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¿Demuestra el Mundial que Estados Unidos es justo?
A los extranjeros les encanta Estados Unidos. Turistas europeos y asiáticos que vienen para el Mundial de 2026 se están grabando a sí mismos descubriendo Waffle House, los Big Gulps, In-N-Out Burger y el pasillo de cereales en Walmart, y se deshacen en elogios al respecto. Los presentadores de Fox News lo calificaron como prueba del “mejor periodo de Estados Unidos” en años. Josh Hammer, de PJ Media, describió esta reacción y concluyó: “Estados Unidos es grande porque Estados Unidos es bueno. No perfecto. No libre de reproche. Pero fundamentalmente bueno”.
¿En serio? ¿Acaso un evento deportivo colosal, porciones gigantescas y casas grandes con aire acondicionado hacen justa a una nación?
La prosperidad de EE UU es real. Su riqueza, su abundancia, su enorme cantidad de “cosas” verdaderamente no tienen comparación en la historia de la humanidad. Pero los Big Gulps, Waffle House y un estadio lleno de extranjeros no son un avivamiento nacional.
Considere lo que los estadounidenses están gastando en estos eventos deportivos. El Wall Street Journal hizo seguimiento a una pareja estadounidense que gastó 10.000 dólares simplemente para viajar dentro de su propio país y ver los partidos.
El Journal escribió que “la gente está dispuesta a gastar enormes sumas de dinero y endeudarse para asistir a eventos únicos en la vida”. Las familias trabajadoras y de clase media “agotan sus ahorros y piden dinero prestado para poder pagar precios cada vez más altos”. Continuó:
Desde el Mundial, hasta las Finales de la NBA, los conciertos de artistas que encabezan las listas de éxitos como Olivia Rodrigo y Harry Styles, y las megagiras dirigidas a los baby boomers de Rush y AC/DC, parece no haber límite a lo que algunos están dispuestos a pagar.
Para los fanáticos apasionados, las preocupaciones presupuestarias no son rival para el miedo a perderse algo en una economía del “sólo se vive una vez”.
Para muchos jóvenes, es una señal de desesperación. No ven cómo podrán jamás permitirse comprar una casa, así que en su lugar gastan sus ahorros en diversión.
Mire más allá de los estadios: mientras EE UU se divierte, su política bélica en Irán pasa bruscamente de declaraciones de paz inminente a reanudar los bombardeos en la misma semana: una señal de una nación que se tambalea, no de una que es bendecida, en los asuntos internacionales. Esa contradicción debería preocuparnos más que cualquier marcador de fútbol.
Estos eventos deportivos nos están distrayendo de lo que debería ser una gran llamada de atención, y están hundiendo aún más en deudas a los estadounidenses comunes.
EE UU debería estar agradecido por sus bendiciones materiales. Hammer y otros tienen razón en que la reacción entusiasta ante la prosperidad estadounidense es un poderoso recordatorio de aquello por lo que EE UU debe estar agradecido.
Pero nada de ello —ni un sólo Big Gulp, ni un sólo desfile de campeonato— es el resultado de justicia nacional en la actualidad.
Compare esta respuesta con la de otro turista europeo: Alexis de Tocqueville viajó desde Francia a EE UU en 1831. Esto fue lo que se llevó de su recorrido:
La religión y la moral eran indispensables para el mantenimiento de la república estadounidense. Si bien la ley constitucional de la libertad permitía a los estadounidenses total libertad para hacer lo que quisieran, la religión les impedía hacer aquello que es inmoral e injusto.
“La libertad no podía gobernarse aparte de la fe religiosa, no fuera que hubiera anarquía”, concluyó. EE UU hoy tiene gran prosperidad, pero se encamina hacia la anarquía. Tocqueville nos advierte que nos dirigimos hacia el desastre.
EE UU se acerca a su 250 aniversario, y el momento de esta euforia del Mundial no podría ser más peligroso. Una nación adormecida creyendo que su abundancia es señal de aprobación divina es una nación que no está preparada para lo que se avecina.
La solución es el arrepentimiento: volver a los valores que hicieron grande a EE UU. EE UU tenía algo de esto en los tiempos de Tocqueville, pero para encontrar la verdadera fuente de la grandeza de EE UU, hay que remontarse miles de años atrás, hasta su gran antepasado, Abraham. Las promesas de Dios a Abraham son la verdadera fuente de esta grandeza, y las estamos malgastando en deportes y Big Gulps.
Préstamos del banco de la UE para fortalecer a las empresas europeas de defensa: el Banco Europeo de Inversiones prestará una cifra récord de 3.400 millones de dólares a Airbus, dijo ayer la presidenta del banco, Nadia Calviño, y agregó que la institución “está desplegando toda su capacidad para reforzar la autonomía tecnológica, la fuerza industrial y la competitividad económica de Europa”.
Perú gira a la derecha: la candidata de derecha Keiko Fujimori fue declarada ayer ganadora de las elecciones presidenciales de Perú, venciendo por un estrecho margen de 50.000 votos.
Polonia firmó un acuerdo para comprar tres submarinos suecos A26 fabricados por SAAB por 4.800 millones de dólares ayer. El primer submarino se entregará en 2031, y los tres estarán completos para 2038. Suecia prestará a Polonia un submarino hasta que reciba su primera entrega.
El desafío de Putin: a pesar de semanas de dolorosos golpes a la infraestructura petrolera de Rusia, el domingo el presidente Vladimir Putin rechazó una nueva propuesta de Ucrania para que ambas partes detuvieran los ataques de largo alcance. Su objetivo, dijo, sigue siendo la “liberación completa del Donbás y Novorossiya”, refiriéndose este último término a las regiones de Jersón y Zaporiyia.
