MELISSA BARREIRO/la trompeta
Combata el pecado en su vida
En estos momentos se habla mucho de guerra. ¿Sabía que tiene una guerra personal que luchar? Todos tenemos una naturaleza básica: esa parte de nosotros que es indulgente, perezosa, lujuriosa y materialista. Y si no la combatimos, ella ganará. Usted debe identificar, atacar y erradicar su pecado.
La paga del pecado es muerte, dice la Palabra de Dios (Romanos 6:23). Dios quiere liberarnos de la esclavitud del pecado para que podamos vivir. La Biblia se refiere constantemente a nuestra lucha contra el pecado como un combate de vida o muerte, una guerra espiritual (p. ej., 2 Corintios 10:3-5; 1 Timoteo 1:18).
La forma en que la administración Trump ha llevado a cabo la guerra con Irán ha proporcionado valiosas lecciones espirituales. Inicialmente lanzó ataques contundentes, pero no deja de cambiar el concepto de victoria, prolongando fechas límite, lanzando amenazas vacías e intentando negociar con una parte que no está dispuesta a ello. Además, la población estadounidense se opone a la guerra, lo que limita las posibilidades del presidente. Por estas y otras razones, esta guerra no se ganará. Tanto los acontecimientos como las profecías bíblicas indican que, al final, el poderoso Estados Unidos retrocederá, y el régimen radical de Irán seguirá en el poder, aún más radicalizado.
Nosotros podemos caer en los mismos errores cuando atacamos nuestros pensamientos y hábitos pecaminosos. Sin un objetivo claro y con un enfoque confuso, una motivación a medias o contradictoria, o una voluntad insuficiente para adoptar medidas lo suficientemente drásticas como para alcanzar la victoria total, nuestro adversario, el pecado, nos devuelve el golpe, una y otra vez.
El redactor jefe de la Trompeta, Gerald Flurry, dijo que EE UU debería haber atacado a Irán, la “cabeza de la serpiente terrorista”, justo después del 11 de septiembre de 2001. Pero no lo hicimos. Veinticinco años después, Irán es mucho más fuerte. El régimen está aún más atrincherado, es más sofisticado y más resistente. Lo que en su momento fue una teocracia vulnerable es ahora un Estado policial fortalecido. Del mismo modo, cuando permitimos que el pecado se extienda sin control en nuestras vidas, se propaga, se agrava y se fortalece.
¿Cómo pelea Dios en la guerra? ¿Cómo le ordena su Comandante en Jefe que libre su guerra personal contra el pecado que hay en su interior?
Lea Génesis 19 para ver cómo juzgó Dios a las ciudades pecadoras de Sodoma y Gomorra. Lea Éxodo 14 para ver lo que Él hizo con el ejército egipcio, que simbolizaba el camino del pecado. Lea Josué 6 para ver lo que hizo con el pueblo malvado de Jericó. Él no lucha a medias: destruye por completo a Sus enemigos, los hunde en las profundidades y los reduce a cenizas.
Así es como debemos luchar nuestra batalla personal contra el pecado. Cada uno de nosotros debe utilizar el plan de batalla de Dios: la victoria total mediante una fuerza inquebrantable y abrumadora.
El apóstol Pablo era un poderoso guerrero espiritual. En Romanos 12:9 escribió: “… Aborreced lo malo, seguid lo bueno”. Pablo no dijo: “Comprendan lo malo”, ni “Negocien o intenten razonar con lo malo”. Aborrecer significa detestar por completo. No puede prevalecer en la guerra si se muestra tibio ante su enemigo. Nunca vencerá al pecado hasta que reconozca claramente que su corazón es “perverso” (Jeremías 17:9) y lo aborrezca.
Aborrezca lo malo y erradíquelo. Apéguese a lo que es bueno y luche por ello.
Si cree que ya lo ha intentado y, sin embargo, no lo ha logrado, hay una buena razón: le falta la supremacía de la fuerza. Pero puede lograrlo. ¿Cómo? Al igual que aquellos israelitas, usted necesita que Dios pelee sus batallas.
Por mucho que los estadounidenses quieran creer lo contrario, no tenemos a Dios de nuestro lado. De hecho, Dios está maldiciendo a EE UU a causa de nuestros pecados. El orgullo de nuestro poder —la voluntad de alcanzar la victoria total— ha sido quebrantado (Levítico 26:19). Gastamos nuestras fuerzas en vano (versículo 20). Así que, incluso en la guerra moderna literal, el factor decisivo para la victoria o la derrota es que los estadounidenses ganen o pierdan la guerra contra el pecado.
Para revertir estas maldiciones y ver cómo Dios bendice verdaderamente nuestros esfuerzos bélicos, es necesario el arrepentimiento, ¡lo que significa, ante todo, dirigir nuestra ira contra nuestros propios pecados! Sin embargo, el presidente Trump no está tratando de llevar a la gente al arrepentimiento y a purgar el pecado; él dice lo contrario, afirma que la nación ya es justa.
¿Qué ocurre cuando usted intenta librar batallas espirituales con sus propias fuerzas? ¿Cuánto éxito tendrá en combatir sus pecados? Cuando no obedecemos con humildad a nuestro Comandante y no confiamos en Él, no logramos la victoria.
Por muy luchador que fuera Pablo, él sabía que no tenía el poder necesario para vencer el pecado. Lea Romanos 7, donde describe su inútil batalla personal. Después, lea Romanos 8, donde él describe al Espíritu Santo —literalmente, el poder de Dios— que nos da la capacidad para alcanzar la victoria sobre el pecado.
Proverbios 28:1 dice: “Huye el impío sin que nadie lo persiga; mas el justo está confiado como un león”. La maldad hace que usted sienta miedo. El pecado lo debilita. El pecado es una maldición para cualquier persona o nación que intente combatir en una guerra. ¡Pero la rectitud le da valor!
Piense en la fuerza de su propia voluntad para luchar, en la fuerza de su determinación para combatir el pecado y el mal. Entre más cerca esté de Dios, más firme será su determinación. Pero cuando el pecado lo debilita, usted cede y está dispuesto a vivir con el mal voluntariamente.
Son tiempos difíciles, y están empeorando. Necesita que Dios lo respalde, dándole fuerza espiritual, fe, valor y confianza. Necesita audacia. Necesita rectitud.
Luche contra el pecado que le debilita a usted, a su familia y a su nación. ¡Obtenga el poder de Dios y construya la rectitud que le da valor! Siga el plan de batalla de Dios. ¡Crea, obedezca, luche y gane sus batallas espirituales!
