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Cómo Estados Unidos llegó a ser grande

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Cómo Estados Unidos llegó a ser grande

¿Cómo define usted la grandeza nacional de Estados Unidos?

Este año se cumplen 250 años desde la fundación de Estados Unidos. Millones de personas lo celebrarán, y hay motivos para hacerlo. De hecho, existe una inspiradora dimensión espiritual en la fundación de EE UU y en su ascenso a la grandeza, aunque la mayoría de la gente no sea consciente de ello.

¿Sabe usted por qué EE UU llegó a ser grande? La mayoría de la gente no puede responder esa pregunta. Nuestros antepasados podían responderla, pero hoy nosotros no podemos. ¡Ese es el mayor problema que enfrenta EE UU hoy!




El año pasado, el presidente Donald Trump dijo: “Juntos nos aseguraremos de que el aniversario 250 de EE UU sea el año más grandioso en la historia de nuestro país”.

¿Le ha parecido hasta ahora que 2026 ha sido el “mejor año en la historia de nuestro país”?

¿Qué hizo grande a nuestra nación en el pasado? ¿Por qué parece que hoy carecemos de esa grandeza?

Una pregunta extraordinaria

Cuando George W. Bush hacía campaña para la presidencia en 2000, un reportero ruso le preguntó: ¿cómo define usted la grandeza nacional de EE UU?

Esa es una pregunta extraordinaria. Todo estadounidense debería poder responderla.

El presidente Bush dio una respuesta bastante larga. Dijo que debemos amarnos unos a otros, educar a nuestros hijos y tener un ejército fuerte. Pero esas cosas no explican nuestra grandeza nacional.

Nuestros antepasados habrían respondido de manera muy distinta.

Probablemente la mayoría de los estadounidenses no se da cuenta de por qué la gente de otras naciones hace esa pregunta. Quienes la hacen suelen provenir de naciones azotadas por la pobreza y plagadas de problemas indescriptibles. ¡El mundo ha quedado perplejo ante cómo EE UU llegó a poseer tal poder y riqueza, más que cualquier nación que haya existido! La mayoría de los estadounidenses da por sentadas estas bendiciones. Crecimos en medio de la riqueza y estamos rodeados de ella. No pensamos mucho en ello.

¡El hecho de que nuestro pueblo no pueda explicar su grandeza nacional es una noticia terrible! Si usted no sabe por qué llegó a ser grande, ¿cómo podría seguir siéndolo?

¡Puedo demostrarle basándome en la Biblia que Dios nos ha dado la responsabilidad, tanto colectiva como individual, de explicar la grandeza de nuestra nación! Y estamos fallando en esa responsabilidad. Si no corregimos el problema pronto, no seguiremos siendo grandes.

De hecho, ya hemos perdido la mayor parte de nuestra grandeza porque no recordamos de dónde provino.

Algunos atribuyen nuestra riqueza y poder al ingenio estadounidense; otros, a la suerte. ¡Pero hoy muchos estadounidenses se sienten culpables por tener esas ventajas! No deberíamos sentirnos culpables por ello, ¡deberíamos sentirnos culpables porque no sabemos por qué tenemos esas ventajas y porque no las usamos como deberían usarse!

‘Nos hemos olvidado de Dios’

Abraham Lincoln sabía por qué EE UU tenía toda esta riqueza y poder. Hasta el día de hoy hablamos de la grandeza de Lincoln, y ciertamente fue un gran hombre. ¡Sin embargo, la gente no sabe realmente cuál era su mensaje, en qué creía ni qué defendía!

En 1863, durante la Guerra Civil, la nación estaba dividida y muy débil. El destino de EE UU pendía de un hilo.

Lincoln afrontó la crisis de su época proclamando un día de oración y ayuno. Hizo la proclamación más asombrosa que he leído. El 30 de marzo de 1863 escribió acerca de cómo EE UU llegó a ser grande y por qué: “Y por cuanto es deber de las naciones, así como de los hombres, reconocer su dependencia del poder soberano de Dios, confesar sus pecados y transgresiones con humilde dolor, pero con la firme esperanza de que el arrepentimiento genuino conducirá a la misericordia y al perdón; y reconocer la sublime verdad, anunciada en las Sagradas Escrituras y comprobada por toda la historia, de que sólo son benditas aquellas naciones cuyo Dios es el Señor”. (…)

“Hemos sido los beneficiarios de las más selectas dádivas del cielo. Hemos sido preservados, durante estos muchos años, en paz y prosperidad. Hemos crecido en número, riqueza y poder como ninguna otra nación. Pero nos hemos olvidado de Dios” (énfasis mío).

¡Aun en su época, la gente se estaba apartando de Dios y de la Biblia! ¿Cuánto más lejos de Dios estamos hoy? ¡La grandeza de nuestro país depende en responder a esta pregunta con honestidad!

Lincoln continuó: “Hemos olvidado la mano bondadosa que nos preservó en paz, y nos multiplicó, enriqueció y fortaleció; y, en el engaño de nuestros corazones, hemos imaginado vanamente que todas estas bendiciones fueron producidas por alguna sabiduría y virtud superiores propias”.

Lincoln tenía razón: fue Dios quien nos dio toda esa riqueza y poder; ¡y, sin embargo, los estadounidenses se atribuyeron el mérito y perdieron de vista a Dios!

Si le hubieran hecho esa pregunta a Lincoln, habría dado la respuesta correcta: ¡llegamos a ser grandes porque la mano de Dios nos hizo así!

La solución de Lincoln consistió en dedicar un día entero para acercarse a Dios. La nación entera oró y ayunó. ¡El gran Dios respondió esa oración y salvó a la nación!

Esa es nuestra historia, una de las historias más inspiradoras que leerá alguna vez. Es su historia y la mía. En cierto sentido, es la historia de todo nuestro mundo, en la medida en que estas bendiciones comenzaron a fluir desde EE UU.

¡EE UU se había dividido en dos, y ambos bandos estaban en guerra entre sí! De no ser por el liderazgo de Lincoln en esa guerra, EE UU habría quedado dividido en dos naciones distintas, ambas muy débiles. La historia mundial habría sido muy diferente.

Pero la nación fue salvada de ese destino, porque el pueblo apeló a Dios.

En la época de Lincoln, EE UU no sólo hablaba de Dios. En cierta medida, se apartaron de sus malos caminos. La nación en su conjunto se arrepintió de un pecado en particular que la dividía. La esclavitud fue en verdad uno de los mayores pecados cometidos por una nación. Pero los esclavos fueron liberados por Abraham Lincoln. Él sabía que la esclavitud era un pecado contra Dios, así que le puso fin.

¡Debemos arrepentirnos y apartarnos de nuestros numerosos pecados! (artículo, página 18).

Quizá usted no se dé cuenta, pero la situación actual en EE UU es mucho peor de lo que era bajo Abraham Lincoln. Aún no estamos en plena guerra civil, pero estamos peligrosamente divididos. Tenemos graves problemas y pecados que la gente ni siquiera imaginaba en aquellos tiempos, ¡y nos enfrentamos a una calamidad mucho mayor!

¡Pero no hay ningún Lincoln a la vista! ¿Cree usted que algún político de hoy haría una proclamación como la de Lincoln?

Los políticos quizá sigan hablando de Lincoln, pero ¿qué dijo él? ¿Qué creía? ¿Creemos lo mismo hoy? ¿O nos hemos olvidado de Dios, como ellos lo habían hecho durante la Guerra Civil? ¡Sin duda lo hemos hecho!

La gente invoca el nombre de Lincoln, pero no quiere hablar de su mensaje. En muchos sentidos, gran parte del cristianismo hace lo mismo con Jesucristo. La mayoría de las Iglesias hablan mucho de Jesús, pero no dicen toda la verdad acerca de Su mensaje. ¡Esta es otra señal de que nos hemos olvidado de Dios!

De bendiciones a maldiciones

EE UU tiene problemas graves: divisiones políticas, perversiones morales atroces, intentos de asesinato, corrupción extrema, delincuencia interna, desastres climáticos, guerras en el extranjero. ¡La deuda nacional acaba de superar al producto interno bruto, lo que significa que debemos más de lo que toda nuestra economía puede producir en un año! Y todo esfuerzo por detener el gasto excesivo fracasa, de modo que la deuda sigue creciendo. Ni siquiera intentamos reducirla. En cambio, la ignoramos.

A simple vista, la bolsa de valores y la economía lucen bien. Y así nuestros políticos miran la superficie y hablan superficialmente, como lo hicieron en 1929, antes de que se desplomara la bolsa y la depresión cayera sobre EE UU y sobre un mundo que dependía y estaba tan interconectado con la economía estadounidense.

Pero los problemas que hay bajo la superficie son mucho peores hoy de lo que eran hace un siglo. ¡Y las consecuencias del colapso económico que se avecina serán mucho más catastróficas!

Ese es un problema monumental. Pero no es nuestro mayor problema. ¡El mayor problema es que nos hemos olvidado de Dios!

Cuando Dios bendice, también advierte que, si usted se aparta de Él, Él lo maldecirá. ¿No diría usted que EE UU está siendo maldecido por Dios hoy en día? ¡Sin duda lo estamos, y estamos a punto de ser maldecidos aún más! Nuestros problemas están sobrepasando nuestra capacidad de resolverlos.

Puedo decirles una forma en la que estamos maldecidos, y seré muy franco: hoy en día no tenemos a un Lincoln que nos hable como él lo hizo y haga una proclamación como la suya. Si un líder lo hiciera, ¡probablemente perdería su cargo!

Hay que reconocer que el presidente Trump ha hecho un llamamiento a la nación para que ore. Pero no ha exhortado al país a arrepentirse, a humillarse y volver a Dios como lo hizo Lincoln. Es cierto que leyó 2 Crónicas 7, donde se exhorta al pueblo de Dios a “convertirse de sus malos caminos”, pero no ha dado ninguna señal de que considere que esto sea una necesidad urgente para EE UU hoy en día.

¿Qué líder tiene hoy el valor de poner a EE UU de rodillas como lo hizo Lincoln? Nadie lo hace; pero esa es la única manera en que podríamos resolver nuestros problemas!

Podría llevarlo a usted a través de los cuatro profetas mayores y los 12 profetas menores, y mostrarle que cada uno de ellos tiene el mensaje que tenía Lincoln: ¡Nuestros pecados muestran que nos hemos olvidado de Dios! Como resultado, enfrentamos un problema mucho mayor que una guerra civil. Si usted cree que eso no es cierto, ¡lea esas profecías!

¡Es una afrenta contra Dios que los estadounidenses nos atribuyamos el mérito de nuestras bendiciones! En Oseas 2:8-10, Dios está furioso contra Israel por no reconocer que sus bendiciones provinieron de Él. ¡Quizá el mayor pecado de EE UU sea la ingratitud hacia Dios por haber hecho grande a EE UU!

‘En los días venideros’

El difunto Herbert W. Armstrong explicó la grandeza de EE UU en su obra fundamental Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía. Este libro muestra por qué llegamos a ser grandes. (Para obtener un ejemplar gratuito, sólo pídalo y con gusto se lo enviaremos; vea la contraportada para más detalles).

El Sr. Armstrong escribió en ese libro, acerca de EE UU y Gran Bretaña: “No hay otra nación ni conjunto de naciones que posean tales bendiciones de la primogenitura; poseímos más de dos tercios, casi las tres cuartas partes de todas las materias primas, los recursos y la riqueza de todo el globo, mientras las demás naciones juntas tenían sólo una pequeña parte”. ¿Cómo se explica que dos naciones poseyeran casi tres cuartas partes de la riqueza del mundo? ¡La única explicación es que esas bendiciones provinieron de Dios!

Abraham Lincoln sabía cómo había comenzado todo. ¿Por qué no lo sabemos hoy? ¿Por qué no tememos a Dios como lo hacían los estadounidenses y los antepasados de la nación al comienzo de la historia de EE UU?

Génesis 49 es una profecía para nuestros días. Comienza así: “Y llamó Jacob a sus hijos, y dijo: Juntaos, y os declararé lo que os ha de acontecer en los días venideros” (versículo 1).

Justo aquí, en el primer libro de la Biblia, se encuentra esta gran profecía: Dios nos revela lo que les sucederá a las naciones de Israel en los últimos días.

Pero ¿quién es Israel hoy en día? ¡Si esta es una profecía del tiempo del fin, debemos saber quién es Israel para saber qué les espera!

¡Aunque parezca increíble, algunos de los antepasados de EE UU lo sabían! ¿Sabía usted que, cuando llegaron a esta tierra, muchos de ellos, en especial los líderes, se llamaban a sí mismos el Nuevo Israel?

¿Por qué? Porque ellos eran Israel, ¡los actuales descendientes del Israel bíblico!

¡Génesis 49 habla de Israel, y de cómo y por qué llegaría a ser grande en los últimos días!

Vea cómo define Dios la grandeza nacional en esta profecía: “Rama fructífera es José, rama fructífera junto a una fuente, cuyos vástagos se extienden sobre el muro. Le causaron amargura, le asaetearon, y le aborrecieron los arqueros; mas su arco se mantuvo poderoso, y los brazos de sus manos se fortalecieron por las manos del Fuerte de Jacob (Por el nombre del Pastor, la Roca de Israel)” (versículos 22-24).

¿Quiénes son los descendientes de José hoy? José tuvo dos hijos, Efraín y Manasés, quienes recibirían bendiciones espectaculares de la primogenitura. La expresión rama fructífera significa prosperidad; el arco simboliza un gran poder militar. Dios dice que serían materialmente ricos y poseerían un poderío militar temible, en los últimos días.

¿Qué naciones han tenido las economías y el poder militar más fuertes en este tiempo del fin?

¿Cuántas personas, incluso personas religiosas, hablan de estas profecías? Jesucristo dijo que debemos vivir de toda palabra de Dios (Mateo 4:4). La única palabra disponible en Su tiempo era el Antiguo Testamento. Ciertamente estaba hablando de Génesis 49. Pero ¿quién en el tiempo del fin puede explicar quiénes son estas naciones?

¡No hay dos países que hayan tenido mayor importancia en este tiempo del fin que EE UU y Gran Bretaña! José es un término profético que hace referencia a Efraín en el tiempo del fin (el “conjunto de naciones” que es Gran Bretaña) y a Manasés (EE UU de Norteamérica).

Estos versículos de Génesis 49 explican la razón de la grandeza de nuestras naciones. ¡Estas dos potencias fueron hechas fuertes por la poderosa mano de Dios!

¡Debemos ser capaces de responder correctamente las preguntas sobre la grandeza de EE UU! Tenemos la responsabilidad de dar la respuesta de Dios.

El nombre de Israel

Observe el contexto de esa profecía de Génesis 49. Génesis 48 describe a José presentándose ante su anciano padre, Israel, para que bendijera a sus dos hijos. Su padre le contó cómo Dios lo había bendecido y le había dicho: “He aquí yo te haré crecer, y te multiplicaré, y te pondré por estirpe de naciones; y daré esta tierra a tu descendencia después de ti por heredad perpetua” (versículo 4). Israel dijo entonces que extendería esa bendición a Manasés y Efraín.

Los detalles sobre esta bendición aparecen en el resto de este capítulo. Al dar la bendición, Israel dijo: “El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta este día, el Ángel que me liberta de todo mal, bendiga a estos jóvenes; y sea perpetuado en ellos mi nombre…” (versículos 15-16). El nombre de Israel fue conferido a estos dos hijos, Efraín y Manasés. En los últimos días, los descendientes de estos dos hermanos serán Israel y poseerán las promesas de la primogenitura de Israel: ¡bendecidos por encima de todas las demás naciones de la Tierra!

Esta maravillosa verdad acerca de Israel —de quién es hoy y por qué es grande— es una prueba maravillosa e irrefutable de que Dios existe! ¡Es también la prueba más grande de que la Biblia es la Palabra inspirada de Dios! Qué lástima que tan pocos comprendan esta verdad.

La clave de la profecía

Recuerde las promesas originales que Dios le hizo al abuelo de Israel, Abraham. “Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció [el Eterno] y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto. (…) Y te multiplicaré en gran manera, y haré naciones de ti, y reyes saldrán de ti” (Génesis 17:1, 6).

Esta no es una promesa espiritual, es física. No debemos espiritulizarlo: Él está hablando de naciones y reyes físicos en los últimos días.

El Sr. Armstrong explicó esto a fondo en Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía. Distribuyó más de 5 millones de ejemplares de este libro durante su vida. La gente quería entender el origen de la grandeza nacional de EE UU, y él lo demostró basándose en la Biblia.

Ese libro proporciona la clave vital para comprender las profecías de la Biblia. ¡La mayor parte de la humanidad carece de esa clave y, como resultado, no comprende ni puede comprender la profecía! “Esa clave”, explicó el Sr. Armstrong en este poderoso libro, “es el conocimiento de la asombrosa identidad de los pueblos estadounidense y británico —así como del alemán— en las profecías bíblicas”.

Como lo demostró en ese libro, el EE UU moderno es el Manasés bíblico, y Gran Bretaña es el Efraín bíblico. ¡Somos las naciones modernas de Israel! ¡Y las profecías de los últimos tiempos que se refieren a Israel se aplican directamente a EE UU y a Gran Bretaña en la actualidad!

Esta realidad explica —con asombroso detalle— de dónde provinieron el poder y la riqueza de estas naciones, y por qué esas bendiciones llegaron cuando llegaron.

También explica por qué esas bendiciones están siendo quitadas y reemplazadas por maldiciones. Vea el caso de Gran Bretaña: pasó rápidamente de liderar el imperio más poderoso de la historia mundial a convertirse en una pequeña potencia de tercera categoría. Y EE UU sigue esa misma trayectoria.

¡Dios nos maldecirá cada vez más si no despertamos y vemos hacia dónde vamos y qué significa todo esto!

Grandeza nacional

Cuando alguien nos pida explicar la grandeza nacional de EE UU, debemos saber con claridad, sin reservas, que nuestra grandeza nacional puede explicarse con una sola palabra: ¡Dios!

La poderosa mano de Dios nos dio todas las bendiciones que disfrutamos. Él nos dio nuestro poder. Está en la Biblia, y usted puede comprobarlo fácilmente. ¡Es una historia profundamente inspiradora y maravillosa, y es una verdad irrefutable!

Fue Dios quien nos hizo grandes, ¡y esa realidad constituye la mayor prueba de la veracidad de la Biblia y de la existencia activa del Dios todopoderoso!

¡El aniversario 250 de EE UU debería señalarnos hacia Dios y hacia por qué bendijo a esta nación!

ESTADOS UNIDOS Y GRAN BRETAÑA EN PROFECÍA

La gente del mundo occidental estaría sorprendida y boquiabierta, ¡si lo supieran! Los gobiernos de Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá, Australasia y África del Sur pondrían en marcha gigantescos programas de protección, ¡si lo supieran! ¡Ellos podrían saberlo! ¡Pero, no lo saben! ¿Por qué?