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Darwin

JULIA GODDARD, REESE ZOELLNER/ LA TROMPETA

¿Era racional Charles Darwin?

Los evolucionistas no quieren que usted conozca la razón real de por qué el padre de la evolución abandonó la Biblia.

La mayoría de las personas con educación universitaria piensan que la teoría de la evolución es una explicación científica y racional de la creación. Ellos creen que el relato de la creación en la Biblia, es una religión irracional basada en la fe . Consideran a Charles Darwin como un científico imparcial que liberó a la gente de la superstición religiosa permitiendo que la evidencia y la lógica guiaran su pensamiento.

En 2009 Janet Browne, una profesora de Harvard, instó a sus oyentes a usar el bicentenario del nacimiento de Darwin para reafirmar su fe en él como una “figura insigne de la ciencia racional”.

Todo estudiante de secundaria y universidad aprende las ideas de Darwin concernientes a la evolución. Pero pocos estudian la vida misma de Darwin.

¿Quién fue Charles Darwin? ¿Qué lo motivó?

Lo que usted está a punto de leer es desconocido por la mayoría de la gente, incluso por estudiantes de biología. ¡Los evolucionistas quieren que esta información se mantenga en secreto!

Rechazando a Génesis

Charles Darwin nació en Inglaterra el 12 de febrero de 1809. Su padre no era religioso, y su abuelo, Erasmus Darwin, creía en la teoría de la transmutación, la cual sostiene que unas especies se transforman en otras a lo largo de muchas generaciones. La madre de Charles era una cristiana unitaria. Sus padres lo habían bautizado en la Iglesia Anglicana siendo un bebé, y la madre de Charles le enseñó a orar y leer la Biblia. Charles aceptó las creencias unitarias de su madre durante su crianza, antes de irse a la escuela de medicina.

Durante su estancia en la Universidad de Edimburgo, Charles leía las teorías de su abuelo acerca de la transmutación. Él no estaba muy seguro de ellas. Erasmus Darwin había escrito que las plantas y los animales podían transmitir las características que ellos desarrollaban durante su vida a la siguiente generación, y condenó a la religión como una enfermedad psicológica. Especialmente condenó la idea de que los no creyentes se quemaran por la eternidad en el infierno.

Charles no fue un buen estudiante y finalmente abandonó la escuela de medicina.

Su padre entonces lo envió a la Universidad de Cambridge, y ahí estudiar para ser sacerdote anglicano. Aquí, Charles estudió la Teología Natural de William Paley y los Treinta y nueve Artículos de Religión de la Iglesia Anglicana. Paley criticaba directamente la idea de Erasmus Darwin de que los organismos pudieran transmitir las características adquiridas a sus descendientes señalando que los hijos judíos no nacen circuncidados sólo porque sus padres son circuncidados. Él también ofrecía pruebas racionales de la existencia de Dios argumentando que una creación requiere de un Creador, lo mismo que un reloj requiere de un relojero. El libro de Paley impresionó profundamente a Charles. Él más tarde escribió, “No creo haber admirado más un libro que la Teología Natural de Paley: Casi podía recitarlo de memoria”. Pero él no estaba seguro acerca de los Treinta y Nueve Artículos de Religión.

Los Treinta y Nueve Artículos declaraban que Jesucristo “descendió al infierno” después de Su crucifixión. Al igual que su abuelo, Charles odiaba la idea de que Dios torturara a la gente eternamente. Él pensaba que su abuelo podría estar equivocado acerca de cómo una especie de animal transmutaba en otra, pero estaba comenzando a tener dudas acerca del Dios que torturaría a alguien (como su abuelo), eternamente en el infierno. (Para entender lo que en realidad la Biblia enseña acerca del infierno, lea nuestro artículo “What Is Hell?” (¿Qué es el infierno?, disponible sólo en inglés).

Luego de graduarse en 1831, uno de los profesores de botánica de Charles organizó para él un trabajo (sin salario) como naturalista en el barco hms Beagle. Antes que el barco partiera, el capitán le dio a Darwin una copia de Los Principios de la Geología de Charles Lyell. Aquí fue cuando sus creencias religiosas realmente comenzaron a cambiar.

Charles Lyell fue un geólogo escocés quien más tarde se convertiría en amigo de Darwin. Él odiaba la Biblia y (en sus propias palabras) quería liberar a la ciencia “de la antigua dispensación de Moisés”. El libro de Lyell argüía que las rocas y las formaciones geológicas fueron formadas gradualmente por las fuerzas de la naturaleza durante millones de años. Él se burlaba de la idea predominante de que tales formaciones fueron hechas en grandes catástrofes como el Diluvio de Noé.

La mente de Darwin estaba aún batallando con las dudas acerca de lo que la Iglesia Anglicana enseñaba acerca del infierno. Así que comenzó a aceptar algunos de los argumentos de Lyell y a reconsiderar las ideas de la transmutación de su abuelo.

“Durante estos dos años, estuve pensando mucho acerca de la religión”, escribió Darwin en su autobiografía. “Mientras estuve a bordo del Beagle era bastante ortodoxo, y recuerdo que muchos oficiales se rieron de mí (aunque ellos mismos eran ortodoxos) por citar la Biblia como una autoridad irrefutable en algunos puntos de moralidad… Pero para ese entonces [es decir, entre 1836 y 1839], gradualmente había comenzado a ver que el Antiguo Testamento, desde su falsa manifestación de la historia del mundo, con la torre de Babel, la señal del arco iris, etc., etc., y de su atribución a Dios los sentimientos de un tirano vengativo, no podía ser más confiable que los libros sagrados de los hindúes, o las creencias de cualquier salvaje”.

El primer capítulo de la Biblia, Génesis 1, declara que Dios renovó la Tierra después que ésta se había vuelto “desordenada y vacía”. Esto significa que Dios pudo haber creado el planeta hace millones de años. Sin embargo, de todos modos Darwin usó la inmensidad del tiempo geológico, ¡como una excusa para rechazar el Antiguo Testamento!

Rechazando la cristiandad

Incluso después de rechazar a Génesis, Darwin aún creía que Dios creó todas las formas de vida en actos separados de creación. Pero al estudiar a los pinzones en las Islas Galápagos, observó que había diferentes variedades de estas aves cantoras, teniendo cada variedad un pico especial para comer diferentes tipos de comida. Como naturalista, Darwin tuvo que hacer una decisión. Él podía interpretar lo que vio como evidencia de que Dios creó las diferentes formas de picos de pinzón. O podía interpretar lo que vio como evidencia de que el pico del pinzón evolucionó durante muchas generaciones para ajustarse a su entorno mediante alguna fuerza accidental y sin dirección.

Para cuando regresó a casa, el cuaderno de notas de Darwin estaba lleno de especulaciones sobre la transmutación y cavilaciones sobre cómo la Biblia era poco fiable y contradictoria. Entonces decidió seguir una carrera en la ciencia.

Él comenzó a considerar casarse con su prima Emma Wedgwood, y su padre le recomendó que ocultara sus dudas acerca de la Biblia a su futura esposa. Charles ignoró el consejo de su padre y le dijo a Emma que él creía en la moralidad cristiana, pero dudaba que Dios tuviera un plan para la humanidad; que él no creía en el Antiguo Testamento, y señaló que el Nuevo Testamento tampoco podía ser verdad, dado que cita la profecía del Antiguo Testamento.

Más que cualquier teoría científica acerca de la edad de las rocas o la forma de los picos de las aves, sus preguntas acerca de la existencia del sufrimiento, la crueldad y el dolor avivaban las ideas de Darwin.

Charles y Emma tuvieron 10 hijos—tres murieron antes de los 10 años de edad, y otros tres terminaron sin poder tener hijos. La muerte de Annie, su hija favorita, tuvo un efecto profundo en Charles. Él atribuyó su mala salud a la endogamia, dado que él y Emma eran primos hermanos. Cuando comenzó a reflexionar sobre por qué los organismos débiles morían, desarrolló más sus ideas de la transmutación: el débil muere, el fuerte sobrevive, y los hijos perecen porque la naturaleza es cruel y Dios ha abandonado al mundo.

Décadas más tarde, el tataranieto de Charles Darwin, Randal Keynes, relataría cuán profundamente la muerte de Annie afectó el pensamiento de Charles acerca del mundo natural y la lucha por la vida.

“Después de la muerte de Annie, Charles dejó la fe cristiana firmemente atrás”, escribió Keynes en Annie’s Box. “No asistía a los servicios de la iglesia con la familia; caminaba con ellos hasta la puerta de la iglesia, los dejaba entrar y se quedaba hablando con el alguacil del pueblo o caminaba por las veredas que rodeaban la parroquia, aunque aún creía firmemente en un Creador divino. Pero mientras otros tenían fe en la bondad infinita de Dios, Charles encontraba que era una figura sombría, implacable y despiadada. (…) Charles continuó trabajando en las ‘leyes de la vida’, pero ahora estaba claramente consciente de la eliminación del débil para de la supervivencia del apto”.

La desilusión de Darwin con la cristiandad tradicional había estado creciendo por años, incluso antes de la muerte de Annie. Además, tres años antes su padre había muerto como un “incrédulo”, llevando a Charles de nuevo a considerar el castigo eterno. Más tarde escribiría en su autobiografía: “De hecho difícilmente puedo ver cómo alguien puede desear que la cristiandad sea verdad; porque si es así, el claro lenguaje del texto parece mostrar que los que no creen (y esto incluiría a mi padre, mi hermano y a casi todos mis mejores amigos), serán castigados eternamente. Y esa es una doctrina detestable”.

Charles Darwin, un individuo preocupado y dolido, en efecto le dio la espalda a la Biblia. Esto no fue a causa de algún descubrimiento científico, sino porque no pudo entender por qué un Dios amoroso permitiría que la gente sufriera y finalmente muriera, ¡sólo para ser torturada eternamente en el fuego!

Rechazando a Dios

Después de la muerte de Annie, Darwin finalmente comenzó a convertir sus cuadernos de notas de la “transmutación” en un libro llamado El Origen de las Especies. Él cambió la “transmutación” por la “evolución”, ya que el término sonaba más científico. Declaró que algunas especies se volvían gradualmente en otras, a través de múltiples generaciones a medida que el débil moría y el fuerte sobrevivía. La llamó la teoría de la “selección natural”. Su amigo Herbert Spencer la llamó “la supervivencia del más apto”. Esta teoría no ofrecía una explicación de cómo se creaban los rasgos nuevos, pero Darwin esperaba desesperadamente que algún científico futuro descubriría una explicación.

Él no quería creer en Dios.

Siete años después que Darwin publicara El Origen de las Especies, una dama le escribió preguntando que si ella podría creer tanto en Dios como en la evolución. Charles le contestó: “Siempre me ha parecido más satisfactorio considerar la cantidad inmensa de dolor y sufrimiento en este mundo como el resultado inevitable de una secuencia natural de eventos, es decir, leyes generales, más que de la intervención directa de Dios”.

Ésta es la razón por la que Darwin rechazó la Biblia. Su libro, El Origen de las Especies, nunca estuvo basado en la ciencia racional. Fue una hipótesis al azar acerca de por qué el dolor y el sufrimiento existen.

Al final de su vida, Charles dijo que era un agnóstico, alguien que piensa que no es posible conocer la existencia de Dios. Él luchó por explicar cómo la vida podría surgir a partir de la materia inerte. “Difícilmente sé que decir”, escribió a un profesor de escuela en Liverpool quien le había preguntado acerca de sus puntos de vista sobre la existencia de Dios. “Aunque todavía no ha habido evidencia que valga la pena, en mi opinión, a favor de que un ser vivo se desarrolle de la materia inorgánica, sin embargo, no puedo evitar creer en la posibilidad de que algún día ésto se probará de acuerdo con la ley de continuidad. (…) Si alguna vez se descubre que la vida puede originarse en este mundo, los fenómenos vitales se someterán a alguna ley general de la naturaleza. Si la existencia de un Dios consciente puede probarse a partir de las llamadas leyes de la naturaleza (…) es un tema desconcertante, en el cual yo he pensado a menudo, pero no puedo ver mi senda con claridad”.

Casi 140 años más tarde, ningún científico ha producido “evidencia que valga la pena” mostrando cómo un organismo viviente puede desarrollarse a partir de la materia inorgánica. Las cosas vivientes sólo vienen de otras cosas vivientes.

Darwin nunca descubrió pruebas de que una especie de animal pudiera evolucionar en otra. Todas sus teorías fueron reflexiones confusas de un hombre en duelo, torturado por la pérdida de su hija y acosado por los pensamientos de que su abuelo, su padre, su hermano y amigos, ¡estuvieran siendo castigados en el infierno por la eternidad!

Rechazando la racionalidad

Charles Darwin fue un individuo atribulado y dolido, engañado por líderes religiosos de su tiempo acerca de lo que la Biblia dice. En la mayor parte de su vida de adulto, él sufrió ataques de ansiedad. Palpitaciones cardíacas acompañaban a estos ataques, al igual que la falta de aliento, vómitos, sentimientos de fatalidad inminente y llanto histérico. Él le escribió a su médico en 1865, seis años después de terminar El Origen de las Especies, quejándose de que sus episodios de vómitos a menudo estaban “precedidos por zumbido en los oídos, como flotando en el aire, y visiones…”.

Un debate médico acerca de lo que estaba mal con Darwin ha estado en ebullición por más de un siglo. Pero un estudio de 1997 en la Revista de la Asociación Médica Estadounidense concluye que él nunca podría haber revolucionado la ciencia moderna con su teoría de la evolución, si no hubiera padecido una enfermedad mental crónica.

“Si no hubiera sido por esta enfermedad, su teoría de la evolución podría no haberse convertido en la pasión consumidora que produjo El Origen de las Especies, escribieron Thomas Barloon y Russell Noyes en su estudio.

¡Esta es una confesión sorprendente! La teoría de la evolución por medio de la selección natural da forma al fundamento de la ciencia moderna. Sin embargo, no hay pruebas científicas de esta teoría. Fue concebida por un hombre deprimido buscando respuestas a algunas de las preguntas más grandes de la vida. Señalar que Darwin llegó a conclusiones equivocadas no es un ataque personal contra él. Sin embargo, es importante darse cuenta que los ateos intelectuales y los promotores de las ideas evolucionistas, aseguran que las creencias de Darwin son racionales, cuando no lo son.

Richard Dawkins, un ateo declarado, dice que “Darwin le da valentía al resto de la ciencia, de que terminaremos por entender literalmente todas las cosas surgiendo de casi nada, lo cual es un pensamiento extremadamente difícil de comprender y creer”. Sin embargo, Darwin no entendió casi nada y murió inseguro de su propia teoría.

Incluso los científicos reconocen que la teoría de Erasmus Darwin, la de la herencia de características adquiridas, es totalmente falsa. La teoría de la evolución de Charles Darwin mediante la selección natural no explica cómo se crea la nueva información genética. La evolución falla completamente en explicar el origen de la vida y la biodiversidad de nuestro mundo.

Lo que los evolucionistas están promoviendo no es ciencia. Es una creencia irracional de que la vida puede desarrollarse espontáneamente de la materia muerta, y que una especie de animal puede transformarse en otra especie diferente de animal.

Sin absolutamente ninguna prueba o conocimiento científico, los promotores de las ideas evolucionistas creen lo que ellos quieren creer, porque rechazan rebeldemente creer la verdad.

Esto es por lo que la Biblia proclama, “Dice el necio en su corazón: No hay Dios” (Salmos 14:1).

La ciencia racional está basada en el hecho innegable de que un Creador racional diseñó el universo. Cuando uno rechaza este hecho innegable, rechaza la racionalidad misma y comienza a abrazar creencias necias. En la Biblia que Darwin rechazó, el apóstol Pablo explica cómo aquellos que rehusaron reconocer a Dios se volvieron necios.

“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Por sus atributos invisibles, es decir, su eterno poder y naturaleza divina, han sido claramente percibidos, desde la creación del mundo, en las cosas que han sido hechas. Así que no tienen excusa. Porque, aunque ellos conocían a Dios, no lo honran como Dios ni le dan gracias, sino que se vuelven vanos en su pensamiento, y sus necios corazones fueron entenebrecidos. Asegurando ser sabios, se hicieron necios (…). Y dado que ellos no creyeron conveniente reconocer a Dios, Dios los entregó a una mente corrupta para hacer lo que no debería hacerse” (Romanos 1:18-22, 28; traducción nuestra de la RSV en inglés).

La fe de Darwin en la Biblia fue debilitada por una religión que aseguraba enseñar la Biblia, pero enseñaba supersticiones paganas acerca del infierno y la confusión acerca de por qué Dios permite el sufrimiento humano. Pero una que vez Darwin dejó de reconocer a Dios, se volvió un necio.

Ese no es un ataque personal a Darwin ni a aquellos que creen en sus teorías. Es un simple hecho tácito.

La evolución no es ciencia. Es una religión secular —una creencia; una fe— basada en el dogma de que el fuerte gobierna al débil; de que sólo sobrevive el más apto. Al suprimir la verdad, ¡la evolución se ha convertido en la religión de los necios! 

Boletín, AD