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El transgenerismo y la búsqueda de la felicidad

ISTOCK.COM/ADRAGAN

El transgenerismo y la búsqueda de la felicidad

¿Por qué son tan frecuentes los problemas de salud mental entre las personas con disforia de género? Sólo respondiendo correctamente a esta pregunta podremos encontrar una solución.

Los jóvenes están creciendo en una sociedad donde la homosexualidad, la pansexualidad, la transexualidad y la fluidez de género no sólo tienen cabida, sino que se celebran. Y estos jóvenes están captando el mensaje.

Una encuesta de Gallup realizada en febrero informó que, de todos los estadounidenses adultos, el 5,6% dice ser lesbiana, gay, bisexual o transexual. Eso representa un aumento del 60% en menos de una década. Y la mayor parte de ese salto se produjo en la Generación Z. Un asombroso 16% de los nacidos entre 1997 y 2002, se clasifica como no heterosexual. Entre estos adultos jóvenes, eso supone 1 de cada 6.

Y si los radicales se salen con la suya, y se están saliendo con la suya, cada vez más niños mucho menores de 20 años se preguntarán por el género y considerarán la destrucción quirúrgica de su sexo. Ellos insisten en que esto hará que estos niños sean más felices y se sientan más realizados.

Uno de estos radicales bien podría ser el elegido por el presidente Joe Biden para ser subsecretario del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, cuyo lema es “Mejorar la salud, la seguridad y el bienestar de EE UU”. Su nombre es Rachel Levine, y si es confirmado, sería la primera persona abiertamente transgénero en ser nombrada para un cargo federal nominado por el presidente y confirmado por el Senado. Pero no estamos seguros de lo que piensa sobre la extirpación quirúrgica y la alteración de los órganos sexuales de los niños, porque no lo dirá.

En la audiencia de confirmación de Levine en febrero, el senador Rand Paul cuestionó a Levine sobre si los niños deberían poder pasar por alto a sus padres y, mediante profesionales médicos, intervenciones y cirugía, intentar cambiar su sexo. La respuesta de Levine fue una evasiva equivalente a Confírmeme como subsecretario y entonces responderé con gusto, y se mantuvo obstinadamente esquivo a las preguntas complementarias.

Sin embargo, al informar sobre este intercambio, los principales medios de comunicación no criticaron a Levine por su equívoco, sino al senador Paul por hacer la pregunta. Por ejemplo, así lo describieron abc News, el Daily Beast y el Washington Post: “La primera candidata transgénero repele las preguntas incendiarias del senador del Partido Republicano”, “Rand Paul se lanza a la diatriba transfóbica contra la candidata transgénero” y “El ignorante cuestionamiento de Rand Paul a Rachel Levine demostró por qué la necesitamos en el gobierno”.

¿Deberían los niños poder decidir por sí mismos si se someten a tratamientos quirúrgicos y hormonales irreversibles que destruyen partes sanas del cuerpo? ¡Los ejecutivos de los medios de noticias y sus periodistas dicen que usted es un intolerante por hacer la pregunta!

Este es sólo un ejemplo de un amplio esfuerzo por ocultar la desagradable verdad sobre el transgenerismo. Hay una razón por la que Levine no quiso responder a esa pregunta. Es porque los activistas transgénero saben que cuanto menos entienda el público sobre estos procedimientos, mejor. Cuanto más sepa usted sobre estos procedimientos, más se horrorizará.

Pisoteando la verdad

He aquí algunos hechos. Es un hecho científico que las personas son biológicamente hombre o mujer. Es un hecho científico que el sexo biológico viene acompañado de predisposiciones fisiológicas e incluso mentales y emocionales. Pero la ciencia no puede decir nada acerca de que un hombre sienta que en realidad es una mujer. No hay ninguna explicación científica para ello.

Los activistas transgénero dicen que el género es una “construcción artificial”. Pero, al mismo tiempo, afirman que toda la sociedad debe girar a favor de alguien que muestra expresiones estereotipadas e incluso caricaturescas de su “auténtica identidad de género”, si resulta ser diferente de su identidad de género real y científica. Dicen que el “verdadero yo” de una persona es independiente de su cuerpo físico. Luego dicen que el cuerpo debe ser transformado quirúrgicamente para que la persona esté “completa”. Dicen que incluso los niños deben tomar bloqueadores de la pubertad, terapia hormonal cruzada y procedimientos quirúrgicos para hacer coincidir el cuerpo físico con la idea en la mente.

Esta forma de pensar es evidente y descaradamente anticientífica. Pero si intenta hablar de hechos científicos, se le tacha de intolerante y discriminador.

Aquí hay más hechos que estos activistas presentan como “transfóbicos”. La ciencia demuestra que entre los niños que luchan contra la disforia de género, el 80% de las niñas y el 95% de los niños se reconcilian con su sexo biológico si se les permite pasar por la pubertad. Se ha demostrado que los bloqueadores de la pubertad y terapia hormonal cruzada dañan la salud cardiovascular, la densidad ósea y las funciones reproductivas. Casi la mitad de las personas que se identifican como transgénero sufren trastornos de ansiedad o depresión. Se calcula que el 41% ha intentado suicidarse. Y cada vez más personas que sufren la miseria de la cirugía se arrepienten de haberlo hecho. Algunos incluso se someten a cirugía para deshacer esa operación e intentar no destruir su sexo. Convertirse en transgénero no ha ayudado a estas personas a “ser quienes realmente son”, y desde luego no las ha llevado a la felicidad. Sin embargo, estas son las voces que este movimiento no quiere que usted escuche.

No podemos ignorar esas voces. Tenemos que entender la verdad sobre el transgenerismo. No se trata sólo de aceptar a un puñado de personas cuya forma de pensar no coincide con su biología. Esto tiene enormes ramificaciones en todos los aspectos de la vida moderna. No sólo plantea cuestiones económicas en áreas como los baños públicos, las instalaciones de los gimnasios, las prisiones y los refugios para personas sin hogar, ni tampoco sólo cuestiones educativas como lo que el Estado está inculcando a la fuerza en la mente de su niño de jardín, sino también cuestiones sobre la libertad de expresión y la libertad de religión, sobre si puede ser multado o encarcelado por no apoyar plenamente este movimiento, o si es libre de vivir según los dictados de su propia conciencia.

La sociedad no puede permitirse aceptar esto a la ligera. Necesita respuestas.

Diagnóstico de la causa

El profesor Miroslav Djordjevic es un destacado cirujano en un campo poco habitual: la reconstrucción genital. Durante años él ha expresado su preocupación por el aumento de solicitudes de cirugías para deshacer cirugías de transición de género anteriores. Dice que las personas que desean someterse a la transformación deberían recibir un mejor asesoramiento. Afirma que estas decisiones están siendo impulsadas por el esfuerzo de ser políticamente correctas, en lugar de ser realmente correctas, de hacer lo que más le conviene a cada persona. Dice que las instituciones deben superar el miedo a lo políticamente correcto y realizar más investigaciones sobre los serios interrogantes que plantea la cirugía de reasignación de género.

Los estudios sobre este tema son escasos, pero existen historias de muchas personas transgénero infelices. Por ejemplo, el libro de Ryan T. Anderson Cuando Harry se convirtió en Sally (un importante libro sobre el tema que Amazon retiró de sus ofertas en febrero sin ninguna explicación), tiene un capítulo entero titulado “Los detransicionales cuentan sus historias”, y es desgarrador. Muchas personas describen que crecieron insatisfechas o que se cuestionaron su orientación sexual a una edad temprana. Probaron diferentes formas de experimentación sexual, pero no encontraron la felicidad.

Entonces se les ofreció una solución más radical: cambiar de género quirúrgicamente.

La gente tiene fe en las maravillas de la medicina moderna. Creen que cambiar de sexo no sólo es posible, sino que es bastante sencillo. Pero la realidad es que las diferencias biológicas entre hombres y mujeres son amplias y complejas. Los bloqueadores hormonales pueden impedir que la voz de un chico sea más grave o que las caderas de una chica sean más anchas; el tratamiento hormonal puede encoger los testículos de un hombre o hacer que a una mujer le crezca vello facial. La cirugía puede extirpar partes del cuerpo propias del hombre o de la mujer, y puede colocar partes del cuerpo artificiales. Pero ningún tratamiento o procedimiento puede convertir a un hombre en mujer o a una mujer en un hombre.

El hecho científico es que su sexo biológico no se “asigna al nacer”, como insisten los activistas transgénero. Está integrado en su adn desde la concepción y afecta a todos los sistemas de su cuerpo.

Muchas personas que se someten a estos procedimientos suelen necesitar mucha más atención médica después. Muchos dicen que los médicos que los asesoraron los orientaron mal. Y en lugar de ser más felices, a menudo se vuelven más infelices. En muchos casos se vuelven suicidas.

Los problemas de salud mental entre los transexuales ya son terriblemente comunes: casi una de cada dos personas transgénero lucha contra algún trastorno de ansiedad o depresión, y los intentos de suicidio son casi nueve veces mayores que entre los estadounidenses “cisgénero”. ¡Pero los que se han sometido a una cirugía de transición tienen 19 veces más probabilidades de morir por suicidio que la persona promedio! Esto demuestra por sí solo que el problema va mucho más allá de la simple necesidad de un mejor asesoramiento sobre la cirugía. Algo está peligrosamente mal.

¿Es culpa de la sociedad?

Quienes promueven el transgenerismo dirán que lo que está “peligrosamente mal” es la hostilidad de la sociedad hacia el transgenerismo. Por ejemplo, un artículo de Psychology Today de 2016, en el que se habla de los problemas de salud mental de los transgénero explicaba: “Casi todo tiene que ver con la forma en que son tratados” (énfasis añadido en todo el artículo).

La única solución, dicen, es transformar a la sociedad. Debemos hacer que la sociedad acoja sin reservas a las personas transexuales y todas las formas de disforia de género, para que todos —sin importar cómo se vean a sí mismos, o qué aspecto quieran tener, el baño o vestuario que quieran usar, el deporte que quieran practicar— sean considerados universalmente como perfectamente sanos y normales. Sugerir que el individuo podría necesitar ajustar su forma de pensar es intolerante y nada afectuoso. Si todos los miembros de la sociedad simplemente aceptan y aman a todos y todo, los problemas de salud mental, la depresión y las tendencias suicidas que sufren los transgénero desaparecerán. Estas personas sólo podrán encontrar la felicidad cuando la sociedad abrace este movimiento y conceda todas sus peticiones imaginables.

Prácticamente de la noche a la mañana, las élites de la sociedad estadounidense, la británica y de otros lugares, los políticos, los medios de comunicación y los educadores, han determinado que así es como vamos a resolver este problema. Este es el mensaje que enviaremos a los individuos que no están satisfechos con su sexo biológico: Si usted es infeliz porque su cuerpo no coincide con su forma de pensar, entonces debemos cambiar su cuerpo. Y si cambia su cuerpo y sigue siendo infeliz, entonces debemos cambiar la sociedad. ¡Usted es infeliz porque la sociedad se niega a aceptarlo y a quererlo por lo que es!

Es imposible exagerar las implicaciones radicales de las suposiciones que subyacen a esta línea de pensamiento.

Para empezar, este pensamiento anima a muchos miles de personas más a buscar el transgenerismo. Anima a miles a seguir tratamientos médicos de transición, bloqueadores de pubertad, terapia hormonal cruzada y cirugía.

Pero mucho más radicalmente, obliga a la sociedad a rehacerse por completo. Para dar prioridad a lo que se supone que es el camino a la felicidad de estas personas, debemos crear baños para transgéneros. Debemos exigir que los seguros médicos paguen los tratamientos de transición. Debemos permitir que hombres nacidos biológicamente como tal practiquen deportes contra las mujeres. Debemos remplazar parte del plan de estudios de las escuelas públicas con instrucción transgénero, para liberar a la próxima generación de la discriminación y los prejuicios. Debemos despojar de autoridad a los padres que desalentarían la fluidez de género en sus hijos. Debemos tipificar como delito el hecho de “equivocar el género” de alguien. Debemos priorizar la agenda transgénero por sobre la privacidad, la seguridad pública y la libertad religiosa. Y cualquiera que no esté de acuerdo puede ser avergonzado públicamente, si no castigado legalmente.

Entonces, según el razonamiento, ¡tendremos un mundo verdaderamente justo, equitativo, tolerante, amoroso y feliz!

Sentido común

Guiados por este razonamiento, los educadores están animando a nuestros alumnos de primaria a cuestionar su sexo biológico. Cuando algún niño decide identificarse como transgénero, se amonesta a sus compañeros para que lo apoyen.

¿Qué ocurre, entonces, cuando el niño transgénero tiene problemas con otros niños, o es infeliz, o se siente aislado o solo? Cada vez más, se culpa a la sociedad y a los otros niños.

¿Qué le dice el sentido común sobre esta tendencia?

Fomentar la disforia de género en un niño no lo hace más feliz. De nuevo, nueve de cada diez niños que tienen esos sentimientos los superan y llegan a aceptar su sexo biológico si se les permite desarrollarse normalmente.

Convencer a un niño de que su sensación de confusión de género es correcta, que algo anda mal y que se debe cambiar, no le hará feliz. Convencerle además de que cualquier problema con otros niños (y todos ellos los tienen) es resultado de la intolerancia de esos otros niños, no le hará feliz. Sólo alimentará su sentimiento de agravio, victimismo y martirio.

En términos más generales, instalar baños para transgéneros en todos los edificios de EE UU no hará que ellos pasen de la depresión a la felicidad. Es poco probable que ganar combates de lucha libre y completar levantamientos de pesas contra mujeres dé a los transgénero una auténtica sensación de logro. Impedir cualquier debate crítico sobre este movimiento no les dará la seguridad que necesitan para vivir.

No importa cuán aceptado o poderoso se vuelva este movimiento, no conducirá a la felicidad. Ya vemos que cada concesión que la sociedad hace a las demandas de este movimiento sólo conduce a 10 demandas más.

Esta es la verdad: la idea de que los cambios de sexo y la transformación de la sociedad resolverán la depresión, la miseria y el dolor de este grupo de personas con problemas es una mentira peligrosa. Es una mentira que se promueve a un costo tremendo. Está aumentando la agitación y la infelicidad de muchos que se identifican como transgénero. La sociedad está pagando el costo en seguridad pública, autoridad parental, libertad de expresión y libertad religiosa.

Y más allá de eso, está llegando a expensas de la verdad misma.

El traje nuevo del emperador

El Dr. Paul McHugh fue director de psiquiatría en la Facultad de Medicina de John Hopkins y psiquiatra en jefe del Hospital John Hopkins a finales de la década de 1970. Se preocupó cada vez más por los resultados de las cirugías de reasignación de sexo y, en 1979, las suspendió en ese centro. Dijo que era “esencialmente cooperar con una enfermedad mental” y que los psiquiatras podían ayudar mejor a las personas “intentando arreglar sus mentes y no sus genitales”.

El Dr. McHugh dice que el debate actual sobre la reasignación de género es El traje nuevo del emperador. Ese es el cuento popular de Hans Christian Andersen sobre el emperador que encargó a unos tejedores que le hicieran la mejor ropa que el dinero pudiera comprar. Pero los tejedores son unos estafadores. Dicen que están haciendo ropa lujosa y hermosa, pero explican que el tejido es invisible para cualquiera que no sea apto para su posición o que sea irremediablemente estúpido. Durante días, fingen que tejen, pero no hay hilo en los telares. Los nobles del emperador, temiendo ser los únicos que no pueden verlos y no queriendo parecer estúpidos o inadecuados para su cargo, fingen ver la ropa. Y, por supuesto, el emperador hace lo mismo. ¡Así que acaba desfilando por las calles sin llevar nada puesto! La gente del pueblo sigue incómodamente la farsa porque nadie quiere ser considerado estúpido. Pero, finalmente, un niño pequeño suelta la verdad evidente: ¡el emperador está desnudo!

“Los espectadores del desfile transgénero contemporáneo” saben que serían condenados por sostener opiniones heréticas, dice el Dr. McHugh, así que ignoran los hechos claros y se limitan a cerrar la boca. Él dice: “Siempre intento ser el chico entre los espectadores que señala lo que es real. Lo hago no sólo porque la verdad importa, sino también porque en medio del alboroto se están ignorando… muchas víctimas”.

Muchas víctimas.

Entre esas víctimas se encuentran los padres que quieren evitarles a sus hijos las miserias de intentar la transición, pues son intimidados para que fomenten estos problemas. También están los adolescentes que se ven arrastrados a un estilo de vida que conlleva efectos secundarios terribles. Y están los transgénero a los que se les miente sobre la causa de su infelicidad y sobre la solución.

Las mentiras no pueden producir felicidad verdadera. Sin embargo, el movimiento transgénero está llevando a cabo un asalto a la verdad sin precedentes en la historia humana. Ha llegado a considerar la realidad biológica como una mera “construcción social”, mientras exalta la desorientación de género en niños de 2 años como una “verdad fija”.

¡Qué peligroso es este asalto a la verdad! Aquí está ocurriendo algo grande, algo con las consecuencias más retorcidas y las víctimas más jóvenes. Insista en los hechos. Tenga la disposición de luchar por ellos; la va a necesitar.

El camino a la felicidad

¿Puede una persona que está en conflicto con su sexualidad alcanzar la felicidad verdadera? Los principales defensores del movimiento transgénero, que se identifican como tales, están enfrentándose a esta pregunta.

Un escritor de opinión transgénero del New York Times admitió que la próxima cirugía genital no le daría la felicidad. “Esto es lo que quiero”, escribió, “pero no hay garantía de que me hará más feliz; de hecho, tampoco lo espero. Eso no debería descalificarme para hacérmela”. Este autor considera que ser transgénero es lo peor que le ha pasado en la vida (junto con nacer como varón) y dice que nada cambiará eso. Tampoco da alguna solución y echa toda la culpa a haber nacido en el cuerpo equivocado.

Los defensores de este movimiento dicen que el transgenerismo, y la reconstrucción de toda nuestra sociedad conduce a la felicidad. Eso está demostrando ser evidente y terriblemente falso. Sus soluciones atribuyen mal la verdadera causa de la infelicidad.

Aun así, el deseo subyacente de toda persona, incluidos los transgénero, es la felicidad. Pero pocas personas han encontrado la verdadera felicidad. ¿Por qué?

La Biblia revela la causa de estos problemas; y la solución.

“Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12). Las soluciones que la gente persigue les parecen correctas. Pero resulta que las percepciones pueden ser engañosas. A menudo, no es hasta que vemos los resultados fallidos de nuestros esfuerzos que nos damos cuenta de que sólo vimos una parte del cuadro, o que diagnosticamos mal el problema. Con demasiada frecuencia, la sociedad se niega incluso a reconocer los resultados desastrosos de sus propias políticas y sigue repitiendo sus errores.

Jeremías 17:9 dice que el corazón humano es “engañoso más que todas las cosas, y perverso”. Ese corazón puede llevarnos por el mal camino a través de motivos egoístas, deseos impuros y diversas formas de autoengaño.

¿Cuál es la solución? Siempre se trata de confiar en Dios. “El principio de la sabiduría es el temor de [el Eterno]; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza” (Proverbios 1:7). Cuando dejamos de tratar de idear nuestras propias soluciones, y tememos a Dios y hacemos lo que Él dice, entonces estamos en el camino correcto. Ése es el principio de la sabiduría.

“El principio de la sabiduría es el temor de [el Eterno]; buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos…” (Salmos 111:10).

En realidad, Dios ha explicado el camino que lleva al éxito en la vida: es decir, Su ley. Los Diez Mandamientos, los estatutos y los juicios: ponga a Dios en primer lugar, no asesine ni odie, evite los pecados sexuales, no robe, no mienta, no codicie, honre a sus padres, guarde el Sábado, etcétera. La gente lo tachará de simplista o arcaico, ¡pero en realidad produce el resultado que todos desean!

Como dice Proverbios 29:18: “El que guarda la ley, es feliz” (vkj). Ése es el propósito por el que Dios dio Su ley: ¡para mostrar a los seres humanos el camino hacia la felicidad!

¿Quiere ser feliz? ¿Está su vida plagada de desánimo, dudas, depresión, soledad e incluso pensamientos suicidas? Entonces ponga a Dios a prueba. Él promete que, si Le obedece, transformará su vida de la manera más hermosa que pueda imaginar. Si cumple la ley, ¡será feliz!

¡No hay otro camino hacia la felicidad!

La humanidad se ha rebelado contra la ley de Dios desde el Jardín del Edén. Por eso vivimos en un mundo de miseria y depresión crecientes.

Algunas de las leyes que Dios nos dio están relacionadas con la familia. Éstas rigen el matrimonio, cómo un hombre debe tratar a su esposa y una esposa a su marido, cuáles son sus funciones, sus responsabilidades hacia sus hijos y la responsabilidad de los hijos hacia ellos. Hay una razón profunda por la que Dios estableció la familia y creó esas leyes: no sólo conducen a la felicidad en nuestras vidas físicas, sino que también apuntan a una realidad espiritual aún más importante. Dios creó la familia para señalar hacia Su maravillosa Familia espiritual. En Su gran misericordia, Dios concede a todos, con la condición del arrepentimiento, el acceso a esta Familia espiritual. (Esta verdad se demuestra en el libro gratuito de Gerald Flurry, jefe de redacción de la Trompeta, La visión de la Familia Dios.)

El Dios que creó al hombre y a la mujer (Génesis 1:27) lo hizo con una intención y un propósito deliberados, y dio leyes para asegurar que los respetáramos. Entre ellas está este claro mandato en Deuteronomio 22:5: “No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer; porque abominación es a [el Eterno] tu Dios cualquiera que esto hace”.

Dios nos dio esas leyes con un propósito maravilloso, pero debido a la ignorancia, o a la rebelión total, la gente las ha quebrantado con impunidad. Y generaciones han sufrido por ello. En las últimas décadas, la humanidad ha atacado estas leyes familiares a una escala épica con una agresión sin precedentes. La miseria y la infelicidad aumentan cada vez más como resultado.

¡La profecía bíblica revela que este curso sin ley culminará en un punto insoportable de sufrimiento humano! Lamentablemente, sólo entonces la humanidad se volverá humilde y estará dispuesta a ser enseñada por Dios.

Sin embargo, usted, individualmente, puede tomar un rumbo diferente. Puede dar un giro a su vida personal si se vuelve a Dios en arrepentimiento. Puede rechazar el camino que ha tomado la sociedad, conocer las leyes que rigen la familia y cosechar los maravillosos frutos. Obedezca esas leyes, ¡y podrá ser feliz! 


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