Dos maneras de garantizar más bendiciones
Durante más de dos siglos, Estados Unidos ha disfrutado de bendiciones sin precedentes: protección física, prosperidad y libertades personales. Muchos atribuyen esto al excepcionalismo estadounidense. Saben que EE UU es excepcional, y suponen que debe ser porque los estadounidenses, pasados y presentes, son excepcionales.
EE UU es la nación más grandiosa de la historia mundial. Sus principios son excepcionales. ¡Pero no vinieron de los estadounidenses! ¡El excepcionalismo estadounidense vino de Dios!
Esto señala la acción más importante que usted puede tomar durante el 250 aniversario de EE UU: alabar y dar gracias a Dios.
¡Los principios, las instituciones y las demás bendiciones que hacen a EE UU excepcional proceden directamente de Dios al cumplir su promesa a un hombre, Abraham, porque él obedeció y creyó a Dios, poniendo al Creador por encima de todo lo demás en su vida!
EE UU es un testimonio del excepcionalismo de Dios: ¡Su fidelidad, paciencia, sabiduría, gracia, misericordia y majestad! Todo lo verdaderamente bueno en EE UU vino de Dios. Todos los males y problemas han venido de los estadounidenses. Santiago 1:17 dice: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación”.
Considere todo lo que atesora y ama: su familia, cónyuge, mascota, casa y demás posesiones. ¡Usted tiene todas estas bendiciones porque Dios cumplió sus tremendas promesas a Abraham a pesar de la condición espiritual nuestra y de nuestros antepasados! No merecemos ninguna de ellas. Todos somos pecadores que hemos ganado rebosantemente la paga del pecado: la muerte (Romanos 6:23). Pero Dios, por Su bondad, ¡nos permite experimentar las cosas buenas de la vida!
Sin embargo, Dios corrige a todo aquel que ama (Hebreos 12:5-6). ¡Él quitará bendiciones para ayudarnos a arrepentirnos y a volvernos a Él, porque un estilo de vida de obediencia hacia Dios es un estilo de vida de bendiciones! Aun si estamos pasando por tiempos difíciles, ¡Dios puede convertir eso en una bendición! (Romanos 8:28).
Es nuestro deber, nuestra responsabilidad, alabar y dar gracias a Dios siempre por nuestras bendiciones.
Uno de los mayores pecados de esta nación es la ingratitud.
“El otro día me vino esta pregunta a la mente: ‘¿Cuál es el mayor pecado posible que cualquiera podría cometer?”, escribió el difunto Herbert W. Armstrong en La Pura Verdad de abril de 1962. “Una vez asistí a un servicio en una iglesia en el que se anunciaron los resultados de un concurso. Se entregó una Biblia nueva como primer premio por la mejor respuesta a la pregunta: ‘¿Cuál es el pecado más común, cometido por el mayor número de personas?’ El primer premio se otorgó por la respuesta: ‘la ingratitud”.
“Ciertamente, la falta de gratitud es uno de los pecados más comunes, si no el más terrible. Pocos han aprendido a apreciar realmente lo que tienen. La mayoría tiende a aceptar las cosas buenas dándolas por sentadas, sin dar gracias. Nos quejamos de nuestras dificultades más de lo que contamos nuestras bendiciones”.
¿Cuánto peor es esta actitud ahora, 80 años más adentro en la era del materialismo egoísta? El apóstol Pablo escribió que estos últimos días serían peligrosos, y enumeró a los “ingratos” como un rasgo común de nuestras sociedades modernas (2 Timoteo 3:2).
La ingratitud está inherentemente arraigada en el egoísmo: cuando pensamos sólo en nuestras necesidades, deseos, anhelos y lujurias, nos volvemos insatisfechos y desanimados.
Alabar y dar gracias a Dios es una manera diaria de cambiar el enfoque de nosotros mismos hacia Dios. Esto redirige nuestra mente hacia Su voluntad, Su propósito y Su plan.
“Un hombre conforme al propio corazón de Dios construye su vida en torno ¡a la alabanza y agradecimiento hacia Dios!”, escribe el redactor jefe de la Trompeta, Gerald Flurry. “Cuando alabamos y damos gracias a Dios continuamente, ¿nos damos cuenta cómo eso nos hace más conversos? Pensar normalmente, no hace que alabemos y demos gracias a Dios continuamente; esa no es una forma natural de pensar” (El nuevo trono de David).
Cuando Israel era una gran nación, el pueblo alababa y daba gracias a Dios. Si EE UU quiere seguir siendo grande, debemos redescubrir cómo alabar y dar gracias a Dios.
“Estamos aquí para aprender a ¡alabar y dar gracias a Dios como un estilo de vida!”, continúa el Sr. Flurry. “… Estar alabando y dando gracias a Dios, ¡es un estilo de vida centrado en Dios!”.
Dios nos ha dado un libro entero de la Biblia dedicado a alabar y dar gracias a Dios. Los Salmos son 150 poemas sagrados, todos divinamente inspirados, que podemos usar para construir nuestras vidas en torno a esta actitud de dar gracias.
Los Salmos comienzan diciéndonos cómo podemos ser bendecidos: “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de [el Eterno] está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche” (Salmos 1:1-2).
Los Salmos concluyen: “Todo lo que respira alabe a [el Eterno]. Aleluya” (Salmos 150:6).
Las celebraciones del 250 aniversario de EE UU deberían construirse en torno a alabar y dar gracias a Dios. Si EE UU quiere ser bendecido y no maldecido, ¡necesitamos alabar y dar gracias a Dios!
El apóstol Pablo nos dijo que nunca dejáramos de alabar a Dios: “Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Tesalonicenses 5:16-18).
Ponga este estilo de vida a prueba. Llene su vida de alabanzas y agradecimiento a Dios, ¡y sea testigo de un avivamiento espiritual en su vida!
Lea Los Salmos de David y el Salterio de Tara y regocíjese como lo hizo el rey David mientras aprende a construir su vida en torno a alabar y dar gracias a Dios.
