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Cediendo el Peñon
Gran Bretaña fundó su imperio sobre sus puertas marítimas. Este verano cedió una de las últimas y más importantes de esas puertas sin que se disparara un solo tiro: el Peñón de Gibraltar.
A la medianoche del 14 de julio cesaron los controles fronterizos entre Gibraltar y España. Los puestos de policía y de aduanas a lo largo de la frontera fueron demolidos. “Ha caído el último muro de la Europa continental”, celebró el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez.
El estrecho de Gibraltar es la única salida occidental del mar Mediterráneo. La Armada de Estados Unidos envía habitualmente sus submarinos nucleares por este estrecho de 13 kilómetros de ancho. Por el estrecho pasa un buque cada cuatro minutos, cinco veces la frecuencia del canal de Suez y diez veces la del canal de Panamá. Sin Gibraltar, el acceso a toda la costa sur de Europa, al norte de África y, por extensión, a las costas occidentales de Oriente Medio queda limitado o, en el escenario más drástico, cerrado.
La Marina Real británica todavía mantiene allí una base naval, de modo que los españoles aún no controlan Gibraltar militarmente. Sobre el papel, sigue siendo territorio británico. Pero está custodiado por guardias fronterizos españoles. Los ciudadanos británicos deben mostrar el pasaporte para entrar, mientras que los españoles pueden ir y venir libremente. Gran Bretaña está dando señales de que ha perdido su determinación y está retrocediendo.
El gobierno británico cree que esa pérdida de control no importa. Pero los dramáticos acontecimientos recientes en el estrecho de Ormuz y el mar Rojo deberían despertarlo.
Hace casi 4.000 años, Dios prometió al patriarca Abraham la salvación espiritual para el mundo entero por medio de Jesucristo, que nacería de su linaje. Pero lo que incluso muchos cristianos no entienden es que Él también prometió grandeza nacional a los descendientes de Abraham. Esta promesa aparte, de carácter físico, incluía este detalle específico: esos descendientes poseerán “las puertas de sus enemigos” (Génesis 22:16-18; 24:60).
“Una puerta es un paso estrecho por donde se entra o se sale”, explicó Herbert W. Armstrong en su libro Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía. “En términos nacionales, una ‘puerta’ sería un paso como el canal de Panamá, el canal de Suez o el estrecho de Gibraltar. (…) Debemos buscar un pueblo formado por más de una nación; sin embargo, todas un mismo pueblo, hijos de Abraham, que posean ahora (o en la historia) las puertas marítimas en el mundo, o tendríamos que negar la Palabra de Dios”.
El Sr. Armstrong demostró que Dios cumplió Su promesa e hizo de los descendientes de Abraham una gran nación y un conjunto de naciones (Génesis 35:11). Además, demostró que la Biblia muestra que las naciones más poderosas entre esos descendientes son Estados Unidos y Gran Bretaña. ¡Una de esas pruebas es que estas dos naciones hermanas obtuvieron el control de todas las “puertas” principales de la Tierra!
También hizo una predicción clara y audaz: Gran Bretaña y Estados Unidos perderían el control de esas puertas marítimas. “Pero ahora, hemos perdido la mayoría de ellas. El canal de Panamá fue la más reciente y parece que Gibraltar no tardará en perderse también”, escribió (ibíd.).
¿Con qué base? En Deuteronomio 28:52, Dios advirtió a estos descendientes de Israel que, en lugar de poseer las puertas de sus enemigos, sus enemigos los sitiarían en todas sus ciudades [o puertas, versión King James].
Gran Bretaña está en proceso de entregar las islas Chagos a Mauricio, que nunca las ha poseído y no tiene historia alguna allí. Ya ha cedido el control de Hong Kong, el canal de Suez, el cabo de Buena Esperanza, Malta, Papúa Nueva Guinea, Timor, las Indias Occidentales, Chipre, el golfo de Guinea, las Maldivas, Sri Lanka, Singapur y el golfo de Adén. Estas puertas son cruciales desde el punto de vista político, cultural, económico y militar, incluso en tiempos de paz. En tiempos de guerra, marcan la diferencia entre la vida y la muerte.
