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MARCUS YAM/LOS ANGELES TIMES/GETTY IMAGES

Con enemigos como éstos, ¿quién necesita amigos?

Los talibanes e Irán no son enemigos. Están luchando por el mismo equipo e Irán es el rey.

Inmediatamente después de que Estados Unidos invadió Afganistán en 2001, la Trompeta pronosticó que terminaría en la derrota de la única superpotencia mundial. “Si bien EE UU quiere eliminar el terrorismo y se está volviendo mucho más agresivo al intentar hacerlo, sus esfuerzos serán insuficientes”, escribió el gerente editor de la Trompeta , Joel Hilliker. “¡Francamente, no tiene la voluntad necesaria para abordar la enormidad del problema!” (noviembre de 2001).

El colapso de Afganistán ante los talibanes después de la retirada vergonzosa y mal concebida de EE UU ha demostrado que ese pronóstico fue cierto.

Ese mismo artículo de la Trompeta de 2001 hizo otra asombrosa predicción, también basada en la profecía bíblica: “Podemos ver inequívocamente que la serpiente terrorista sobrevivirá a la agresión de EE UU, con la cabeza intacta y más fuerte que nunca. (…) No se equivoque al respecto: Irán es la cabeza de la serpiente”.

Dese cuenta del significado de esta declaración: tan pronto como la superpotencia solitaria del mundo invadió Afganistán con el armamento más sofisticado jamás utilizado en la guerra, profetizamos que al final de la fallida campaña, no sólo sobreviviría el terrorismo islámico, sino también Irán, el principal patrocinador del terrorismo, emergería más fuerte que nunca.

¿Se ha cumplido ese pronóstico?

Es fácil reconocer que EE UU entregó Afganistán a los talibanes como una victoria para el terrorismo islamista. Sin embargo, ¿cómo afectará esto al dominio de Irán como cabeza de la serpiente terrorista?

Por más de 30 años, el jefe editor de la Trompeta, Gerald Flurry, ha dirigido a los lectores a enfocarse en el Islam radical liderado por Irán como el cumplimiento del “rey del sur” profetizado en Daniel 11:40: “Pero al cabo del tiempo el rey del sur contenderá con él; y el rey del norte se levantará contra él como una tempestad, con carros y gente de a caballo, y muchas naves; y entrará por las tierras; e inundará, y pasará”. Este empuje militar del rey del sur inicia una respuesta contundente del rey del norte, que es el primer paso que sumerge al mundo en la gran tribulación.

Esta profecía muestra que un régimen radical poderosamente destructivo en Irán es un prerrequisito directo para que ocurran los eventos del tiempo del fin.

Sin embargo, cuando Kabul cayó ante los talibanes, la opinión predominante de los medios fue que Irán temía lo que vendría después. “El avance de los talibanes obligará a Irán a forjar una nueva estrategia de defensa”, informó Haaretz el 13 de agosto. “Irán se prepara para la vida al lado de los talibanes una vez más”, tituló Bloomberg el 19 de agosto. La Deutsche Welle de Alemania escribió: “La ofensiva talibán pone a Irán en un aprieto”. Estos tres titulares representan el amplio consenso de que, si bien Irán podría estar feliz de que EE UU se haya ido de Afganistán, está aterrorizado por los talibanes.

Esta narrativa es peor que falsa. Es peligrosamente ingenua.

El hecho de que los talibanes ganen poder no contrarrestará la hegemonía de Irán en la región. De hecho, Irán no sólo planeó la eventual salida de EE UU de Afganistán—hay pruebas de que también trabajó con los talibanes casi una década para lograrlo.

La toma de poder de los talibanes da a las fuerzas del Islam radical un enorme impulso económico, militar e ideológico. Y la potencia que más se beneficiará es Irán.

Campaña para fortalecer a los talibanes

Mientras EE UU se retiraba, Shelly Kittleson de Foreign Policy fue la única reportera de la corriente principal que mostró el papel de Irán en los logros de los talibanes. Escribiendo desde Kandahar en julio y agosto, Kittleson documentó varios relatos de primera mano de la intervención iraní dentro de Afganistán que dieron la bienvenida, alentaron, financiaron y lucharon junto a los talibanes para expulsar a EE UU.

“Varias fuentes con las que hablé en terreno en todo el país durante un viaje de informes de un mes entre julio y agosto de este año, dijeron que Irán ha desempeñado un papel importante en el conflicto”, escribió Kittleson. “Mientras informaba desde Kandahar, varios funcionarios de seguridad me dijeron que se habían encontrado armas iraníes en manos de los combatientes talibanes muertos en la zona” (18 de agosto).

Ella señaló que cuando los cruces fronterizos críticos entre Irán y Afganistán cayeron ante los talibanes a principios de julio, los funcionarios iraníes dieron una calurosa bienvenida a los terroristas. Otro acto de acuerdo curiosamente programado y poco informado fue la visita de alto nivel de los talibanes a Teherán en julio, justo en medio de su ofensiva relámpago en Afganistán.

Sin embargo, estos son sólo ejemplos recientes de una relación fraternal entre antiguos enemigos. Una búsqueda a través de informes de fuente abierta revela que Irán se ha aliado con los talibanes durante casi una década.

En 2013, representantes de los talibanes participaron en una conferencia sobre el Islam en Teherán. Durante la visita, las imágenes capturaron a funcionarios talibanes abrazando al líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei. El Wall Street Journal informó que para finales de 2013, los funcionarios de seguridad afganos tenían pruebas de que Irán estaba entrenando a combatientes talibanes dentro de sus fronteras.

Para 2015, los talibanes tenían su propia huella dentro de Irán. Habían establecido cuatro bases de entrenamiento en las ciudades iraníes de Teherán, Mashhad y Zehedan y en la provincia de Kerman. Inicialmente, “Irán estaba apoyando financieramente a los talibanes”, dijo un alto funcionario afgano al Wall Street Journal en 2015. “Pero ahora también los están capacitando y equipando” (11 de junio de 2015).

Ese mismo artículo de 2015 entrevistó a un comandante talibán del centro de Afganistán cuyo salario era pagado por Irán. “Irán nos proporciona todo lo que necesitamos”, dijo. En ese momento, esos suministros incluían morteros de 82 mm, ametralladoras ligeras, rifles AK-47, granadas propulsadas por cohetes y materiales para fabricar bombas en las carreteras.

Este impulso en el apoyo a los talibanes fue obra del difunto comandante de la Fuerza Quds del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (irgc, por sus siglas en inglés), el general Qasem Soleimani. El Middle East Eye informó que Soleimani visitó Afganistán en 2015, donde hizo varios acuerdos con la promesa de “proporcionar apoyo financiero y técnico ilimitado” a los talibanes. El Middle East Eye también informó que oficiales del irgc fueron a Afganistán para entrenar y asesorar a los combatientes talibanes. Como parte de los acuerdos, Irán proporcionó a los líderes talibanes un refugio seguro.

En 2016, funcionarios afganos en la provincia occidental de Farah anunciaron que miembros del irgc estaban insertados en las filas de los talibanes. La directora del Consejo Provincial de Farah, Jamila Amini, dijo a Radio France International en ese momento que 25 talibanes muertos en una batalla en diciembre de 2016 eran en realidad miembros del irgc.

Un año después, el New York Times publicó un artículo de investigación titulado “En Afganistán, EE UU sale e Irán entra”. Éste resumió un asedio de tres semanas por parte de los “talibanes” de la ciudad de Farah, donde sólo un bombardeo masivo de EE UU podría rescatar a las tropas afganas. “Sólo cuando se disipó el humo, los oficiales de seguridad afganos se dieron cuenta de quién estaba detrás del ataque: Irán”, escribió el Times.

Entre los fallecidos se encontraban cuatro altos comandos iraníes, cuyos funerales tuvieron lugar en Irán. Los heridos fueron enviados a Irán para su recuperación.

Al informar sobre la gravedad de este ataque liderado por Irán, el New York Times escribió en 2017: “El asalto, coordinado con ataques a varias otras ciudades, fue parte del intento más ambicioso de los talibanes desde 2001 para retomar el poder. Pero también fue parte de una acelerada campaña iraní para adentrarse en el vacío dejado por la retirada de las fuerzas estadounidenses, el mayor impulso de Irán en Afganistán en décadas” (5 de agosto de 2017).

En 2018, varias historias de los principales medios de comunicación mostraron aún más el papel de Irán en la ofensiva de los talibanes. “Irán financia a los talibanes para afectar la presencia militar de EE UU en Afganistán, dicen la policía y los legisladores”, tituló Arab News el 27 de mayo de 2018.

Un mes después, el 2 de julio, el Times de Londres presentó un informe escrito desde Kabul por Anthony Loyd, titulado “Los mejores combatientes de los talibanes entrenados por Irán”. Los dos primeros párrafos son impactantes considerando la toma del poder de los talibanes sólo tres años después: “Cientos de combatientes talibanes están recibiendo entrenamiento avanzado de fuerzas especiales en academias militares en Irán como parte de una escalada significativa de apoyo a los insurgentes”, han dicho funcionarios talibanes y afganos al Times.

“La escalada, calidad y duración del entrenamiento no tiene precedentes y marca no sólo un cambio en el conflicto de poder entre EE UU e Irán dentro de Afganistán, sino también un cambio potencial en la capacidad y voluntad de Irán de afectar el resultado de la guerra afgana”.

Poco antes de este artículo del Times, el entonces secretario de Estado de EE UU, Mike Pompeo, se convirtió en el primer funcionario estadounidense en exponer lo que estaba haciendo Irán. Declaró el 21 de mayo de 2018 que, “El apoyo de Irán a los talibanes en forma de armas y financiación conduce a una mayor violencia y obstaculiza la paz y la estabilidad del pueblo afgano”.

Hasta 2019, Irán pagó recompensas a los talibanes para atacar a las fuerzas de la coalición en Afganistán. Según un informe del Pentágono visto por cnn, la Red Haqqani (parte de los talibanes) recibió un reembolso por al menos seis ataques contra las fuerzas estadounidenses o de la coalición en 2019. El 11 de diciembre de 2019, la Red Haqqani ejecutó un ataque bien planeado en la Base Aérea de Bagram, en Afganistán, involucrando a 10 de sus miembros y un vehículo cargado de explosivos. Se requirieron ataques aéreos estadounidenses para repeler el ataque en el que dos civiles murieron y 70 resultaron heridos, incluyendo a cuatro miembros del personal estadounidense.

Este evento muy poco reportado tuvo lugar menos de un mes antes de que el presidente de EE UU, Donald Trump, ordenara el asesinato del general Soleimani. La justificación de su asesinato fue un ataque que mató a un contratista estadounidense en Irak a fines de diciembre. Sin embargo, los funcionarios del gobierno de EE UU le dijeron a cnn que el impulso de Soleimani hacia Afganistán también era parte de la razón.

No obstante, la muerte de Soleimani el 2 de enero de 2020 no frenó el apoyo de Irán a los talibanes. En cambio, el segundo después de Soleimani, Ismail Qaani, se hizo cargo de la Fuerza Quds. Su dominio de especialización es Afganistán.

“A pesar de que la muerte de Soleimani ha afectado las actividades subversivas iraníes en el gran Oriente Medio, su cartera de Afganistán en realidad podría recibir un impulso porque el hombre que la dirigió siendo el segundo después de Soleimani es ahora su sucesor”, escribió Hill (6 de febrero de 2020). Poco después, en el campo de batalla afgano comenzaron a aparecer misiles sofisticados dirigidos antitanques, probablemente de Irán.

Según el New York Times en julio de 2020, dos helicópteros Black Hawk de la coalición fueron alcanzados por misiles antitanques. El New York Times escribió: “Funcionarios estadounidenses y afganos afirman que las armas utilizadas en ambos ataques probablemente fueron suministradas por Irán, pero no ofrecieron pruebas para respaldar la afirmación. La acusación sería alarmante si fuera cierta, ya que la afluencia de misiles dirigidos antitanques no sólo podría dar a los talibanes una ventaja táctica sobre el ejército afgano, sino también sugerir que Teherán estaba tratando de socavar la misión estadounidense ya que está a punto de terminar” (30 de julio de 2020).

Un año después, ese artículo parece casi profético.

No ignore a Irán

Está claro que para 2015, Irán estaba equipando, financiando y entrenando activamente a los talibanes mientras Teherán trabajaba para sacar a EE UU de Afganistán. Por lo tanto, la derrota de EE UU no es sólo una victoria para los talibanes, sino que representa una rendición a las fuerzas islámicas radicales dirigidas por Irán.

En la edición de la Trompeta de diciembre de 2003, el Sr. Flurry profetizó que la guerra de EE UU contra el terrorismo fracasaría, específicamente porque EE UU no persiguió a Irán. “¡Los frutos y la evidencia de las últimas dos décadas demuestran de manera abrumadora dónde está el rey del terrorismo patrocinado por el estado! El mundo entero puede ver eso. Sin embargo, ¡la solución al terrorismo está en hacer algo al respecto! Debemos confrontar la fuente. El movimiento terrorista fluye desde Irán”, escribió él. “Si el liderazgo iraní fuera eliminado, todo el curso de la historia de Oriente Medio cambiaría radicalmente para bien, porque es el rey. Lamentablemente, la profecía bíblica revela que eso no sucederá”.

De hecho, no ha sucedido.

EE UU no ha podido ganar en Irak porque se negó a ir tras la cabeza de la serpiente terrorista: Irán. EE UU ahora ha sido derrotado en Afganistán por la misma razón. La Biblia profetiza que Irán—no los talibanes ni el Estado Islámico—liderará el Islam radical. Ya sea por trabajar con los talibanes o por ser llamado para ayudar a frenar el ascenso del Estado Islámico en Afganistán, Irán sin duda emergerá mucho más fuerte después de la toma de poder de los talibanes.

Los talibanes e Irán no son enemigos. Están luchando por el mismo equipo, e Irán es el rey.

Muchos observadores se están enfocando en la amenaza que el gobierno de los talibanes podría representar para el mundo, o se preguntan si el poder de Irán en la región se reducirá. Pero la profecía bíblica responde a estas preguntas.

El actual impulso de Irán por el control regional y su búsqueda por obtener armas nucleares para cumplir sus ambiciones genocidas exige que no quitemos los ojos de Irán. Lo que el Sr. Flurry escribió sobre el Estado Islámico en Irak en 2014 podría aplicarse ahora mismo a Afganistán: “La espantosa barbarie del Estado Islámico consumió gran parte de la atención del mundo en los últimos años. En cierto sentido, eso era comprensible. Pero si las personas hubieran visto esos eventos en el contexto de la profecía bíblica, podrían haber visto que había un peligro aún mayor que se estaba pasando por alto” (La Trompeta, marzo-abril de 2018).

¡Ese peligro es el ascenso de Irán! Si bien la derrota de EE UU es un importante cumplimiento de la profecía por derecho propio, no debemos permitir que la toma del poder por los talibanes nos haga pasar por alto cómo se ha fortalecido el Islam radical liderado por Irán.

Si bien este hecho es preocupante, Dios también tiene la intención de proporcionar un profundo sentido de esperanza.

Recuerde Daniel 11:40. Esta profecía dice que Irán y sus partidarios islamistas radicales se volverán lo suficientemente fuertes como para iniciar un conflicto violento con un imperio europeo liderado por Alemania. Este terrible conflicto empujará al mundo entero a una gran calamidad.

Pero al final hay buenas noticias. Daniel 11 no sólo advierte una guerra tremenda. También describe los eventos que llevarán al regreso de Jesucristo.

Daniel 12 es parte de la misma visión. El versículo 1 dice que la catástrofe y el sufrimiento que rodean la venida del Mesías será “tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces”. Afortunadamente, este período de caos y guerra durará sólo tres años y medio (versículo 7). Al final de este período de terrible tribulación, Dios intervendrá poderosamente en los asuntos mundiales. Sin embargo, esto sólo puede suceder después de que el rey del sur dé su impulso profetizado. Sin duda, la caída de Afganistán ante los talibanes acelera lo programado.

En el contexto de la profecía bíblica, el surgimiento del Islam radical liderado por Irán es una señal de que el regreso de Cristo a la Tierra es inminente.

Entonces Él marcará el comienzo de una nueva era de paz y prosperidad para todos los hombres. El maravilloso nuevo gobierno mundial profetizado por Isaías, Jeremías, Miqueas y otros profetas se establecerá en la Tierra. En ese momento, los que fueron fieles a Dios “resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad” (versículo 3).

En última instancia, aquí es donde terminarán los eventos actuales en Afganistán: ¡en un punto culminante y dramático que verá a Jesucristo llegar para poner fin a la era del hombre y comenzar un nuevo mundo! 


Boletín, AD