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JOSH EDELSON/AFP VIA GETTY IMAGES

Coronavirus: ¿Cómo debería responder usted?

El mundo está entrando en pánico y encerrándose en respuesta a un virus. Algunos están preguntando, ¿está Dios enojado con la humanidad? La respuesta debería dictar su reacción.

¿Por qué está ocurriendo esto? El coronavirus está deteniendo al mundo por completo. Los países se están encerrando, cerrando fronteras y prohibiendo las reuniones públicas. Los deportes, atracciones turísticas y eventos importantes están siendo cancelados. Las ciudades están sobrecogedoramente silenciosas. Masas de personas están siendo obligadas a quedarse en casa. El acaparamiento es rampante. Las estanterías de las tiendas están vacías. Los compradores están entrando en pánico. Las empresas están siendo destruidas. Las reservas se desploman y las economías—nacionales y mundiales—están siendo arrasadas.

¿Está Dios enojado con la humanidad? ¿Está cumpliendo esto la profecía bíblica? ¿Qué podemos aprender de este evento extraordinario?

Cuando experimentamos este tipo de trastorno y dificultad, necesitamos aprender lo más posible de ello. No queremos tropezar y esperar que todo termine lo más rápido posible simplemente para que podamos volver a la vida exactamente igual que antes.

Usted necesita saber lo que la Biblia dice. Usted necesita saber cuál debería ser la respuesta cristiana. Usted necesita saber cómo reaccionar física y espiritualmente, porque se vienen crisis aún más serias que ésta.

Oración y pánico

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró el domingo 15 de marzo como “Día Nacional de Oración para todos los estadounidenses afectados por la Pandemia del coronavirus y por nuestros esfuerzos de respuesta nacional”. En una afirmación de la Casa Blanca, el presidente notó que aunque muchas iglesias estaban cerrando, “en este tiempo no debemos cesar de pedirle a Dios por más sabiduría, consuelo y fuerza, y debemos orar especialmente por aquellos que han sufrido daño o han perdido a un ser querido”. Él le pidió a la gente que “oren para que la mano sanadora de Dios fuera puesta en la gente de nuestra nación”, que “oren por la salud y bienestar de sus compatriotas estadounidenses, y recordar que ningún problema es tan grande para que Dios lo maneje. (…) Con la ayuda de Dios, venceremos esta amenaza”.

Fue una proclamación bastante liviana. No dijo nada acerca de por qué Dios pudiera estar permitiendo esta pandemia. Evitó hablar sobre humillarnos ante Dios o buscar restaurar el favor de Dios. No mencionó nada de arrepentimiento o volvernos del pecado. Simplemente recomendó pedirle a Dios consuelo, fuerza, protección, salud y sanidad.

Aun así, mucha gente reaccionó de forma visceral. Ridiculizaron la oración como “anti-ciencia”. Una mujer tuiteó: “Las ilusiones no van a hacer que las pruebas y los cuidados estén disponibles para aquellos que están enfermos. Las ilusiones no van a alimentar a la gente o pagar sus cuentas. No nos van a mantener tibios o a salvo del daño”. La representante Rashida Tlaib publicó una respuesta vulgar despreciando la oración nacional.

Otros exigieron la separación de la Iglesia y el Estado, como si animar a la oración voluntaria fuera de alguna manera forzar una religión del Estado. Una mujer tuiteó: “Esto va en contra de todo lo que los padres fundadores representaban”. Aparentemente ella ignora que los fundadores de EE UU eran profundamente religiosos y alabaron y agradecieron al Dios Creador en la Declaración de Independencia de la nación. Entre ellos estaban hombres como John Adams, quien dijo, “Nuestra Constitución fue hecha solamente para un pueblo moral y religioso. Es completamente inadecuado para el gobierno de otra manera”.

En la conversación en general sobre la nación en las noticias, no se habla de Dios. En vez de eso, usted escucha de cada doctor, científico, celebridad y experto sobre medidas de contención y proyección de los peores escenarios. Usted está escuchando a expertos especular que alrededor de dos tercios de la población del mundo podría contraer la enfermedad, y que decenas de millones podrían morir.

Esto está creando mucha histeria. La mayoría de la sacudida en los mercados bursátiles no ha venido de problemas que ya hayan golpeado, sino del temor a los problemas que podrían golpear. La escasez en los almacenes y tiendas en general no son en su mayoría resultado de problemas con el suministro, fabricación o distribución, sino del miedo, pánico y el acaparamiento. Cantidades suficientes de comida, papel higiénico y otras cosas esenciales todavía existen, pero la gente está apropiándose frenéticamente más, cuidando de sí mismos y de los suyos.

Esto está exponiendo algunas verdades muy feas sobre nosotros; verdades que de seguro probarán ser extremadamente relevantes en el tiempo por delante. Estamos teniendo un avance de cómo reacciona la gente en una crisis; y la Biblia dice que más crisis y mucho peores están por venir.

¿Qué ocurriría si una enfermedad más letal o un desastre medioambiental o financiero realmente interrumpen la cadena de abastecimiento? ¿Qué ocurriría si un terremoto u otro fenómeno natural destruyen la infraestructura o acaba con la producción de alimentos, o una depresión económica de largo plazo golpea, o colapsa el valor de las monedas, o sufrimos un embargo energético, o hay ataques terroristas en varias ciudades, quizás ataques con armas nucleares, biológicas o químicas? Tales amenazas son muy reales.

Observe cómo se está comportando la gente en esta crisis comparativamente menor. El mundo nunca ha reaccionado a una pandemia como está reaccionando hoy. Incluso si los peores escenarios no se materializan, esto muestra cuán rápidamente un desastre inesperado puede surgir de alguna parte y alterar completamente el panorama mundial.

Corrección

Este es un tiempo en el que necesitamos días nacionales de oración. Necesitamos sinceramente mirar a Dios, no sólo por consuelo, fuerza, protección, salud y sanidad, sino también por guía y, sí, por corrección. Necesitamos ver esto desde Su punto de vista. Debemos ver cómo Él está involucrado y qué está tratando de enseñarnos.

Pero la noción de que Dios está involucrado en algo como una enfermedad pandémica es enteramente extraño para la gente.

“Para los cristianos, este terrible virus no es un castigo sino una prueba de nuestra fe y caridad [amor]”, escribió el Telegraph el 16 de marzo. Este autor ridiculiza la idea de castigo divino, y explica cómo el razonamiento “del Siglo de las Luces” ha superado al pensamiento “medieval”. “Muy pocos líderes cristianos han culpado al coronavirus del pecado (incluso si hay mucho de eso), y algunos clérigos han sido tan entusiastas en desanimarnos de ir a la iglesia, para que no tosamos en la congregación, que uno se queda preguntando qué tiene que ofrecer la fe cuando la naturaleza se vuelve loca”. La solución que provee este autor es: los cristianos deberían cuidar a otras personas.

Actos de caridad hacia aquellos en necesidad ciertamente son nobles, pero ¿podemos descartar casualmente la idea de que una crisis como esta puede ser una maldición de Dios?

Piense en esto por un momento. Suponga que Dios quiere corregirnos. Suponga que Él odia el pecado y odia el daño que nos hace el pecado. Suponga que Él quiere que veamos cuán egoístas, codiciosos y materialistas somos, cuán saturados estamos de deportes y entretenimientos. Suponga que Él quiere que cambiemos, que nos volvamos del pecado, que nos volvamos a Él y que vivamos vidas mejores.

Suponga que Dios quiere mostrarnos que las comodidades modernas y los lujos están dominando nuestras vidas y alejándonos de lo espiritual. Suponga que Él quiere ayudarnos a ver cuánto confiamos en nosotros mismos y que nos demos cuenta lo realmente frágil que es la civilización que hemos construido, y cuán endeble es el tejido social.

Suponga que Dios quiere que echemos una buena mirada a nuestra propia naturaleza egoísta y quiere ayudarnos a ver que no tenemos un corazón tan bueno como pensamos. La mayoría de nosotros nos llevamos bastante bien mientras estemos cómodos en lo material, pero es cuando experimentamos adversidades y privaciones que nuestro verdadero carácter comienza a emerger. ¿Qué pasa si Dios quisiera mostrarnos cuán poquita adversidad se necesita para comenzar a exponer nuestras feas tendencias como el egoísmo, el tribalismo y el faccionalismo?

¿Qué pasa si Dios quisiera advertirnos que pruebas más grandes están por venir y darnos una probada de aquellas, una dosis de realidad, para que pudiéramos examinarnos y comenzar a ver quiénes somos realmente? ¿Qué si Dios quisiera detener nuestra adoración a los deportes, nuestra adicción al entretenimiento, si Él quisiera que apretáramos el botón de pausa a todas las películas, para que pudiéramos reducir la velocidad un momento, quedarnos en casa con nuestra familia, pensar y considerar nuestros caminos? ¿Qué si Dios realmente quiere corregir a Sus hijos por sus pecados y llevarlos al arrepentimiento?

¿No es posible que Él pudiera usar una enfermedad pandémica para hacerlo?

La Biblia

Dios deja en claro las respuestas a todas estas interrogantes y muchas más en Su revelación a la humanidad, la Biblia.

La Palabra de Dios nos dice por qué eventos como éste están sucediendo. Explica en detalle por qué Dios permite pruebas como ésta (a veces en una escala masiva) para cumplir propósitos específicos. También nos dice lo que Dios espera de nosotros: cuáles son Sus estándares y cómo reconocer cuando estamos descarriados. Explica cómo ver el mal en nuestros propios corazones y combatirlo.

La Biblia además está llena de ejemplos de Dios corrigiendo a personas a través de pruebas. Hay ejemplos bíblicos y muchas profecías bíblicas de Dios usando específicamente pruebas de salud y enfermedad para corregir a las personas.

Así que la Biblia es un recurso invaluable para guiarnos a través de eventos como éste. Puede decirnos qué esperar y cómo navegar exitosamente estas agitadas aguas.

Primero veamos por qué Dios está permitiendo que la humanidad pase por esta durísima prueba.

Dios tiene un magnífico propósito para el hombre. Pero ese propósito requiere que tengamos libre albedrío; Dios no nos obliga a ir por Su camino. Al comienzo del libro, a nuestros primeros padres, Adán y Eva, se les dio a elegir. Dios les explicó claramente a ellos y les dejó escoger entre el árbol de la vida y el árbol de la muerte. Ellos escogieron la muerte (Génesis 3).

El resto del capítulo muestra que debido a su decisión, Dios pronunció ciertas maldiciones sobre ellos. Él los desterró del Jardín de Edén y cortó el acceso al árbol de la vida.

Su decisión cortó a la humanidad de Dios, de Su verdad, Su conocimiento y Su guía. Desde entonces, el hombre ha estado construyendo una civilización aparte de Él, tratando de resolver cómo hacer que las cosas funciones por nuestra cuenta. Ésta es la razón por la que el mundo está tan plagado de miseria: porque, con pocas excepciones, no nos estamos sometiendo a Dios. Estamos viviendo de una manera que nos está llevando a nuestra propia destrucción.

Es un camino que Dios profetizó que terminaría en nuestra propia aniquilación del planeta; ¡si es que Él no interviene! Jesucristo Mismo profetizó acerca de que este tiempo ocurriría justo antes de Su Segunda Venida: “Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo…” (Mateo 24:21-22).

Arrepentimiento

Dios quiere restaurar en nosotros el asombroso potencial humano al cual Adán y Eva le dieron vuelta la espalda. Él quiere convertir el corazón de toda persona en el mundo, ayudarnos a ver nuestro error al ir por el camino equivocado e inculcar en nosotros un amor por Su camino. “El Señor (…) no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).

Arrepentimiento significa compararnos a la ley de Dios de amor para ver dónde estamos pecando y fallando, ¡y luego cambiar de dirección y obedecer esa ley!

La ley de Dios, por ejemplo, ordena que usted ame a Dios con todo su corazón, mente y fuerza (Deuteronomio 6:5; Mateo 22:37). Arrepentirse por no hacer esto significa esforzarse por cambiar. La ley de Dios prohíbe poner cualquier cosa antes que el verdadero Dios (Éxodo 20:2-3). Arrepentirse significa buscar en su vida áreas donde usted está priorizando otros intereses, personas o cosas antes que a Dios. La ley de Dios dice que usted no cometerá adulterio (Éxodo 20:14; Mateo 5:27-28). Eso significa rechazar todas las formas de sexo fuera del matrimonio, incluyendo la fornicación, la pornografía y toda lujuria y perversión (como lo define Dios, no la sociedad).

La ley de Dios es perfecta y es liberadora (Santiago 1:25). Es una ley de amor (Romanos 13:10). La ley de Dios define cómo piensa Él, cómo vive, y quién es Él. Es la manera en la que vivió Jesucristo. “Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos” (1 Juan 5:3).

Nuestro pensamiento, razonamiento y caminos son fatalmente imperfectos. El mundo inestable, injusto e infeliz que hemos construido es abundante prueba de aquello. Dios quiere que cada uno de nosotros veamos la realidad, “la plaga en su corazón” (1 Reyes 8:38). Él quiere evitarnos el sufrimiento que viene de cada uno de nosotros cuando confiamos en nosotros mismos y nos comparamos a otros. Él quiere en cambio que vivamos por Su ley porque eso es lo mejor para cada uno de nosotros, y para el mundo en el que habitamos.

Esta es una ambición enorme que tiene Dios, porque cada corazón humano está terriblemente lleno de debilidad y mal (Jeremías 17:9). Dios aún no está tratando de llevar a la gente al arrepentimiento en una gran escala, pero Su plan maestro finalmente incluirá a todos. Dios tiene un futuro asombroso para todos aquellos que estarán dispuestos a venir al arrepentimiento.

El verdadero arrepentimiento cierra la brecha entre un individuo y Dios. Así, el primer paso hacia una felicidad real y duradera es un genuino, profundo y completo arrepentimiento.

¿Se ha arrepentido usted alguna vez ante Dios? Muy, muy pocas personas lo han hecho. Pero nadie comenzará a recorrer el camino hacia la verdadera felicidad y realización antes de hacerlo. Debemos reconocer nuestra propia incapacidad e impotencia aparte de Dios. Esa es la lección más fundamental que cualquiera de nosotros puede aprender.

Eso es lo que faltó en la declaración del presidente Trump al pedir un Día Nacional de Oración. Como lo explica 1 Juan 3:22: “Y cualquiera cosa que pidiéramos [en oración], la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él”. Sólo la oración no es suficiente: Debemos también volvernos a Él en arrepentimiento y obediencia. Sus oídos están atentos a las oraciones de los justos, “pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal” (1 Pedro 3:12). Esa es la razón principal de por qué muchas oraciones quedan sin respuesta, porque la gente simplemente no se ha rendido por completo a Dios. Aún están viviendo en rebelión en contra de Él. (Usted puede aprender más acerca de esto en nuestro libro gratuito How to Pray [Cómo orar; disponible sólo en inglés]).

Bendiciones y maldiciones

Una vez que usted entiende que Dios está tratando de llevarnos al arrepentimiento, entonces muchas profecías de la Biblia cobran sentido.

Considere Levítico 26 y Deuteronomio 28 que son conocidos como los capítulos de las “bendiciones y maldiciones”. En éstos se enlistan las bendiciones que Dios dará, incluso a nivel nacional, a aquellos que le obedecen, y las maldiciones que vendrán a aquellos que no lo hagan. Estos capítulos están dirigidos específicamente a los israelitas y sus descendientes, los que hoy incluyen a Estados Unidos y Gran Bretaña. Pero el principio se aplica a todos nosotros, incluso individualmente.

“Pero acontecerá, si no oyeres la voz de [el Eterno] tu Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzarán. Maldito serás tú en la ciudad, y maldito en el campo (…) Y [el Eterno] enviará contra ti la maldición, quebranto y asombro en todo cuanto pusieres mano e hicieres (…) a causa de la maldad de tus obras por las cuales me habrás dejado. [El Eterno] traerá sobre ti mortandad [pestilencia], hasta que te consuma de la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella” (Deuteronomio 28:15-16, 20-21). La palabra pestilencia [mortandad] describe varios tipos de destrucción y muerte; incluso podría ser violencia que cometemos uno al otro.

Luego Dios se vuelve más específico, incluso hablando de enfermedades: “[El Eterno] te herirá de tisis [enfermedades crónicas degenerativas], de fiebre, de inflamación [hablando de enfermedades contagiosas como las influenzas—el coronavirus podría ser incluido] y de ardor…” (versículo 22).

¡Que Dios, quien tiene un poder total, le maldiga es terrible! Pocas personas toman esta advertencia en serio, pero este es sólo uno de muchos pasajes bíblicos que muestra cómo Dios corrige a Sus hijos cuando nos extraviamos. Él es como cualquier padre que ama a sus hijos: Él va a intervenir cuando los ve que se hacen daño.

En todo Deuteronomio 28, ¡Dios repetidamente dice que estas maldiciones son para que nos volvamos a Él! Si nos volvemos, y tan pronto nos volvamos, ¡estas maldiciones se detendrán! Sólo debido a que rehusamos arrepentirnos éstas se volverán peores y peores.

Aislamiento e idolatría

En medio de esta presente crisis, ¿cuánta gente está buscando a Dios? ¿Cuántos se están autoexaminando de acuerdo a la Palabra de Dios? ¿Cuántos están preocupados acerca de los pecados de nuestra gente que está trayendo estas maldiciones sobre nosotros?

En vez de eso vemos personas acaparando, peleando por algunos bienes en las tiendas, ventas de pánico, y buscando entretenimientos para perderse en ellos.

“Con grandes áreas de la población mundial distanciándose físicamente del resto de la sociedad, viajes restringidos, escuelas y lugares de trabajo suspendidos, podemos esperar un masivo incremento del ‘tiempo frente a la pantalla”, informó el Telegraph. “La semana pasada, Telecom Italia reportó un 70% de incremento en el tráfico de Internet, gran parte debido a juegos en línea como el Fortnite. …La próxima era de autoaislamiento significa experimentar eventos en vivo, interacciones sociales y aprendizaje a través de un dispositivo. Partes de la vida que alguna vez fueron análogas se volverán ahora temporalmente, o quizás permanentemente, digitales” (16 de marzo).

Muchas de las cosas que la sociedad ama son en realidad ídolos: los deportes, conciertos, bares, comodidades y lujos, dinero y materialismo, nuestro trabajo, nuestras carteras de valores. Ninguna de esas cosas es mala en sí—pero muchas personas ponen esas cosas delante de Dios, lo cual es una forma de idolatría. Ahora, de repente, muchos de estos “dioses” están siendo quitados de nosotros por la fuerza.

Quizás usted esté entre las muchas personas que no pueden ir a trabajar. Tiene tiempo extra en sus manos. Use esta oportunidad para dirigir su atención a las cosas más importantes en la vida, que son a menudo descuidadas en medio del barullo de responsabilidades y distracciones diarias.

¡Dios quiere que todos veamos el error de nuestros caminos y volvamos nuestros corazones a Él! Él quiere que la humanidad reconozca cuán fracasada y defectuosa es la civilización que hemos construido aparte de Él. Él puede usar una crisis como ésta para tratar de llevar a la gente en esa dirección. Pero si la gente no responde, ¿qué más puede hacer un Dios amoroso?

Si usted mira desde la perspectiva de Dios la forma en que la gente está reaccionando, podrá ver por qué es que estos problemas virtualmente de seguro se van a intensificar. Dios quiere traernos al arrepentimiento—para que Él pueda hacer posible el magnífico futuro que tiene para la humanidad. De este modo, Él va a permitir que este mundo pase por sufrimientos aún más grandes.

Por qué las pandemias

La Biblia incluye algunas sombrías profecías acerca de enfermedades pandémicas en el tiempo del fin. Incluso fuentes de noticias seculares han citado algunas de ellas.

En la profecía de Mateo 24, Jesús estaba pronosticando las condiciones que precederían a Su Segunda Venida. Él dijo, “…Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores” (versículos 6-8).

Quizás el pronóstico más vívido en este punto está en Apocalipsis, el libro de profecía del tiempo del fin más detallado. Aquí es donde usted encuentra las imágenes de los cuatro jinetes del Apocalipsis. El cuarto de éstos se describe en Apocalipsis 6:8: “Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra”. Entre las armas que este jinete tiene están las enfermedades epidémicas. Junto con estos otros tres jinetes, este jinete que luce anémico sobre un hechizante y pálido caballo darán muerte a “la cuarta parte de la tierra”. Con la población actual de 7,7 mil millones, ¡eso significa casi 2 mil millones de personas!

El coronavirus es definitivamente un problema, pero es poco significante cuando se le compara a la magnitud de la pestilencia que está por venir. ¡Dios profetiza de decenas de millones de muertes como resultado de las pestes!

Pero no perdamos de vista la razón. Dios no está destruyendo indiscriminadamente: Él está castigando al mundo en amor y con medida, ¡para ayudar a la humanidad a volverse finalmente de los caminos de destrucción al camino de la verdad y la paz! Dios va a permitir que el coronavirus y otras aflicciones afecten a la humanidad precisamente en el grado necesario para ayudar a la gente a arrepentirse; ni más, ni menos. Para la mayoría de la gente, esto sucederá cuando Dios los resucite nuevamente a la vida en un mundo que Él gobernará. (Para entender esta verdad, lea el artículo reimpreso: “Las tres resurrecciones”.)

Dios está anunciando Su mensaje de advertencia del tiempo del fin a este mundo a través de esta obra, cumpliendo literalmente Su profecía en Isaías 58:1: “Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado”. Pero si Dios no puede llevarnos al arrepentimiento a través de palabras, entonces Él tratará de hacerlo a través de pruebas, aflicciones y desastres.

Cuando llegan los problemas, algunos finalmente clamarán a Dios por Su intervención en sus vidas. Pero físicamente, puede que sea demasiado tarde. Debemos buscar a Dios “mientras puede ser hallado” (Isaías 55:6).

¿Debe usted sufrir junto con este mundo? No. El mismo Dios que controla los eventos mundiales es perfectamente capaz de proteger individuos. Actúe mientras la advertencia aún está saliendo, no sólo después de que las calamidades empeoren. Ponga atención a las palabras de Dios y vuélvase a Dios ahora, y recibirá una liberación de Sus maldiciones. Él promete perdonar y luego proteger a cada persona que se arrepienta. ¿Por qué esperar hasta la Gran Tribulación, la peor experiencia que la humanidad alguna vez haya sufrido para responder?

Tome acción

Dios quiere que cambiemos nuestro comportamiento para que así le obedezcamos y busquemos Su voluntad, no la nuestra. La Biblia está llena de ejemplos de arrepentimiento individual y protección individual. Si nos arrepentimos, Dios de seguro puede protegernos así como protegió a Daniel de las mandíbulas de los leones. Ni un solo cabello se chamuscó cuando Sadrac, Mesac y Abednego fueron arrojados al horno ardiendo. Otros antiguos profetas sobrevivieron a muchos desastres y persecución intensa. La verdadera Iglesia de Dios recibió protección divina a través de los siglos cuando Su pueblo permaneció fiel a Él. Dios puede bendecirnos y ser un escudo en nuestras vidas personales tal como lo fue para Abraham, Isaac, Jacob y muchos otros.

El apóstol Pedro escribió que, “el Señor sabe cómo rescatar a los piadosos de las pruebas, y reservar a los injustos para castigo hasta el día del juicio” (2 Pedro 2:9; traducción nuestra de la Revised Standard Version). Esta lección impregna toda la Biblia: Dios protege a las personas justas y obedientes que buscan Su protección.

Dios tiene poder sobre las enfermedades. Él dice en Éxodo 15:26 que si lo oímos atentamente y guardamos Sus leyes, “ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy [el Eterno] tu sanador”.

Dios promete sanarnos si nos arrepentimos: “Bendice, oh alma mía, al [Eterno], y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias” (Salmos 103:2-3). Esto no significa que usted nunca se va a enfermar. De hecho, la promesa de Dios de sanidad no se podría aplicar a alguien que nunca cae con una enfermedad o dolencia. Algunos del pueblo de Dios incluso pueden contagiarse con el coronavirus. Dios puede permitir eso como una prueba de nuestra fe.

Pero no debemos entrar en pánico durante tiempos como éste. El mundo está en pánico y con miedo. La gente está tan aterrada por la muerte, que el pánico está llevándolos a feos comportamientos y decisiones políticas innecesariamente costosas. Pero aquellos que ponen su confianza en Dios están en paz. Ellos están llenos de fe, esperanza y consuelo. Dios promete estas cosas.

Además Él absolutamente promete la sanidad. Pero algunas veces Dios permite que Su pueblo se enferme, incluso que muera en la fe, no habiendo recibido la promesa de sanidad en esta vida (Hebreos 11:35-39). La sanidad es una promesa segura, y muchos que claman por esa promesa son sanados, ¡incluso inmediatamente! Pero para algunos, tendrá lugar en la resurrección. (Si usted quiere más información sobre esta inspiradora doctrina bíblica, solicite nuestro folleto gratuito La pura verdad acerca de la sanidad divina).

Dios no promete que usted nunca vaya a morir en esta vida física. En realidad, ¡Dios promete que usted experimentará pruebas! Pero con Cristo en usted, será capaz de luchar contra ellas con fe. Eso hace toda la diferencia, si es que usted vive o muere. El pueblo fiel de Dios no le teme a la muerte.

Dios garantiza paz mental durante lo peor de las crisis. Él tiene el control, y Su promesa en Romanos 8:28 es: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”. Puede que pasemos por los mismos problemas que descienden sobre el mundo. Pero nosotros tenemos una sólida esperanza en el futuro que Dios ha prometido como una “ancla del alma” para mantenernos estables incluso en tiempos difíciles.

¿Está usted listo para las crisis que vienen? Comience por arrepentirse ante Dios. Eso es lo que Dios busca por sobre todo. Y a aquellos que se vuelven con corazón blando, Él ofrece protección individual (un escape) de las peores tormentas que vendrán (ej. Lucas 21:36). Ese es el único lugar seguro para invertir su fe.

Si usted quiere una guía sobre cómo arrepentirse y actuar sobre lo que está leyendo, podemos ayudarle. ¡Producimos mucho material destinado a ayudar a hacer el camino de vida de Dios su camino de vida! Un buen lugar para comenzar es leyendo el folleto de nuestro jefe editor Cómo ser un vencedor, comenzando con el Capítulo 1: “Arrepentimiento hacia Dios”. Inscríbase a nuestro correo electrónico semanal PCG Signposts [disponible sólo en inglés]; el cual le da instrucción vital y práctica de la vida cristiana para ayudarle a hacer cambios reales en su vida. También puede encontrar ayuda y educación relevante en nuestro sitio web hermano, pcg.church [sitio web en inglés]. Y si usted quiere hablar con un ministro de la Iglesia de Dios de Filadelfia, envíenos un correo electrónico a visitrequests@pcog.org

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