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El dilema moral de Alemania

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El dilema moral de Alemania

Perversiones babilónicas marcanla sociedad y la política alemanas.

Imagine la escena: unos cientos de neonazis y extremistas de ultraderecha, entre ellos cabezas rapadas con tatuajes, ondean con orgullo las banderas del Imperio alemán de finales del siglo xix. Se han congregado para oponerse a una marcha mucho mayor: un desfile de lesbianas, gais, bisexuales, transexuales y queer que ondea con orgullo la bandera arcoíris.

Un movimiento quiere devolver a Alemania al gobierno autoritario y militarista. El otro promueve el adoctrinamiento de los niños, la mutilación genital y otras perversiones.




Este enfrentamiento se ha vuelto notablemente común. Los neonazis son superados en número por los pervertidos. En 2024, unos 400 manifestantes de ultraderecha se enfrentaron a un desfile del “orgullo” de alrededor de 19.000 personas en Leipzig, Sajonia.

El único grupo que se opone aún más a los desfiles del orgullo son los extremistas islámicos. Uno de ellos lanzó una camioneta contra una multitud en Berlín el 25 de julio, matando a una persona e hiriendo a 29. Ese ataque fue condenado tanto por los principales medios de comunicación como por la ultraderecha, aunque por razones distintas.

Un neonazi con vestido

Ese mismo mes, Sven Liebich fue recapturado tras huir a la República Checa. Después de su condena el año pasado, el neonazi cambió legalmente su género para exponer lo absurdo del Estado. Por ello, las fuerzas del orden alemanas lo trasladaron a una cárcel de mujeres en Chemnitz, Sajonia. Sin embargo, dos días después, Tagesschau informó que la cárcel de mujeres lo había rechazado, “así que ella fue trasladada a una cárcel de hombres”. “Ella” es un neonazi con vello facial, corte de pelo militar, lápiz labial rojo y ropa de mujer.

¿Qué haría usted si los extremistas de derecha fueran el único grupo que se opone a la enfermedad moral y al absurdo de la sociedad?

La supuestamente conservadora Unión Demócrata Cristiana apoya firmemente la agenda lgbtq. La misma semana en que Liebich acaparaba titulares, uno de los principales políticos “conservadores” del partido provocó un escándalo.

“Jens Spahn y su esposo se han convertido en padres”, celebraron los medios alemanes el 16 de julio. Por supuesto, una pareja homosexual no puede tener hijos, y la gestación subrogada es ilegal en Alemania. La madre es de Estados Unidos, y según se informa la pareja homosexual de Spahn es el padre biológico.

“Como hombre gay y como cristiano, personalmente me resulta muy difícil aceptar la idea de un ‘vientre alquilado”, escribió Spahn en 2015. Pero ahora este “cristiano” homosexual había “alquilado” un vientre. Se vio obligado a renunciar; no porque sea homosexual y por tanto no sea bienvenido en el partido “cristiano”; no porque se opongan a que críe a un niño en un hogar pervertido, sino porque su partido desaprueba la gestación subrogada.

Si usted tiene algún problema con el estilo de vida de este hombre, usted es el problema, a ojos de la élite alemana.

“En las últimas dos semanas hemos vivido la homofobia en formas muy distintas, pero en dos ocasiones en su forma más repugnante”, declaró el 27 de julio el expolítico alemán de alto rango Karl-Theodor zu Guttenberg, refiriéndose al ataque islámico contra el desfile homosexual y a la renuncia de Spahn. Sobre esto último, dijo: “Encontré los insultos más viles en internet y uno realmente tenía que preguntarse qué clase de personas eran las que se expresaban así” (podcast Land in Sicht).

Al parecer, si tiene opiniones firmes sobre la adopción de un bebé por parte de una pareja homosexual, usted es vil y quizá deba temer que alguien lo persiga.

Quizá por eso algunos alemanes recurren a Alternativa para Alemania. De hecho, el partido de ultraderecha hace campaña en Sajonia-Anhalt con esta declaración: “Sólo de la unión de un hombre y una mujer nacen hijos, y con ellos las generaciones futuras”. Muy bien; sin embargo, la líder del partido, Alice Weidel, vive con su pareja lesbiana y dos “hijos” en Suiza.

Una enfermedad moral generalizada

Algunos alemanes que quieren que alguien haga frente a estas perversiones demenciales elogian a Adolfo Hitler. Pero ignoran que ni Hitler ni sus principales asesores fueron ejemplos morales. “Asesinos, proxenetas, homosexuales, pervertidos, drogadictos o simples alborotadores, todos le daban igual [a Hitler] si servían a sus propósitos” (The Rise and Fall of the Third Reich [El auge y la caída del Tercer Reich]).

La enfermedad moral de la élite política refleja y luego amplifica la enfermedad moral del pueblo.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos escribió en 2023, refiriéndose a un estudio de ipsos: “Suponiendo que no haya solapamiento entre las personas no heterosexuales y las no cisgénero, la proporción de individuos lgbti+ en la población alemana podría llegar al 14%, es decir, 11,6 millones de personas (el equivalente a la población de Bélgica)”.

Esta enfermedad moral tiene sus causas fundamentales en la sociedad y la historia alemanas.

Hace veinticinco años, Alemania legalizó la prostitución. Desde entonces se ha convertido en el “burdel de Europa”, dijo el año pasado la presidenta del Bundestag, Julia Klöckner. Según la Oficina Federal de Estadística, a finales de 2024 había 32.300 prostitutas registradas en Alemania; sólo 5.600 de ellas eran ciudadanas alemanas. Los investigadores estiman que el número de prostitutas no registradas podría llegar a un millón.

La prostitución fue una grave enfermedad moral que asoló a Alemania entre las dos guerras mundiales. La guerra dejó a muchas mujeres sin esposos ni proveedores, lo que las llevó a entregarse a la prostitución. William Manchester describió bien aquella época en su biografía de Winston Churchill: “Más de dos millones de jóvenes alemanas eran viudas indigentes. Las más desesperadas (y atractivas) se hicieron prostitutas y buscaban presa en los callejones cercanos a la Hauptbahnhof. Entre ellas había prostitutas musculosas con látigos y madres de poco más de 30 años, en equipo con sus hijas adolescentes, que ofrecían sexo Mutter-und-Tochter. Los turistas quedaban escandalizados ante los locales nocturnos más infames”.

Una perversión llevaba a la siguiente. Manchester cita al autor austriaco Stefan Zweig: “A lo largo del Kurfürstendamm paseaban jóvenes empolvados y maquillados, y en los bares de luz tenue podía verse a hombres del mundo de las finanzas cortejando a marineros borrachos”; mientras que en los bailes de travestis, “cientos de hombres disfrazados de mujeres y cientos de mujeres disfrazadas de hombres bailaban bajo la mirada benévola de la policía”.

“Berlín se distinguía, de hecho, por su carencia absoluta de virtud alguna”, concluyó Manchester. “Se había convertido en la nueva Babilonia”.

La Alemania de hoy vuelve a encaminarse por la senda de la antigua Babilonia.

La popular serie de televisión actual Babylon Berlin retrata la capital durante la República de Weimar alemana en 1929. Los productores reconocieron que los relatos bíblicos e históricos de la ciudad antigua eran una descripción perfecta del Berlín de Weimar. “Este Berlín es un Moloc; el pecado, la corrupción y la violencia acechan en cada esquina, como en el mito que rodea a la ciudad bíblica”, señaló el periodista cultural Jens Balkenborg. La Biblia llama a Babilonia una “ramera” por la enorme inmoralidad de esa capital imperial.

Estos productores no se dan cuenta de cuán acertada es su descripción. La antigua Babilonia fue fundada por Nimrod (Génesis 10) como “un foco de corrupción e inmoralidad” (Las Buenas Noticias, abril de 1980). Nimrod, en una relación con su propia madre, inventó una religión moralmente corrupta que dio lugar a un pueblo moralmente corrupto. Desde entonces, Babilonia en la Biblia ha representado la religión falsa mezclada con la política corrupta y la inmoralidad.

Asur trabajó estrechamente con Nimrod. Los descendientes de Asur, los belicosos asirios, adoptaron el sistema de Babilonia. Los descendientes alemanes de Asiria comparten esas cualidades (solicite un ejemplar gratuito de Alemania y el Sacro Imperio Romano).

La Biblia describe no sólo los pecados de la antigua Babilonia, sino también las inmoralidades de nuestros días que adoptaron ese mismo sistema. Apocalipsis 18 profetiza la caída de este sistema babilónico que todo lo devora y suplica a la gente de nuestra generación: “Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas” (versículo 4).

La perversión babilónica de Alemania es terreno fértil para el cumplimiento de una profecía bíblica clave. Cuando “los transgresores lleguen al colmo, se levantará un rey altivo de rostro y entendido en enigmas”, profetiza Daniel 8:23 para el tiempo del fin. A este líder también se le llama “hombre despreciable” en Daniel 11:21. Los pecados de nuestro mundo, de EE UU y Gran Bretaña y también de Alemania, están posibilitando el ascenso de este hombre.

El redactor jefe de la Trompeta, Gerald Flurry, explicó en el número de enero de 2025: “Moffatt dice que este ‘hombre despreciable’ es ‘una criatura despreciable’. ¡Este hombre terrible está a punto de tomar el control!”.

ALEMANIA Y EL SACRO IMPERIO ROMANO

Muchas personas están al tanto de las atrocidades cometidas por Alemania en la Segunda Guerra Mundial pero lo consideran como historia antigua. Estas personas ignoran por completo el legado que inspiró a Adolfo Hitler a crear su máquina de guerra nazi. Este surgimiento fue simplemente la resurrección reciente de un imperio guerrero con una larga y sangrienta historia. ¿Sabía usted que la Biblia profetizó de este régimen, así como del terrible resurgimiento de su última resurrección, en nuestros días?