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Putin xi

Reuters/Kim Kyung-Hoon

El eje Rusia-China está aquí

Y ya está cambiando el mundo

Un nuevo eje se ha formado. Es tan colosal, que realmente el mundo podría girar sobre éste. La revista Trompeta y su predecesor [La Pura Verdad] lo han pronosticado por más de cinco décadas,  pero ahora el mundo está captando esta innegable tendencia, y se está dando cuenta de las grandes implicaciones.

Los tipos de titulares que habrían parecido extraños hace 50 o 15 o incluso cinco años, ahora se han vuelto comunes: “Hora de tomar seriamente el eje Rusia-China” (Diplomat, 4 de noviembre de 2014); “Putin acelera el giro hacia China” (Courcy’s Intelligence, 7 de noviembre de 2014); “Por qué la amistad entre China y Rusia está aquí para quedarse” (Foreign Affairs, 29 de octubre de 2014).

Hemos estado esperando este evento geopolítico trascendental por medio siglo. Y ahora, de manera algo repentina, ya está aquí.

Acuerdos del siglo

El pasado mes de mayo, el presidente ruso Vladimir Putin y el líder chino Xi Jinping firmaron un acuerdo gigantesco de suministro de gas valorado en $400 mil millones de dólares. Menos de seis meses después, lo hicieron de nuevo. El 9 de noviembre ellos firmaron otro acuerdo tentativo valorado en una suma inmensa similar.

Es difícil comprender el tamaño y la importancia de estos acuerdos. Para empezar, estas son las dos transacciones comerciales mayores en la historia de la humanidad.

Kang Wu de FG Energy dijo que los acuerdos de energía entre China y Rusia “realmente cimentarán su relación en gran manera, y las implicaciones políticas son enormes”. Una de las mayores implicaciones inmediatas es que, con este segundo acuerdo, China eclipsará a Europa al convertirse en el mayor y más estratégico consumidor de gas natural de Rusia. Así, Moscú podrá castigar a la Unión Europea al interrumpir sus flujos de gas a un menor costo para la economía rusa. Con certeza, la ya débil economía de Europa verá los costos de la energía dispararse, forzando a los europeos a luchar por alternativas costosas, en medio de lo que los meteorólogos esperan que sea un invierno inusualmente frio.

Adicionalmente a esos dos mega acuerdos de energía, Putin y Xi firmaron otros 17 “acuerdos comerciales bilaterales importantes” en la cumbre de Cooperación Económica entre Asia y el Pacífico en Beijing, que finalizó el 12 de noviembre. Esto siguió a otros 38 acuerdos importantes en octubre, valorados en miles de millones de dólares.

Estos acuerdos comerciales colosales son solo los indicios más recientes de un eje Rusia-China que se está forjando rápido. Este eje está reorientando la geopolítica del siglo xxi, y está inclinando la ventaja hacia el lado opuesto del Occidente.

“Los dos enemigos de toda la vida se han acercado cada vez más debido a una confluencia de intereses económicos, políticos y geoestratégicos, los cuales tienen un tema común que es disminuir, subvertir o desplazar el poder estadounidense”, escribieron Douglas E. Schoen y Melik Kaylan en su nuevo libro El Eje Rusia-China.

El analista Charles Krauthammer dijo que, “La cooperación mejorada [de Rusia y China] marca el primer surgimiento de una coalición global contra la hegemonía estadounidense desde la caída del muro de Berlín”.

Gerald Walpin, ex inspector general de la Corporación para el Servicio Nacional y Comunitario de Estados Unidos, dijo que, “Cualquier [espectador] justo compararía este eje con el eje Hitler-Japón que estuvo cerca de derrotar las democracias, incluyendo [la de] Estados Unidos, y resultó en 50 millones de muertes por todo el mundo. La única diferencia significativa es que este nuevo eje tiene armas nucleares”.

La preocupación de los occidentales acerca de esta cooperación anti-estadounidense no es infundada. Y adquiere una frialdad siberiana sombría cuando uno se da cuenta que una de las principales fuerzas que ha soldado a Rusia con China ha sido Estados Unidos.

El papel de Washington

Retrocedamos a la década de 1990. Estados Unidos ayudó a persuadir a Ucrania a renunciar a sus armas nucleares, las mismas armas que podrían haber hecho que Vladimir Putin lo pensara dos veces antes de desplegar tanques, tropas y misiles antiaéreos por toda la frontera. Pero ahora Ucrania está sin armas nucleares, y Putin no lo está.

Por mucho tiempo, Estados Unidos también ha conducido a la otan a provocar inconscientemente a Rusia. La mayoría de líderes estadounidenses vieron los intentos por expandir a la otan en Ucrania desde una perspectiva liberal, viéndolos como una promoción benigna de la democracia. Pero los rusos lo vieron de manera muy diferente. “Los rusos han continuado viéndolo a través del prisma de la geopolítica donde los cálculos del balance de poder conllevan una evaluación de las amenazas”, escribió James Kitfield, miembro mayor del Centro de Estudios de la Presidencia y el Congreso. Los rusos consideran que Ucrania es un camino directo hacia el corazón de Rusia.

John Meersheimer, experto en ciencias políticas de la Universidad de Chicago, dijo que, “Los líderes occidentales pensaron que la geopolítica era algo que sería asesinado y enterrado al final de la guerra fría, lo cual les permitió ignorar lo que los rusos estaban diciendo. Pero si uno mira el asunto desde un punto de vista realista o de la política real de Rusia, esta crisis era previsible”.

Putin respondió a la invasión de la otan (que él vio como injerencia de Estados Unidos para derrocar al líder de Ucrania elegido democráticamente) anexando a Crimea y desestabilizando a Ucrania oriental.

Luego, Estados Unidos impuso varias series de sanciones económicas sobre Rusia como castigo. Europa siguió el ejemplo, y Occidente esperaba que Putin sintiera la presión y retrocediera. En lugar de esto Rusia sólo intensificó la presión sobre Ucrania. Luego miró hacia el Oriente, principalmente a China, a fin de recuperar sus pérdidas económicas.

Bajo la administración actual, Estados Unidos también le ha revelado a Putin que este pueblo está cansado de la guerra, sus legisladores están desunidos, y sus líderes están sedientos de poder internamente, pero son deliberadamente débiles internacionalmente. Todo esto sirve como una luz verde brillante para el expansionismo de Putin.

¿Y qué podemos decir de China? ¿Cómo se convirtió en un país tan rico que puede hacer equipo con su vecino del norte y financiar la agresión de Putin?

Estados Unidos jugó un papel vital en esto también. Los magnates estadounidenses, ansiosos de maximizar las ganancias a corto plazo a pesar de los costos a largo plazo, han tercereado tanta producción como sea posible, en gran medida con empresas chinas. La mayoría de los estadounidenses prefieren pagar lo menos posible por los artículos electrónicos, computadores, ropa y otros bienes, incluso si esto significa que muchos otros estadounidenses pierdan sus empleos. Por lo tanto la tendencia continúa. De 1998 al 2010, la manufactura estadounidense, medida según el número de puestos de trabajo, cayó un 34 por ciento. Millones de estos empleos se fueron a China.

También, Estados Unidos tiene un alarmante déficit comercial con China. Sólo en 2013, Estados Unidos compró $318,7 mil millones de dólares más de China de lo que China compró de Estados Unidos. Desde el 2000, el déficit comercial total ha subido a $3,2 billones de dólares.

Así que una buena cantidad de los cientos de miles de millones de dólares que China le está pagando a Rusia por esos dos mega-acuerdos de gas y los otros acuerdos económicos originalmente vienen de Estados Unidos.

¿Es este eje peligroso?

Una mirada a cómo la Rusia de Putin se ha comportado en los meses recientes desde que se aseguró del respaldo de China, nos da una buena idea de lo que este gigante asiático podría hacer en el futuro.

Con China respaldándolo firmemente, en agosto Putin amenazó con usar armas nucleares para tomar el control de Ucrania. En septiembre, él envió un convoy naval para reabrir una base militar en el Ártico que respalde sus demandas a las riquezas energéticas bajo la capa de hielo. En noviembre, él envió buques de guerra a la frontera marítima del norte de Australia y publicó sus planes de enviar bombarderos de largo alcance para patrullar el Golfo de México y el Caribe, muy cerca de las aguas territoriales de Estados Unidos. Él también ha aprovechado las oportunidades para rechazar el dólar en las transacciones internacionales, debilitando su estatus como la moneda de reserva del mundo. Y una nueva doctrina militar rusa publicada en diciembre designa abiertamente a Estados Unidos como una “amenaza” y un “adversario”.

El eje Rusia-China no es meramente un pronóstico. Está aquí, y está cambiando al mundo. El mundo ahora enfrenta la crisis más seria desde la Segunda Guerra Mundial, y esto es en parte gracias a la voluntad quebrantada de Estados Unidos y el poder mal administrado.

En su libro, Schoen y Kaylan argumentan que “sólo un renacimiento del liderazgo global de Estados Unidos puede contrarrestar el impacto corrosivo de esta alianza anti-democrática, la cual pronto podría amenazar la paz y la seguridad mundial”.

Tal resurgimiento no se producirá por algo tan insignificante como “lograr que el partido republicano vuelva a la Casa Blanca”. Los males de la nación son demasiado numerosos y están demasiado arraigados como para ser remediados por un bálsamo tópico de esta clase. Pero hay una solución para la crisis en el liderazgo de Estados Unidos, y para el poder creciente y la cooperación y la beligerancia del eje Rusia-China. Para entenderlo, lea Rusia y China en profecía

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