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FRED DUFOUR-POOL/GETTY IMAGES

China: La fantasía del dictador

¿Qué sucede cuando un hombre obtiene el poder absoluto sobre cientos de millones de personas?

Les rogué que me mataran”, dijo Mihrigul Tursun. “Cada vez que era electrocutada, mi cuerpo entero se sacudía violentamente, y podía sentir el dolor en mis venas”.

Tursun estaba describiendo la tortura que ella sufrió cuando estuvo cautiva por meses, junto con otras 60 mujeres, en un campo de reclusión. Sus celdas eran pequeñas y asfixiantes. Ellas dormían por turnos, con la mayoría de pie para tener espacio para las pocas a quienes les tocaba recostarse. Habitualmente eran golpeadas, electrocutadas y forzadas a tomar medicamentos desconocidos, incluyendo cápsulas que les causaban desmayos y un líquido que les causaba sangrados, y a otras, el cese de su menstruación. Durante los tres meses finales de Tursun, nueve mujeres de su celda murieron. Al mismo tiempo, durante una treta Orwelliana, a las mujeres se les hacía cantar canciones que alababan a sus captores.

Y he aquí un detalle importante: La pesadilla de Tursun no sucedió hace décadas en un campo de concentración que está cerrado hace mucho tiempo. Esto sucedió en una red de reclusión dirigida por su propio gobierno nacional, que todavía está operando en este momento.

‘La gran familia del territorio nacional chino’

Mihrigul Tursun es de la etnia uigur de Xinjiang. Esta región, al sur de Kazajistán y Mongolia, fue disputada durante mucho tiempo por los mongoles, los chinos y varios grupos turcos, hasta que la dinastía Qing la puso bajo el control de China en el siglo xviii. Desde entonces, Xinjiang ha sido un punto intermitente para las tensiones entre los Uigur, que en su mayoría son musulmanes de habla turca, y los chinos ateos Han que hablan mandarín y que representan a más del 90% de la población total de China.

Las ansiedades se intensificaron durante la década de 1990: los kazajos, kirguisos y otros vecinos comunistas musulmanes de habla turca, se separaron de la Unión Soviética y formaron naciones independientes que llevaban sus nombres. Muchos Uigur también intentaron hacer de Xinjiang una nación soberana: Turquestán Oriental. Pero los líderes chinos estaban empeñados en mantener a Xinjiang encerrado en lo que llaman “la gran familia del territorio nacional chino”.

Las tensiones estallaron en 2008 cuando los Uigur protestaron contra la opresión china con atentados terroristas en autobuses y ataques contra instalaciones policiales. Las autoridades chinas dijeron que la violencia mató a cientos de personas, principalmente gente china Han, y desplegaron un gran número de soldados del Ejército de Liberación Popular en la ciudad más grande de Xinjiang, Ürümqi. Los estallidos violentos continuaron durante los años siguientes, pero el Partido Comunista Chino siguió intensificando su control sobre Xinjiang.

Entonces un nuevo hombre fue nombrado líder de China. Él intensificaría el control del Partido Comunista hasta estrangularla.

‘Redes arriba y trampas abajo’

Cuando Xi Jinping se convirtió en secretario general del Partido Comunista a fines de 2012, él tenía una personalidad relativamente oscura en la política china. La mayoría de los expertos creían que lideraría a la nación en la tradición de sus predecesores más recientes, manteniendo el statu quo.

Pero Xi comenzó, casi inmediatamente, a confundir estas predicciones.

En lugar de mantener la marca de liderazgo “primero entre iguales” seguida de sus predecesores recientes, él adoptó un enfoque de hombre fuerte. Omitió a las autoridades del Consejo de Estado al crear grupos de partidos de formulación de políticas, muchos de los cuales preside personalmente. Él tomó el control directo de la redacción de políticas de todo, desde la economía de China y las relaciones internacionales hasta sus regulaciones de Internet. Xi emprendió una campaña anticorrupción que resultó en el arresto o encarcelamiento de 1,4 millones de miembros del Partido Comunista. Hizo desaparecer a disidentes y a cientos de abogados de derechos humanos en oleadas de arrestos. También implementó profundas reformas militares que lo convirtieron en el jefe indiscutible del vasto ejército de China.

“Él no sólo controla al ejército”, dijo Ni Lexiong, experto militar con sede en Shanghái, a la Associated Press, “sino que también lo hace de manera absoluta. Él está listo para ordenar personalmente”.

En abril de 2014, sólo semanas después de que terroristas Uigur armados con cuchillos mataran a 31 personas e hirieran a 141, Xi realizó una visita oficial a Xinjiang. Horas después de su partida, una bomba uigur atravesó una estación de tren de Ürümqi, matando a tres e hiriendo a 79.

Xi pareció tomar los ataques como un desafío directo a su autoridad y a la estabilidad general de China. “Construyan muros de acero y fortalezas de hierro”, dijo más tarde ese año al anunciar una “Guerra del pueblo contra el terrorismo”. Él dijo a los líderes del partido en Xinjiang: “Instalen redes arriba y trampas abajo. Tomar medidas enérgicas contra las actividades terroristas violentas debe ser el enfoque de nuestra lucha actual”.

El gobierno de Xi no perdió tiempo haciendo realidad su visión. Y la campaña rápidamente comenzó a extenderse mucho más allá de sólo una ofensiva contra las “actividades terroristas violentas”.

Genocidio cultural

En mayo de 2015, cuando Mihrigul Tursun fue detenida por primera vez, Xinjiang se estaba transformando en un estado de vigilancia ineludible y de “vigilancia policial predictiva”. Había cámaras por todos lados, miles de puntos de control policial y cientos, de lo que el gobierno chino llama inofensivamente, escuelas de “reeducación” o de “formación profesional”. Fue en estas instalaciones donde Tursun fue torturada durante meses.

Ella fue detenida al regresar a China desde Egipto, donde vivía su esposo. Dado que el Partido Comunista Chino ve a Egipto como una posible zona de radicalización, los funcionarios del partido la agarraron y abusaron de ella hasta que se convencieron de que no representaba una amenaza para la estabilidad social. Grandes cantidades de otros residentes de Xinjiang han sufrido de manera similar por mucho menos.

Varias fuentes estiman el número total de Uigur y otros musulmanes de Xinjiang detenidos en los campos en 2019 entre 1,1 y 3 millones. Se trata de una población total de solo 10 millones de Uigur, que crece a 12 millones cuando el recuento incluye a musulmanes no Uigur, algunos de los cuales también han sido detenidos.

El gobierno de Xi dice que el propósito de retener a estas personas es enseñarles a sacar el extremismo religioso de su pensamiento y enseñarles mandarín y habilidades laborales. Pero la evidencia de sobrevivientes como Tursun y de dos documentos, ocultos, altamente clasificados del Partido Comunista revelan el verdadero objetivo: Xi Jinping está usando su poder dictatorial para perpetrar un genocidio cultural.

‘Los órganos de la dictadura’

Antes de Xi, el Partido Comunista retrataba a China como una sociedad multiétnica que creía en el pluralismo cultural. En este espíritu, permitió a varias poblaciones minoritarias ciertas expresiones de distinción sancionadas por el gobierno. Pero Xi ha cambiado eso. Se ha mostrado decidido a “sinizar” [formar el carácter chino en] Xinjiang, a someter e integrar a los Uigur en una cultura Han monolítica.

“Los órganos de la dictadura” deben usarse para someter a la región, dijo Xi a los líderes del Partido Comunista durante un discurso de 2014 que se transcribió entre los documentos filtrados en 2019. “No muestren absolutamente ninguna misericordia”, dijo. “Las armas de la dictadura democrática del pueblo deben ser aprisionadas sin ninguna duda o vacilación”.

Dentro de los campamentos y las cárceles de Xinjiang, los agentes chinos están implementando estas órdenes. Están obligando a los detenidos a consumir alcohol y carne de cerdo y les están prohibiendo orar o hablar su idioma. Ellos están sometiendo (a los que se resisten) a la tortura, al abuso sexual, a abortos forzados, esterilización y trasplante de sus órganos contra su voluntad. Los órganos de la dictadura.

Fuera de los campos, Xinjiang se ha transformado en el estado policial más avanzado y tecnológicamente entrometido en el mundo. La escritura árabe y las imágenes islámicas están siendo erradicadas de negocios y hogares, a menudo reemplazadas por fotos de Xi y el fundador de la China comunista, Mao Zedong. Las mezquitas y los cementerios musulmanes están siendo sistemáticamente destruidos.

El Partido Comunista no solo está deteniendo a los Uigur, sino que a menudo los está reemplazando, en sus propios hogares y en sus propias camas junto a sus esposas con hombres chinos Han. El partido está literalmente sacando los genes Uigur de Xinjiang: genocidio por reemplazo paterno.

Esto y más se confirmó al mundo cuando se filtraron los documentos internos del partido. Sin embargo, la filtración y la condena internacional que siguió no parecen haber sacudido a Xi. Él afirmó que los testimonios personales y los documentos filtrados son “fabricados y son noticias falsas”. El Global Times, que controla su partido, recientemente elogió los “centros de capacitación” de Xi en Xinjiang por su éxito en convertir a potenciales extremistas en “personas normales”.

Si bien él utilizó los “órganos de la dictadura” para cometer genocidio cultural, incluido sacar órganos de víctimas involuntarias, Xi también tuvo éxito a principios de 2018 al eliminar los límites al término constitucional de su gobierno. Ahora sus órganos de la dictadura pueden continuar por el resto de su vida.

Está claro que este dictador chino auto-justificado e inmensurablemente poderoso seguirá haciendo valer su voluntad sobre los Uigur y todos los 1.400 millones de personas de China. Esto resultará en un profundo sufrimiento para millones de personas más allá de “la gran familia del territorio nacional chino”.

El fin justifica los medios

En la era moderna, los poderes inmensos y casi incontrolados de Xi parecen algo anómalos. Pero la historia está llena de dictadores como él. Tales hombres casi siempre han producido abusos a gran escala de seres humanos como los que ahora están ejecutando en Xinjiang.

Dele suficiente poder al gobierno, y esto es lo que pasa.

Qin Shi Huang, Gengis Kan, Vlad el Empalador, Iván el Terrible, el rey Leopoldo ii y Adolf Hitler: Todos usaron los órganos de la dictadura con un efecto espantoso. Los compañeros defensores del comunismo de Xi son conocidos por ello: Horloogiyn Choybalsan, de Mongolia, mató a decenas de miles de su gente; Pol Pot de Camboya mató a casi 2 millones de su propio pueblo. Pero no eran más que matones en un patio de recreo, en comparación con Josef Stalin de la Unión Soviética, que asesinó de 20 a 60 millones. Luego estaba Mao Zedong, el reciente predecesor de Xi, bajo cuyo despótico reinado, entre 65 y 75 millones de chinos murieron de hambre, torturados, intimidados hasta el suicidio o ejecutados como traidores. “Todo comunista debe comprender esta verdad”, dijo Mao. “El poder político surge del cañón de una pistola”.

Una y otra vez, cuando a un gobierno humano se le da un enorme poder sin control, el genocidio, los abusos a la democracia y la política, la represión y violaciones atroces de los derechos humanos, son inevitables. Esto se debe a que los líderes sienten que la violencia está justificada para construir un mundo mejor y logran vender su visión a sus seguidores. En muchos casos, se trata de tiranos de izquierda y utopistas que creen que los fines justifican los medios. Mi visión es noble y mis ideales son virtuosos. Debo usar la fuerza absoluta para aplastar la disidencia para que mis ideales puedan convertirse en realidad. Debo ejercer mi poder sin piedad hoy, para crear un mundo hermoso para el mañana.

Cuando un autoritario es impulsado por tal pensamiento, la libertad es degollada. Los ojos de los derechos humanos son vendados y fusilados en la calle. Y el estado de derecho es públicamente decapitado. Estas son todas las bajas necesarias en la búsqueda del objetivo mayor. Estos son los sacrificios de sangre que deben ofrecerse por el “bien mayor”.

La Biblia revela que Xinjiang es sólo el comienzo, pues tales políticas y gobiernos autoritarios pronto dominarán al mundo. 

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