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¿Debería hacer una pintura de Jesús?

EMMA MCKOY/LA TROMPETA

¿Debería hacer una pintura de Jesús?

¿Es el arte religioso aceptable para Dios? Esto es lo que dice la Biblia. 

Cuando era adolescente, uno de mis familiares tenía una imagen de San Miguel, el santo patrón de nuestra familia, colgada en la pared con un quemador de incienso. Habiendo crecido en un hogar ortodoxo oriental, sabía poco sobre espiritualidad, pero reconocía el icono como algo sagrado en nuestra religión. En los servicios de la Iglesia, los congregantes hacían fila para inclinarse y besar imágenes similares. Cuando pasé junto a ese icono, me detuve e hice una pequeña reverencia.

Al hacerlo, ¿estaba adorando a Dios?

Las Iglesias Ortodoxa Oriental, Católica Romana y Anglicana, junto con muchas sectas luteranas, veneran imágenes en su culto. Muchos en otras denominaciones también rinden especial respeto a las obras de arte sagradas.

Apocalipsis 12:7-9 registra a Miguel como el arcángel que derrotó al diablo en batalla. Cuando era un poco mayor, leí en el mismo libro de Apocalipsis el relato del apóstol Juan sobre su encuentro con un ángel: ”Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas…” (Apocalipsis 19:10).

Adorarle aquí está traducido del griego proskyneō. A diferencia del significado del español moderno de adorar, proskyneō no tiene connotación de aceptar a alguien o algo como Dios. La Concordancia de Strong lo define como “besar, como un perro que lame la mano de su amo”, así como “adular o postrarse ante”. El Léxico Griego de Thayer dice que es un beso en la mano “en señal de reverencia”. Estas descripciones son similares a mis recuerdos de las prácticas de los religiosos ortodoxos en mi juventud.

Éxodo 20:4-6 registra a Dios dando el Segundo Mandamiento: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy [el Eterno] tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos”.

¿Quiere Dios que honremos el “arte sagrado”?

A continuación se presenta una lista de las explicaciones comúnmente dadas sobre el papel del arte sagrado en el cristianismo tradicional, acompañado de comparaciones de lo que la Biblia en realidad dice, con comentarios adicionales.

Ejemplos del Antiguo Testamento proveen precedentes del arte siendo usado para adorar.

Éxodo 31:1-5 describe a Dios llamando al artesano Bezaleel “para inventar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, y en artificio de piedras para engastarlas, y en artificio de madera; para trabajar en toda clase de labor”. El arca del pacto fue hecha con dos representaciones de ángeles a cada lado del propiciatorio (Éxodo 25:18). Las paredes del templo de Salomón igualmente estaban talladas con imágenes de ángeles (1 Reyes 6:29).

La Biblia describe el rendir homenaje a una imagen con reverencia como un acto de adoración. El Segundo Mandamiento nos prohíbe hacer imágenes con el propósito de adoración: “No te inclinarás a ellas, ni las honrarás” (Éxodo 20:5).

Un día, antes de que Israel entrara en la Tierra Prometida, Dios envió serpientes venenosas para castigar a la nación por su pecado. Después de que los israelitas clamaron a Dios pidiendo ayuda, Dios ordenó a Moisés que hiciera una serpiente de bronce y la pusiera sobre un asta. Cuando una persona infectada la miraba (no inclinándose ante ella ni adorándola), era milagrosamente sanada (Números 21:4-9).

Siglos después, el antiguo Judá veneró esta serpiente de bronce en memoria de la sanación y le prendieron incienso. El rey Ezequías, a quien Dios elogia por su rectitud (2 Reyes 18:3), destruyó la serpiente de bronce en su purga de la idolatría (versículo 4). Ezequías desestimó la estatua como “un simple trozo de bronce” (versículo 4; traducción nuestra de la versión Living Bible).

En otras palabras, en el momento en que la gente comenzó a desplazar su enfoque del Dios que los sanó hacia el objeto mismo, la justicia de Dios exigió la destrucción de lo que era “un simple trozo de bronce”. De nuevo, el mandamiento dice que los hombres nunca deben fabricar ningún recurso, imagen u objeto físico para adorar a Dios.

Las representaciones de ángeles en el templo de Salomón eran decoraciones de las paredes. La gente no se inclinaba ante ellas ni las servía. Además, muchas de las descripciones de ángeles en la Biblia son demasiado fantásticas para que la imaginación humana las represente con precisión (p. ej. Ezequiel 1). La representación común de los ángeles en el arte actual no se parece nada a lo que la Biblia describe. Sin embargo, incluso las imágenes precisas hechas con el propósito de adoración siguen quebrantando el Segundo Mandamiento.

Honrar el arte sagrado no adora el objeto; sólo lo que representa.

Éxodo 32 relata el día en que el sumo sacerdote Aarón construyó un becerro de oro para los israelitas. Lo usó en la adoración durante una “fiesta para [el Eterno]” (versículo 5), una ayuda para adorar al Dios que libró a Israel de Egipto.

Herbert W. Armstrong citó este ejemplo en su libro Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía con respecto a las imágenes sagradas: “Vaya a una iglesia anglicana o católica romana hoy y pregúntele al sacerdote o persona a cargo si las imágenes de ‘Cristo’ y de ‘María’ son ídolos (…) Ellos se indignarán y le dirán: ‘¡No! Nosotros no adoramos ídolos. No adoramos imágenes. No afirmamos que las imágenes sean realmente Cristo o María, ¡sólo que ellas representan para nosotros cuál es el aspecto de Cristo o María!’

Bien, ¡esta es precisamente la manera como siempre todos los paganos han adorado a sus ídolos! Pero Dios se encendió en ira por esta práctica (Éxodo 32:7-10). ¡Dios no aceptará tal culto!”.

A lo largo de la Biblia, Dios condena a los hombres que lo comparan con obras hechas por manos de hombres en los servicios de adoración (p. ej. Isaías 46:5-7; Jeremías 10:1-6; Habacuc 2:18-20). En Hechos 17, el apóstol Pablo, impactado por las costumbres idólatras de la antigua Grecia (versículo 16), instruyó a los atenienses: “Dios que hizo el mundo y todo lo que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra. No habita en templos hechos por manos humanas. Ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues Él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas” (versículos 24-25).

Además, la veneración de representaciones de personajes está estrictamente prohibida por la ley de Dios. Ya hemos visto Apocalipsis 19:10, que prohíbe la adoración de ángeles. También lo hace Colosenses 2:18: “Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad y culto a los ángeles…”. La palabra traducida como “culto” en este caso es el griego thrēskeia, que la Concordancia Strong define como “observancia ceremonial”.

¿Y qué de María? La distinción oficial católica es que los hombres deban “adorar” a Dios (del latín latria) mientras “honran” o “veneran” a María (del latín dulia). Esta es una distinción promovida por la Vulgata latina, una traducción católica de la Biblia a un idioma extranjero de cientos de años después de que Dios inspirara el texto original del Nuevo Testamento en griego.

El uso de la definición latina cambia las reglas sobre lo que Dios prohíbe. Y la Iglesia Católica Romana reconoce sutilmente que no hay mucha diferencia. En algunos lugares, la Iglesia reconoce abiertamente que adora a María. Por ejemplo, el museo de la Catedral de Notre Dame de París tiene toda una muestra dedicada a “la adoración mariana” y su lugar en la teología católica.

En Apocalipsis 19:10, después de que el ángel le dijo a Juan que no lo adorara, dijo: “Adora a Dios…”. Cuando Satanás tentó a Cristo para que se inclinara delante de él, Cristo respondió: “Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás” (Mateo 4:10).

Para quienes afirman que la tradición religiosa anula las “viejas interpretaciones”, Cristo refutó ese argumento frente a las autoridades religiosas de su día: “Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición” (Marcos 7:9).

El Dios del Antiguo Testamento era invisible, pero conocemos la apariencia de Jesucristo.

Es un hecho fácilmente demostrable que la imagen tradicional de Jesús está muy lejos de lo que parecía en verdad.

Ningún lugar de la Biblia describe a Cristo como una figura con cabello largo, barba y vestido con una toga. Pablo escribió: “La naturaleza misma ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello?” (1 Corintios 11:14). Cristo parecía un judío promedio de Su tiempo. Era tan “de aspecto genérico” que Judas tuvo que señalarlo a las autoridades con un beso (Mateo 26:48). (Por cierto, los primeros iconógrafos romanos representan a Cristo como joven, sin barba y con el cabello corto. Las imágenes como las que muestran los iconógrafos de la actualidad se popularizaron cientos de años después de que los últimos testigos presenciales del ministerio de Cristo murieran.)

Algunas representaciones de “Dios” tienen una influencia pagana evidente. ¿Se ha dado cuenta alguna vez de que la representación de Dios por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina tiene un notable parecido con las representaciones grecorromanas de Zeus?

El cristianismo ha aceptado por unanimidad la veneración de imágenes durante 2.000 años.

Incluso en el mundo romano tardío, la veneración de iconos nunca fue aceptada universalmente. Comenzando con el emperador romano oriental León iii en 726 d. C., varios emperadores —en ocasiones con el respaldo de la Iglesia— reconocieron los íconos como idolatría y los prohibieron en todo el imperio. Esto continuó de manera intermitente hasta 843 d. C. Lo anterior ocurrió siglos antes de que el Cisma de 1054 dividiera sistemáticamente a los mundos católico y ortodoxo.

En el mundo protestante temprano también hubo mucho debate. Andreas Karlstadt, un reformador alemán del siglo xvi y colega de Martín Lutero, escribió en “On the Removal of Idols” [Sobre la Eliminación de Ídolos] que tener “imágenes en iglesias y casas de Dios es incorrecto y contrario al Primer [más específicamente al Segundo] Mandamiento (…) Por lo tanto, es bueno, necesario, digno de alabanza y piadoso que las eliminemos y le demos a la Escritura lo que le corresponde y así aceptemos su juicio”.

Juan Calvino, fundador de las tradiciones religiosas de países como Suiza, Escocia, los Países Bajos y gran parte de religión temprana en América, escribió que “una verdadera imagen de Dios no se encuentra en todo el mundo; y de ahí que Su gloria se vea mancillada y Su verdad corrompida por la mentira cada vez que se nos presenta ante los ojos en una forma visible”.

Estos críticos tenían razón en este punto.

En realidad, los Diez Mandamientos no prohíben las imágenes esculpidas.

El resumen católico de los Diez Mandamientos salta de “No tendrás dioses ajenos delante de mí” a “No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano”. “No te harás imagen [tallada; ver versión King James]” está incluido en el Primer Mandamiento.

La Iglesia católica se las arregla para que sigan siendo diez mandamientos dividiendo los versículos de Éxodo 20:17, separando “No codiciarás la mujer de tu prójimo” de “No codiciarás ninguna cosa de tu prójimo”. Es absurdo. El Séptimo Mandamiento ya prohíbe el adulterio y Jesús dijo en Mateo 5:27-28 que la lujuria y el adulterio son equivalentes. En Éxodo 20:17, codiciar a la mujer de su vecino se encuentra entre codiciar su casa y a su criado. No se presenta como un mandamiento por sí mismo.

¿Cuál es la diferencia entre los dos primeros mandamientos? “El Primer Mandamiento prohíbe poner a algo o alguien en el lugar del Dios verdadero”, escribimos en nuestro folleto The Ten Commandments [Los Diez Mandamientos, disponible sólo en inglés]. “… El Segundo Mandamiento nos muestra cómo debemos adorar al verdadero Dios. (…) Las imágenes y los cuadros nos dan un falso concepto del Dios verdadero”.

La Iglesia católica se salta el Segundo Mandamiento porque lo está transgrediendo y no quiere que la gente lo sepa.

¿Por qué tanto alboroto con las imágenes?

Dios nos prohíbe expresamente crear “semejanza de lo que esté arriba en el cielo”. Obviamente, eso incluye a Dios mismo. El templo de Dios en la antigüedad estaba decorado con bellas obras de arte. A Dios no le desagrada la belleza. Pero las obras de arte en sí no tienen autoridad ni poder sagrado inherentes. Considerarlas como tales conduce a las personas a alejarse de Dios y a acercarse a las obras de manos del hombre.

“La verdadera espiritualidad debe medirse a la luz de la Biblia”, escribió Richard Palmer en nuestra Trompeta de noviembre-diciembre de 2025. “No se fije sólo en la tradición antigua. Una organización puede ser antigua sin las enseñanzas de Jesucristo como fundamento. Cada individuo tiene la responsabilidad de examinar lo que cree”.

Existen pocas cuestiones más fundamentales para la verdadera religión que la naturaleza de Dios. Sin embargo, es en esta cuestión en la que tantas Iglesias discrepan. Es también a esta pregunta a la que el arte sacro intenta responder y fracasa estrepitosamente. Como menciona el folleto The Ten Commandments: “Todo el que necesita una imagen o una estatua para adorar a Dios simplemente no conoce al Dios verdadero”.

La ley de Dios revela la mente de Dios: cómo piensa Él. Cuanto más pensemos como Dios (Filipenses 2:5), más veremos a Dios por quien realmente es.

Adorar un objeto que supuestamente representa a Dios limita el concepto de Dios a lo que el hombre puede imaginar. Pero Dios es mucho más grande de lo que el hombre puede imaginar. Conocer al Dios verdadero obedeciendo sus mandamientos es la verdadera forma de “[verle] a [aquel que es] invisible (Hebreos 11:27). Dios nos manda que lo adoremos, como dijo Cristo, “en espíritu y en verdad” (Juan 4:23). Es imposible adorar tanto en espíritu como en verdad cuando se quebranta el mandamiento de Dios de no adorarle con imágenes, que son falsas y en realidad crean barreras en nuestra relación con Él. ¡Obedezca ese mandamiento y desarrolle una relación verdadera, íntima y a nivel espiritual con el único y verdadero Dios!