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(SAMUEL CORUM/GETTY IMAGES)

El incendio del Reichstag en EE UU

El segundo juicio político de Donald Trump ya está en marcha. ¿Quién lo está utilizando para beneficio propio, cómo y por qué?

Anoche [25 de enero] los demócratas de la Cámara de Representantes caminaron [en el Capitolio] con mucha ceremonia hasta el Senado, portando un artículo de destitución [impeachment], lo que significa que en dos semanas el Senado iniciará un juicio de destitución contra Donald Trump.

El juicio político [de impeachment o destitución del cargo], que apenas se había iniciado antes de que el Sr. Trump dejara la Casa Blanca al final de su mandato, tiene sólo un artículo. La resolución 24 de la Cámara de Representantes alega que el 6 de enero, durante una sesión conjunta del Congreso se reunía para certificar el voto del Colegio Electoral a favor de Joe Biden, “Donald John Trump participó en delitos graves y delitos menores al incitar la violencia en contra del gobierno de Estados Unidos” cuando él “reiteró afirmaciones falsas de que ‘ganamos esta elección, y la ganamos por un gran margen’”.

Los estadounidenses se preguntan: ¿Cuál es el propósito, cuando el presidente Trump entregó pacíficamente el poder hace una semana y él ya está fuera del cargo presidencial de todos modos? El propósito principal del artículo del juicio político viene al final del mismo artículo: “Donald John Trump, por lo tanto, justifica el juicio político y la destitución del cargo [algo que es irrelevante], y quedar descalificado para volver a ocupar y disfrutar de cualquier cargo de honor, confianza o beneficio en Estados Unidos [éste es el propósito]”.

Los radicales están en pie de guerra. De alguna manera consiguieron la nominación de Joe Biden; lo mantuvieron en su sótano o frente a pequeñas audiencias controladas, durante gran parte de la campaña; censuraron información horrible sobre él y su familia; manipularon los gobiernos estatales para permitir cantidades masivas de votos por correo fácilmente falsificados; manipularon las máquinas de votación; bloquearon a los observadores electorales; interfirieron en las elecciones desde el extranjero; se apoderaron de los votos del Colegio Electoral; se confabularon con las empresas, las redes de noticias y los medios de comunicación social; y aplastaron todo obstáculo hasta el día de la inauguración.

Decenas de millones de estadounidenses sienten que han sido manipulados.

Luego sucedió la manifestación del 6 de enero en el Capitolio. Lo que ocurrió entonces (y sobre todo lo que ha ocurrido desde entonces), ha sido el incendio del Reichstag en Estados Unidos.

El 6 de enero fue el día en que representantes y senadores se reunieron en la Cámara del Senado para firmar con sus nombres y su honor la certificación de una elección ilegítima. También fue el día en que cientos de miles de estadounidenses acudieron a Washington para protestar por la subversión de la Constitución y su derecho fundamental a gobernarse a través de los representantes elegidos. Vinieron a pesar de la manipulación y la censura de las redes sociales, y a pesar de que los negocios de D.C. les cerraron sus puertas.

Ese día terminaría en tragedia.

El motín del Capitolio y la forma en que se ha manipulado [en la prensa] durante las últimas tres semanas le recuerda a mucha gente lo que ocurrió en el Reichstag en 1933. Alguien (aún no sabemos quién) quemó el Reichstag (la sede de la legislatura nacional Alemana) destruyéndolo todo prácticamente. Para los alemanes esto fue una tragedia nacional, aunque nada parecida a la tragedia nacional que le siguió como resultado. A pesar de los informes que indicaban que él mismo podría haber estado relacionado con el incendio, el nuevo líder de Alemania reprimió esos informes y utilizó la destrucción del edificio del capitolio de la nación para atacar a sus enemigos, y potenció a su propio movimiento radical. Esos enemigos en su mayoría eran judíos. Ese líder fue Adolfo Hitler. Su manipulación del incendio del Reichstag consolidó su poder sobre la nación.

Inmediatamente después del motín del Capitolio, algunos demócratas afirmaron que era “el incendio del Reichstag en Estados Unidos”. Pero dejaron de decirlo cuando se dieron cuenta lo que eso implicaba sobre ellos.

De vuelta a Estados Unidos. Y de vuelta al 2 de diciembre. Era un mes después que se hubieran celebrado las elecciones presidenciales fraudulentas. El presidente Trump pronunció lo que, según él, “puede ser el discurso más importante que haya pronunciado nunca”. En ese discurso de 46 minutos, él denunció “el tremendo fraude electoral y las irregularidades, que tuvieron lugar durante las ridículamente largas elecciones del 3 de noviembre”, tanto a través de los votos por correo no verificados como a través del fraude digital electoral.

Después de este discurso, una encuesta de la Universidad de Quinnipiac realizada a 978 votantes registrados en todo el país, reveló que el 77% de los republicanos creía que hubo un amplio fraude electoral durante las elecciones, y que el 34% de los votantes registrados pensaba que la victoria de Biden era ilegítima. Son más de 70 millones los que creen que las elecciones fueron robadas.

Para hacer un llamado de atención al robo electoral, el presidente Trump apoyó un mitin político llamado “Save America” en Washington, D.C., el 6 de enero. La multitud fue enorme: unos 200.000 espectadores. El propio presidente Trump habló, diciendo que en lugar de conceder cortésmente las elecciones, “dije: ‘Algo está mal aquí. Algo está realmente mal. No puede haber ocurrido’. Y luchamos. Luchamos como locos, y si no luchas como loco, ya no vas a tener un país”. También dijo que la multitud marcharía hacia el Capitolio “para hacer oír sus voces pacíficas y patrióticamente”.

El artículo del juicio político afirma que el uso de la palabra “lucha” incitó a una insurrección.

Lo que ocurrió después fue feo y deshonroso. Algunos de la multitud son culpables de ser insurrectos (pero no como usted cree). Los que lo perpetraron deben ser castigados. A pesar de la narrativa coordinada de los medios de comunicación demócratas y las grandes empresas de tecnología, el mundo sabe que no fue un intento de insurrección por parte de los partidarios de Trump, y que el presidente no lo incitó.

La mayoría de los manifestantes permanecieron fuera, pero trágicamente, algunos entraron por las puertas del Capitolio. Algunos vídeos parecen mostrar que la policía les permitió entrar. Algunos vídeos muestran a los partidarios de Trump suplicando a los agentes de policía que traigan refuerzos y detengan a los alborotadores. Algunos vídeos muestran a manifestantes de Trump oponiéndose y maltratando físicamente a algunos de los alborotadores. Pero los alborotadores entraron. Algunos destrozaron ventanas, y gritaban “Ahorquen a Mike Pence” y destrozaron el recinto, incluyendo el despacho de Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes. Algunos llegaron a entrar a la cámara principal del Senado (que no estaba en uso) aparentemente sin inhibiciones de la policía, por no decir más. De hecho, los representantes y senadores fueron evacuados durante unas horas mientras la policía volvía a asegurar el edificio.

Los intrusos iban en su mayoría vestidos como partidarios de Trump y gritaban consignas a favor de Trump, pero cada vez es más evidente que no todos eran realmente partidarios de Trump.

Ésta es una afirmación de los hechos, como lo demostró la escena más sangrienta y trágica del día.

Una multitud de intrusos avanzó por el edificio hasta la puerta que conducía al vestíbulo del Portavoz de la Cámara de representantes. Dos policías que se encontraban en su lado de la puerta se apartaron del camino. Algunos de los intrusos rompieron los cristales de la puerta. Luego, una mujer trató de trepar por ella. Desde el otro lado, un agente de la policía del Capitolio disparó una vez, alcanzándola en el cuello.

¡Qué tragedia y qué deshonra dentro del mismo edificio que representa la república de Estados Unidos!

Sin embargo, esta tragedia no era lo que parecía. Docenas de personas involucradas en el asalto al Capitolio, aparecieron en la base de datos de detección de terroristas de la Oficina Federal de Investigación (FBI). Algunos eran miembros de los Oath Keepers, una milicia antigubernamental, pero otros eran miembros del grupo de extrema izquierda Antifa. De hecho, el vídeo y otras pruebas indican que los alborotadores de Antifa montaron o empeoraron los disturbios en el Capitolio, con el propósito de desacreditar al presidente Trump. Una fuente afirmó que había un “autobús lleno” de ellos. Si tal estrategia de “falsa bandera” suena increíblemente engañosa y peligrosamente perversa, ¡ésta está sacada directamente del manual de insurrección de la izquierda!

Las fuerzas del orden han identificado al menos a dos miembros conocidos de Antifa que se hicieron pasar por partidarios del presidente Trump durante el mitin. John Sullivan, un conocido agitador de izquierdas que fundó el grupo Insurrection USA, aparece en varios vídeos. Se puede ver a Sullivan con una gorra que dice “Presidente Trump 2020”, intentando azuzar a la multitud fuera del Capitolio. Incluso exige literalmente que le prendan fuego; lo cual es una ironía que no pasa desapercibida para quienes conocen lo que ocurrió en el Reichstag.

Ese individuo también aparece en la escena cerca de la puerta del Vestíbulo del Orador. No sólo está entre la multitud sino que es uno de los que intenta incitarla. Se le puede ver gritando a la multitud y rompiendo las ventanas, al otro lado de las cuales se puede ver a la policía con sus armas desenfundadas. Y se puede ver a Sullivan cerca de la mujer cuando sonó el disparo y ella cayó hacia atrás. Estaba tan cerca, que ella casi le cae sobre su pie.

Pero incluso mientras ella yacía en el suelo sangrando, él no había terminado. La periodista japonesa independiente Masako Ganaha dijo que Sullivan empezó a decir a los demás que estaba muerta, aunque no tenía forma de saberlo. Probablemente no fue así en ese momento, y la policía que se encontraba en el lugar de los hechos la atendió inmediatamente y dijo que podía salvarla.

Sullivan intentaba enfurecer a la multitud y empeorar la situación, lo que podría haber provocado más heridos o muertos.

El izquierdista radical John Sullivan no sólo estaba allí, ¡sino que estuvo muy involucrado en las circunstancias que llevaron a la muerte de esa mujer!

Luego Sullivan salió en cámara, incluso en cnn, para dar su versión de la violencia, sin que [el noticiero] lo identificara como un agitador de izquierda.

Los principales medios de comunicación liberales se pusieron rápidamente de acuerdo en calificar la revuelta como una insurrección. Y todos parecían censurar llamativamente el hecho que uno de los peores “causantes de la insurrección” captados por las cámaras es un liberal radical que literalmente fundó un grupo llamado ¡Insurrección USA!

Pero ese no es el punto para los izquierdistas radicales. El punto es que la violencia ocurrió y que por lo tanto les proporciona un pretexto para retratar la violencia en el Capitolio como una “insurrección”, y tratar de echarle la culpa al presidente Trump. Esto, a pesar del hecho que aquellos mismos ejecutivos diseñaron su cobertura de los disturbios del verano de 2020 de Black Lives Matter, para retratarlo como “mayormente pacífico”. Esto, a pesar del hecho que el presidente Trump les dijo a los manifestantes que fueran pacíficos, y después les dijo que se fueran a casa, tan pronto como estalló la violencia.

Todo mundo debería oponerse a la violencia y a la destrucción, y a la deshonra de nuestro Capitolio. Las escenas agitan nuestras emociones, y deben hacerlo. Pero no dejemos que los que han manipulado todo lo demás en estas elecciones manipulen también esto.

Sea quien sea el responsable, esto no cambia los hechos de las elecciones. ¡Siguen siendo fraude!

Algunos legisladores de voluntad débil actuaron como si la violencia en el Capitolio cambiara los hechos de las elecciones. Trataron la “victoria” de Joe Biden como si ahora fuera certificablemente legítima. Varios Senadores republicanos, como Kelly Loeffler de Georgia y James Lankford de Oklahoma, habían prometido oponerse a la certificación de la “victoria” de Joe Biden el 6 de enero, pero luego se negaron cobardemente a hacerlo.

Después que los manifestantes se dispersaran y los miembros del Congreso volvieran a la Cámara del Senado, el representante Paul Gosar, de Arizona, y el senador Ted Cruz, de Texas, objetaron los resultados de las elecciones de Arizona. Pero ambas cámaras del Congreso votaron para anular sus objeciones. Más tarde, el representante Scott Perry de Pensilvania y el senador Josh Hawley de Missouri objetaron los resultados de las elecciones de Pensilvania. Nuevamente, ambas cámaras los anularon. Así, a las 3:44 de la madrugada del 7 de enero, el vicepresidente Mike Pence, que se había negado a intervenir para detener la certificación, anunció que Joe Biden había ganado la presidencia.

Desde entonces, Biden y su camarilla han estado consolidando rápidamente y ejerciendo el poder que han obtenido como resultado.

La seguridad falló dramáticamente. Los intrusos entraron en el edificio legislativo e hicieron destrozos. Voces poderosas se coordinaron inmediatamente para dar un carácter sensacionalista al suceso, y agitar a la población. El nuevo líder de la nación y los que le rodean utilizaron el desastre como un arma política para atacar a sus enemigos y consolidar su poder.

¿Se refiere el párrafo anterior a Alemania y los nazis en1933, o a EE UU y a los demócratas en 2021?

Usted decida.

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