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Enfóquese en lo importante

No malgaste su posesión más valiosa en tonterías.

¿Qué haría usted si de alguna manera supiera que va a morirse en una semana? Si se le dieran sólo siete días para pensar sobre su vida, ¿cuál sería su evaluación? ¿Qué tan satisfecho estaría con lo que ha logrado? ¿Qué lamentaría no haber hecho?

¿Está usando su vida para cosas que hacen una diferencia? ¿Los asuntos realmente importantes, están obteniendo la suficiente atención? ¿Qué lo aleja de estas cosas?

Moisés estaba meditando en este tipo de preguntas cuando escribió el Salmo 90: “[A]cabamos nuestros años como un pensamiento. Los días de nuestra edad son setenta años: y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan y volamos” (versículos 9-10).

Luego llegó a esta conmovedora conclusión, implorándole a Dios: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (versículo 12). Reconozca la brevedad de su vida, y ganará una nítida claridad en su pensamiento.

Evalúe honestamente cómo está usando sus días, sus horas, sus minutos. ¿Está usted simplemente dejando pasar el tiempo o está realmente contando sus días para que pueda aplicar su corazón a la sabiduría? ¿Está dedicando suficiente energía a las cosas importantes? ¿Se está incentivando y dirigiendo a usar verdaderamente su vida, cumpliendo con el potencial dado por Dios?

Una vida exitosa requiere tener propósito y ser impulsada. Su tiempo, el cual es su vida, es su posesión más valiosa. Usted ni siquiera sabe qué tanto o qué tan poco tiempo le queda. Todo lo que sabe con certeza es que es una cantidad es limitada.

El diablo sabe que su tiempo es limitado. Él ha construido la sociedad moderna específicamente para que usted consuma su atención con trivialidades, y alejarlo de lo que sí importa. Si usted sólo hace lo que sucede naturalmente y lo que es fácil, va a ser arrastrado a un torrente de distracciones que lo llevará muy lejos de donde quiere estar.

No quede atrapado en las ocupaciones triviales que se olvidan rápidamente. Establezca sus prioridades y camine hacia ellas, paso a paso, contra la resistencia, diariamente, cada hora. Evalúe su progreso regularmente y haga correcciones frecuentes en el rumbo para mantenerse en el camino. No deje que sus prioridades se marchiten y desaparezcan. Una vez que establezca sus prioridades, dirigidas por Dios, corra, cargue, trepe, deseche, pelee, luche y arrástrese hacia ellas hasta que las realice.

Mire sus tareas diarias y hágase duras preguntas sobre cada una: ¿Es esto realmente importante? ¿Cómo va a favorecer esto a mi meta a largo plazo? ¿Durará el impacto de esto más allá de esta semana o este mes? ¿Avanzará esto mi verdadero propósito de la vida? ¿Está haciendo difusa mi energía y evitando que cumpla lo que tengo que hacer? Si lo es, ¿puedo delegarlo o cortarlo?

Con sus metas y prioridades firmemente en mente, usted podrá mucho más evitar quedar atrapado en cosas no esenciales y poder hacer cosas específicas cada día con la intención de avanzar en sus metas. Dedique lo más posible de tiempo al trabajo de valor permanente. Enfóquese en lo que es realmente importante. El enfoque va a determinar su éxito en lograrlo más que cualquier otra cosa. Si usted no puede enfocarse en algo, no va a alcanzarlo. Si sí puede enfocarse, entonces lo hará.

Para que los árboles frutales puedan alcanzar su rendimiento máximo, tienen que ser podados regularmente. Jesucristo dijo que el crecimiento en su vida también requiere una poda continua. “Todo pámpano que en Mí no lleva fruto, [el Padre] lo quitará; y todo aquel [pámpano] que lleva fruto, Lo limpiará, para que lleve más fruto” (Juan 15:2; Reina Valera Contemporánea).

El crecimiento no deseado e inútil, es natural. Obligaciones extras, diversiones, proyectos y preocupaciones brotan y florecen todo el tiempo. Por eso podar es tan importante y por eso tiene que ser algo continuo. “Nuestra vida se malgasta en detalles”, escribió Henry David Thoreau. “¡Sencillez, sencillez, sencillez! Yo digo, deje que sus asuntos sean dos o tres, y no cien o mil”.

Pare y pregúntese: ¿Qué estoy haciendo bien en este momento? ¿Es realmente lo que necesito estar haciendo? Ajetreo no es lo mismo que productividad. Y tener productividad no es lo mismo que ser fructífero. Vea el fruto. ¿Están produciendo resultados lo que usted está haciendo? ¿Son resultados buenos? ¿Valen la pena? ¿Están construyendo su familia? ¿Están ayudando a los demás? ¿Están haciendo avanzar la causa de Dios? ¿Está usted poniendo los recursos que Él le confió en su mejor uso? Dios quiere ayudarle a responder estas preguntas.

No puede darse el lujo de perder tiempo. Lo que le esté robando sus minutos y no está produciendo buenos frutos, pódelo. Para enfocarse en las cosas importantes, mientras menos piense sobre otras cosas, mejor. Ponga límites en lo que consume y hace. Elimine lo que no es necesario. Tache lo que no es realmente importante. Posponga lo que no necesita hacerse inmediatamente. Mantenga su enfoque fijo sobre lo que es realmente importante y pode todo lo demás.

Este proceso es algo continuo. Pode, y luego pode otra vez, y después otra vez más. Pode mensual, semanal y hasta diariamente.

Así es como puede maximizar su tiempo y energía. Si está haciendo algo importante, entonces está moviéndose en la dirección correcta, aunque sea despacio. Como dijo Earl Nightingale, “Nunca renuncie a un sueño sólo por el tiempo que tomará cumplirlo. El tiempo va a pasar de todos modos”.

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