‘De madrugada te buscaré’
La fascinación rodea los nombramientos del gabinete del presidente electo Donald Trump [artículo escrito a finales de 2024]. Entre todos los elegidos y las especulaciones sobre quiénes serán secretarios de esto y aquello, un nombre me llamó la atención. Sea quien sea el nuevo secretario de agricultura, contará con la ayuda de seis asesores. Uno de esos puestos se ofreció al agricultor más famoso de Estados Unidos, Joel Salatin. El 6 de noviembre de 2024 aceptó este cargo de asesor.
Salatin es un crítico abierto y apasionado del Departamento de Agricultura de EE UU. Él lo considera un enemigo público. “Seríamos una cultura mucho más saludable”, afirma, “si el gobierno nunca nos hubiera dicho cómo comer”. Atribuye la causa fundamental de la intolerancia al gluten, la enfermedad celíaca y muchos otros problemas de salud pública a “la política agrícola estadounidense y, en concreto, a la intromisión del gobierno en el ámbito alimentario”.
El hecho de que un agricultor alce la voz contra la producción de alimentos industriales implica una amarga lucha contra el régimen gobernante. “Desde la regulación de suelos hasta el empleo, la seguridad alimentaria y las pólizas de seguro”, afirma Salatin, “los sistemas alimentarios locales se topan a diario con una muralla de trabas regulatorias diseñadas e implementadas para vigilar los modelos alimentarios industriales, pero que terminan extinguiendo con prejuicio el antídoto: sistemas alimentarios locales a escala adecuada”.
¿Pueden los sistemas alimentarios locales de producción abastecer al mundo? “No sólo podemos”, dice Salatin, “somos el único sistema que puede hacerlo de forma regenerativa en el planeta”.
Salatin es a la vez discípulo y evangelista de la agricultura regenerativa. Se trata de un sistema que da prioridad al suelo y que imita a la naturaleza, fomentando prácticas benévolas que recuperan y promueven a perpetuidad los beneficios saludables del suelo fértil. “Lo que estamos viendo es el diseño de Dios”, afirma. Es “la plantilla de la naturaleza, y utilizarla como patrón para cortar alrededor y colocarla en un modelo doméstico para duplicar ese patrón que vemos en la naturaleza”. Él observa la creación y da crédito al Creador. Eso es poco común: la mayoría no ve al Creador en lo que Él ha hecho (Romanos 1:20-21). Salatin observa: “La ecología debe ser una lección objetiva que el mundo vea, que explique de forma visceral y física los atributos de Dios”.
Ciudadanos religiosos y laicos, rurales y urbanos, rojos y azules, de todos ámbitos de la vida con una preocupación común por los alimentos en sus mesas, siguen a Salatin. Su nombramiento en el Departamento de Agricultura de EE UU no se basa en preferencias políticas sino en méritos, respaldado por un movimiento creciente desesperado por desafiar las normas agrícolas fallidas.
Hay mucho que admirar en Salatin: su valentía para promover el bien y exponer el mal, sus métodos y sus fundamentos ecológicos, su conciencia del Creador. La pregunta es, ¿qué puede lograr si se mete en la boca del lobo? Admite que si el mundo adoptara un enfoque ecológico de la agricultura, “revertiría por completo el poder, la posición, las ganancias y el prestigio de toda la industria alimentaria y agrícola”. En el duro campo de la agricultura, ésta es su tarea más difícil hasta el momento.
Cualquiera que sea el resultado de esta batalla, hay una interesante lección que extraer de este creciente cambio de paradigma agrícola.
¿Por qué la humanidad experimenta primero con todas las formas erróneas, perversas y egoístas de agricultura —sin tener en cuenta las consecuencias para la salud humana, animal, vegetal y del suelo— antes de que alguien, finalmente, encuentre y adopte una forma correcta?
A la humanidad parece gustarle el método de prueba y error. Cuando un sistema falla, él ideará otro y lo aplicará sin problemas. ¿Por qué? Herbert W. Armstrong escribió: “Los científicos nos aseguraron que la humanidad había progresado hasta el punto de poder desechar la ‘muleta’ supersticiosa de la creencia en Dios y la religión. Ahora la humanidad podía confiar en el nuevo mesías: la ciencia moderna. Los científicos nos dijeron: ‘Una vez adquiridos los conocimientos suficientes, resolveremos todos los problemas de la humanidad y curaremos todos los males del mundo’. Para ello, la ciencia moderna se valdría del uso intensificado de los mismos elementos que venía usando la humanidad a lo largo de toda su historia: la observación, la experimentación y el razonamiento humano (…) ¿Es malo emplearlos? De ninguna manera. El error está en rechazar la revelación” (La dimensión desconocida de la sexualidad; énfasis añadido).
¿Qué tan naturalmente sabroso sería nuestro alimento en la actualidad, qué tan saludable sería el mundo, si la humanidad hubiera simplemente aceptado e implementado el modelo agrícola establecido por el Creador?
He aquí una lección que cada uno de nosotros puede aplicar en todos los ámbitos de nuestra vida: Busque a Dios de madrugada.
El rey David escribió: “Dios, Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré; Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela…” (Salmo 63:1). Dios dice: “Yo amo a los que me aman, y me hallan los que temprano me buscan” (Proverbios 8:17).
Esta amonestación se aplica diariamente a nuestra oración y estudio y a la necesidad de buscar a Dios temprano cada día. Pero este no es el único significado. ¿Por qué tropezar en la oscuridad haciendo las cosas a nuestra manera cuando podemos ir a Dios para que nos dirija desde el principio? Debemos buscar a Dios de madrugada en cada área de nuestra vida: citas, matrimonio, crianza de los hijos, planificación patrimonial, educación, negocios, en todo.
Los fracasos de la humanidad al caminar sin Dios demuestran lo necesario que es que Dios guíe todos nuestros pasos. Nuestro mundo se enfrenta a una ruina inminente. “Ninguna civilización al borde del colapso ha cambiado jamás lo suficientemente rápido como para evitar el colapso”, advierte Salatin. Puede que sea así colectivamente, pero no tiene por qué serlo individualmente. Cambie ahora; cambie rápido. Utilice el poco tiempo que le queda para buscar a Dios de madrugada.
