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Russia, China

PANG XINGLEI/XINHUA VIA GETTY IMAGES

¿Convertirá el coronavirus de China a Vladimir Putin en el “rey del oriente”?

El eje que la China de Xi Jinping ha forjado con la Rusia de Vladimir Putin se destaca como uno de los desarrollos geopolíticos determinantes de este siglo. Los dos son como uña y carne en su empuje contra la influencia global de EE UU, con un nivel de cooperación habitualmente llamado “revolucionario”, “determinante” y “una alianza en todo menos en el nombre”. Debido al colosal poder económico, político y militar de China, los analistas generalmente lo han visto como el jugador principal en el dúo, y Rusia como el socio menor. Pero el brote del coronavirus de Wuhan podría debilitar a Xi y a China, y elevar la Rusia de Putin al timón de esta poderosa alianza asiática.

Impactos económicos y políticos

Cualquiera que sea la cifra final de muertes por la enfermedad, su impacto económico ya ha sido profundo, causando el cierre de dos tercios del comercio total de China. Además de reducir la tasa de crecimiento económico de la nación hasta en un 1%, esto también tiene serias implicaciones políticas para Xi Jinping: Como autócrata, tiene un contrato no escrito con los 1.400 millones de ciudadanos de China que dice que si le otorgan un control político completo, él los hará ricos y convertirá a China en una superpotencia.

Pero ahora el crecimiento se está desacelerando y millones de chinos, especialmente entre los 50 millones de residentes en las áreas en cuarentena, están cada vez más desesperados.

En algunas partes de la provincia de Hubei, solo una persona por hogar puede salir una vez por semana para tratar de comprar alimentos. Además de ser escasa, la comida también es difícil de comprar cuando estas personas no han podido trabajar durante semanas. Algunos en las áreas donde las fábricas están cerradas han arriesgado sus vidas para cruzar un río helado que los separa de una ciudad que no está en cuarentena.

Existe una verdadera desesperación y sufrimiento, y muchos chinos se están dando cuenta de que parte de esto es el resultado del enfoque de Xi en “guardar las apariencias” a toda costa.

Cuando comenzó el brote, la prioridad del Partido Comunista de Xi (pcch) no fue detener la propagación de la enfermedad, sino detener la propagación de noticias al respecto. El pcch detuvo a periodistas que informaban sobre el virus, arrestó a ciudadanos que publicaron sobre éste en línea y envió matones para silenciar a médicos expertos y obligarlos a retractarse formalmente de sus advertencias publicadas. Cuando uno de esos expertos, el Dr. Li Wenliang, murió por la enfermedad el 7 de febrero, las ondas de choque atravesaron China y llenaron las redes sociales de la nación con un estallido de ira contra el gobierno. “Queremos libertad de expresión” se convirtió en el hashtag de la hora, en volúmenes que sobrecargaron a los notorios ejércitos de censura en línea de China.

El manejo de la crisis por parte de Xi ha disminuido claramente la confianza de su gente en él.

¿Perdiendo el ‘mandato del cielo’?

El Financial Times recordó el 10 de febrero que en capítulos anteriores de la historia de China, eventos como brotes de enfermedades y rebeliones internas contra un líder —como lo que está sucediendo ahora en Hong Kong— fueron vistos como “presagios siniestros” de que el líder estaba perdiendo el “mandato del cielo”. Y si “el cielo” estaba obviamente disgustado con cierto líder, “el derecho de la población a rebelarse estaba implícitamente garantizado”. A lo largo de la historia china, tales rebeliones han llevado a numerosas revoluciones.

Quizás más amenazante para Xi que perder la confianza de la población general sería perder la del grupo de líderes inmediatamente bajo él. El 4 de febrero, en Geopolitical Futures, George Friedman escribió: “El Comité Central está repleto de partidarios de Xi, por supuesto, pero una situación como la que se ha desarrollado debe causar preocupación y generar ambiciones”. Señaló que es extremadamente improbable que los camaradas del pcch de Xi sigan “contentos” con su manejo de las diversas crisis.

Tal vez el coronavirus de Wuhan pronto será contenido, la economía china se recuperará y Xi podrá atribuir parte de la culpa a algunos de sus subordinados. Pero incluso en el mejor de los casos, no saldrá ileso de esta crisis. Y China se debilitará. Esto es significativo porque la Trompeta ha estado esperando una disminución del poder de Xi y China con respecto al de su compañero, el hombre fuerte en Rusia.

Rey sobre los ‘reyes de oriente’

La profecía bíblica habla de una fuerza militar asiática masiva en el tiempo del fin como “los reyes de oriente” (Apocalipsis 16:12). Ezequiel 38:2 describe el liderazgo de este bloque asiático, diciendo que será dirigido por “el príncipe de Rosh, Mesec y Tubal” (versión New King James, en inglés). Mesec y Tubal son nombres antiguos que corresponden a ciudades rusas modernas, y Rosh es una variación de un nombre antiguo para Rusia. Este “príncipe” es claramente un líder ruso.

El versículo dice que “la tierra de Magog”, que incluye a la China moderna, también será una parte clave del bloque de poder. Pero el escrito deja en claro que el rey principal, o príncipe, sobre estos reyes del conglomerado oriental será el líder ruso, no el chino.

El jefe de redacción de la Trompeta, Gerald Flurry, ha identificado a Vladimir Putin como el hombre que cumple este papel. “Necesitamos observar a Vladimir Putin de cerca”, escribe el Sr. Flurry. “¡Yo creo que él casi de seguro es el ‘príncipe de Rosh’ de quien Dios inspiró a Ezequiel a escribir hace unos 2.500 años!” (El ‘príncipe de Rusia’ profetizado).

El camino que tome el coronavirus de Wuhan podría determinar qué tan pronto y en qué grado se reducirá el poder de Xi Jinping y China. Mientras tanto, Rusia está prácticamente intacta por la enfermedad, y Putin acaba de poner en marcha un plan diseñado para permitirle gobernar a Rusia, con una creciente influencia sobre sus naciones vecinas, por todo el tiempo que él viva. El equilibrio de poder en el eje Rusia-China está cambiando de acuerdo con la profecía. 

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