Reciba nuestro Boletín de avisos gratuitamente una vez por semana.

Industry 611668 1920

Foto-Rabe/Pixabay

Efecto invernadero apocalíptico

¿Amenazan la vida de todos en la Tierra las emisiones de dióxido de carbono?

Los activistas del medio ambiente estaban indignados. Los políticos advirtieron que las emisiones de gases de efecto invernadero sumergirían las ciudades, asfixiarían a los niños, y pondrían en riesgo la sobrevivencia humana. Muchos lo vieron como una absoluta catástrofe, cuando el presidente Donald Trump sacó a Estados Unidos de los acuerdos de clima de París.

“No deberíamos esperar hasta que Mar-a-Lago [mansión de Trump en Florida] esté bajo el agua para que el presidente Trump se preocupe por las consecuencias del cambio climático”, dijo Tom Perez, presidente del Partido Demócrata, a una multitud de manifestantes. “Y no deberíamos unirnos a Siria y Nicaragua como los únicos tres países en las Naciones Unidas que se oponen a este avance histórico”.

“La pregunta que tengo para Donald Trump, como madre de cinco y abuela de nueve, es cómo va a poder explicarle a sus nietos lo que él le hizo al aire que ellos respiran, suponiendo que respiran aire”, dijo Nancy Pelosi, líder de la Minoría de la Cámara de Representantes. “Lo que pasó ayer en el tema del clima es una vergüenza para nuestro país, y debería de ser una vergüenza para él personalmente por la forma en que le responde a sus nietos”.

“Cuanto más retrasemos la acción, más catastrófico será el cambio climático”, advirtió Jill Stein, excandidato presidencial del Partido Verde. “Los niveles de agua y de temperatura van a elevarse en las próximas décadas. La sexta extinción masiva de especies se acelerará, lo cual hará que las posibilidades de supervivencia humana sean precarias a lo sumo. El asunto es cuánta gente se verá obligada innecesariamente a enfrentarse a los estragos de un clima extremo, y morir por causa de sequías, hambre, migraciones forzadas, propagación de enfermedades y guerras por el acceso a la tierra y el agua”.

Para prevenir este apocalipsis ambiental, algunos activistas han propuesto acciones drásticas. Hace tres años, el activista ambiental Robert Kennedy sugirió que Estados Unidos necesita leyes para castigar a los que niegan el cambio climático. El climatólogo James Hansen dijo que aquellos que niegan el cambio climático provocado por el hombre deberían enfrentar un juicio penal por “altos crímenes contra la humanidad”. Un profesor de la Universidad de Graz sugirió la pena de muerte para los que niegan el cambio climático.

Sin embargo, antes de empezar a encarcelar a los escépticos echemos un vistazo a los hechos reales, detrás del cambio climático causado por el hombre. A pesar de lo que afirman los alarmistas, la prueba de la ciencia está lejos de quedar establecida.

Mito del consenso

El expresidente de Estados Unidos, Barack Obama tuiteó esto en 2013: “Noventa y siente por ciento de los científicos están de acuerdo: el cambio climático es real, lo causa el hombre y es peligroso”. Muchos otros, incluyendo al expresidente del Club Sierra, Aaron Mair, han hecho eco de esta estadística en los últimos años. Sin embargo, el problema con esta cifra es que, es completamente falsa.

La cifra del 97 por ciento proviene de un estudio de casi 12.000 documentos revisados por pares científicos bajo la dirección del científico australiano John Cook. El estudio de hecho encontró un consenso del 97 por ciento solo entre los documentos revisados que tomaban una posición sobre la causa del calentamiento global. El problema es que solo el 34 por ciento de los documentos tomaban una posición en el tema. Y considerando que el 33 por ciento de esos escritos parecían apoyar la noción de que los seres humanos causan el cambio climático, Cook dividió 33 por 34 para llegar a su cifra de 97 por ciento. Sería más honesto afirmar que el 1 por ciento de los científicos dicen que los seres humanos no están causando el cambio climático, que un tercio de los científicos afirman que sí, y que dos tercios de los científicos no declaran dogmáticamente nada de eso.

Cuando el profesor David Legates de la Universidad de Delaware reexaminó el estudio de Cook, encontró que incluso la cifra de 33 por ciento podría ser artificialmente alta. Según la evaluación de Legates, de los 11.944 resúmenes que Cook examinó solo un 0,3 por ciento declaran dogmáticamente que los seres humanos están causando el cambio climático en la Tierra.

Más recientemente, más de 31.000 científicos estadounidenses firmaron una petición que dice: “No existe evidencia científica convincente de que el dióxido de carbono, el metano y otros gases de efecto invernadero liberados por los seres humanos estén causando o lleguen a causar en el futuro previsible, un calentamiento catastrófico de la atmósfera terrestre y alteración del clima de la Tierra”. Entre estos científicos estaban dos físicos ganadores del premio Nobel, cuatro astronautas de la nasa y más de 9.000 personas con doctorados.

A pesar de estar prácticamente canonizado como dogma religioso por las Naciones Unidas, la hipótesis de que el hombre ha causado el cambio climático no es una “ciencia establecida”. Este tema continúa siendo algo extremadamente polémico.

Aquellos que intentar silenciar a los disidentes tienen mucho más en común con los inquisidores medievales (que arrestaron a Galileo Galilei por difundir la opinión herética de que la Tierra orbita el sol), que con científicos reales imparciales.

Prejuicio del gobierno

El grupo ecologista Greenpeace condenó al Dr. Wei-Hock Soon, un escéptico del cambio climático antropomorfo, por aceptar donaciones de las empresas de energía como Exxon-Mobile. Greenpeace insinuaba que las compañías de combustibles fósiles están comprando a los escépticos del cambio climático.

La mayoría de los fondos para investigación del clima provienen del gobierno. ¿Podría esto resultar en investigaciones segadas?

A diferencia de la industria de la energía que financia ambos lados del debate sobre el cambio climático, el gobierno federal primordialmente entrega fondos a científicos que concluyen que se necesitan más regulaciones gubernamentales sobre la economía para poder salvar al Planeta. Según Joanne Nova en el Instituto de Política Pública y Ciencia, el gobierno de EE UU gastó más de $32 mil millones en investigación del cambio climático entre 1989 y 2009; más de 1.500 veces más que ExxonMobile.

“Los académicos que saltan al tren del calentamiento global tienen más probabilidades de obtener grandes becas de investigación que aquellos que expresan dudas, y la investigación es el alma de una carrera académica en las principales universidades”, escribió el Dr. Thomas Sowell, investigador principal en la Institución Hoover. “Movimientos ambientalistas alrededor del mundo están comprometidos con la histeria del calentamiento global, y en ningún lugar lo están más que en los colegios y universidades, donde pueden acosar a los que dicen lo contrario”.

Estos profesores también reciben miles de millones de dólares de fundaciones izquierdistas como el Sierra Club, Earthworks, el Consejo de Defensa de los Recursos Naturales, el Fondo de Defensa del Medio Ambiente y Justicia para la Tierra. Aceptar fondos de ciertas organizaciones no desacredita automáticamente las investigaciones; sin embargo, es innegable que los científicos escépticos del cambio climático causado por el hombre reciben una fracción de los fondos destinados a los científicos que lo promulgan. En las palabras de Nova: “En este debate científico, un lado es amordazado mientras que el otro tiene una campaña mediática financiada por el gobierno”.

Lo que vemos en las noticias no es un debate científico abierto para que ganen los hechos. Es el resultado de una manipulación altamente parcializada y con motivaciones políticas.

Manipulando los datos

Desde la década de 1980, rara vez ha pasado una semana sin algún reporte nuevo advirtiendo sobre los efectos apocalípticos del cambio climático provocado por el hombre. Estos reportes excluyen sistemáticamente los datos que le arrojaran duda a sus conclusiones.

La hipótesis del cambio climático provocado por el hombre declara que cuando los seres humanos queman combustibles fósiles, los gases de dióxido de carbono resultantes cobijan al Planeta de modo artificial. Esto hace que el Planeta se caliente y que los casquetes polares se derritan. Aunque pocas personas niegan que el Planeta parece estar como un grado y medio más caliente que hace un siglo, el vínculo entre el aumento de las temperaturas y de los niveles de dióxido de carbono no es tan directo como muchos políticos dicen.

De acuerdo al Observatorio de la Tierra de la nasa, la temperatura promedio de la Tierra aumentó casi 1 grado Fahrenheit entre 1918 y 1941. En el mismo periodo, los niveles de dióxido de carbono aumentaron 5 por ciento. Entre 1941 y 1978, los niveles de dióxido de carbono aumentaron otro 5 por ciento; pero las temperaturas disminuyeron alrededor de medio grado.

Los medios de comunicación en ese momento entraron en una paranoia acerca del enfriamiento global, pero de 1978 a 1998, las temperaturas aumentaron otro grado. Los niveles de dióxido de carbono han subido 15 por ciento desde 1978; sin embargo, la temperatura global promedio parece haber dejado de aumentar en 1998.

Estos hechos arrojan dudas serias sobre la noción de que quemar combustibles fósiles es la causa primordial detrás del aumento de 1 un grado en la temperatura durante el siglo pasado.

Científicos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (noaa) se apresuraron a publicar un documento negando esta pausa en el calentamiento global antes de que los líderes mundiales se reunieran para firmar el Acuerdo de París en 2015. Pero el Dr. John Bates recientemente reveló que noaa tuvo que romper sus propias reglas sobre integridad científica para poder publicar este documento a tiempo. Por alguna razón, noaa no archivó datos clave utilizados en el documento, lo cual significa que las conclusiones nunca podrán ser verificadas.

Científicos financiados por el gobierno están ignorando evidencia de que el calentamiento global no se correlaciona con las emisiones de dióxido de carbono, y que se ha detenido en los últimos 19 años.

Ellos también están ignorando evidencia de que la Tierra ha experimentado temperaturas más altas que las actuales; y, que esto fue antes que las industrias emisoras de carbono siquiera existieran.

Ciclos naturales

De acuerdo al Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, los factores naturales desempeñan un papel insignificante en el cambio climático, comparado con los factores inducidos por el hombre. Sin embargo, para poder creer en esta evaluación, habría que ignorar montañas de datos de núcleos de hielo, estalactitas, anillos de árboles y núcleos de sedimento oceánico. Hay una enorme cantidad de evidencia científica que indica que la Tierra naturalmente alterna entre fases cálidas y frías en un ciclo de 1.000 años (ver gráfica).

Este ciclo incluye el Período Cálido Holoceno, el Período Frío Acadiano, el Período Cálido Minoico, el Período Frío de la Edad de Bronce, el Período Cálido Romano, el Período Frío de la Edad Oscura, el Período Cálido Medieval, la Pequeña Edad de Hielo y el Período Cálido Moderno. Durante el Período Cálido Medieval, los vikingos colonizaron Groenlandia y los normandos plantaron viñedos en el cálido sur de Inglaterra. Este período cálido ocurrió 800 años antes de que se erigiera la primera chimenea en la Revolución Industrial.

“El profesor Gerard Bond descubrió que los ciclos climáticos de escala milenaria transcurrían muy en paralelo con los ciclos solares, basado en reconstrucciones del clima usando núcleos de sedimentos de aguas profundas del Atlántico Norte, incluyendo el ciclo de Eddy que dura —adivinen cuánto— 1.000 años”, escribió el ecologista alemán Fritz Vahrenholt. “Así que el sol es realmente quien formó la montaña rusa de temperaturas de los últimos 10.000 años. (…) Sin embargo, con nuestro patrón natural preindustrial empíricamente demostrado, podríamos predecir que la actividad solar había aumentado desde 1850, más o menos en paralelo con un aumento en las temperaturas. De hecho, tanto el tiempo como la cantidad de calentamiento de casi 1 grado Celsius encajan muy bien con este esquema natural. El campo magnético solar se ha más que duplicado en los pasados 100 años” (Telegraph, 18 de junio de 2012).

No obstante el Dr. Vahrenholt fue rechazado por los científicos del clima como un no creyente. Él no niega que los gases de efecto invernadero contribuyen al cambio climático. Él simplemente concluye que las contribuciones de las emisiones de dióxido de carbono son insignificantes cuando se comparan con los efectos del sol. Existe una correlación mucho más cercana de las temperaturas globales con el sol, que con los niveles de dióxido de carbono; dado que la actividad solar aumentó de 1900 a 1940, y que disminuyó de 1940 a 1970.

Pero a muchos científicos todavía les resulta políticamente conveniente enterrar y desacreditar este tipo de investigación.

En 1995, el Dr. David Deming de la Universidad de Oklahoma recibió un correo electrónico de una persona importante que trabajaba en el área de cambio climático, diciendo: “Tenemos que deshacernos del Período Cálido Medieval”. Cuatro años más tarde, el Dr. Michael Mann hizo exactamente eso. Su famosa “gráfica de palo de hockey” mostró que las temperaturas de la Tierra habían estado estables por 1.000 años, antes de elevarse precipitadamente después de la Revolución Industrial. Esta gráfica omitió datos del núcleo de hielo de Groenlandia que indican que el período entre 1000 y 1300 d. C. fue tan caliente como lo es hoy. De hecho, según los investigadores Steve McIntyre y Ross McKitrick, el algoritmo usado para producir este gráfico fue construido específicamente para borrar el Período Cálido Medieval sin importar qué datos fueran introducidos.

Eso, no es ciencia.

La quema de combustibles fósiles puede tener un efecto limitado en las temperaturas globales, pero el problema con los alarmistas del cambio climático es que ellos ignoran sistemáticamente la evidencia de la ocurrencia natural del cambio climático. ¿Por qué hacen eso? La evidencia sugiere que su verdadera meta es asustar a las personas, para que cedan su libertad a un gobierno centralizado.

Prioridades erróneas

El uso de la manipulación de datos para empujar una agenda política amenaza algo más que la economía; también amenaza al medio ambiente y al bienestar humano.

El plan del expresidente Barack Obama de reducir la emisión de gases de efecto invernadero de Estados Unidos en un 80 por ciento para el 2050 le habría costado a la nación $5,3 billones, según el economista Geoffrey Heal de la Escuela de Negocios de Columbia. Tales reducciones draconianas probablemente tendrían un efecto minúsculo sobre la temperatura global, y un efecto catastrófico en los problemas ambientales más urgentes.

Muchas comunidades rurales en Estados Unidos carecen de acceso al agua potable debido a una infraestructura anticuada. La Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno estima que los costos para arreglar esta crisis del agua serán de $190 mil millones en las próximas décadas. Es poco probable que este dinero se gaste si los recortes drásticos en las emisiones de gases de invernadero empujan a la nación a una recesión.

Los proyectos de restauración ecológica también podrían sufrir si Estados Unidos abandona demasiado rápido los combustibles fósiles. Lugares contaminados alrededor del país —viejas fábricas, canales de agua contaminados, desiertos afeados— necesitan limpieza. Esta “economía de restauración” vale unos $9,5 mil millones al año, pero el trabajo generalmente lo realizan empresarios verdes que dependen de la continua prosperidad económica de Estados Unidos.

Los esfuerzos de conservación en todo el país dependen de una economía de libre mercado creciente. En un intento equivocado de cerrar la industria de combustibles fósiles en tres décadas, Estados Unidos haría mejor invirtiendo su dinero en una iniciativa de investigación y desarrollo para descubrir fuentes alternativas de energía que funcionen. Esto sería más barato y mucho más eficaz, en lugar de subsidiar industrias no rentables y darle dinero a la onu para su programa del Fondo Verde para el Clima.

Los combustibles fósiles y el pastoreo de ganado a menudo son vistos como los mayores culpables detrás de las catástrofes ambientales. Pero la deshonestidad académica, el mal manejo de los recursos naturales, y el abandono de las leyes bíblicas de agricultura son problemas mucho más grandes.

Administración del medio ambiente

Científicos, periodistas y políticos han secuestrado los temores sobre el medio ambiente, y los han tergiversado para sus propios fines. Sin embargo, ¿significa esto que deberíamos hacer a un lado estas preocupaciones e ignorar las chimeneas, vertimientos a los ríos, fugas de desechos nucleares y todas las demás sustancias muy reales y muy tóxicas que los seres humanos estamos liberando a nuestro propio ambiente?

Desde luego que no. De hecho, deberíamos preocuparnos por el medio ambiente más que aquellos que lo aprovechan para servir su propia agenda.

La Biblia registra con detalles notables que Dios creó el medio ambiente: los mares, la atmosfera, la tierra, las plantas, los animales. Él creó todo esto para el hombre. No para que el hombre lo abuse, sino para que lo use responsablemente.

Dios le dio a los primeros seres humanos la administración del Planeta y les dio instrucciones de cómo mantener el medio ambiente, incluyendo estos dos principios: “Tomó, pues [el Eterno] Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase” (Génesis 2:15).

Labrar significa trabajar con ella. Y por lo tanto, servirle como un esclavo o convertirse en un siervo. Guardar significa vigilar, asegurar, proteger, preservar y mirar muy de cerca (Concordancia Strong). Labrar y guardar el Planeta requiere honestidad, disciplina, abnegación y responsabilidad individual.

Los empresarios de hoy han desechado las prácticas ambientales saludables y han abrazado principios basados en ganancias a corto plazo. Mientras tanto, los funcionarios del gobierno que supuestamente regulan a estos empresarios tuercen las preocupaciones ambientales para su agenda política.

Nuestra sociedad está construida en el camino del egoísmo y la avaricia. Todo nuestro enfoque debe de ser revolucionado.

Una verdadera administración del medio ambiente va a requerir nada menos que un cambio en la naturaleza humana misma.

La humanidad necesita reasumir su papel como líder del medio ambiente, y una vez más labrar y guardar el medio ambiente como era la intención de Dios. La Biblia nos dice que se aproxima un tiempo cuando “el que ara alcanzará al segador, y el pisador de las uvas al que lleve la simiente; y los montes destilarán mosto” (Amós 9:13). Pero primero, ¡la humanidad debe de aprender que las actitudes de avaricia y egoísmo tienen que ser desechadas y reemplazadas con actitudes de servicio y de respeto por las leyes de Dios y la creación de Dios! 

Newsletter_ES