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Google Images/Public Domain

Cómo no restaurar el Estado de Derecho

Muchos miembros del partido republicano de Estados Unidos están anhelando el día en que uno de sus propios integrantes pueda deshacer las reformas inconstitucionales de la todopoderosa presidencia demócrata. En su búsqueda por luchar contra la agenda del presidente Barack Obama, muchos republicanos están mirando hacia el magnate de bienes raíces, y celebridad de reality-show de televisión, Donald J. Trump.

En su campaña para la candidatura, Trump se ha descrito a sí mismo como un hombre montado en un caballo blanco, un héroe que puede salvar a Estados Unidos por medio de la fuerza, el ingenio y el arte de la negociación. Sin embargo, él no ha dirigido a la gente a que regrese a la Constitución o a ningún otro marco legal. Sólo le ha pedido a la gente que confíe en que él tomará mejores decisiones que el presidente Obama.

Durante un discurso que el Sr. Trump dio en un mitin del “súper martes” [el gran día de las elecciones primarias], un periodista le preguntó que cómo llegará a acuerdos con el Congreso si él fuera presidente. A la luz de los peligrosos precedentes establecidos en la actual presidencia, la respuesta de Trump fue preocupante. “Voy a llevarme muy bien con el Congreso”, dijo él. “No conozco muy bien a Paul Ryan, pero estoy seguro que voy a llevarme muy bien con él. Y si no, él va a tener que pagar un precio muy alto”.

En lugar de tratar de regresar a Estados Unidos a los principios de la Constitución y el Estado de Derecho, parece que un gran número de votantes estadounidenses quiere una lucha de fuego contra fuego. En lugar de tratar de revertir la concentración del poder en el cargo de un súper-presidente, los partidarios de Trump esperan usar ese poder para su propia agenda. ¿Cuál otra razón tendrían para apoyar a un hombre que hace promesas en público de usar tácticas de demagogia para burlar a miembros de la legislatura elegidos constitucionalmente?

Parece que el Congreso no sería la única organización que “pagaría un precio muy alto”, si el Sr. Trump es elegido. En un mitin en febrero, Trump juró revancha contra la prensa estadounidense, prometiendo promulgar estrictas leyes de difamación si es electo. “Les diré que yo pienso que los medios de comunicación están entre los grupos de personas más deshonestas que he conocido”, dijo él. “Ellos son terribles (…). Y yo voy a expandir nuestras leyes de difamación para que cuando ellos intencionalmente escriban artículos negativos, horribles y falsos, podamos demandarlos y ganemos mucho dinero. Vamos a abrir esas leyes de difamación. Así que cuando el New York Times escriba un artículo de impacto, el cual sea una total humillación, o cuando el Washington Post, que está allí por otras razones, escriba un artículo escandaloso, podamos demandarlos y ganar dinero, en lugar de no tener modo de ganar porque ellos están totalmente protegidos”.

En otra asamblea, Trump se jactó de que él podría salirse con la suya en cualquier cosa. “Yo podría estar en medio de la 5a Avenida y dispararle a alguien, y no perdería votantes”, dijo en un evento de campaña en la Ciudad de Nueva York en enero. Incluso bromear acerca de algo como esto revela una actitud de estar por encima de la ley. Cuando los votantes comienzan a apoyar a “su” candidato por encima del Estado de Derecho, la nación está en grave peligro.

Aunque las políticas del Sr. Obama pudieran no continuar con el siguiente presidente, ¡los poderes de la súper presidencia sí lo harán!

En la antigua República Romana, un demagogo llamado Lucios Cornelius Cinna casi se convirtió en dictador de Roma. Para detenerlo a él y a sus sucesores, el Senado finalmente nombró a Lucios Cornelius Sula Félix como dictator legibus faciendis et reipublicae constituendae causa (dictador para la formación de leyes y el establecimiento de la constitución).

Los romanos descubrieron de la manera difícil que no se puede retornar a un gobierno limitado a través de la elección de un hombre fuerte. Sula usó sus poderes dictatoriales para masacrar a sus rivales políticos, preparando así el escenario para una guerra civil que condujo al levantamiento de Julio César. En menos de un siglo, Roma se transformó de una república constitucional a una dictadura de dioses-emperadores.

Una gran lección que podemos aprender de la historia es que una vez que el hábito de ignorar la legalidad comienza a extenderse, el estado de derecho comienza a colapsar. Siempre, el fin resultante es gobierno de hombres y el estado de tiranía.  

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