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¿Cómo puede saber a qué iglesia asistir?

Encuentre la respuesta en la Biblia.

¿Cuál es el factor más importante en la elección de una iglesia? ¿Denominación familiar? ¿Cercanía a su casa? ¿Un pastor encantador? ¿Gente buena? La respuesta correcta no depende de lo que parece correcto, sino de un entendimiento sólido de las verdades bíblicas fundamentales.

La Biblia en realidad dice que hay iglesias que pueden alejarlo a usted de Dios. Los cristianos deben seguir a Jesucristo (1 Pedro 2:21; 1 Juan 2:6), pero Él mismo advirtió que surgirían iglesias falsas, afirmando hablar en Su nombre. “Mirad que nadie os engañe”, dijo a Sus discípulos. “Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán” (Mateo 24:4-5). Muchas personas hoy dicen ser cristianas. Proclaman a Cristo. Sin embargo, ¡engañan a muchos!

El apóstol Pablo también advirtió contra “falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia...” (2 Corintios 11:13-15). ¿Sabía usted que Satanás tiene ministros?

Para discernir un ministro falso, o una iglesia falsa, usted debe conocer las enseñanzas de Jesucristo. Si usted acepta casualmente las enseñanzas de una iglesia porque suenan bien, usted será desviado. Siga el ejemplo de los de Berea: escudriñe las Escrituras para ver si lo que está escuchando coincide con la Biblia (Hechos 17:11). “Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21).

Jesús profetizó de iglesias cristianas falsas. Pero también prometió que Su Iglesia, la que Él fundó personalmente, siempre existiría. “Edificaré mi iglesia”, dijo, “y las puertas del Hades [o la tumba] no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18). Si usted le cree a Jesús, ¡usted sabe que Su verdadera Iglesia existe en algún lugar de la Tierra hoy!

Para reconocer a esa Iglesia, usted necesita entender el propósito para el cual Cristo la fundó. Esto puede sorprenderlo, pero la Biblia muestra claramente que el propósito de la Iglesia no es ayudar a Dios a “salvar al mundo”. Jesús no intentó ganar conversos ni invitar a las personas a “entregarle sus corazones” o a “aceptarlo como su Salvador personal”. En su lugar, Él “llamó” a 12 discípulos, o estudiantes. Él les dio instrucciones especiales, ¡pero escondió la verdad de casi todos los demás!

Lea Mateo 13, donde Jesús les dijo a estos pocos hombres: “A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado. (…) Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron”. Jesús le dio ese entendimiento solo a un puñado de personas. Su Iglesia es comparativamente un “pequeño rebaño” (Lucas 12:32). Al final de la vida humana de Jesús, solo 120 personas estaban listas para formar parte de la verdadera Iglesia (Hechos 1:15). El resto del mundo fue separado de Dios; ¡y aún lo está!

La Biblia muestra que Dios tiene un plan maestro para salvar al mundo; personas, vivas y muertas, que no eran verdaderos cristianos. Pero esa fase de Su plan viene después de la Segunda Venida de Cristo. Los miembros de la verdadera Iglesia están llamados a prepararse para ese tiempo futuro de salvación. ¡Las Iglesias que ignoran esta verdad bíblica fundamental no están siendo guiadas por Jesucristo y lo llevarán a usted a un grave error!

Esto plantea otro punto crucial con respecto a la pregunta de a qué iglesia asistir. La Biblia muestra no solo que Jesucristo fundó la Iglesia, sino también que Él es su Cabeza viviente (Colosenses 1:18; Efesios 5:23). Él la guía activamente.

¿Tiene sentido que la Iglesia que Cristo fundó se dividiera en muchas sectas y denominaciones? ¿Que Cristo lideraría diferentes organizaciones, cada una enseñando doctrinas diferentes y opuestas? Dios no es autor de confusión; Él hace las cosas “decentemente y en orden” (1 Corintios 14:33, 40; la palabra “iglesias” en el versículo 33 simplemente se refiere a varias congregaciones de la única Iglesia verdadera). ¡Las enseñanzas que se contradicen entre sí no pueden ser todas verdaderas y no pueden ser inspiradas por Cristo!

La realidad es que Cristo fundó una Iglesia y Él dirige activamente una Iglesia. Ninguna otra enseñanza puede ser apoyada por la Escritura.

“Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa”, inspiró Dios al apóstol Pablo a escribir, “y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (1 Corintios 1:10). ¡Esa es verdadera unidad! Debemos esperar ver esta unidad dentro del cuerpo de creyentes guiados por Cristo. No debe haber nada de división en lo que se cree, se enseña o se predica.

Las muchas iglesias discrepantes y opuestas de la ortodoxia, el catolicismo y el protestantismo definitivamente no “todas hablan lo mismo”. Al buscar de qué iglesia formar parte, la existencia misma de tantas iglesias, denominaciones y sectas, que creen doctrinas inmensamente diferentes, ¡enfatiza lo fácil que es ser parte de una iglesia falsa!

Encuentre la verdadera Iglesia comparando sus enseñanzas con la Biblia. Usted puede hacerlo doctrina por doctrina. Para obtener más orientación bíblica sobre este proceso, lea “Where Is God’s True Church Today?” en pcg.church/articles/5538 (¿Dónde está la verdadera Iglesia de Dios hoy?; disponible solo en inglés). Para una comprensión más completa, solicite El misterio de los siglos, de Herbert W. Armstrong, y lea el capítulo 6, “El misterio de la Iglesia”. 

MOA, AD