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(OLLIE MILLINGTON/REDFERNS VIA GETTY IMAGES)

Decadencia moral en Gran Bretaña y Estados Unidos

Decadencia moral en Gran Bretaña y Estados Unidos

¿Por qué caen las naciones? Los imperios más grandes del pasado, hasta el último, se han derrumbado. ¿Por qué? ¿Están todas las civilizaciones destinadas a declinar y a caer? ¿O es tal desastre catastrófico el efecto de una causa específica?

Los historiadores atribuyen el colapso de varias civilizaciones a enfermedades, a la población, corrupción política, inmigración masiva, estancamiento económico, cambio climático, tecnología inferior y/o invasión extranjera. Pero ¿son las armas, las ciencias aplicadas y los empleos la forma de hacer que una civilización sea invencible? Muchas personas hoy aparentemente piensan que sí.

¿Podría EE UU caer? ¿Podría Gran Bretaña caer? ¿O son nuestras sociedades demasiado modernas, demasiado sofisticadas, demasiado cultas para tal cataclismo?

La Pura Verdad, predecesora de la revista de noticias la Trompeta, comenzó a publicar en 1934 el pronóstico de que Gran Bretaña y EE UU experimentarían un colapso más devastador que la caída de Roma. El pronóstico más antiguo y el más consistente que la Trompeta ha hecho desde el Volumen 1, número 2, en junio de 1990, ha sido que EE UU y Gran Bretaña van a caer, y que la causa fundamental no serán las tasas de natalidad, fenómenos climáticos, epidemias de súper bacterias, producto interno bruto o grupos de huelga de transportistas. Fundamentalmente, será porque EE UU y Gran Bretaña han rechazado la base de la estabilidad nacional: los estatutos, los juicios y las leyes bíblicas.

Hay gran cantidad de evidencia detrás de este pronóstico. Lo más convincente y formidable son las muchas profecías en la Biblia que hablan sobre el desenfreno y la inmoralidad, y sus consecuencias, muchas de las cuales están directamente enfocadas a las naciones modernas de EE UU y Gran Bretaña. Discutiremos algunas de ellas más adelante en este informe.

Pero incluso para el individuo que aún no está convencido de la veracidad de la profecía bíblica, hasta la historia secular suena como una advertencia clara sobre los graves peligros que acompañan la decadencia moral nacional.


Historia moral de EE UU y Gran Bretaña

Al principio de la era moderna, EE UU y Gran Bretaña estaban creciendo en poder en la escena mundial. Bajo ese contexto, muchos grandes estadistas debatieron la principal causa del surgimiento y la caída de imperios.


"Todos los que alguna vez han escrito sobre el
gobierno son unánimes, que entre un pueblo
generalmente corrupto, la libertad no puede existir
por mucho tiempo". —Edmund Burke
(Créditos: Dominio público)

Un año antes de que la Constitución de EE UU fuera ratificada, Edward Gibbon publicó el último volumen de La historia de la decadencia y caída del Imperio Romano. Gibbon identificó cinco causas principales de la caída de uno de los mayores imperios de la historia. La disminución demográfica no figuraba en la lista. Tampoco figuraba la tecnología insuficiente o el cambio climático. Su primer factor fundamental fue la ruptura de la familia. Luego enumeró el aumento de los impuestos, un ansia insaciable de placer, acumulación insostenible de armamentos y la decadencia de la religión.

Según Gibbon, la causa raíz del colapso social romano fue su pérdida de la virtud cívica y la moralidad individual. Gibbon creía que las leyes de la moralidad eran tan inmutables como las leyes de la matemática y la física.

El estadista inglés Edmund Burke, un colega de Gibbon, a menudo es llamado el padre del conservadurismo moderno. Él resumió sus creencias sobre la moralidad en una carta a los alguaciles de Bristol en 1777: “Todos los que han escrito sobre gobierno son unánimes en que, entre un pueblo generalmente corrupto, la libertad no puede existir durante mucho tiempo”.


"De todas las disposiciones y hábitos que conducen
a la prosperidad política, la religión y la moralidad
son soportes indispensables". —George Washington
(Créditos: Dominio público)

El primer presidente de EE UU también estaba familiarizado con Gibbon. George Washington poseía una copia de La decadencia y caída del Imperio Romano. En su famoso discurso de despedida, Washington dijo: “De todas las disposiciones y hábitos que conducen a la prosperidad política, la religión y la moralidad son apoyos indispensables”.

Gibbon, Burke y Washington creían que las salvaguardas de la sociedad no eran legiones militares, comerciantes productivos o consumidores prósperos, sino una moral elevada y una religión sincera.

Sin embargo, la mayoría de los políticos y educadores de hoy rechazan esta creencia. Dicen que aquello que las personas hacen en la privacidad de sus propios hogares no tiene conexión con la seguridad nacional.


Religión y moralidad

Durante la revolución sexual de la década de 1960, un juez de la Corte Suprema de EE UU dijo que era imposible definir carácter. Esa fue una desviación radical de lo que creían las generaciones anteriores, las que sabían el significado de carácter: significaba cosas como honrar a sus padres, no asesinar, no robar, no mentir, no codiciar y no cometer adulterio.

En resumen, significaba guardar los Diez Mandamientos, las leyes de la Biblia.


Hay una causa para cada efecto. Las 10 leyes descritas en estos mandamientos causan prosperidad política. Al menos, eso es lo que creía el segundo presidente de EE UU. John Adams escribió en una carta a Thomas Jefferson: “Los Diez Mandamientos y el Sermón del Monte contienen mi religión”.

Hablando en general, durante el siglo xviii, EE UU y el Imperio Británico eran religiosos. Por supuesto que la gente de estas potencias en ascenso estaba llena de fracasos, defectos y vicios. Mentir, codiciar, robar, matar y cualquier otro pecado se encontraba entre ellos. Pero la sociedad en su conjunto mantuvo a sus ciudadanos, sus familias y sus líderes con un alto estándar moral: el estándar moral de la Santa Biblia. Y muchos de ellos creían que sus naciones sólo podrían sobrevivir si la mayoría de sus familias fueran temerosas, obedientes y fieles a Dios.

Ya sea que se den cuenta o no, las familias de las naciones de habla inglesa siguieron el modelo de los mandamientos de la Santa Biblia. (Créditos: istock.com/FangXiaNuo)


En El carácter de las naciones, Angelo Codevilla escribió que había una fuerte tendencia entre los primeros estadounidenses a “compararse con los hijos de Israel”. Por eso ellos estudiaron la Biblia. Por eso buscaban obedecer los Diez Mandamientos. Por eso es que sus hijos aprendieron las historias de cuando el antiguo Israel se volvía al pecado y sufría invasión, y cuando se volvía a Dios y era liberado. En ninguna otra parte del mundo estaba tan extendida la noción de Dios como legislador moral. Los primeros estadounidenses y británicos creían que la grandeza nacional dependía del comportamiento ético y moral.

En todo el mundo de habla inglesa, las familias eran organizadas con cada miembro cumpliendo su papel natural. El padre era el jefe de la familia, el proveedor y protector. Una esposa respetaba la autoridad de su esposo, se enorgullecía de su papel de ayudadora y sobresalía en la administración del hogar. La sociedad consideraba que el papel de la esposa era complementario al del esposo. Juntos, un esposo y una esposa formaban un equipo completo, una familia bien organizada en la cual los hijos podían ser criados responsablemente.

Alexis de Tocqueville estudió a EE UU en profundidad para su libro Democracia en EE UU. Él lo concluyó con esta notable evaluación de la familia estadounidense: “En cuanto a mí, no dudo en admitir que aunque las mujeres de EE UU están confinadas dentro del estrecho círculo de la vida doméstica, y su situación es en algunos aspectos de extrema dependencia, en ninguna parte he visto a una mujer ocupando una posición más elevada; y si me preguntaran, ahora que me estoy acercando al final de este trabajo, en el que he hablado de tantas cosas importantes hechas por los estadounidenses, a lo que debe ser principalmente atribuida la singular prosperidad y la creciente fuerza de ese pueblo, debo responder que, a la superioridad de sus mujeres”.

Ya sea que se dieran cuenta o no, las familias de las naciones de habla inglesa fueron modeladas según los mandamientos de la Santa Biblia.

Esta fuerte estructura familiar produjo hijos virtuosos. Estos hijos crecieron para convertirse en buenos padres, madres, maestros, ministros, jueces, ingenieros, oradores y estadistas.

Los encargados de formular políticas entendieron la conexión entre el colapso familiar y los problemas sociales como el alcoholismo, la drogadicción, la adicción a la asistencia social, la delincuencia juvenil y el crimen violento. Creían en la Biblia cuando afirmaba que sólo son bendecidas las naciones que obedecen las leyes morales de Dios.


Desintegración familiar

A comienzos del siglo xx, los educadores de EE UU y la Mancomunidad Británica comenzaron a rechazar la idea de que las leyes de la moral son eternas e inmutables. A medida que la hipótesis evolutiva se arraigó en la conciencia pública, la gente comenzó a creer que lo que era correcto en el pasado podía no serlo hoy.

Mandamientos como “honra a tu padre y a tu madre” y “no cometerás adulterio” comenzaron a sonar anticuados. La gente abandonó la moral absoluta de Moisés y Jesucristo. Abrazaron la moralidad evolutiva de Charles Darwin y Sigmund Freud.

El panorama moral del mundo está hoy absolutamente transformado.

Antes de 1912, se estima que más del 80% de las novias se casaron vírgenes. Hoy, sólo alrededor del 3% espera hasta el matrimonio para tener relaciones sexuales. Incluso entre las personas religiosas, esta cifra es sólo del 20%. Dos tercios de los que viven en EE UU y Gran Bretaña ni siquiera consideran que la fornicación sea incorrecta.

Mucha gente celebra tales estadísticas como una victoria cultural. Pero la aceptación generalizada del sexo prematrimonial condujo a niveles epidémicos de nacimientos fuera del matrimonio. En el colonial Estado de Massachusetts, sólo 1 de cada 200 bebés era concebido fuera del matrimonio. En la actual nación estadounidense, el 40% de los bebés nacen de mujeres solteras. En Gran Bretaña, si las tendencias actuales continúan, para 2025 la mayoría de los bebés nacerán fuera del matrimonio.


 La ruptura familiar es la causa fundamental de estos problemas sociales. (Créditos: istock.com/PeopleImages)

Tal fractura de la familia es la consecuencia inevitable de transgredir los Diez Mandamientos.

La creciente aceptación de la pornografía y el sexo prematrimonial ha socavado los matrimonios que una vez unieron a las familias. Esto ha alimentado el rápido aumento del divorcio. En 1890, había un divorcio por cada 18 matrimonios en EE UU. Hoy la cantidad es un divorcio por cada 2,5 matrimonios. Inglaterra y Gales tienen un promedio de 13 divorcios por hora. Parafraseando al antiguo estadista romano Séneca, las personas “se divorcian para volver a casarse. Se casan para divorciarse”.

¿El resultado? Un tercio de los niños estadounidenses crecen sin su padre biológico. Gran Bretaña tiene la mayor proporción de niños criados en familias monoparentales que cualquier otro país europeo importante.

Las personas pueden argumentar que estos niños no están peor. Pero los hechos prueban lo contrario. Los niños que crecen sin una figura paterna tienen cuatro veces más probabilidades de ser pobres, nueve veces más de abandonar la escuela, 11 veces más de cometer crímenes violentos y 20 veces más probabilidades de ser arrestados. Existe un vínculo directo entre la fractura de las familias y los principales problemas sociales. No es casualidad que desde 1960 la tasa per cápita de crímenes violentos se haya duplicado en EE UU, y el porcentaje de estadounidenses que viven en un hogar que recibe algún tipo de ayuda social también se ha duplicado.


Un niño pasa junto a dos hombres drogados con marihuana sintética en la ciudad de Nueva York. (Créditos: SPENCER PLATT/Getty  Images)

Según las proyecciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso de EE UU, el aumento de gastos obligatorios y los intereses sobre la deuda nacional consumirán el 99% de todos los ingresos fiscales en la próxima década. Eso significa que todo el presupuesto de gasto discrecional de la nación será financiado con deuda.

La desintegración familiar es la principal causa de estos problemas sociales. Y tal desintegración es la consecuencia inevitable de transgredir los Diez Mandamientos.

El historiador financiero Niall Ferguson advirtió que los imperios generalmente se desintegran cuando el costo de pagar su deuda excede al costo de defender sus fronteras. Esto sucedió con Roma. Más recientemente, sucedió con la Unión Soviética.

Citando a John Adams, “Los fundamentos de la moralidad nacional deben establecerse en las familias privadas” (énfasis agregado).

Se necesitan familias fuertes para producir ciudadanos honestos capaces de mantenerse por sí mismos. Cuando una nación comienza a mirar a su gobierno para que la mantenga, está en camino al colapso social. El colapso familiar trajo la caída de Roma, y hoy está provocando la caída de Gran Bretaña y EE UU.


Revolución homosexual

En la época de Gibbon, EE UU y el Imperio Británico tenían leyes contra el comportamiento homosexual. De hecho, Gibbon señaló que la aceptación cultural de Roma de la sodomía y el libertinaje sexual fue un factor clave en la destrucción de su vida familiar.

La sodomía era considerada como uno de los últimos síntomas de una cultura moribunda. La edición de 1833 de la Enciclopedia Británica se refiere a ella como “el crimen sin nombre, que fue la desgracia de la civilización griega y la romana”. Hoy, tal afirmación simplemente se ridiculiza como intolerancia.

Noah Webster es a menudo llamado el padre de la erudición y educación estadounidense. En la primera edición de su famoso Diccionario Webster, él definió la sodomía como “un crimen contra la naturaleza”. Antes de 1962, todos los Estados estadounidenses consideraban la sodomía como un delito grave. Y antes de 1973, la Asociación Estadounidense de Psicología consideraba la homosexualidad como un trastorno mental.

Pero en la década de 1970, la oposición pública a la homosexualidad en EE UU y Gran Bretaña comenzó a desaparecer.

A medida que la sociedad adoptó la noción de que la moralidad es subjetiva, los filósofos evolucionistas difundieron la idea de que la fornicación, el adulterio, la homosexualidad e incluso la pedofilia no eran malos. Fueron resultados naturales del proceso evolutivo.

Sin padres masculinos y madres femeninas para enseñar a los niños sobre los roles sexuales, la confusión de género alcanzó nuevas alturas en 2014. Ese fue el año en que el Parlamento Británico legalizó el “matrimonio” homosexual. La Corte Suprema de EE UU hizo lo mismo un año después.


Los partidarios del "matrimonio" entre personas del mismo sexo se regocijan frente a la Corte Suprema en Washington, D.C., después de que la corte dictaminó el 26 de junio de 2015 que las parejas del mismo sexo tienen derecho a casarse en los 50 estados. (Créditos: ALEX WONG/Getty Images)

Estos cambios señalaron una nueva era: una era en la que el matrimonio no se definía como una asociación divinamente autorizada entre un hombre y una mujer—una era en la que el matrimonio se podía definir como cualquier relación sexual entre parejas que están de acuerdo.

En lugar de ver la homosexualidad como un pecado, la mayoría de los estadounidenses y británicos consideran ahora que la homosexualidad es un derecho.

Algunos van aún más allá y afirman que es la familia tradicional la que es perjudicial, que su estructura es un tipo de esclavitud de mujeres y niños.

Los hogares desechos y los niños ilegítimos son ahora tan comunes que se considera insensible incluso sugerir que tales personas pueden estar en desventaja.

En lugar de aceptar la noción de que la sociedad no cumple con el estándar bíblico, la sociedad ha cambiado el estándar. El fracaso prácticamente unánime de seguir la fórmula bíblica para el éxito familiar ha resultado en una redefinición del matrimonio y la familia. (Para obtener más información sobre esta tendencia, solicite una copia gratuita de nuestro folleto, La redefinición de la familia.)

En lugar de aceptar la noción de que la sociedad no cumple con el estándar bíblico, la sociedad ha cambiado el estándar.

Hoy, la mayoría de las personas rechaza la ley de causa y efecto; piensan que la sociedad puede descartar el matrimonio y la familia y no sufrir ninguna consecuencia. Pero tanto la Biblia como la historia secular muestran cuáles son y serán los frutos de la ruptura familiar.


Bendiciones y maldiciones

Grandes historiadores como Edward Gibbon sabían que el colapso familiar y la decadencia moral condujeron a la decadencia y caída del Imperio Romano. Pero ni siquiera Gibbon entendió que los pueblos estadounidense y británico tienen una historia con la ley de Dios que comenzó mucho antes de la fundación de Roma.


Las ruinas de Roma se erigen como un monumento a los efectos del deterioro moral. (Créditos: istock.com/rilindh)

Como escribió Codevilla, los estadounidenses del siglo xviii tendían a compararse con los hijos de Israel. El fundador de La Pura Verdad, Herbert W. Armstrong, demostró en el libro Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía que las personas que establecieron estas naciones son literalmente descendientes del antiguo Israel.

La Biblia dice que después de que la humanidad se apartó de las leyes morales de Dios, Dios llamó y fundó la nación de Israel. Él dio a este pueblo Sus leyes para que pudieran ser un ejemplo para todas las demás naciones. A través de sus acciones, los israelitas probarían que las bendiciones provienen de la obediencia a las leyes de Dios, y las maldiciones provienen de la desobediencia.

En La Pura Verdad de mayo-junio de 1938, el Sr. Armstrong escribió: “En el Monte Sinaí, Dios hizo una propuesta a Israel. Si ellos obedecían Su voz y guardaban Sus mandamientos (Éxodo 19:5-6), es decir, si ellos construían una civilización basada en los principios de la ley espiritual fundamental de Dios, en los principios del amor a Dios y el amor al prójimo, el principio del dar, en vez del humano y egoísta principio del obtener, entonces Dios prometía darles prosperidad y poder para dominar el mundo—‘por encima de todas las naciones’”.

Los antiguos israelitas fueron bendecidos mientras obedecieron “los principios de la ley espiritual fundamental de Dios” durante los días del rey David y del rey Salomón. Esta grandeza nacional habría continuado, pero luego el pueblo despreció los principios de Dios de la vida moral. Como resultado, su sociedad colapsó. El Imperio Asirio se había llevado a los israelitas como esclavos para el año 718 a. C. Después de la caída de Israel, los reinos gentiles como Roma alcanzaron la grandeza.

Sin embargo, Dios había prometido a los israelitas que los restauraría a la grandeza después de que experimentaran 2.520 años de castigo. (Esta profecía se explica en el Capítulo 10 de Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía Solicite una copia gratuita.)

En La Pura Verdad de septiembre de 1966, el Sr. Armstrong escribió: “El primer comienzo del asedio de Salmanasar contra el antiguo Israel fue en el año 721 a. C. La derrota de Israel se completó en el 718 a. C.; 2.520 años a partir del 721 a. C. es el año 1800 d. C., y 2.520 años a partir del 718 a. C. nos lleva al año1803 d. C. ¡Ahora usted ya sabe por qué Gran Bretaña y EE UU pasaron repentinamente de ser naciones menores, a tener la mayor riqueza y poder jamás disfrutados por ninguna nación, comenzando en 1800–1803!”.

Aquellos que se establecieron en EE UU y Gran Bretaña aprendieron por dura experiencia que la obediencia a la ley de Dios es un prerrequisito de la grandeza nacional. Pero sus hijos pronto lo olvidaron. En La Pura Verdad de abril-mayo de 1976, escribió el Sr. Armstrong: “¿Qué hemos hecho con esta multitud de bendiciones nacionales e individuales, que en realidad fueron una dádiva del Dios viviente? Dios no prometió continuar las bendiciones si nos rebelábamos. Hemos sido rebeldes y reacios a someternos a nuestro Dios y Sus caminos, lo cual habría garantizado una paz y prosperidad duraderas. Nos hemos vuelto arrogantes y egoístas. Hemos contaminado las tierras fértiles que el Dios viviente nos dio. Hemos contaminado el aire, los ríos, lagos y océanos. Hemos contaminado nuestras propias mentes y las de nuestros hijos, enseñando la fábula anti-Dios de la evolución. Hemos aceptado públicamente la erróneamente llamada ‘nueva moralidad’, ¡la que es una tremenda inmoralidad! Hemos aceptado públicamente la homosexualidad, el sexo prematrimonial y la perversión. Hemos contaminado la institución sagrada del matrimonio y a través de un índice de divorcios en constante aumento, comenzamos a destruir la relación de hogar y de familia—la base de cualquier sociedad estable”.

Debe quedar claro para cualquiera que crea en las lecciones de la historia antigua que la decadencia moral ha puesto a EE UU y Gran Bretaña en el camino hacia el colapso social.

Pero la profecía bíblica aclara aún más que este es el resultado inevitable de nuestro rumbo actual.


Profetizado a suceder

La Biblia revela claramente que Dios ha puesto en marcha las leyes espirituales y físicas. En la actualidad Dios, habiendo dado a los seres humanos libre albedrío moral, nos permite desarrollar nuestras propias formas de vida, las que son contrarias a Sus leyes. Nos ha estado permitiendo cosechar las consecuencias naturales que resultan de esas formas. Pero las Escrituras registran que Dios ha comenzado a intervenir y a castigar al Israel moderno con siete veces más intensidad sobre nosotros.

Levítico 26 es a menudo llamado el capítulo de las “bendiciones y maldiciones”. Éste profetiza lo que sucederá con el pueblo de Israel, cuyos descendientes modernos son principalmente EE UU y Gran Bretaña: si obedecían las leyes de Dios, recibirían bendiciones; y si desobedecían, maldiciones.

“Pero si no me oyereis, ni hiciereis todos estos mis mandamientos... Pondré mi rostro contra vosotros, y seréis heridos delante de vuestros enemigos; y los que os aborrecen se enseñorearán de vosotros, y huiréis sin que haya quien os persiga” (versículos 14, 17). ¡Sí, el gran Dios en realidad dijo que “pondría [Su] rostro contra” nuestras naciones por causa de nuestra rebelión!

“Y si aun con estas cosas no me oyereis, yo volveré a castigaros siete veces más por vuestros pecados. Y quebrantaré la soberbia de vuestro orgullo, y haré vuestro cielo como hierro, y vuestra tierra como bronce” (versículos 18-19). Si desobedecemos, Dios promete quebrantar el orgullo de nuestro poder. Aunque hemos disfrutado de un tremendo poder nacional, nuestra voluntad se ha quebrantado, ¡tal como Dios lo prometió!

Mire la historia del antiguo Israel y verá que nuestras naciones hoy siguen el mismo rumbo que ellos tomaron.

El profeta Isaías escribió que la moralidad de los antiguos israelitas se deterioró hasta el punto en que realmente estaban orgullosos de sus pecados. Ellos tal “como Sodoma publican su pecado, no lo disimulan” (Isaías 3:9). Lamentablemente, es muy difícil que usted pueda encontrar una forma más adecuada para describir a la sociedad actual.

Oseas, uno de los contemporáneos de Isaías, escribió que Dios “contiende con los moradores de la tierra; porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra”. En cambio, en Israel prevalecía el “perjurar, mentir, matar, hurtar y adulterar”. La violencia llenaba la nación, hasta que sucedía “homicidio tras homicidio”. Debido a este horrible estado, Dios decretó que se enlutará la tierra, y todo el morador en ella se “extenuará” (Oseas 4:1-3). Oseas profetizó que debido a que los israelitas se negaron “a convertirse a su Dios”, ellos “caerían en su pecado” (Oseas 5:1-5).

Las profecías de Isaías y Oseas, como todos los otros profetas menores y mayores, se centran principalmente en “el fin de los días” (Oseas 3:5). Dios, el sociólogo maestro, predijo que los descendientes de los israelitas del tiempo del fin se rebelarían una vez más contra Sus leyes morales y sufrirían las mismas consecuencias que sus antepasados.

Antiguamente, después que la moral de los israelitas decayó hasta el punto del colapso social, Dios permitió que el Imperio Asirio los llevara cautivos. ¡Muchas profecías muestran que el mismo destino les espera a nuestras naciones en este tiempo del fin! Dios permitirá nuevamente que una nación extranjera castigue a los pueblos de EE UU y Gran Bretaña debido a nuestros muchos pecados.

Este severo castigo es simplemente la corrección necesaria para enseñar a las personas el error del pecado y llevarlas a vivir en el camino de vida que trae bendiciones, en lugar de terribles maldiciones. Una vez que los actuales británicos y estadounidenses vean que su riqueza, prosperidad, tierra y todo lo que poseen les sea quitado, ¡al fin clamarán a Dios por misericordia y liberación!

Dios le dijo al profeta Jeremías que llegaría el día en que “haría volver a los cautivos de mi pueblo Israel” (Jeremías 30:3; vkj). Esta profecía no está hablando del antiguo cautiverio de Israel, que ya había ocurrido en ese tiempo. Habla de un cautiverio en el tiempo del fin, llamado “tiempo de angustia para Jacob” (versículo 7). Jacob fue el padre de las 12 tribus de Israel.

Sin embargo, incluso mientras Dios pronunciaba estas palabras a Jeremías, profetizó misericordiosamente acerca de un tiempo posterior en el que traería los israelitas “a la tierra que di a sus padres y la disfrutarán” (versículo 3).

“He aquí yo los hago volver de la tierra del norte, y los reuniré de los fines de la tierra, y entre ellos ciegos y cojos, la mujer que está encinta y la que dio a luz juntamente; en gran compañía volverán acá”, declara Dios en Jeremías 31:8-9. “Irán con lloro, mas con misericordia los haré volver, y los haré andar junto a arroyos de aguas, por camino derecho en el cual no tropezarán; porque soy a Israel por padre, y Efraín es mi primogénito”.

Dios reunirá a los marginados de estas naciones como un pastor reúne a su rebaño (versículo 10), colmándolos de bendiciones (versículos 12-17) y estableciendo Su Nuevo Pacto con ellos (versículos 31-34). Dios promete restaurar la prosperidad a EE UU y a Gran Bretaña, y hacer de ellos un ejemplo positivo.

Pero primero, ¡ellos deben aprender que cualquier sociedad sin el código moral sagrado de Dios para gobernar las acciones de los individuos no puede sostenerse! 


EL VERDADERO DEPARTAMENTO DE SEGURIDAD NACIONAL

¿Cómo pueden Gran Bretaña y EE UU mantener seguras sus naciones? ¿Más policías? ¿Más soldados? ¿Más barreras, más tecnología, más tolerancia? ¿Más diplomacia, más guerras, más gastos? Nuestros gobiernos han intentado todas estas soluciones, pero vemos que nuestras naciones son cada vez menos seguras. Eso se debe a que la seguridad no le corresponde a las balas, detectores o presupuestos, sino a bendiciones. Y las bendiciones de Dios vienen como resultado de la obediencia a Dios por parte de los británicos y los estadounidenses.

Para descubrir cómo la seguridad pasada de EE UU y Gran Bretaña correspondió a la obediencia a Dios, y cómo su futuro trágicamente inseguro vendrá de su desobediencia a Dios, solicite su copia gratuita del libro solicitado por más de 6 millones de personas, Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía, por Herbert W. Armstrong.