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El obstáculo para la paz

EMMA MOORE/LA TROMPETA/SERGEI SUPINSKY/AFP VIA GETTY IMAGES

El obstáculo para la paz

Por qué los esfuerzos para poner fin a la guerra de Ucrania continúan siendo insuficientes. 

Donald Trump desea fervientemente poner fin a la guerra de Ucrania. El presidente de Estados Unidos se ha volcado en el esfuerzo. En repetidas ocasiones ha enviado equipos de negociación. Ha blandido recompensas y advertencias, ofreciendo incentivos e imponiendo presión económica. Ha organizado y asistido personalmente a reuniones. Ha arriesgado su credibilidad como negociador y pacificador.

¿Por qué no ha funcionado?

¿Por qué continúa la guerra con una solución duradera aparentemente más esquiva que nunca?




En unos pocos e intoxicantes días de agosto, él recibió a Vladimir Putin en Alaska, luego al presidente de Ucrania y a varios otros líderes europeos en el Despacho Oval. Su intervención más llamativa hasta la fecha hizo que las esperanzas se dispararan, pero luego los pacifistas recibieron un puñetazo en la boca. Rusia lanzó algunos de sus ataques más feroces de la guerra. Atacó a una empresa manufacturera de propiedad estadounidense y después el edificio del Gabinete de Ministros de Ucrania en Kiev, que alberga la oficina del primer ministro y algunos ministerios del gobierno. Un par de semanas más tarde, los drones suicidas rusos cruzaron el espacio aéreo polaco, y Polonia despachó aviones caza para derribarlos. La otan activó el Artículo 4, una respuesta unida ante una amenaza contra un miembro de la otan.

La contradicción entre Putin estrechando la mano a Trump y las ruinas humeantes tras los ataques récord con drones, es chocante.

¿Qué le falta al presidente Trump?

La presa se está rompiendo

En los últimos meses, parecía que el mundo se precipitaba hacia la guerra. Todo el discurso giraba en torno a la muerte de la otan, el resurgimiento del nacionalismo, el aumento del militarismo, el repliegue a las trincheras y búnkeres, y la amenaza inminente de una guerra mundial. Las grietas en la presa del orden internacional emitían fugas.

Luego en agosto, gracias a Donald Trump, parecía que el compromiso del mundo occidental con la paz a través de la negociación disfrutaba de un resurgimiento. Putin visitando suelo estadounidense para charlar, y las luminarias europeas apresurándose a Washington, parecían señales extraordinarias de confianza en un proceso de paz impulsado enteramente por el hombre más poderoso del mundo. El presidente de Finlandia dijo efusivamente: “Creo que en las dos últimas semanas probablemente hemos avanzado más en poner fin a esta guerra que en los últimos tres años y medio”.

Los esfuerzos de Trump por convencer con palabras para alcanzar la paz parecían haber reparado las fisuras.

¡Ay! Los acontecimientos demostraron lo contrario.

Cada vez hay señales más claras de que todo el músculo que el presidente Trump está poniendo en este esfuerzo de paz no está influyendo ni un ápice en la mente del déspota ruso. Las acciones de Putin demuestran que su corazón no ha cambiado. Y Putin quiere la guerra.

Trump ha tenido cierto éxito en la pacificación de otros puntos conflictivos como los de India-Pakistán, Ruanda-Congo, Tailandia-Camboya, Armenia-Azerbaiyán, aunque llevará tiempo evaluar los efectos a largo plazo. Pero la carnicería rusa en Ucrania está demostrando ser un nudo gordiano.

Putin es muy hábil para decir lo que la gente quiere oír y luego hacer lo que él quiere hacer. ¿Recuerda usted cuando el presidente George W. Bush se reunió con él y dijo que era “franco y digno de confianza”? Y ahora, con un presidente estadounidense convencido de su capacidad personal para “resolver cualquier cosa” y deseoso de cimentar su legado como pacificador, y con un equipo de diplomáticos de poca experiencia y mucha credulidad, Putin tiene mucha ventaja.

¿Qué persigue Putin?

Considere el hombre al que Trump cree que se puede convencer de que simplemente retire a sus sabuesos de guerra. El hombre que planeó, orquestó y lanzó esta guerra. El hombre mayormente responsable del derramamiento de sangre, y de mantenerlo e intensificarlo durante tres años y medio.

Las justificaciones de Vladimir Putin de que está “desnazificando” a Ucrania y evitando el “genocidio” de la etnia rusa en Donbás han sido ampliamente desacreditadas. Sin embargo, muchos creen su afirmación de que la ampliación de la otan hacia el este, desde la década de 1990, rompe las promesas de la posguerra fría y pretende cercar a Rusia.

Sea cual sea el grado en que esto sea cierto, lo que es seguro es que Putin pretende restaurar el dominio ruso. Ucrania era el granero del imperio soviético. El presidente de Rusia la considera un Estado artificial e ilegítimo dentro de la esfera histórica de su nación y lucha por impedir que se convierta en un “baluarte occidental”.

“Putin sabe desde hace tiempo que si Ucrania se alía con Europa, su poder se vería significativamente mermado. Su objetivo es resucitar el imperio soviético”, escribe el Sr. Flurry en su folleto El ‘Príncipe de Rusia’ profetizado. “La arquitectura de ese imperio fue construida alrededor de Ucrania como parte de éste. (…) ¡Putin ejerció toda esa presión sobre Ucrania porque esa nación es la pieza clave de su objetivo de renovar el imperio ruso!”.

Él lo toma ferozmente en serio. Incluso después de que Ucrania y Occidente se mostraran sorprendentemente fuertes y su invasión no lograra una victoria rápida como en Crimea, Putin no se echó para atrás. Él se atrincheró. Y aunque Europa y EE UU han comprometido ayuda suficiente para mantener a Ucrania en la lucha, no ha sido suficiente para ganar.

Putin ha ordenado a sus militares bombardear zonas residenciales; cortar el suministro de alimentos, agua y electricidad; desplegar armas químicas; torturar, mutilar y ejecutar a civiles; y utilizar la violencia sexual contra mujeres, hombres y niños de tan sólo 4 años, a menudo ante las familias de las víctimas. Ha ordenado a sus soldados que rusifiquen las zonas ocupadas, supriman la identidad y la cultura ucranianas y lleven a cabo secuestros masivos, deportaciones y lavados de cerebro a los niños (lea “Tus padres no te quieren, pero Rusia sí” en la Trompeta de agosto de 2025).

Y durante 1.260 días y contando, ha demostrado estar dispuesto a sacrificar cada día unas 200 vidas de sus propios compatriotas... día, tras día, tras día.

Las negociaciones no cambiarán los objetivos de Putin. Desde luego que si él decide que un acuerdo le beneficia, pudiera firmarlo. Pero eso no alterará la realidad fundamental de quién es el líder de Rusia y de lo que él está dispuesto a hacer. Las “garantías de seguridad” que los aliados de Ucrania buscan de Rusia no difieren de las que Putin acordó antes y luego incumplió.

Trump cree que puede resolver cualquier cosa. Pero mientras intenta persuadir o presionar a Vladimir Putin, no se da cuenta de a qué se enfrenta.

Por mucho que estos líderes quieran la paz, ellos están tratando con un hombre que quiere algo muy diferente. Todo lo que él hace por la “paz” sólo busca ganar más tiempo y crear más oportunidades.

Consecuencias imprevistas

¿Cuál es la verdadera solución a la guerra de Ucrania? Estos líderes no lo admitirán, pero ellos no lo saben.

Tal como lo profetizó Isaías: “No conocieron camino de paz, ni hay justicia en sus caminos; sus veredas son torcidas; cualquiera que por ellas fuere, no conocerá paz” (Isaías 59:8; también Romanos 3:17).

Existe un camino hacia la paz. Los líderes mundiales, incluyendo sin duda al presidente Trump, creen conocerlo. Creen que la solución a la guerra —las reclamaciones de tierras, las disputas comerciales, los conflictos culturales, las oportunidades perdidas, las infancias perdidas, la pobreza, la falta de vivienda, la desnutrición, las enfermedades, las violaciones, los crímenes, las torturas y las matanzas— reside de algún modo en su propio juicio y en sus propias acciones. No es así.

De hecho, hasta este momento gran parte de lo que el presidente Trump ha hecho, ha tenido el efecto contrario al que él esperaba.

En repetidas ocasiones él ha dicho que sólo quiere “detener la matanza”. Es un objetivo importante, sobre todo teniendo en cuenta las tragedias que se están produciendo en Ucrania. Más de 9.000 personas han muerto cada mes, y morirán el siguiente mes, hasta que esto se detenga. Sin embargo, después de cada “llamada telefónica perfecta” con Trump, Putin ha intensificado su guerra asesina.

Trump esperaba alejar a China y a otros países de Putin para aislar a Rusia. En vez de eso, en los últimos tres años y medio China se ha acercado aún más a Rusia, al igual que otras naciones asiáticas. Mientras EE UU amenaza e impone sanciones, estos países están salvando activamente a Rusia del colapso económico. En agosto, el presidente Trump elevó la tasa arancelaria de la India al 50% e insistió en que dejara de comprar petróleo ruso. La India respondió reforzando su compromiso e incluso estrechando sus lazos de defensa con Rusia. El primer ministro Narendra Modi visitó la reunión de la Organización de Cooperación de Shanghái en China y literalmente abrazó a Putin.

Quizás la consecuencia involuntaria más grave de los esfuerzos de paz de Trump sea la menos reconocida. Trump esperaba aumentar la seguridad europea e impulsar la fuerza de la otan fomentando la militarización europea e impulsando la diplomacia. Pero la esperanza renovada de un acuerdo podría ser contraproducente. Se podría prever que Putin alargaría las conversaciones de “paz” con una letanía de exigencias que Ucrania y Europa nunca aceptarían, pero a las que Trump no estaría dispuesto a oponerse. En estos momentos los europeos intentan apaciguar al Presidente, mostrándose receptivos a cualquier cosa que él sugiera. Pero a fin de cuentas, él quiere hacer un trato y marcharse. Ellos, no pueden darse ese lujo. Cuando las perspectivas de paz se revelen ilusorias, será un clavo más en el ataúd de la alianza transatlántica.

Pero separar a Europa de EE UU no es el único peligro oculto de los esfuerzos de paz de Trump en Ucrania. Su exigencia de que los europeos se armen con más fuerza, la están llevando a cabo, y con vigor. Y esta es la última consecuencia imprevista: la profecía bíblica revela inequívocamente que esas armas y fuerzas, antes de ser dirigidas contra Rusia, van a volverse contra EE UU. (Lea sobre esto en nuestro artículo de tendencias “El impulso de Europa hacia un ejército unificado” en laTrompeta.es/1/nd1d5).

Como lo escribió el Sr. Flurry en nuestro número de abril: “¡La paz es un objetivo noble, pero si se persigue de la manera equivocada, ese esfuerzo termina logrando lo contrario!” (“¿Conoce Donald Trump el camino hacia la paz?”, laTrompeta.es/1/fxv0d).

Al final, las grietas en el orden internacional están destinadas a ceder.

Las represas se rompen de repente y con furia. La historia nos recuerda una y otra vez que las promesas de paz son más grandilocuentes justo antes de los estallidos de violencia más impactantes. Es como dice en 1 Tesalonicenses 5:3: “Cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina…”.

Los peligros de la naturaleza humana

La naturaleza humana reside en todos nosotros. Está inspirada por Satanás el diablo, el padre de los mentirosos y asesinos, que como “príncipe de la potestad del aire” difunde sus actitudes de egoísmo, vanidad, codicia, competencia, odio y malicia en las mentes humanas (Juan 8:44; Efesios 2:2). (Puede encontrar una explicación bíblica exhaustiva de esta verdad en nuestro folleto gratuito Human Nature: What Is It? [La naturaleza humana: ¿Qué es?; disponible en inglés]).

Una expresión de la naturaleza humana puede verse en las acciones engañosas y asesinas del dictador de Rusia, que se apodera de tierras, miente sobre sus intenciones y destruye vidas.

He aquí un párrafo revelador de ese artículo de abril: “Putin es un agente malvado, despiadado y vengativo que usa métodos de guerra psicológica, asesinato y guerra al estilo soviético”. Tiene políticas repugnantes y devastadoras que son enfermizas hasta la médula ¡e incluso satánicas!”. En otro artículo, “¿Debería Donald Trump confiar en Vladimir Putin?”, el Sr. Flurry escribió: “Este es un hombre con un poder bestial, ¡y con un deseo bestial de gobernar el mundo! Él es un vengativo y monstruoso amigo del diablo con todo tipo de políticas contrarias a Dios. Está inmerso en el secretismo, el engaño, la manipulación, la agresión, intimidación, coacción y opresión; y hay mucho más acerca de él que no conocemos” (laTrompeta.es/1/c48fx).

Otra expresión contrastante de la naturaleza humana es la incapacidad de reconocer el mal. Esto provoca la creencia errónea de que, en el fondo, todo mundo desea realmente la paz. Dado que no queremos reconocer el mal que hay en nuestros propios corazones, podemos ser ingenuos ante la realidad del mal que hay en los demás. Nos seducen con promesas de paz cuando no hay paz (p. ej., Ezequiel 13:10). En su caso extremo, la gente rechaza la realidad y les dice a los profetas: “No nos profeticéis lo recto, decidnos cosas halagüeñas, profetizad mentiras” (Isaías 30:10).

Varios episodios de la historia advierten de lo que ocurre cuando individuos que encarnan la primera de esas tendencias se aprovechan de individuos que exhiben la segunda.

En el presidente Trump, esa credulidad natural se combina con otra señal de la naturaleza humana: una autoconfianza desmesurada. Es una combinación verdaderamente tóxica. “Trump cree que puede negociar con Putin, dándole secciones de Ucrania y esperando que esto lo pacifique”, escribió el Sr. Flurry en ese artículo de abril. “Eso revela una total falta de comprensión del hombre con el que está tratando”.

Entonces preguntó: “¿Puede Dios llevarse bien con el diablo?”.

Esa es una pregunta penetrante. Expone la verdadera batalla que se libra tanto en las devastadas estepas de Ucrania como en los salones de la diplomacia, donde resuenan los planes de paz.

El verdadero obstáculo para la paz no es simplemente un ex agente del kgb que pretende restaurar las glorias pasadas de la madre patria. Ni lo es un comediante convertido en comandante, que se niega a capitular ante una agresión extranjera. Tampoco lo es una alianza de seguridad que se acerca demasiado o, por el contrario, que avanza con una fuerza insuficiente. Ni tampoco es falta de ingenio o perspicacia para encontrar las sanciones precisas y los incentivos ideales para conseguir que alguien firme un papel, o para idear el compromiso perfecto con el que todas las partes puedan vivir.

El verdadero obstáculo para la paz son las mentes que chocan entre sí, todas saturadas de la naturaleza humana, todas inspiradas y manipuladas por el diablo.

No conocen el camino de la paz. Los resultados lo demuestran. Sin embargo, incluso ante el fracaso no consultan al único Ser que conoce ese camino, el Ser autor del camino de la paz; el Ser que promete restablecer muy pronto ese camino en toda la Tierra.

Mensajeros de paz

El Dios a quien estos presidentes, embajadores y delegados ignoran, les está permitiendo tener su momento. Les está dando la oportunidad de ensayar todos los pactos y planes, de forjar todas las confederaciones y convenios, de desplegar todas las herramientas diplomáticas que puedan idear. Y al final de cuentas, todos ellos demostrarán que “hay camino [de paz] que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12).

El mismo profeta que condenó a nuestros líderes actuales por su ignorancia del camino de la paz también predijo el resultado de sus esfuerzos. Cuando todo esté dicho y hecho, él escribió: “los mensajeros de paz llorarán amargamente” (Isaías 33:7).

Las profecías bíblicas de los horrores que están a punto de azotar al mundo —cuando EE UU haya caído de su pedestal, cuando los ejércitos de una Europa hipermilitarizada se movilicen, cuando las fuerzas de la Rusia de Putin se combinen con las del resto de una populosa Asia para desatar una carnicería a una escala que ni siquiera las víctimas de Ucrania pueden imaginar ahora— describen verdaderamente las condiciones que provocarán un llanto amargo.

Pero Dios está permitiendo todos estos fracasos y calamidades con un propósito, para enseñarnos una lección que podemos aprender incluso hoy, antes de que las condiciones empeoren: No hay esperanza en el hombre.

“Así ha dicho [el Eterno]: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de [el Eterno]” (Jeremías 17:5). ¿Puede usted observar al mundo actual y reconocer la verdad en esa Escritura? Confiar en el hombre trae maldiciones. Y esas maldiciones están a punto de proliferar y alcanzar a las naciones y a toda persona en la Tierra.

Pero al contrario: “Bendito el varón que confía en [el Eterno], y cuya confianza es [el Eterno]” (versículo 7).

Dios conoce el camino de la paz. Él revela ese camino en Su Palabra. Está arraigado en la ley de Dios, Sus mandamientos, que definen el bien y el mal, distinguen la rectitud de la maldad. “Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre. Y mi pueblo habitará en morada de paz, en habitaciones seguras, y en recreos de reposo” (Isaías 32:17-18).

Dios es un Dios de paz (Romanos 15:33; 16:20; Filipenses 4:9). De nuevo, a través del profeta Isaías, Dios promete: “Produciré fruto de labios: paz, paz al que está lejos y al cercano, dijo [el Eterno]; y lo sanaré” (Isaías 57:19).

Cuando este mundo malvado culmine en un estallido de violencia, Jesucristo regresará en gloria, trayendo la paz de la que este mundo carece y anhela. ¿Cómo establecerá Él esa paz e impedirá que los malvados la hagan añicos? Después de todo, “los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodo. No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos” (versículos 20-21).

Él no negociará. Gobernará con vara de hierro y pondrá de rodillas a sus enemigos (Apocalipsis 19:15; Isaías 45:23). Cristo sustituirá a Satanás como el dios de este mundo (2 Corintios 4:4; Zacarías 14:9). Encarcelará al diablo y silenciará su difusión (Apocalipsis 20:1-3, 10), permitiendo la reeducación de la humanidad y la eliminación de la naturaleza humana en todas sus formas. Solamente así podrán superarse los obstáculos a la paz.

Jesucristo exigirá e impondrá el camino de la paz. Isaías lo llamó el Príncipe de Paz y predijo que “lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite…” (Isaías 9:6-7). ¡La paz que emana de Su gobierno aumentará para siempre!