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Eric Feferberg/AFP/Getty Images

Cómo fue que Europa conquistó los Balcanes

En junio 1991, Croacia declaró su independencia de Yugoslavia. Alemania y el Vaticano estuvieron en contra del mundo al reconocer el nuevo estado. Estados Unidos y Francia estaban completamente en contra de ello. Los oficiales británicos advirtieron en ese momento, diciendo: “Tome un buen vistazo al mapa de Yugoslavia, y se dará cuenta que, con la única excepción de Eslovenia, las nacionalidades y religiones están tan enredadas que no existe una manera pacífica de dividir a Yugoslavia (…). El apoyar la independencia de la repúblicas significa sancionar una continua guerra civil”.

El militar e historiador diplomático R. Gerald Hughes, notó en El Legado de Apaciguamiento de la Posguerra: La Política Extranjera Británica desde 1945, que “En verdad, mientras temían más fragmentación de la ex Yugoslavia, los británicos también estaban alarmados de la posible resurrección del espectro de una Mitteleuropa dominada por Alemania”.

Gran Bretaña y Francia lucharon en las Naciones Unidas contra ese reconocimiento alemán, solamente para después doblegarse ante la presión de Alemania. La guerra que ya había comenzado en Croacia se regó en el resto de Yugoslavia, y la región descendió al caos; tal como los británicos lo pronosticaron.

¿Por qué estaba Alemania tan deseosa de dividir a Yugoslavia? Porque le dio a Europa la oportunidad de expandirse en los Balcanes. Pero también era la oportunidad de echar atrás a Rusia. Relaciones entre Yugoslavia y Rusia se habían agriado durante la Guerra Fría, mayormente porque la posición geográfica de Rusia había cambiado. Rusia controlaba Europa hasta Alemania del Este; y por lo tanto, tenía mucho menos necesidad de una base delantera en los Balcanes. Para los serbios, el avance de Rusia los había transformado de ser un poder distante que podría ser de alguna ayuda, a una amenaza cercana.

Una vez que la Cortina de Hierro cayó, Yugoslavia una vez más se convirtió en un valioso aliado potencial para Rusia. Tal alianza ayudaría a Rusia a proyectar su poder en Europa mucho más agresivamente. Imagínese, por ejemplo, la crisis en Ucrania teniendo una Yugoslavia intacta como aliado de Rusia: Habrían sido Italia y Austria en el frente de batalla, en lugar de Polonia y los países Bálticos. (Claro que, si Alemania no hubiera dividido a Yugoslavia, quizás no habría habido una crisis en Ucrania).

No es difícil de ver, entonces porqué Europa estaba tan deseoso de fracturar a Yugoslavia. En medio de la agitación por la caída de la Unión Soviética, la recién unificada Alemania tenía la oportunidad (y la tomó) de neutralizar a este aliado potencial de Rusia. Después, Kosovo fue desgajado de Serbia, contrario a los deseos de Rusia.

Sin embargo, al hacer esto Alemania se tomó un riesgo. Al forzar la desintegración de Yugoslavia y luego arrancar a Kosovo de Serbia, Alemania rompió la más importante regla en la Europa de la posguerra: no redefinición unilateral de las fronteras Europeas. Ese antecedente ha sido explotado por Putin en Crimea, y podría ser utilizado una vez más.

Esa regla había sido obedecida por casi 50 años por una buena razón. Porque una vez que las fronteras de Europa se comienzan a poner en duda, eso lleva a lugares muy oscuros. Y estos fueron exactamente los puntos que Putin sacó a relucir en Crimea; y lo está haciendo de nuevo en los Balcanes. 

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