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GARY DORNING/TROMPETA

El divorcio de Chimérica

La ruptura entre las dos economías mundiales más grandes sacudirá al mundo.

“Es totalmente poco realista desacoplar económicamente a China y Estados Unidos”. “No veo a los dos gigantes, las dos economías más grandes del mundo, desacoplándose. No creo que sea factible”. “Es demasiado tarde para desacoplar”. Estados Unidos y China “están demasiado entrelazados para estar separados”.

Éstas fueron las palabras de los expertos sobre China en la segunda mitad del año pasado. Coincidieron con la opinión de la mayoría de los analistas durante los últimos 40 años más o menos, desde poco después que el presidente de EE UU, Richard Nixon quien cambió la política de contrarrestar a la masiva nación comunista, a asociarse ahora con ella. A los pocos años del histórico logro de Nixon, las economías de EE UU y China crecieron tan interconectadas que el emparejamiento parecía irreversible. Algunos hablaron del futuro en términos de “Chimérica (China-Estados Unidos)” y el “Grupo de los Dos”.

Es cierto que ambos tuvieron choques por el autoritarismo del Partido Comunista Chino (pcch), los abusos de los derechos humanos, las prácticas de comercio ilegal y más. Pero siempre manejaron estas tensiones porque pesaban más los cientos de miles de millones de dólares de comercio anual entre ellos.

Tras la elección de Donald Trump como presidente en 2016, se intensificaron las fricciones en relación con el comercio, la militarización china del Mar del Sur de China, la independencia de Taiwán y Hong Kong y las violaciones de los derechos humanos del pcch contra la población [musulmana de etnia] uigur de China. Sin embargo, incluso entonces, la creencia de que el Águila y el Dragón estaban demasiado entrelazados como para desacoplarse seguía prevaleciendo no sólo entre los expertos geopolíticos, sino también entre las multinacionales estadounidenses. Una encuesta realizada en octubre de 2019 por las Cámaras de Comercio de EE UU en Beijing y Shanghái estudió a 25 de las empresas estadounidenses más grandes con operaciones en China, preguntándoles si podían retirarse del país. Dos tercios dijeron que sería “imposible”.

Habían transcurrido dos años de la guerra comercial, e incluso las empresas partícipes seguían pensando que a pesar de las tensiones, no se podía dar marcha atrás a la globalización. Como la mayoría de los analistas geopolíticos, estos representantes de las empresas sentían que la economía estadounidense dependía irrevocablemente de la mano de obra china barata, y que EE UU y China estaban simplemente demasiado entrelazados como para desligarse.

Luego, llegó el año 2020.

Un patógeno soltado

En enero, cuando los informes comenzaron a llegar a Occidente sobre una nueva enfermedad parecida a la neumonía que estaba surgiendo en Wuhan (China), pocos habrían adivinado cómo ésta alteraría fundamentalmente la economía mundial. Pero el virus del sars-CoV-2 se extendió rápidamente por las fronteras de China y comenzó a infectar a las naciones de todo el mundo, tanto con la enfermedad como con algo aún más virulento: el miedo.

Los gobiernos de todo el mundo hicieron cumplir directivas sin precedentes para mantener a la gente apartada, restringiendo o prohibiendo algunas, o todas las actividades, en conferencias, festivales, manifestaciones, reuniones, conciertos, hoteles, teatros, bibliotecas, parques, eventos deportivos, playas, bodas, funerales, servicios religiosos, gimnasios, centros comunitarios, restaurantes, escuelas, negocios, fábricas, centros de distribución y tiendas. La actividad económica se ralentizó o se detuvo, la producción se desplomó, las importaciones y exportaciones cayeron, y las deudas de todo tipo se dispararon.

Más estadounidenses han perdido sus empleos que en cualquier otro tiempo desde la Gran Depresión de la década de 1930. El gobierno federal gastó enormes cantidades de dinero en donaciones a empresas e individuos, añadiendo billones de dólares a la deuda nacional. “La economía entró en una edad de hielo de la noche a la mañana”, le dijo Diane Swonk, jefe economista de Grant Thornton al Washington Post. “Estamos en un congelamiento profundo” (22 de abril).

A medida que el congelamiento se profundizaba, los actores políticos estadounidenses se unieron en un raro acuerdo para colocar la culpa a los pies del régimen al que le pertenece.

‘Podría haber sido detenido en China’

El representante Seth Moulton, un demócrata de Massachusetts, se unió a una resolución a finales de marzo diciendo que China cometió “múltiples y graves errores” en los primeros días del brote, incluyendo la “propagación intencional de información errónea, para restarle importancia a los riesgos”, lo cual resultó en un incremento a “la gravedad y la propagación de la actual pandemia de covid-19”.

El representante republicano de Indiana, Trey Hollingsworth, expresó opiniones similares en una entrevista el 14 de abril en la radio wibc: “Los hemos visto (...) ocultar el coronavirus, no decir la historia completa, no dar el total del problema en China”, dijo. “[E]sto ha llevado a un resultado enormemente perjudicial”.

La percepción es similar entre el estadounidense promedio. En abril, una encuesta realizada por Harris Poll a 1.993 adultos estadounidenses encontró que casi el 80% cree que China mintió sobre el covid-19 y no compartió con el mundo datos vitales que podrían haber sido utilizados para frenar su propagación. Una encuesta de Pew del 21 de abril y una de McLaughlin & Associates del 22 de abril encontraron opiniones similares.

Ahora sabemos que incluso a principios de noviembre [2019], el Partido Comunista (pcch) gobernante de China recibió advertencias de las autoridades médicas sobre este nuevo patógeno que era resistente a los medicamentos para la gripe común. En lugar de tomar medidas para contener el virus en esos primeros días, los funcionarios del pcch lo ignoraron y lo encubrieron. Los agentes del gobierno detuvieron a los periodistas que informaron sobre la historia, arrestaron a ciudadanos que publicaron al respecto por la Internet y encarcelaron a médicos, obligándolos a retractarse de las advertencias que habían emitido. El partido destruyó muestras de laboratorio, se negaron a dejar entrar en China a expertos médicos de otras naciones, y mintieron a otros gobiernos y a los medios, repetida y descaradamente. Y a algunos críticos chinos por su manejo del brote—incluyendo un magnate inmobiliario, un destacado ‘bloguero’ y el jefe de Emergencias del Hospital Central de Wuhan—simplemente el Régimen los desapareció.

A medida que el brote se extendió por todo el mundo, el pcch se comportó tal vez con más crueldad. Está tratando de culpar al ejército de EE UU por plantar el patógeno. Se negó a enviar a EE UU equipo médico fabricado en China, pero propiedad de estadounidenses. Trató de presentar sus ventas de equipo médico (a menudo defectuoso) a otras naciones como donaciones. Realizó campañas de desinformación en línea para avivar el miedo y el pánico entre los estadounidenses. Utilizó la confusión mundial como cobertura para hacer avanzar la agresiva agenda geopolítica de China en el Mar del Sur de China y más allá.

En todo esto, el pcch demostró que no tiene límites morales y que sólo le preocupa debilitar a sus rivales, preservarse y enriquecerse.

Así pues, la careta fue removida. Y los estadounidenses, sin importar su afiliación política, comenzaron a culpar cada vez más a China. “Es un tema de consenso como el que se puede conseguir en el mundo dividido de hoy”, dijo Mark Penn, presidente de Harris Poll. “En general”, dijo, de repente hay “muy poca confianza” entre los estadounidenses “para cualquier cosa que el gobierno chino diga o haga”.

Por meses, el presidente Donald Trump se abstuvo de apuntar con el dedo con demasiada rigidez a Beijing. Pero en una reunión informativa de la Casa Blanca el 18 de abril, cambió de rumbo, con una declaración que confirmaba lo que la mayoría de los estadounidenses ya entendían: “Podría haberse detenido en China antes de que comenzara, y no fue así”, dijo él, “y el mundo entero está sufriendo a causa de eso”.

EE UU ve que la corrupción y la negligencia del pcch, desató el covid-19 en el mundo. Ahora muchos actores políticos, magnates empresariales e individuos estadounidenses están haciendo un examen de conciencia atrasado sobre el verdadero precio de enganchar el vagón económico de EE UU a China.

Preparándose para lo ‘imposible’

McLaughlin & Associates publicó otro hallazgo aún más significativo que el número de estadounidenses que culpan correctamente a China por la propagación del covid-19. Entre los 2.075 adultos estadounidenses que encuestaron, el 72% busca dejar de enviar manufacturas clave a China y terminar la dependencia estadounidense de la tecnología y equipos médicos chinos.

Esto es enorme debido a algo que suele ser bastante pequeño: la etiqueta del precio.

Una etiqueta de “Hecho en China” significa generalmente que un producto es considerablemente más barato que un equivalente etiquetado como “Hecho en EE UU”. Esto se debe en parte a que el pcch manipula la moneda de la nación para mantener los productos chinos baratos. También es porque la línea divisora entre el gobierno chino y las empresas chinas, es borrosa o no existe. En 2011, por ejemplo, el 43% de todas las ganancias generadas por China procedían de empresas en las que el gobierno tenía una participación de control. En la mayoría de los demás casos, los propietarios de las empresas siguen haciendo las ofertas del pcch por temor a perder el favor del régimen tiránico.

El pcch utiliza a menudo su control sobre las empresas del país y los 1.400 millones de ciudadanos para obligar a las personas a trabajar en condiciones de esclavitud o en acuerdos cercanos a aquello. Las empresas chinas que buscan impresionar al pcch con balances fuertes a menudo hacen lo mismo. En El Lado Oscuro del Trabajo en China, Karine Lepillez escribe: “La combinación singular de la ideología comunista y el poder económico descentralizado del país, ha contribuido al uso de trabajos forzados; unos autorizados por el Estado, otros no”.

Lepillez analiza el uso que China hace del trabajo infantil, la explotación de disidentes, el trabajo doméstico forzado, la retención de salarios, las coacciones de migrantes internos y la corrupción omnipresente. Agrega: “No se dispone de estadísticas sistemáticas sobre el alcance del trabajo forzado debido al sistema político represivo de China. Sin embargo, artículos de noticias, informes, investigaciones y testimonios de antiguos trabajadores forzados, dan fe de la gravedad de la situación”.

El pcch también utiliza su control sobre la economía de China, y todo el dinero que de otra manera iría a su pueblo lo usa para subsidiar industrias enteras, reduciendo artificialmente los precios y llevando a la bancarrota a la competencia en otras naciones.

Al observar la variedad de productos de Walmart, los compradores estadounidenses por lo general no han estado preocupados pensando en los pequeños dedos que hicieron algunos de estos productos en las peligrosas fábricas, o sobre los subsidios ilegales del pcch, que secaron a las empresas estadounidenses grandes y pequeñas. En cambio, han pensado principalmente en el precio en la etiqueta. Y como las fábricas estadounidenses pagan a sus trabajadores un salario más justo, lo que resulta en un producto más caro, muchos compradores en EE UU, y en todo el mundo, han elegido comprar los productos chinos.

Pero ahora parece que los estadounidenses se están desilusionando tanto con China por el covid-19 que podrían estar dispuestos a pagar más para terminar este “convenio con el diablo”.

El análisis de la encuesta de McLaughlin dijo: “La pandemia ha forjado un consenso histórico que cruza las líneas partidistas sobre la necesidad de la unidad, causó una aplauso a la capacidad de fabricación nacional estadounidense para restaurar nuestra economía y la necesidad de reconocer que China busca aprovechar las réplicas de covid-19 para avanzar en su propia agenda geopolítica”.

Los actores políticos estadounidenses presentaron una serie de proyectos de ley en el Congreso en abril, incluyendo uno con apoyo bipartidista en el que se pide que EE UU reduzca en gran medida la dependencia de la cadena de suministros de China. El senador Marco Rubio, quien presentó el proyecto de ley, dijo: “Es lamentable que se necesitara una pandemia mundial para dejar en claro las ramificaciones de exportar nuestra base industrial a países como China”.

Un informe del Congreso de EE UU hecho público el 21 de abril declaró: “Debido a que China es un centro de fabricación mundial, las interrupciones en la cadena de suministro nacional provocadas por el covid-19 han producido sacudidas en toda la economía mundial y han puesto de manifiesto el riesgo de la dependencia de China como fuente de productos intermedios y terminados”.

El asesor principal de la Casa Blanca, Jared Kushner, durante una entrevista con Steve Hilton el 26 de abril dijo que debido al covid-19, EE UU ya está “trabajando para asegurarse de que nunca más dependamos de los suministros extranjeros”.

Las empresas también están contemplando lo que hace unos meses parecía “imposible”. En marzo, las Cámaras de Comercio estadounidenses en Beijing y Shanghái repitieron la encuesta que habían realizado en octubre. El cambio fue absoluto: la mayoría de los empresarios estadounidenses encuestados dijeron esta vez que parece necesario desacoplarse de China. Más de una cuarta parte ya estaban tomando medidas para obtener materiales de nuevos lugares después del brote de coronavirus, y muchos expresaron intenciones de retirar toda la producción de China.

Por mucho que las empresas y los consumidores estadounidenses se beneficiaron de “Chimérica”, fue mayormente beneficioso para el pcch, que lo utilizó para transformar a una frágil economía en una potencia mundial. Pero los chinos ahora también se están preparando para desacoplarse. Saben que los días de intercambiar mano de obra esclava por dinero en efectivo, de invertir en activos estadounidenses, obtener un pase gratuito para robarse la tecnología de EE UU y burlar las reglas de la Organización Mundial del Comercio están terminando. Ven que la administración de Trump ahora toma en serio limitar la exportación de cualquier producto estadounidense a China que pueda tener una aplicación militar, incluidos los semiconductores que los chinos necesitan desesperadamente.

China se está preparando para redirigir sus líneas de suministro. Y este aparentemente distante cambio macroeconómico nos sacudirá a todos a fin de cuentas.

Alex Capri, de la Universidad Nacional de Singapur, explicó en una entrevista con el South China Morning Post: “A medida que EE UU incremente el estrangulamiento, las empresas de tecnología en China (…) duplicarán los esfuerzos para ‘des-americanizar’ sus cadenas de suministro”.

De repente, lo impensable ya no es sólo pensable sino que está en sus primeras fases. Las dos economías más grandes de la historia están empezando a separarse.

Resurgimiento de EE UU vs. ‘emporio de las naciones’

A corto plazo, reducir la dependencia de la cadena de suministro de una nación falsa y malintencionada, y traer la fabricación de vuelta a casa, particularmente en un momento en que las tasas de desempleo están aumentando, podría beneficiar significativamente a EE UU. Esto podría extender el resurgimiento temporal que se está produciendo en la nación.

Pero el desacoplamiento de China también prepara el escenario para que EE UU sufra una catastrófica derrota económica, política y militar. Esa derrota se predice en la Biblia.

Hace unos 2.700 años, Dios inspiró al profeta Isaías para escribir sobre un bloque comercial antiestadounidense que surgiría en nuestro tiempo. Isaías 23:3 lo describe como un “emporio [mercado] de las naciones”.

El versículo 1 nombra a “Quitim” como uno de los países líderes de este conglomerado. En su folleto, La visión de Isaías sobre el tiempo del fin, el Sr. Flurry escribe: “Kittim es sinónimo de Quitim de la profecía de Isaías. (…) Después de su migración a través de Asia Central, los de quitim hicieron su aparición en el noreste moderno de China y en Mongolia bajo el nombre de Kitán en el siglo iv d. C.”

Isaías continúa diciendo que “Tiro” también será una potencia líder en este mercado de naciones. El Sr. Flurry explica que esta ciudad representa el “centro comercial” de la Europa moderna. Él escribe: “El centro espiritual del Sacro Imperio Romano [europeo moderno] se llama Babilonia en la Biblia (Apocalipsis 17:5; 18:1-3). Pero aquí en Isaías, la Biblia se refiere a Tiro (y a sus aliados Sidón, etc.) como el centro comercial de esta potencia europea. Entendiendo los poderes espirituales y comerciales, uno puede entender qué gran coloso se está levantando en Europa”.

Un pasaje relacionado, en Ezequiel 27, también nombra a “Mesec” y “Tarsis”, nombres antiguos que indican la Rusia y el Japón modernos, lo que demuestra que ellos también formarán parte de este enorme bloque comercial.

Las Escrituras muestran que las conexiones entre estas naciones asiáticas y europeas continuarán desarrollándose en los próximos años, y que todas estas naciones se volverán más radicalmente contra EE UU y algunos de sus aliados.

El Sr. Flurry examina estos pasajes junto a Deuteronomio 28:52 y muestra cómo este mercado ejercerá su poder. “La Biblia contiene muchas profecías de ese poder europeo atacando a EE UU—y muchas otras profecías de EE UU siendo asediado”, escribe el Sr. Flurry. “China y los gigantes de Asia” formarán una “breve alianza” con el bloque europeo liderado por Alemania, y todos ellos “van a asediar a EE UU, Gran Bretaña y la nación judía”.

Con “Chimérica” intacta, sería terriblemente costoso y doloroso para China atacar a EE UU de esa manera. Excluir repentinamente a su mayor socio comercial pulverizaría su propia economía. Eso no quiere decir que el ataque no pueda ocurrir si China y EE UU siguen vinculados; los agresores suelen realizar actos de agresión a pesar del costo y el dolor a corto plazo en busca de ganancias a largo plazo. Pero si China y EE UU continúan el desacoplamiento que el covid-19 ha iniciado, los costos para que China lleve a cabo este asedio serían mucho más bajos.

Estos pasajes de la Biblia son dolorosos de leer. La profecía del “emporio de las naciones” significa que EE UU, Gran Bretaña e Israel se dirigen hacia un tiempo de horribles dificultades y sufrimientos. Significa que, en poco tiempo, los niños de estos países preguntarán a sus padres por qué la familia no ha comido bien en días, por qué su vecindario ha estallado en violencia, y cuándo terminará todo eso.

Si esos padres estudiaran sus Biblias, podrían darles respuestas a sus hijos —y esperanza.

Podrían explicarles que el Dios Creador no se complace en ver a estas naciones sufrir tan horriblemente, sino que Él está tratando de que ellas Le hagan caso (Ezequiel 33:11). Él quiere que EE UU, Gran Bretaña, Israel, y todo el mundo, “tengan vida” y “la tengan en abundancia”, pero mientras estén en rebelión contra Él y Su ley, eso es imposible (Juan 10:10; Mateo 5:17). Pero al enviar un castigo a las naciones, Él puede llevarlos al arrepentimiento, y luego convertir los corazones de piedra de los pueblos en corazones de carne (Hebreos 12:6-11; Ezequiel 11:19; Jeremías 31:33).

Los padres podrían enseñarles a sus hijos que la calamidad es una corrección amorosa de nuestro Creador, y que justo más allá del asedio y la caída de estas naciones Él iniciará la era más abundante de la historia humana.

“Aquella sociedad comercial no durará mucho tiempo”, escribe el Sr. Flurry. “Pronto ellos chocarán, justo antes que Jesucristo regrese y los destruya a ambos” (ibíd.). Cristo volverá a la Tierra, pondrá fin rápidamente a la autodestrucción de la humanidad y dará comienzo a una época de paz y prosperidad para los pueblos de China, EE UU y todo el mundo.

“Gracias a Dios”, escribe el Sr. Flurry, “hay noticias grandiosas más allá de las malas noticias”. 

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