones. La lección más importante es que el éxito nacional, en las relaciones con otros pueblos o en cualquier otro ámbito, depende de cuánto confíe la nación en el único Dios verdadero.
