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STEFANIA D’ALESSANDRO/GETTY IMAGES/GARY DORNING/TROMPETA

¿Destruirá el coronavirus a la UE?

Los líderes europeos son conocidos por aprovechar las crisis, y tienen una en sus manos.

“El coronavirus podría quebrar a la UE”, declaró Politico . “Con el aumento de las fronteras en Europa, el coronavirus está devastando las pretensiones de superestado de la UE”, escribió el Telegraph . “El coronavirus prueba la cohesión, las alianzas e incluso la democracia en Europa”, escribió el New York Times.

¿Sucumbirá la Unión Europea —un gran experimento político que une a docenas de países— al coronavirus?

Los que dicen que dan buenos argumentos. El coronavirus está exponiendo unas fallas enormes en la UE. La Trompeta ha pronosticado constantemente el desarrollo de un superestado europeo. ¿Será que la forma en que los gobiernos de Europa están respondiendo al coronavirus demuestra que estamos equivocados?

Crisis financiera

Italia es la economía con más problemas de Europa. Según algunas mediciones, es la cuarta economía más endeudada del mundo.

Luego se convirtió en el primer país de Europa azotado por el coronavirus. Miles murieron. Todo el país encerrado. “Como si fuera deliberadamente, el covid-19 ha golpeado la eurozona justo donde más le duele: Italia”, escribió Jeremy Warner en el Telegraph (10 de marzo).

Las acciones bancarias de Italia se desplomaron. “Es probable que los bancos necesiten ser rescatados”, dijo el profesor Nicola Borri de la Universidad de Luiss. “La economía básicamente se ha detenido. Probablemente vamos a ver incumplimientos masivos. Claramente los bancos italianos se verán gravemente golpeados” (New York Times, 17 de marzo).

El exsubdirector del Fondo Monetario Internacional en Europa, Ashoka Mody, advirtió que Italia requerirá entre 500 y 700 mil millones de dólares para recuperarse. Eso eclipsa cualquier rescate financiero previo de la UE.

E Italia no es el único país que ha sido golpeado. Después de que cientos murieron en España y Francia, las contramedidas allí también comenzaron a dañar a estos países altamente endeudados. La desaceleración del comercio mundial perjudicó al tercer mayor exportador del mundo: Alemania.

Algunos analistas predicen una depresión sin precedentes. Oxford Economics dijo que la economía de la eurozona podría reducirse en un 10% este año. David Owen, del grupo de banca de inversión Jefferies, dijo que podría reducirse un 15% durante el segundo trimestre. Eso sería peor que la Gran Depresión que transformó a Europa en la década de 1930.

Crisis de liderazgo

Al comienzo del brote del coronavirus, el gobierno autoritario de China se veía mal por haber suprimido las noticias del virus. Una vez que aumentaron las muertes en Europa, China presentó una nueva narrativa: la UE no tiene un líder fuerte. La debilidad de los gobiernos europeos permitió la propagación del coronavirus, mientras que el régimen autoritario de China tomó medidas rápidas para luchar contra la enfermedad y controlarla.

Esta narrativa pasa por alto muchas verdades desagradables, incluida la mano dura y la brutalidad del gobierno para hacer cumplir sus políticas y el hecho de que simplemente puede estar mintiendo sobre cuántos chinos han muerto. Pero también contiene un elemento de verdad: Europa ha sido débil y dividida, y su falta de liderazgo empeoró el problema.

Aquellos que desean una política y un liderazgo más fuertes dentro de Europa se han aprovechado rápidamente. El líder de extrema derecha italiano, Matteo Salvini, culpó al primer ministro Giuseppe Conte por la crisis y le pidió que renunciara. Otro partido de extrema derecha, los Hermanos de Italia, también ha ido en aumento a medida que se desarrolla la emergencia. Combinados, los dos partidos podrían ganar suficientes escaños para liderar una coalición.

El partido del presidente francés Emanuel Macron fue castigado en las elecciones municipales, en beneficio del Partido Verde y el Partido Socialista. El Frente Nacional extremista se aferró a las ganancias anteriores. Pero el panorama político aún no está claro, ya que ésta fue solo la primera de dos rondas electorales, y la segunda ahora ha sido cancelada debido al coronavirus.

En toda Europa, los partidos extremistas se están levantando, pero ninguno lidera un gobierno. Independientemente del daño que cause el coronavirus, estos partidos culparán a los líderes de la corriente principal por cualquier falla y explicarán que ellos podrían haber hecho las cosas mucho mejor.

Cada país por sí mismo

Los representantes de la UE hablan mucho sobre “solidaridad” y “cooperación”. La UE no se trata de “intereses nacionales estrechos”, dicen ellos; es una comunidad de naciones que trabajan juntas para el mejoramiento de Europa y la humanidad.

El coronavirus expuso esa mentira. Cuando había mucho en juego, inmediatamente se volvió cada país para sí mismo.

Mientras Italia luchaba, pidió suministros médicos de emergencia. Ningún país europeo respondió; en vez de eso, acapararon sus propios recursos. Alemania prohibió la exportación de máscaras médicas y otros equipos de protección antes de ceder más tarde. China obtuvo una victoria diplomática y de relaciones públicas enviando a Italia 34 toneladas de suministros.

Las fronteras se reactivaron en la zona Schengen de Europa, en la que supuestamente no hay fronteras. Austria aisló a Italia. Alemania aisló a Austria, Francia y Suiza. España cerró sus fronteras.

Los italianos están furiosos; el 88% cree que la UE no ha hecho lo suficiente para ayudarlos. En noviembre pasado, mucho menos de la mitad de los italianos dijeron que ser miembros de la UE era una desventaja para su nación. Actualmente, más de dos tercios creen eso.

No es de extrañar que la gente haya comenzado a escribir el obituario de la UE. El empuje ha llegado a su fin, y la UE se está comportando menos como un superestado y más como niños escolares en la cafetería cuando se acaba la comida.

‘Forjada en crisis’

Pero el obituario de la UE se ha escrito muchas veces antes. La UE ha enfrentado la crisis financiera de 2008 y la crisis migratoria de 2015. Pero en lugar de hacer que se desmorone, estos desafíos han impulsado este experimento político hacia una unificación aún mayor.

Considere el euro. “Ya se ha gastado tanto capital político en la unión monetaria europea”, escribió Warner, “y se ha sufrido tanto tratando de hacer que funcione, que, aunque no merezca sobrevivir, los responsables políticos no pueden permitir que la última convulsión tenga éxito donde la última falló. Le han invertido mucho como para dejarlo ir, por lo que el euro está condenado a tambalearse, sea lo que sea lo que el coronavirus tenga para arrojarle” (Telegraph, 10 de marzo).

Los líderes europeos se han enfrentado a la misma decisión muchas veces: permitir que el euro se derrumbe, o dar los pasos necesarios para mantenerlo unido. Cada vez han elegido lo último, aunque solo sea haciendo lo mínimo necesario.

Forjar un grupo de naciones históricamente en guerra en un superestado es una tarea enorme. Los padres fundadores de Europa sabían que sería difícil despojar el poder de los gobiernos nacionales y canalizarlo a una autoridad compartida. Sabían que las poblaciones nacionales solo cederían este poder si son forzadas, por las crisis.

Jean Monnet, uno de los fundadores de la UE, escribió: “Europa se forjará en crisis y será la suma de las soluciones adoptadas para esas crisis”. El exministro de finanzas alemán Wolfgang Schäuble dijo en 2011: “Las crisis representan una oportunidad. (…) Europa siempre avanzó en tiempos de crisis. A veces se necesita un poco de presión para que se tomen ciertas decisiones”.

En la actual crisis del coronavirus, algunos líderes han tenido la misma opinión. Robert Holzmann, gobernador del banco central de Austria y miembro de la junta del Banco Central Europeo, dijo a Der Standard: “Cada crisis económica es una limpieza. Uno puede explotarla para emerger más fuerte”.

En este momento, la eurozona es una máquina de hacer crisis. Europa está atascada en un incómodo estado intermedio en su camino a ser un superestado.

A diferencia de la UE, hay muchas maneras en que los Estados de EE UU aúnan recursos para abordar una crisis. Todos los estadounidenses ponen dinero en un fondo común, por ejemplo. El gobierno federal supervisa los bancos en todos los Estados y garantiza ciertos fondos en caso de emergencia. Europa carece de tales salvaguardas. La eurozona comparte una moneda, pero no hay impuestos federales y solo hay un gobierno federal débil.

El coronavirus podría cambiar esto. Podría obligar a Europa a poner finalmente los aspectos prácticos de un superestado en su lugar.

Según el exburócrata europeo Bernard Connolly, los líderes sabían que crear el euro sin estos otros aspectos de gobierno provocaría una crisis económica, y procedieron deliberadamente. Él escribió: “El propósito de la crisis será, como dijo en 2002 el entonces presidente de la Comisión, [Romano] Prodi, permitir que la UE tome más poder para sí misma” (Telegraph, 20 de agosto de 2007). Estos líderes confiaban en que las crisis que provocara el euro proporcionarían la presión necesaria para crear ese superestado.

Vimos este proceso desarrollarse después de la crisis financiera de 2008. Grecia, Chipre y otros gobiernos tuvieron que renunciar a un enorme control sobre sus economías para recibir un rescate de la UE (principalmente Alemania). Pero este proceso no está completo, y la crisis del coronavirus podría conducir a Europa hacia una mayor integración.

Ya estamos viendo esto. Ante el inminente colapso de Italia, el Banco Central Europeo (bce) anunció su mayor ejercicio de impresión de dinero el 18 de marzo. “No hay límites para nuestro compromiso con el euro”, señaló la directora del bce, Christine Legarde. “Estamos decididos a utilizar todo el potencial de nuestras herramientas, dentro de nuestro mandato”, dijo.

Legarde dejó en claro que el bce rompería el reglamento anterior sobre la compra de bonos del gobierno. Ambrose Evans-Pritchard, del Telegraph, escribió: “Tomó 20 años, pero la eurozona finalmente tiene su propia versión de la Reserva Federal de EE UU” (19 de marzo).

Liderazgo fuerte

El coronavirus también está adaptando a Europa a un gobierno mucho más duro y de estilo autoritario. Los soldados patrullan las calles de Francia, Italia y Alemania. En España, los drones de la policía patrullan áreas públicas, apuntan a cualquier reunión y envían a las personas a sus hogares. En todo el Continente, las poblaciones están bajo arresto domiciliario virtual.

Ya sea que el coronavirus justifique o no medidas tan drásticas, este enfoque conlleva graves peligros civiles. Zeit Online publicó un artículo titulado “Toque de queda en Austria: Con lo que sueñan los autócratas”, señalando que, “Austria ha restringido enormemente las libertades civiles debido al coronavirus. Esto es comprensible en esta situación, pero también es peligroso. (…) De repente, las medidas con las que los autócratas y dictadores solo pueden soñar son sociablemente aceptables: toques de queda, abolición de la libertad de reunión, el mayor control posible de la vida pública” (16 de marzo).

Este autor advirtió que los europeos ahora podrían aceptar “restricciones a las libertades más rápido que antes. Que el anhelo del proverbial hombre fuerte, que finalmente toma medidas, se hará más fuerte” (énfasis agregado). Si usted ha leído la Trompeta o La Pura Verdad, el “hombre fuerte” salta de las páginas. ¡Hemos estado pronosticando por 80 años que un “hombre fuerte” tomará el control de una Europa unida!

El comentarista del Financial Times, Gideon Rachman, dijo que la nueva narrativa de China, de que el liderazgo del hombre fuerte salvó a los chinos de más daños, podría tener ramificaciones globales. “Si gana tracción, los efectos geopolíticos del coronavirus persistirán”, escribió. “La creencia de que China está en alza y que Occidente está en un declive inexorable ganará nuevos seguidores. Y los argumentos a favor del autoritarismo y en contra de la democracia se harán con mayor audacia, tanto en China como en Occidente” (17 de marzo).

Los europeos ya están cuestionando a sus gobiernos. En todo el Continente, los partidos políticos convencionales han perdido apoyo frente a los partidos alternativos y han batallado para formar coaliciones de gobierno, que luego gobiernan mal, disminuyendo aún más ese apoyo. La satisfacción con la democracia está en su punto más bajo, según un estudio de Cambridge realizado en enero. El informe establece que “el nivel promedio de satisfacción de Europa enmascara una gran y creciente división dentro del Continente, entre una ‘zona de desesperación’ en Francia y el sur de Europa, y una ‘zona de complacencia’ en toda Alemania occidental, Escandinavia y los Países Bajos”.

¿Por qué a Europa le cuesta unirse?

El fallecido Herbert W. Armstrong, fundador de la revista Plain Truth (La Pura Verdad), tuvo un impresionante historial de pronóstico de eventos en Europa. Inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, cuando Alemania yacía en escombros humeantes, el Sr. Armstrong predijo que volvería a levantarse para liderar una unión de naciones. Se podría decir que esta fue la profecía insignia del ministerio de 50 años del Sr. Armstrong.

Considere el fracturado estado de Europa en ese momento, cuán débil era Alemania en la posguerra y cuán improbable era que Alemania emergiera como la nación líder en el Continente. Sin embargo, el 9 de mayo de 1945, el día después de que Alemania se rindió, les dijo a sus oyentes que Alemania se levantaría nuevamente como parte de una “unión europea”.

Cuando la Comunidad Económica Europea comenzó en la década de 1950, el Sr. Armstrong sabía que esa era la primera etapa de la resurrección final del Sacro Imperio Romano. La Pura Verdad escribió en septiembre de 1967, hace medio siglo: “Si 300 millones de europeos estuvieran unidos y pudieran hablar con una sola voz, superarían cualquier poder en el mundo actual. (…) Es algo que se puede esperar. De hecho, es tan seguro que puede contar con ello: el clamor de una unión política en Europa se hará más fuerte y dentro de poco veremos al Mercado Común convertirse en un Estados Unidos de Europa”.

El Sr. Armstrong sabía que habría una Unión Europea. Eso pasó. Pronosticó que Alemania Oriental y Occidental se reunirían. Eso se cumplió pocos años después de su muerte, cuando cayó el Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989. El Sr. Armstrong predijo que un día Europa se uniría en una moneda común. Esto se hizo realidad el 1 de enero de 2002, con el lanzamiento del euro. Dijo que un poder alemán revivido dominaría una unión de naciones europeas, exactamente lo que vemos hoy.

¿Cómo podía él prever esto con tanta precisión? Porque confió en la Biblia.

Muchos pasajes de la Biblia describen un poder mundial que asciende y cae reiteradamente. Apocalipsis 17 retrata este poder como una bestia, símbolo de un imperio. Esta bestia es dirigida por una iglesia, la que la Biblia simboliza como una mujer.

Las profecías se refieren a los repetidos intentos de levantar las ruinas del Imperio Romano en Europa, para volver a crear un poder que une a una parte sustancial del Continente bajo un imperio.

“Va a haber una resurrección de ese viejo Imperio Romano. No muchos lo creen porque la gente ha llegado al punto de no creer realmente que la Biblia quiere decir lo que dice”, dijo el Sr. Armstrong hace más de 50 años en una transmisión de World Tomorrow (El Mundo de Mañana). “Usted va a tener que vivir y verlo, y va a tener que saber que Dios estaba hablando cuando dijo que esto iba a suceder”.

Apocalipsis 17 describe a esta bestia con 10 cuernos. Y explica: “Los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia. Estos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y su autoridad a la bestia” (versículos 12-13).

Este es un superestado europeo unido, gobernado por reyes, no por representantes elegidos, y unido bajo un solo hombre fuerte. Ésta es exactamente la dirección en la que la crisis del coronavirus, al igual que las crisis anteriores, está impulsando a Europa.

¿Pero qué pasa con todas las luchas internas entre las naciones europeas, con el enfoque de “cada país para sí mismo” frente a los problemas?

El Sr. Armstrong siempre dijo que el proceso de formar este superestado sería difícil. En La Pura Verdad de noviembre de 1965, escribió sobre un “hecho duro y severo” que las naciones de Europa deben enfrentar: “Las naciones de Europa son completamente incapaces de unirse mediante sus propias maniobras políticas”, escribió. “¡Por más de 31 años, La Pura Verdad ha dicho que Europa se unirá! Y también durante más de 31 años hemos dicho que estos países no pueden ponerse de acuerdo entre sí”.

La profecía bíblica deja en claro que la UE tiene algún trauma por delante. Describe un poder que consta de 10 reyes (naciones o grupos de naciones). Actualmente la UE tiene 27 naciones; 19 en la eurozona. Solo una crisis importante reducirá ese número. El jefe de redacción de la Trompeta, Gerald Flurry, escribió en febrero de 2011: “Alemania utilizará esta crisis para forzar a Europa a unirse con más fuerza. En el proceso, algunos países de la eurozona serán expulsados de la Unión. Cuando eso suceda, los expertos dirán que la unificación europea está muerta, que la Unión Europea ha fallado. ¡No los escuchen!”.

La UE puede volverse aún más dividida y disfuncional antes de que surja este poder.

E incluso cuando se revela este poder, la Biblia revela que aún tendrá serias divisiones.

¿Qué es lo que sigue?

Daniel 2 describe este mismo poder europeo con diferentes símbolos. Describe una estatua humana gigante compuesta de cuatro partes, cada una representando a un imperio diferente.

Sus piernas están hechas de hierro, simbolizando al Imperio Romano. Pero este imperio ha resucitado en repetidas ocasiones a lo largo de la historia. La séptima y última resurrección de este imperio está simbolizada por los pies de esta estatua. Estos pies tienen 10 dedos, otro símbolo de los 10 reyes que se combinarán. Pero este imperio no está forjado con hierro puro, sino que es una mezcla, “en parte de hierro y en parte de barro cocido” (Daniel 2:33).

La Biblia explica el simbolismo: “Será un reino dividido”, dice el versículo 41, “mas habrá en él algo de la fuerza del hierro…”. Pero la mezcla inestable significará que “no se unirán el uno con el otro” (versículo 43) y que “el reino será en parte fuerte, y en parte frágil” (versículo 42).

Esto está describiendo un matrimonio por conveniencia: naciones orgullosas e independientes, forzadas a unirse por crisis. Se unen por un corto período. Pero no es una unión sólida y estable: cada nación conserva algunas de sus lealtades individuales.

Pero Europa aún tiene que lograr incluso esta tenue unidad. ¿Cómo puede llegar allí? Necesita un sentido de identidad y de propósito común que se aplique a todos los miembros de la Unión. La UE ha intentado hacerlo, con su bandera, su himno y su discurso de solidaridad. Pero la crisis actual demuestra que no ha tenido éxito. Necesita algo más.

“Durante años La Pura Verdad ha dicho que estas naciones tendrán que darse cuenta de su incapacidad para unirse políticamente, y tendrán que elegir un líder político-militar común en el que todos puedan confiar”, escribió el Sr. Armstrong. “¡Finalmente van a enfrentar el hecho de que deben buscar una autoridad suprema en la que todos puedan confiar! Esa autoridad suprema no puede ser un político o un general. (…) ¡La única respuesta posible es un líder religioso! (La Pura Verdad, noviembre de 1965).

Europa ha intentado unirse sin usar la religión (la Iglesia católica), y ha fallado. Su respuesta a la crisis del coronavirus muestra cuánto necesita esa ayuda. El Sr. Flurry explicó en 2006 cómo sucedería esto: “A lo largo de la historia de Europa, lo que la ayudó a superar su división ha sido una unidad de propósito entre Iglesia y Estado. Carlomagno mostró cuán fuerte podía ser Europa cuando formó una asociación entre Alemania y la Iglesia católica romana para crear el Sacro Imperio Romano. Ese imperio ha surgido reiteradamente desde entonces.

“Pero esta unión de Iglesia y Estado no siempre ha sido un matrimonio feliz. Por lo general, los dos se han unido debido a una crisis, una emergencia…”.

“Herbert W. Armstrong creía que volvería a ocurrir el mismo patrón en nuestro tiempo, que las naciones europeas se unirían repentinamente debido a una crisis, y que la Iglesia católica romana jugaría un papel muy importante en la resolución de esa emergencia. ¡En tiempos de crisis, la religión tiene una manera de unir a las personas!…”.

“Se están desarrollando crisis que podrían conducir a esta ‘emergencia’ que hará que Europa mire a una Alemania recién fortalecida y termine uniendo a la iglesia y el Estado; crisis que van desde el debilitamiento de la economía de EE UU hasta el peligro que se avecina en Oriente Medio” (la Trompeta, abril de 2006).

Aún estamos lejos del superestado europeo profetizado en la Biblia. Varios de los detalles —los 10 reyes, el líder fuerte, el papel de la Iglesia católica— aún no están en su lugar. Pero el coronavirus presagia crisis futuras que seguramente acercarán a Europa hasta convertirse en el poder descrito en la Biblia.

Continúe vigilando. No solo porque la Biblia profetiza que esta creciente superpotencia afectará directamente su vida, sino también por una razón aún más importante. Cuando usted observe cómo las detalladas profecías de la Biblia prueban ser ciertas en los titulares de las noticias diarias, se dará cuenta que la Biblia verdaderamente es inspirada por Dios, un libro en el que puede confiar en cada detalle y en toda circunstancia. 

Boletín, AD