JULIA HENDERSON/LA TROMPETA
¿Es esta la edad de oro de EE UU?
La edad de oro de Estados Unidos ha llegado”, declaró el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al final de su discurso sobre el Estado de la Unión, el 24 de febrero. Este ha sido uno de sus temas favoritos desde su reelección: “Nuestra nación ha vuelto: más grande, mejor, más rica y más fuerte que nunca”. Continuó: “Hace poco tiempo éramos un país muerto. Ahora somos el país con mayor auge de todo el mundo”.
En cierto sentido, tiene razón. Tras los amargos años de Barack Obama y Joe Biden, algunas tendencias han sido cambios bienvenidos: la disminución de la delincuencia, el cierre de la frontera a la migración ilegal, un firme rechazo al izquierdismo y a la tiranía progresista, y la restauración de algunas libertades personales.
Pero debemos ver el panorama más amplio y obtener una comprensión, basada en la Biblia, de la era en la que se encuentra EE UU en este momento. El aniversario 250 de la fundación de la nación es el momento perfecto para dar un paso atrás y observar con detenimiento en qué se ha convertido Estados Unidos de Norteamérica.
Hace 250 años, los fundadores de EE UU emprendieron un audaz experimento de libertad humana basado en un entendimiento de la ley, el gobierno y la naturaleza humana influido por la Biblia. En 1776, el año en que Thomas Jefferson redactó la Declaración de Independencia, John Adams escribió a su primo: “Son únicamente la religión y la moral las que pueden establecer los principios sobre los cuales la libertad puede sostenerse con firmeza”. Esto estaba en la mente de los fundadores. ¡La religión y la moral eran los dos pilares fundamentales sobre los cuales se edificó EE UU!
En 1798, Adams afirmó: “Nuestra Constitución fue hecha sólo para un pueblo moral y religioso. Es del todo inadecuada para el gobierno de cualquier otro”.
La pregunta es: ¿ha sobrevivido ese fundamento de religión y moral a los últimos 250 años?
La triste realidad es que el experimento estadounidense ya no es verdaderamente moral ni religioso. El EE UU de 1776 existe únicamente en los libros de historia. El EE UU moderno ha repudiado este fundamento. Generación tras generación, los líderes y el pueblo han elegido una vida sin respeto por la ley. En 2026 vivimos en un tiempo peligroso, “cuando los transgresores llegan al colmo” (Daniel 8:23). ¡Nunca hemos sido más pecaminosos que ahora mismo!
Es tentador culpar de los problemas de esta nación a la izquierda radical y a los demócratas. En efecto, ellos cargan con gran parte de la culpa por intentar deliberadamente destruir a EE UU, y deben rendir cuentas por ello. Pero Dios está tratando de que veamos cómo todos somos culpables de los problemas de este país. Sea uno liberal progresista, conservador evangélico o cualquier cosa intermedia, ¡todos debemos asumir la responsabilidad de nuestros propios pecados!
Este no es un mensaje popular para proclamar mientras EE UU celebra. Pero la Trompeta debe hacer lo que dice Isaías 58:1: “Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado”. Dios no se somete a la opinión pública ni a la voluntad de los hombres. ¡Dios hace resonar un fuerte mensaje de advertencia al pueblo de EE UU basado en la verdad!
El presidente Trump cree que el cumpleaños 250 de EE UU es el comienzo de una nueva edad de oro: “Nuestro destino está escrito por la mano de la Providencia, y estos primeros 250 años fueron sólo el comienzo”. Pero la historia y la profecía prueban que, a menos que nos arrepintamos, nuestra nación en realidad se enfrenta a su fin.
Resurgimiento
De todos los presidentes modernos, Donald Trump debería comprender la mano de Dios en el destino de EE UU. ¡El 13 de julio de 2024, en Butler, Pensilvania, fue el centro de un milagro de Dios, presenciado en vivo por el mundo! La bala de un asesino debería haberlo matado, pero inclinó la cabeza en el momento perfecto, y Dios le salvó la vida. El presidente lo cree, y también muchos de ustedes que leen esto.
Pero ¿sabe usted por qué sucedió eso?
El redactor jefe de la Trompeta, Gerald Flurry, ha relacionado al presidente Trump con una profecía de 2 Reyes 14:26-27. “La profecía bíblica dice que Donald Trump va a liderar un resurgimiento en EE UU”, escribió en nuestro número de enero de 2025. “A juzgar por la magnitud de su victoria, este resurgimiento podría ser significativo e impresionante. Debemos ver que esto no es obra de un hombre. Es obra de Dios”. Y continuó escribiendo: “Estas elecciones mostraron el profundo amor y la misericordia de Dios hacia EE UU. (…)
“Nunca olvide que es Dios quien se apiadó de EE UU en nuestra amarga aflicción y nos salvó —temporalmente— de la mano de Donald Trump”.
EE UU está experimentando un resurgimiento temporal. El propósito de este resurgimiento no es celebrar a nuestro presidente ni a nosotros mismos, sino dar a nuestra nación una última oportunidad de arrepentirse. La fuente es Dios y Su misericordia, no el liderazgo “genial” de este hombre. ¡Este hombre no estaría liderando en absoluto —ni siquiera estaría vivo— sin Dios!
El Sr. Flurry escribió en la Trompeta de marzo de 2025: “Dios quiere hacer que el resurgimiento temporal de EE UU sea permanente. Pero eso sólo ocurrirá si nosotros, como pueblo, nos arrepentimos de verdad, genuinamente, y nos volvemos a Dios, y eso incluye al presidente” (laTrompeta.es/1/9tpdp).
Desde que Dios devolvió a Trump al cargo, se ha hablado un poco de arrepentimiento, pero no ha habido ningún cambio. Las palabras de autofelicitación y autoelogio se han multiplicado; la gente se está rompiendo los brazos de tanto darse palmaditas en la espalda durante las celebraciones del aniversario 250. Hay mucho orgullo... y muy poca humildad.
Cegados por la vanidad
El carácter de un líder, bueno o malo, sí influye en el pueblo que dirige. Al mismo tiempo, el carácter de la nación moldea al líder.
Contrastar al primer presidente de EE UU con el actual nos dice mucho sobre nuestro carácter nacional.
“El 16 de abril de 1789, George Washington dejó las comodidades de Mount Vernon para emprender el viaje hacia la nueva capital de nuestra nación, la ciudad de Nueva York”, escribió John Teichert en RealClearPolitics. “… En la primera línea de su discurso inaugural, el 30 de abril, el presidente Washington declaró lo siguiente mientras temblaba en las Cámaras del Senado del Federal Hall: ‘Entre las vicisitudes propias de la vida, ningún acontecimiento podría haberme llenado de mayor inquietud que aquel cuya notificación fue transmitida por orden de ustedes y recibida el día 14 del presente mes’. Pasó a admitir que era ‘especialmente consciente de sus propias deficiencias” (“La primera toma de posesión de una nación, caracterizada por una humildad reverente”, 30 de abril).
Humildad reverente: esa es una mentalidad muy diferente de la que se ve hoy en nuestro presidente, quien cree que tiene todas las respuestas y se niega a admitir un error.
¿Por qué es esto tan importante? Porque Dios dice: “Miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra” (Isaías 66:2). Por eso, cada día necesitamos estar revestidos de humildad: porque nos ayuda a mirar a Dios. El orgullo es uno de los terribles rasgos de la naturaleza humana. Si no buscamos a Dios, estamos confiando en nuestra propia fuerza y en nuestro propio razonamiento. Y es peligroso estar en esa posición (Proverbios 3:5-8; Jeremías 17:5).
¿Acaso las celebraciones del aniversario 250 de EE UU transmiten un espíritu de humildad reverente?
Una de las mayores debilidades del presidente Trump es su orgullo. Cree que es uno de los presidentes más importantes de la historia y que todas sus políticas son las más grandes, las mejores y las más exitosas de la historia estadounidense. Hizo esta impactante declaración en una entrevista con el New York Times, publicada el 8 de enero, cuando le preguntaron si algo limitaba su autoridad: “Sí, hay una cosa: mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme”.
El presidente Trump ha sido un hombre muy exitoso y tiene algunas grandes cualidades que Dios puede usar. Pero su orgullo conducirá a su caída, y a la caída de EE UU: “Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu” (Proverbios 16:18).
La realidad es que el presidente Trump fue moldeado en parte por el EE UU en el que creció. El orgullo es común en nuestra cultura terapéutica y consumista, donde la telerrealidad, las redes sociales y los influenciadores amplifican la autopromoción y el ensimismamiento. La gente busca validación a través de la imagen y el estatus en lugar del carácter o la comunidad.
¿Qué piensa Dios del orgullo? “Abominación es a [el Eterno] todo altivo de corazón” (Proverbios 16:5; vea también Proverbios 8:13; Santiago 4:6). ¡Hacernos una abominación para Dios es un error grave! Sin embargo, el orgullo, en sus diversas y sutiles formas, está tan extendido hoy en EE UU que apenas lo consideramos un pecado. De muchas maneras se fomenta, ¡e incluso se exalta!
Pero el orgullo es pecado. Es contrario al espíritu mismo de la ley de Dios. La ley de Dios es lo que define el pecado (1 Juan 3:4). En muchos sentidos, el orgullo es la raíz de todo pecado. Fue el orgullo lo que apartó de Dios al arcángel Lucero y alimentó su transformación en el adversario, Satanás el diablo (Isaías 14:12-14; Ezequiel 28:17). No es de extrañar que Dios lo aborrezca tanto (lea Proverbios 6:16-17).
Y este no es, ni mucho menos, el único pecado común en EE UU hoy día.
‘Nación del pecado’
Axios, una fuente de noticias de tendencia generalmente izquierdista, publicó un artículo asombroso el 12 de mayo titulado “Scaling Sin” [Pecado a gran escala]. “Las Vegas ha sido conocida durante mucho tiempo como la Ciudad del Pecado por su acceso ininterrumpido a toda clase de indecencias. EE UU se está convirtiendo rápidamente en la Nación del Pecado”, afirmó. Citó tres “vicios antes prohibidos” específicos —el consumo de marihuana, los juegos de azar y la pornografía— que se han vuelto “ubicuos, digitales y se propagan a un ritmo que ha superado las barreras sociales y regulatorias del país”.
Hasta la gente de Axios puede ver el pecado en aumento en EE UU. Pero no exactamente lo condenan; señalan algunos hechos preocupantes, pero no hablan del arrepentimiento ni de las consecuencias de vivir en pecado.
Veamos brevemente estos tres pecados que se propagan rápidamente por EE UU.
Primero, en cuanto a la marihuana, Axios explicó: “No hace mucho, uno podía ir a la cárcel por consumir marihuana, y mucho más por venderla. Ahora es legal para una gran franja de estadounidenses y sirve como un motor fiscal primordial para casi la mitad del país”. Veinticuatro Estados han legalizado la marihuana recreativa; 40 Estados la permiten para uso medicinal. La administración Trump está facilitando su acceso al reclasificarla como droga de la Lista iii, junto con los esteroides y la ketamina. Lo asombroso es la cantidad de dinero que el gobierno gana con ella: los Estados han recaudado 25.000 millones de dólares en impuestos al cannabis desde 2014, cuando se legalizó. El 2024 fue un año récord, con 4.400 millones de dólares.
Esto es lo que Axios no dijo: la marihuana altera la mente y contamina el cuerpo; afecta el juicio; causa daños respiratorios y cardiovasculares; aumenta los problemas de salud mental, como la ansiedad, la depresión y la psicosis; reduce la motivación y crea adicción; y a menudo conduce a drogas más fuertes. Es ubicua, está destruyendo mentes, está debilitando a nuestro pueblo y a nuestra nación, ¡y nuestros gobiernos federal y estatal la están fomentando!
Y esto es lo que usted nunca leerá en Axios: Dios nos dice que debemos glorificarlo con nuestro cuerpo (1 Corintios 6:20). Él ordena que permanezcamos sobrios y con la mente clara (p. ej., 1 Tesalonicenses 5:6; 1 Pedro 1:13; 5:8). Aunque la Escritura no menciona específicamente la marihuana, condena la intoxicación (p. ej., Efesios 5:18; Romanos 13:13). Dios quiere que dominemos nuestras concupiscencias, que desarrollemos dominio propio y que pongamos nuestro afecto en las cosas de arriba (p. ej., 1 Corintios 6:12; Gálatas 5:23; Colosenses 3:1-2). Los efectos nocivos del consumo de marihuana por sí solos demuestran que es un pecado, además del hecho de que se opone a todos estos principios y mandamientos bíblicos. Esto hace aún más extraordinario que nuestros gobiernos lo fomenten y se lucren tan abundantemente con ello.
Luego, los juegos de azar también se han disparado: “Más de la mitad de los hombres estadounidenses de 18 a 49 años tienen una cuenta con una casa de apuestas deportivas en línea, según una encuesta de Siena publicada el mes pasado”, escribió Axios. “El 63% de los apostadores dijeron que apostarían 100 dólares o más en un solo día. El 31% informó que alguien había expresado preocupación por sus apuestas deportivas, frente al 23% del año pasado”. Todo evento deportivo y programa de radio ofrece ahora anuncios de apuestas deportivas. No es necesario visitar Las Vegas ni el casino local para alimentar una adicción a los juegos de azar: todo lo que se necesita es un teléfono inteligente.
A medida que proliferan los juegos de azar, también lo hacen las señales de advertencia sobre sus males. Los juegos de azar explotan a los pobres, son altamente adictivos, llevan a muchos a la deuda y la desesperación, y destruyen vidas y familias. Han alimentado un acoso desenfrenado y amenazas de muerte contra los atletas por parte de apostadores furiosos. Imponen miles de millones anuales en costos sociales y económicos.
Estos alarmantes efectos explican por qué Dios los prohíbe. Los juegos de azar son impulsados por el deseo egoísta y codicioso de hacerse rico rápidamente a costa de otro. “Las riquezas de vanidad disminuirán; pero el que recoge con mano laboriosa las aumenta. (…) Alborota su casa el codicioso…” (Proverbios 13:11; 15:27). La ley de Dios prohíbe la codicia, el materialismo, la avaricia y el amor desmedido al dinero (p. ej., Éxodo 20:17; Mateo 6:24; 1 Timoteo 6:10). Los juegos de azar alimentan la avaricia, malgastan los recursos, dañan a otros y reemplazan la dependencia de Dios por la dependencia del azar. Dios quiere que trabajemos honestamente, demos con generosidad y confiemos en Él: lo opuesto a los juegos de azar. Una nación que ignora esta sabiduría y se entrega a este pecado se está dañando a sí misma y enojando a Dios.
Tercero, el flagelo de la pornografía se ha vuelto un elemento fijo de la sociedad, ¡uno de los pecados más universales de EE UU! “La edad promedio de la primera exposición a la pornografía en línea es ahora de 12 años, y el 15% de los niños la ven por primera vez a los 10 años o menos, según una encuesta de Common Sense Media realizada a más de 1.300 adolescentes”, continuó Axios. En esta edad de oro del pecado, usted puede acceder a toda la inmundicia que quiera desde su teléfono, en su casa, en secreto. Aproximadamente 40 millones de estadounidenses visitan sitios web de pornografía con regularidad. Los estudios muestran que entre el 54% y el 64% de los hombres que se consideran cristianos reportan ver pornografía al menos una vez al mes.
“La pornografía en línea ya era ubicua antes de la IA”, continuó Axios. “Ahora, la tecnología de deepfakes [ultrafalsos] ha creado una categoría de daño completamente nueva que apenas existía hace dos años. (…) Los archivos deepfake en línea se dispararon de 500.000 en 2023 a unos 8 millones para finales del año pasado, y hasta el 98% son no consentidos, según la firma de ciberseguridad DeepStrike”.
Este pecado también tiene consecuencias espantosas. La pornografía es altamente adictiva. Reconfigura el cerebro como las drogas, causando insensibilización, reducción de la materia gris y un escaso control de los impulsos. Aumenta la depresión, la ansiedad y la vergüenza. Destruye relaciones, aumenta la disfunción sexual e impulsa el avance hacia contenido más extremo. Más allá de eso, alimenta una enorme industria de trata y explotación sexual. ¡Y se estima que el 20% de las imágenes pornográficas en Internet incluyen representaciones de niños! ¡La pornografía infantil es un gran negocio en EE UU!
La pornografía alimenta la concupiscencia. Trata a las personas (a menudo explotadas) como objetos para el placer egoísta. Viola la pureza y contamina la mente y el corazón. Jesucristo dijo que mirarla quebranta el Séptimo Mandamiento, que prohíbe el adulterio (Mateo 5:28). Dios nos ordena huir de los pecados sexuales y hacer morir las concupiscencias de la carne (1 Corintios 6:18; Colosenses 3:5). No hacerlo nos debilita mental, física y espiritualmente. Arruina nuestras familias y nuestra nación.
La enfermedad de EE UU es más profunda de lo que el presidente Trump y sus partidarios admiten. Dicen, en efecto, que Dios bendecirá a esta nación tal como está. La Biblia advierte lo contrario.
Cosas que Dios aborrece
Quizá usted no esté entre el 70% u 80% de estadounidenses que en el último año han consumido marihuana, han apostado o han visto pornografía. Pero todavía hay muchos más pecados que son aún más comunes.
“Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión; pero [el Eterno] pesa los espíritus. (…) Todo camino del hombre es recto en su propia opinión; pero [el Eterno] pesa los corazones” (Proverbios 16:2; 21:2). Si medimos nuestras acciones con nuestros propios criterios, terminaremos justificando y excusando un comportamiento atroz. Necesitamos la perspectiva de Dios. Y para ello, cada uno de nosotros necesita mirar a la Palabra de Dios.
Proverbios 6:16-19 describe siete cosas que Dios aborrece, que incluso considera abominables. Estos no son simples “pecadillos” ni errores menores. ¡Son cosas que Dios aborrece activamente, pecados que provocan Su justa ira, pecados que acarrean graves consecuencias!
¿Cuáles son estos pecados? El primero de la lista son “los ojos altivos”: ojos arrogantes y soberbios; una expresión facial despectiva. ¿Quién en EE UU siquiera piensa en esto como un pecado? Sin embargo, tal mirada refleja el orgullo que Dios aborrece con tanta pasión.
A continuación está “la lengua mentirosa”: la mentira y el engaño habituales. ¿Podría este pecado estar más extendido, de arriba abajo, en la sociedad? Nadamos en manipulación política, “noticias falsas”, engaño publicitario, manipulación en las redes sociales, mentiras piadosas, mentiras sociales, exageración y adorno, adulación y cumplidos fingidos. Los estudios muestran que la mayoría de las personas mienten varias veces al día. Más adelante en esta lista de pecados está “el testigo falso que habla mentiras”: es decir, las acusaciones falsas, la calumnia y el perjurio. Vemos y aceptamos este pecado en toda nuestra política, nuestro sistema de justicia, nuestro periodismo, y también en las intrigas de oficina y en nuestras redes sociales. Dios aborrece todo esto.
El versículo 17 dice que Dios aborrece “las manos derramadoras de sangre inocente”. EE UU tiene una tasa de homicidios muchas veces mayor que la de otros países desarrollados y la tasa de tiroteos masivos más alta del mundo. Mucho más común es el aborto, ¡sin duda, el derramamiento de sangre inocente! En EE UU se practicaron más de 1,1 millones de abortos en 2025. Se estima que 64 millones de niños estadounidenses fueron abortados durante los aproximadamente 50 años en que Roe contra Wade estuvo en vigor (1973 a 2022), y desde entonces se han producido alrededor de 3,4 millones de abortos. ¡Eso es verdaderamente una abominación para Dios!
Reflexione sobre el resto de este pasaje: Dios aborrece “el corazón que maquina pensamientos inicuos”, que trama constantemente planes malvados, como se ve tan comúnmente en el entretenimiento que glorifica ideas retorcidas, odio impulsado por conspiraciones y otras formas. Aborrece “los pies presurosos para correr al mal”, que se lanzan con avidez al pecado o a los problemas, como es habitual en nuestra cultura impulsiva: la ira al volante, los disturbios y las turbas.
Dios aborrece al “que siembra discordia entre hermanos”, a quienes provocan contienda y división entre las personas. Esto satura la sociedad estadounidense: la polarización política, los algoritmos de las redes sociales que premian la indignación, las divisiones en las Iglesias, las disputas familiares y la cultura del chisme profesional.
¿De cuántos de estos pecados es usted culpable? ¿Se da cuenta de cuán airado está Dios por lo universales que son estos en EE UU actualmente? Pocas personas se inquietan siquiera por la mayoría de estos males.
Dios nos da Su honesta evaluación del EE UU de 2026: “¿Por qué querréis ser castigados aún? ¿Todavía os rebelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente. Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite” (Isaías 1:5-6). ¡Cada parte de EE UU está espiritualmente enferma! Estamos llenos de llagas abiertas y supurantes que están trayendo dolor, sufrimiento y maldiciones sobre nuestra nación.
Tiempos peligrosos
Vivimos en tiempos peligrosos, tal como profetizó el apóstol Pablo: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios” (2 Timoteo 3:1-4).
¿Qué hace que nuestros tiempos sean tan peligrosos? Pablo podría haber hablado de la proliferación de armas de destrucción masiva, o de la amenaza de pandemias o del ciberterrorismo. ¡Pero lo primero que mencionó fueron los hombres amadores de sí mismos! ¡El amor propio es una forma de orgullo, y es un pecado peligroso!
Pablo advirtió sobre personas avaras, vanagloriosas y soberbias. ¡Estos pecados están por todas partes! Por todos lados vemos blasfemos que hablan mal de Dios o de las cosas sagradas. Las personas son ingratas, alimentan una mentalidad de victimismo, se quejan y se enfocan en lo que les falta en lugar de en su prosperidad y bendiciones sin paralelo. Son impías, irreverentes o profanas, y normalizan el comportamiento inmoral.
La mayoría de los niños hoy día son desobedientes a los padres, ya que la autoridad familiar se ha debilitado y la rebeldía a menudo se glorifica en nuestro entretenimiento. Las personas sin afecto natural, desalmadas y carentes de amor familiar, están alimentando las altas tasas de divorcio, las tasas de aborto, el abandono de los ancianos y el debilitamiento de los lazos familiares. Estos pecados destruyen una institución que EE UU verdaderamente necesita: la familia. Los hombres se han vuelto depredadores en lugar de protectores. Las mujeres abortan a sus hijos en lugar de criarlos. Los niños mandan en las familias en lugar de que se les enseñe cómo vivir. Vivimos en la “edad de oro” de la disfunción y el colapso familiares.
Los implacables, indignos de confianza e irreconciliables, dejan a su paso contratos rotos, traición política y una confianza social en declive. Los calumniadores, difamadores y mentirosos figuran de manera prominente en la vida pública. Los intemperantes, que carecen de dominio propio y mesura, son evidentes en nuestra epidemia de obesidad, las tasas de adicción, el gasto impulsivo y los arrebatos emocionales. Las personas crueles —brutales, salvajes o violentas— contribuyen a la retórica polarizadora y airada, además de al crimen violento.
El resto de los rasgos sobre los que Pablo nos advirtió también son sumamente conocidos en EE UU hoy. Concluye su lista con los amadores de los deleites más que de Dios: una condena de la adicción hedonista al entretenimiento, la búsqueda de la comodidad, los deportes y la adoración de ídolos que impregnan nuestra cultura.
Estos son sólo algunos de los pecados a los que la mayoría de los estadounidenses —viejos y jóvenes, ricos y pobres, de izquierda y de derecha, religiosos y no religiosos— se entregan libremente, por lo general sin pensarlo dos veces. Se podrían añadir otros pecados comunes, como el odio, la inmodestia, el espíritu partidista, la glotonería, la homosexualidad, la profanación del Sábado, la idolatría y la hechicería.
¡Estos pasajes dan una idea clara de lo que Dios piensa respecto a lo que nos estamos haciendo a nosotros mismos, a nuestros hijos, a nuestras familias, a nuestra nación y al mundo! ¡Todos estos son pecados contra el Dios viviente!
¿Podemos realmente decir que EE UU vive una edad de oro, cuando ni siquiera estamos dispuestos a reconocer y abordar nuestros pecados, por los cuales Dios está profundamente airado? ¿Cuán pecaminosos debemos ser antes de admitir nuestra maldad, atacarla y destruirla?
¿Reconsagrados a Dios?
Una característica de las festividades del aniversario 250 ha sido el entretejido de la historia y la religión.
El Museo de la Biblia celebró el patrimonio de EE UU con una lectura maratónica de la Biblia, de corrido desde Génesis hasta Apocalipsis. El presidente Trump participó en el evento y leyó 2 Crónicas 7:12-22. Esto incluye el versículo 14: “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”.
¡Si uno quisiera que el presidente de EE UU leyera un pasaje en particular, este estaría entre los primeros de la lista! Para crédito del presidente, leyó el pasaje completo, a diferencia de muchas figuras públicas en años recientes que han omitido “y se convirtieren de sus malos caminos”, borrando el llamado al arrepentimiento del versículo.
¡Aun así, de la propia boca del presidente Trump ha salido su juicio!
Dios desea profundamente sanar nuestra tierra; pero, antes de hacerlo, debemos humillarnos, debemos orar, debemos buscar el rostro de Dios y debemos convertirnos de nuestros malos caminos. ¡Eso es verdadero arrepentimiento del pecado!
En medio de toda la conversación sobre un avivamiento religioso en EE UU, ¿ha habido algún cambio significativo en nuestro estilo de vida?
Jesús habló sin rodeos en Lucas 6:46: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?”. Estaba condenando la religión de apariencia piadosa que pasa por alto el arrepentimiento, que no apunta a la obediencia: ¡una religión que tolera e incluso comete pecados horribles!
Aun cuando el presidente Trump respalda la religión, tiene previsto ser el anfitrión del ufc 250, un evento de artes marciales mixtas en el que los peleadores se golpean, patean y derriban unos a otros dentro de una jaula, en la Casa Blanca el 14 de junio. Este evento es para celebrar el cumpleaños 80 de Trump y el aniversario 250 de EE UU. ¿Se complace Dios cuando celebramos cumpleaños con combates de gladiadores?
En muchos sentidos, este evento personifica la superficialidad de la religiosidad de estas celebraciones.
Observe 2 Crónicas 7:19-20, que el presidente Trump también leyó: “Mas si vosotros os volviereis, y dejareis mis estatutos y mandamientos que he puesto delante de vosotros, y fuereis y sirviereis a dioses ajenos, y los adorareis, yo os arrancaré de mi tierra que os he dado; y esta casa que he santificado a mi nombre, yo la arrojaré de mi presencia, y la pondré por burla y escarnio de todos los pueblos”.
¡Esta es una profecía de lo que les sucede a las naciones que rechazan a Dios! ¡Dios ha estado advirtiendo a EE UU sobre esto por medio del difunto Herbert W. Armstrong y del Sr. Flurry durante casi un siglo! A menos que tomemos medidas drásticas, EE UU se convertirá en escarnio y burla.
El Sr. Armstrong escribió en su libro de 1964 God Speaks Out on the New Morality [Dios se pronuncia sobre la nueva moralidad] que la “caída en picada” de la moral “¡se estaba convirtiendo rápidamente en una amenaza mayor para la humanidad que la bomba de hidrógeno!”. Esto se debe a que una bomba de hidrógeno destruye el cuerpo, pero el pecado destruye el espíritu, la mente y el corazón humanos.
En La dimensión desconocida de la sexualidad escribió: “Como es innegable que el baluarte de una sociedad estable y permanente es su estructura familiar sólida, lo anterior señala un hecho absoluto: la civilización, tal como la conocemos, está decayendo y acabará por desintegrarse… a menos que intervenga de algún lado una gran “mano fuerte” para salvar a esta sociedad enferma”. Él tenía un poderoso mensaje de Dios acerca de la vida familiar correcta (vea Malaquías 4:4-6). EE UU ha abrazado el estilo de vida opuesto, y enfrentaremos las consecuencias.
Esta no es la edad de oro de EE UU. Es la edad de oro del pecado.
La verdadera edad de oro
EE UU desciende del Israel bíblico. Esta es una verdad fundamental que le ayudará a comprender las profecías de la Biblia que predicen el destino de nuestra nación. (Puede comprobarlo solicitando un ejemplar gratuito de Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía.)
Nuestros antepasados israelitas cayeron como nación porque cada uno hacía lo que bien le parecía (Jueces 21:25). El pueblo estaba profundamente degenerado y sólo se preocupaba por sí mismo. Los líderes no los llamaban a enmendar sus caminos ni a hacer profundos sacrificios en tiempos difíciles. Eso llevó a su caída.
Dios hizo que esta historia se registrara para que aprendiéramos de ella y pudiéramos evitar los mismos errores (p. ej., 1 Corintios 10:6-11). Él nos advierte porque se preocupa con amor. ¡Pero eso no sirve de nada si no prestamos atención!
Hemos olvidado la historia de nuestros antepasados, hemos abandonado los ideales de nuestros Padres Fundadores y, lo más importante, hemos abandonado a nuestro Dios.
EE UU no tiene otros 250 años. Probablemente no tenga otros cinco años. Si no nos arrepentimos, EE UU sufrirá enormemente, y muy pronto.
¡Pero un futuro mucho mejor nos aguarda! Todo conduce al comienzo de una nueva edad de oro.
El Sr. Flurry concluyó su artículo de marzo de 2025: “La edad dorada que promete Donald Trump es ilusoria. Pero la era dorada que Dios Mismo promete es segura, ¡y está casi aquí!”.
¡Cuando la humanidad finalmente haya sido humillada, al darse cuenta de que todo lo que hemos hecho está mal, y cuando hayamos abandonado todos nuestros pecados, entonces Jesucristo podrá edificar una nueva nación, un reino, que es el verdadero gobierno de Dios sobre la Tierra! Será un reino de ley y libertad, un reino de paz y prosperidad. ¡Esas son las maravillosas buenas noticias del Reino de Dios!
