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¿Es usted una persona de palabra?
“Lo haré”, dice uno. Entonces llega el momento de hacerlo. ¿Qué ocurre? ¿Cumple su palabra?
Cuando le dice a su amigo que se reunirá con él a las 6 en punto, ¿está usted listo y esperándolo a las 6 en punto? Cuando dice que tendrá ese proyecto listo para el miércoles por la mañana, ¿lo tiene terminado el martes por la noche? Cuando usted dice que hará algo, ¿saben las personas que así será? ¿Es usted un hombre o una mujer de palabra?
La sociedad actual sencillamente no da prioridad a cumplir su palabra. Y tendemos a justificarnos: así pasa, no es para tanto. Por eso, a la mayoría de nosotros se nos dificulta reconocer el grave problema de carácter que es el faltar a nuestra palabra.
“Hace poco, un destacado hombre público fue criticado en todo el mundo periodístico por no tener el suficiente carácter para cumplir sus promesas”, escribió Orison Swett Marden en su libro de 1916 Hacer de la vida una obra maestra. “No tuvo la fortaleza para cumplir cuando hacerlo resultó difícil” (énfasis añadido).
Muy a menudo ese es el problema: uno dice que hará algo, pero luego las circunstancias cambian y se da cuenta de que hay inconvenientes que no se habían previsto. De repente, lo que dijo que haría no parece merecer la pena. Pero piense en el costo, a largo plazo, de perder su credibilidad. Piense en el alto costo de desarrollar una reputación poco fiable. Piense en el alto costo de comprometer su carácter.
“No tenía la madera, la fibra de carácter, para mantenerse firme y hacer lo que sabía que era correcto y que había prometido hacer”, continuó Marden. “El mundo está lleno de esas personas con consistencia de gelatina que no tienen suficiente calcio en su columna vertebral para mantenerse firmes, y hacer lo correcto. Ellos siempre buscan destacar por su buena intención y luego, cuando llega la hora de la verdad, toman el camino del menor esfuerzo, haciendo lo que les cueste menos sacrificio o dinero, sin importarles las consecuencias posteriores. Creen que pueden ser tan poco escrupulosos a la hora de romper sus promesas como lo fueron al hacerlas. Pero tarde o temprano el destino nos obliga a jugar limpio o a salirnos del juego”.
¿Qué piensa Dios? Pues Él cumple Su Palabra (Números 23:19). Cuando Él dice que hará algo, lo hace. Cuando Él hace una promesa, la cumple. Podemos contar con que Él cumplirá siempre cada una de Sus palabras. Ni una jota ni una tilde pasará de la Palabra de Dios, hasta que todo se haya cumplido (Mateo 5:18).
En el Antiguo Testamento hay leyes que dicen que si se hace un voto, más vale cumplirlo (Números 30:2; Deuteronomio 23:21-23). Estas nos dicen que es mejor no decir algo, que decirlo y no hacerlo. Si lo piensa bien, faltar a su palabra es en realidad quebrantar el Noveno Mandamiento, que prohíbe hablar falso testimonio (Éxodo 20:16). Cuando da su palabra, el no cumplirla le convierte en un mentiroso.
Podemos decir todo tipo de mentiras potenciales sin pensarlo dos veces: lo haré; estaré allí; lo recogeré; lo traeré; le ayudaré. No diga esas cosas si no está dispuesto a llevarlas a cabo incluso cuando le sea inconveniente. Jesucristo dijo que “de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio” (Mateo 12:36). Cuando usted dice lo haré, usted está firmando un contrato con su nombre y poniendo en juego su reputación y su carácter. Hace unas cuantas décadas, muchas, si no es que casi todas de las transacciones comerciales importantes se sellaban con la palabra de un hombre y su respectivo apretón de manos. Sin formularios. Sin abogados. Sin contratos. El contrato era que alguien lo dijera. Pero la sociedad moderna se ha alejado cada vez más de una vida de honestidad, rectitud, integridad, verdad y honradez. Ahora, los acuerdos deben estar respaldados por contratos minuiciosamente redactados, firmados y notariados, ¡porque no se puede confiar en que las personas cumplan su palabra! Si todo el mundo se esforzara y luchara por guardar su palabra, sin importar los obstáculos, ¡no necesitaríamos contratos ni abogados!
¿Cómo puede convertirse usted en una persona de palabra? 1) Tenga cuidado con lo que promete. Si no está seguro de poder cumplirlo, no se comprometa (Santiago 4:13-14). 2) Cuando no pueda hacerlo, admítalo. Aprenda a decir que no. 3) Una vez que lo haya dicho, hágalo. Haga lo que tenga que hacer para recordar y luego cumplir lo que dijo, sin excusas ni titubeos. 4) Si falta a su palabra, admítalo. No mienta ni invente alguna excusa. Cuando cometa un error, discúlpese y haga lo posible por solucionarlo.
“Un hombre ya es alguien de importancia en el mundo cuando se sabe que podemos confiar ciegamente en él”, dijo Lord Edward Bulwer-Lytton. “He visto con frecuencia en la vida que se prefiere a una persona por encima de una larga lista de aspirantes para algún cargo importante, lo cual lo eleva de inmediato a una posición de prestigio y fortuna, simplemente porque tiene esta reputación: que cuando esa persona dice que sabe una cosa, la sabe, y cuando dice que hará una cosa, la hará”.
¿Cuál es su reputación? ¡Cumplir su palabra debería ser tan importante como guardar los Diez Mandamientos! Porque se trata de guardar los Diez Mandamientos. En realidad, es el amor de Dios.
