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Barreras para poner fin al cierre parcial del DHS
Markwayne Mullin fue juramentado el martes como el nuevo secretario del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés). Mullin, quien había representado a Oklahoma en el Senado de Estados Unidos, reemplaza a Kristi Noem y asume el control de una agencia profundamente problemática.
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El DHS ha estado en cierre parcial durante 40 días debido a la negativa del Congreso a aprobar una propuesta legislativa de financiación.
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El impasse ha provocado licencias sin goce de sueldo, cheques retrasados para decenas de miles de empleados y ha generado líneas de seguridad extremadamente largas y retrasos en aeropuertos de todo el país.
Esta semana, los republicanos del Senado ofrecieron a los demócratas una nueva propuesta para romper el estancamiento que financiaría la mayor parte del DHS, incluyendo la Administración de Seguridad en el Transporte, mientras pospone la financiación de ciertas operaciones de Inmigración y Control de Aduanas para su consideración posterior.
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El presidente Trump ha complicado las cosas al declarar que no firmará ninguna propuesta legislativa para poner fin al cierre a menos que el Congreso apruebe primero la Ley SAVE America, una propuesta legislativa histórica que requiere requisitos más estrictos de identificación de votantes y prueba de ciudadanía. Los republicanos del Senado lo instan a aceptar un acuerdo más limitado que separe los temas.
Incluso si Trump cede, una barrera mucho mayor persiste: los demócratas continúan negándose a financiar completamente a ICE y a las Aduanas y Protección Fronteriza sin “reformas” amplias. Éstas incluyen requerir órdenes judiciales antes de que los agentes entren en hogares privados, prohibir máscaras durante las operaciones, exigir cámaras corporales e imponer otros límites a la aplicación de la ley.
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Muchos republicanos advierten que estos cambios paralizarían la operación de deportación más grande en la historia de EE UU y que fue prometida por la administración Trump, el pilar central de la plataforma republicana de 2024.
La población indocumentada de EE UU en 2016, según una estimación de un artículo de 2018 en PLOS One, era de 16 a 29 millones, muy por encima de la cifra frecuentemente citada de 11 millones. Bajo Joe Biden, otras 5 a 7 millones de personas ingresaron ilegalmente al país y se quedaron. Las restricciones propuestas por los demócratas harían casi imposible la aplicación interna a gran escala.
Este drama revela una crisis nacional mucho más profunda, una que la profecía bíblica predijo para los descendientes modernos del antiguo Israel, que incluyen a los estadounidenses y los británicos.
Herbert W. Armstrong dejó esto claro hace décadas en Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía. Las Escrituras prometen bendiciones por obedecer la ley de Dios y advierten de maldiciones por desobedecer. Una profecía declara:
[El Eterno] traerá contra ti una nación de lejos, del extremo de la tierra, que vuele como águila, nación cuya lengua no entiendas (…) Pondrá sitio a todas tus ciudades, hasta que caigan tus muros altos y fortificados (…) en toda tu tierra….
—Deuteronomio 28:49, 52
Esa caída de “muros altos y fortificados” representa vívidamente las fronteras abiertas de EE UU en los últimos años. A pesar de las promesas de campaña, la administración Trump aún lucha por “construir el muro” y revertir el aumento de inmigración de la era Biden.
Esto no es sólo política. Es el despliegue de maldiciones bíblicas sobre una nación que ha rechazado a Dios. Sin arrepentimiento hacia Dios, ningún acuerdo político, ningún nuevo secretario y ningún muro fronterizo resolverán el asedio migratorio que ya está en nuestras puertas.