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Cristianos masacrados en territorios históricos
Los recientes disturbios en Jordania, Siria y Etiopía nos recuerdan lo peligrosos que son Oriente Medio y África para las minorías cristianas, incluso en países considerados relativamente más tolerantes.
En Jordania, pistoleros terroristas masacraron a cristianos el viernes mientras asistían a un funeral en una iglesia ortodoxa griega, matando a nueve e hiriendo a 40.
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El gobierno jordano arrestó ayer a tres sospechosos, alegando que pertenecían a “una ideología extremista y radical”. El Estado Islámico se ha atribuido la responsabilidad.
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Jordania, hogar de varios sitios bíblicos, concede a los cristianos un nivel de libertad comparativamente alto.
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Jordania atacó sitios en Siria el lunes en aparente represalia por el tiroteo en la iglesia. Las Fuerzas Armadas de Jordania informaron que sus ataques aéreos “destruyeron varias posiciones terroristas”, y las autoridades sirias dijeron que siete personas, incluyendo tres niños y una mujer, murieron. Jordania afirma que mató a más de 20 terroristas del Estado Islámico.
En Etiopía, 60 cristianos fueron masacrados y 20 casas fueron incendiadas en la región de Oromía, según se informó el sábado. Oromía es una región predominantemente musulmana, pero las autoridades locales culpan a Tsimdo, una alianza de varios grupos rebeldes étnicos de toda Etiopía.
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Etiopía, uno de los primeros países en convertirse al cristianismo tradicional, es mayoritariamente cristiana, pero ha sufrido graves disturbios en los últimos días.
Daniel 11:40 es una profecía para el “cabo del tiempo” que describe dos bloques enfrentándose por el control de Oriente Medio y África. Como explica el redactor jefe de la Trompeta, Gerald Flurry, en su folleto gratuito El rey del sur, esta es una profecía de una guerra religiosa entre el islam radical y la Europa católica.
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Una razón importante por la que las naciones católicas enviarán fuerzas a Oriente Medio es para proteger la herencia cristiana de la embestida yihadista.
Es de esperar que los ataques anticristianos, como los de la semana pasada, provoquen una mayor indignación mundial, hasta que una potencia externa intervenga con una fuerza letal aún mayor.