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La Trompeta

Autobiografía de Herbert W. Armstrong: ¡La Pura Verdad es revivida!

Capitulo 39: ¡La Pura Verdad es revivida!

Continuación de Autobiografía de Herbert W. Armstrong: La obra crece, a pesar de las dificultades y persecución

Usando los cables de telégrafo postal continuamos en la red local, alimentando el programa del domingo a las 10 de la mañana desde kore en Eugene, Oregon, a dos estaciones adicionales: kxl, en Portland, and kslm, en Salem.

Éstas, al igual que kore, eran las estaciones comerciales de menor potencia en funcionamiento; de tan sólo 100 watts.

Salidas semanales a Portland

Pero en ese tiempo nos quedamos con kxl por alrededor de 10 meses. El 5 de septiembre de 1937, nos mudamos a una estación de 500 watts, que en ese tiempo era kwjj. El nuevo horario en kwjj era los domingos a las 4 p.m. Nosotros continuamos en kore y en la estación de Salem.

Ésto no fue solo otro aumento de potencia, sino que inició viajes semanales a Portland que continuarían por varios años. Luego, estos viajes se extendieron a Seattle.

En aquel tiempo puse el programa en kore, trasmitiendo simultáneamente por conexión de cable a kqlm, Salem, a las 10 de la mañana cada domingo. Luego me seguía un viaje de 198 kilómetros hasta Portland para la transmisión de las 4 de la tarde.

Para ese momento estábamos usando un cuarteto mixto en el programa. A medida que el programa comenzaba, nuestro concepto había sido el de condensar un servicio regular de iglesia en media hora, utilizando técnicas de radio. El programa comenzaba con un himno dinámico temático, seguido de otro alegre de dos estrofas (nunca más que eso), seguido por una oración durante la cual los cantantes usualmente entonaban, y al final con cantaban un triple “Amen”, luego los anuncios del programa, la Pura Verdad u otra literatura gratis. Luego seguía un sermón de cerca de 22 minutos, luego terminábamos con un himno con tema de cierre.

Al usar ese tipo de programación, en aquellos días tempranos, yo simplemente estaba siguiendo la costumbre general de otros programas religiosos. Casi todos los programas religiosos en la radio han continuado ese formato hasta la fecha. Pero más tarde, a medida que nos expandíamos a estaciones de mayor tamaño en áreas más grandes, comenzamos a aprender que este estilo de programa es completamente erróneo.

Se basa en la suposición de que un servicio regular de iglesia en los domingos está siendo llevado a la gente en sus hogares. Esto asume una o dos falacias: 1) que todos los oyentes son personas que van a la iglesia y que desean sentarse en un servicio religioso, lo cual es verdad en no más de un 2 por ciento de los radio escuchas; y 2) que la radio es un medio apropiado para tener un servicio religioso con nuestros propios miembros particulares de iglesia.

Descubrimos que ese tipo de programación causa que el 98 por ciento de los radio escuchas cambie a otra estación o apague la radio. El minuto en que la persona promedio oye un himno, este dice: “¡Oh-oh! Es otra de esas trasmisiones religiosas, sentimentales y molestas”; y luego cambia el canal.

Fue unos años más tarde que finalmente aprendimos. Entonces comenzamos a programar para el otro 98 por ciento, las personas que no son religiosas, los que no están en ninguna iglesia, en vez de lo que los hombres de la radio llaman “la audiencia religiosa”. Hace años dejamos de cantar himnos por completo.

Pero en esos días y durante los años venideros, usamos el canto. Nuestro cuarteto mixto, difícilmente tenía la calidad de una ópera metropolitana, sin embargo, mientras el programa religioso seguía, este fue muy meritorio. Algunas veces usamos ocho voces en un doble cuarteto mixto.

Habitualmente, sin embargo, usamos cuatro cantantes, los cuales incluían a mi esposa y mi hija mayor. El cuarteto, un pianista y yo conducíamos directamente desde los estudios de kore hacia Portland, a menudo llevando el almuerzo en el carro para comerlo de camino.

La oferta del Tabernáculo en Portland

Poco después de ir a kwjj, llegó la oportunidad de comprar un tabernáculo en Portland. Esto nos llevó a una decisión crucial para el futuro entero de la Obra.

Tuve que aprender aquí, que no todo lo que brilla es oro. Esta oferta deslumbraba, halagaba; era muy tentadora.

Un radio evangelista de Portland, Willard Pope, había construido este tabernáculo unos años antes. Él ahora había construido uno nuevo y ligeramente más grande, así que tenía vacante su antiguo. Él conducía una de esas trasmisiones religiosas locales, manteniendo servicios evangélicos vespertinos en su tabernáculo, y servicios regulares de domingo para los miembros de su iglesia los cuales este programa le traía.

La idea de tener lo que entonces me parecía un auditorio muy bonito y grande para nosotros en Portland era muy atractiva. Este tabernáculo tenía asientos para 800 personas.

Pero pronto empecé a darme cuenta, si bien este tabernáculo era ofrecido en términos que equivalen virtualmente a la renta, sin cuota inicial por cerca de un año o algo así, esto cambiaría la dirección completa y el curso futuro de nuestra Obra.

Esto significaría atarme a Portland; predicando en Portland seis noches por semana a aquellos atraídos por el programa de radio. Eso implicaría tratar de formar una iglesia local. Me habría atado en Portland a nivel local. Yo me había dado cuenta desde el principio que la primera y más grande comisión para la cual yo había sido llamado, no era construir una iglesia y traer miembros adentro, sino que proclamar el verdadero y original evangelio de Cristo, el cual el mundo ha rechazado y perdido por 18 siglos y medio. Vi nuestra comisión en la profecía de Cristo en Mateo 24:14. El evangelio tenía que salir, no para embutirlo en las gargantas de la gente, no para tratar de forzar la conversión en ellos, sino como testimonio, ¡quizás inclusive un testimonio en contra de ellos!

Por su puesto que vi lo que Cristo había dicho que iba ir al mundo entero, y como testimonio a todas las naciones; pero yo no tenía delirios de grandeza y nunca pensé de mí mismo alcanzando más de un segmento de toda la tierra. Yo suponía que Dios levantaría a otros para alcanzar el resto del mundo. Pero no me di cuenta que fui llamado a predicar ese mismo evangelio a tantos como Dios lo hiciera posible.

Llegué a entender que esta oferta de tabernáculo significaría desviar la obra de ese camino. Llegué a entender que podría frenar la obra de la radio y la Pura Verdad de expandirse a áreas más amplias. Ya había tenido la visión de un programa expandiéndose hasta alcanzar toda la costa oeste y posiblemente, inclusive en su momento, de todo Estados Unidos.

Por unos tres o cuatro meses sopesé el asunto, oré al respecto, busqué asesoramiento y consejo en aquellos cuyo juicio en tales asuntos respetaba. Y finalmente, con base en que esto nos desviaría de nuestro curso divinamente ordenado, de lo cual me sentía seguro que por fin me había dado cuenta, la oferta del tabernáculo fue rechazada.

Fue una sabia decisión. Fue una prueba de sabiduría. Creo que he mencionado anteriormente que yo había descubierto, muy temprano en mi ministerio, que carecía de sabiduría natural. Yo había deseado siempre entendimiento; había absorbido una porción considerable de conocimiento. Pero sabiduría es la habilidad de poner a estos dos juntos y tomar una decisión correcta. Había leído la instrucción de Dios en Santiago 1. Si alguno tiene falta de sabiduría, pídale a Dios por ella; y creyendo la recibirá. Yo había pedido a Dios por sabiduría, y Él me la concedió. Pero aunque ésta viene como un don, Él permite que sea desarrollada gradualmente a través de la experiencia. Ésta fue una experiencia más de sabiduría. Siempre he estado seguro de que la decisión fue de Dios. De otra manera, la Obra no estaría donde está hoy.

Ateos en el funeral

En febrero de 1937, yo había enviado una carta a los colaboradores diciéndoles que la respuesta de correo indicaba una audiencia de radio de 40 a 50 mil cada domingo, y creciendo “hacia nuestra meta de 100.000”. Para abril la respuesta de correo indicaba 60.000 oyentes; para el 26 de noviembre habíamos alcanzado nuestra meta, ¡100.000 oyentes semanales fueron anunciados! ¡Establecimos nuevas metas y continuamos creciendo!

El 30 de noviembre de 1937, murió el padre del ex secretario ateo del Partido Comunista local, cuya conversión se registró en un capítulo anterior. Esto trajo una experiencia de prueba de nervios.

La madre de la joven ex comunista también había entrado en la Iglesia. Pero era una familia bastante numerosa, y casi todos los demás miembros de la familia eran ateos profesos. Hubo algún tipo de controversia dentro de la familia con respecto a quién iba a oficiar en el funeral. Los profesos ateos se opusieron violentamente a mí. Ellos querían traer a un Sr. Herbert Higgombotham, pastor de la Iglesia Unitaria en Eugene. Sin embargo, para complacer a su madre, me aceptaron.

“Ah, bueno,” dijeron ellos, “nos sentaremos allí y aguantaremos la ignorante y supersticiosa, verborrea medieval de este estúpido ministro creyente en Dios y luego nos reiremos bastante recordando partes de sus ridículos fundamentos cuando esto termine”.

Me di cuenta de lo que estaba enfrentando.

Hablé del significado de la muerte y el cuestionamiento de la vida después de la muerte. Mencioné que entre los hombres hay varias ideas, la inmortalidad del alma, la cual es pagana; la inmortalidad condicionada y la resurrección de los muertos y la idea ateísta que con la muerte termina todo. Luego señalé que los razonamientos e invenciones de la imaginación humana no tienen peso de autoridad, estas son solo ideas, y que otras personas tienen diferentes ideas. Nadie ha vuelto aún para contarnos su experiencia, excepto el Cristo resucitado a quien ellos niegan. La ciencia no puede contribuir en nada. Nosotros, por lo tanto, tenemos una de dos elecciones: 1) aceptar la revelación en la Biblia del Dios creador que sabe; o, 2) ¡admitir que somos absolutamente IGNORANTES!

El pagano, dije yo, es ignorante, él solo tiene su imaginación e ideas supersticiosas. El ateo, yo afirmé, es inclusive más ignorante, él solo tiene su rechazo prejuiciado contra aceptar la verdad, sin una prueba o conocimiento científico alguno; él no tiene autoridad; él, como un tonto, ignorantemente cree lo que quiere creer, porque no está dispuesto a creer en la verdad.

Entonces dije que ahora les leería lo que Dios dice, y que nosotros teníamos la opción de aceptar esta autoridad o confesar que somos ignorantes.

De camino al cementerio de la funeraria me monté en el asiento del conductor de la carroza, y con nosotros estaba un primo de los hijos del fallecido.

“Sr. Armstrong,” dijo él, “usted probablemente no lo supo, pero usted tuvo varios ateos profesos y sarcásticos ante usted hoy. Ellos vinieron para ridiculizar y burlarse, pero usted ciertamente les cerró la boca; ellos tenían la intención de ir a casa y hacer su sermón pedazos, ¡pero sus hogares ahora estarán tan silenciosos como la morgue!”

Por supuesto yo sabía lo que enfrentaba. Había orado al Dios que ellos negaban por sabiduría; creo que Él concedió esa solicitud. Ellos cayeron en el pozo que habían cavado para mí, siendo etiquetados como ignorantes. Ellos no tenían respuesta.

Nuestro carro deja de funcionar

Para diciembre nuestro Graham-Paige, un carro antiguo usado de varios años, dejó de servir y quedó como un viejo caballo gastado, cansado, listo para caer y morir.

En ese tiempo teníamos una secretaria, La señorita Helen Starkey, ella estaba trabajando sin salario. Luego, creo yo, nos las arreglamos para pagarle 5 dólares por semana, pero inclusive eso era sólo una fracción de salario.

Sin mi conocimiento, el 21 de diciembre de 1937 ella envió una carta con su propia firma, pidiéndoles a los colaboradores por una amorosa ofrenda especial para un nuevo carro usado que nos permitiera continuar los viajes para la transmisión semanal a Portland; era eso o salir del aire.

¡Recibimos lo suficiente para comprar un Graham usado, modelo 1934 con pagos mensuales! Éste duró hasta 1941.

Helen Starkey murió en 1959, fiel a la obra de Dios hasta el fin; pero un año o dos antes de que ella muriera, se mudó a Pasadena, me enteré que ella y su esposo estaban tratando de comprar un pequeño hogar, pero les faltaba unos pocos cientos de dólares para poder comprarlo. Fue un privilegio muy gratificante para la Sra. Armstrong y yo poder ahora, al final, pagarle esos pocos cientos de dólares como salario atrasado que ella había ganado realmente unos 20 años antes. Ella vivió en el hogar que ellos compraron por el resto de su vida.

Más pruebas de fe

No había habido ninguna edición de la Pura verdad desde julio de 1935. Las razones han sido completamente explicadas antes. Durante este periodo, me las arreglé para sacar frecuentemente, aunque no mensualmente ni con regularidad, sermones impresos que habían sido transmitidos.

Estos habían sido meses de prueba y de dura persecución, tuve que lidiar con los complots de los mismos ministros para arruinar la emisión, luchar para hacer frente a los crecientes gastos y así mantener la Obra viva.

Mencionaré brevemente uno de esos incidentes. El 22 de noviembre de 1937, había logrado costear el suficiente papel y tinta para mimeografiar un sermón impreso. Pero nos faltaba lo suficiente para pagar los gastos de envío para el 26 de noviembre. Aquí hay unos breves extractos de la carta que envié junto con este. Esta carta fue enviada solo a aquellos que habían llegado a ser colaboradores regulares: “Una vez más, con el sermón impreso, les envío mi saludo en el Señor; quiero agradecerles desde el fondo de mi corazón por su interés en la verdad de Dios. Pero este mes debo confesarles acerca de algunos problemas que enfrentamos en esta obra. Justo ahora Jesucristo está abriendo maravillosas oportunidades para la expansión de la Obra. Sin embargo, en vez de sacar ventaja de estas oportunidades, me encuentro con que tengo que parar lo que estamos haciendo, ¡y salir del aire por completo luego de la emisión del próximo domingo!

“La mayoría de ustedes deben haber pensado que con la vasta audiencia de radio, mucha gente estaría enviando dinero y que no necesitaríamos la ayuda de ustedes. Cien mil escuchan cada domingo, pero sólo son muy POCOS de ellos, los que envían algún dinero. Nunca he pedido dinero durante el programa al aire. Predicamos la palabra de Dios junto con las Escrituras, útiles para reprender, corregir e instruir en el camino de Dios. Este no es un evangelio popular. La gente no paga para que se le digan sus pecados, para ser criticada y corregida. Ellos se salen de la iglesia si los pastores los golpean con la verdad de la Biblia. Los pastores perderían sus trabajos. No obstante hemos descubierto que hay gente que no tolera tal predicación en sus iglesias, donde sus amigos vieran que se les están diciendo sus pecados, pero ellos sí escucharán por la radio de forma privada, en secreto desde sus propios hogares. ¡Por alguna razón, ellos no pueden resistirse a escuchar en la radio! Pero ellos no lo apoyarán con su dinero”.

“La cruda realidad es que no hemos podido enviar el sermón impreso a tiempo porque no ha habido suficiente dinero para pagar el envío; al momento de escribir esto, ni siquiera tenemos suficiente dinero disponible para el viaje a Portland para la transmisión del domingo, y debemos confiar en que Dios lo enviará antes del domingo por la mañana. No me gusta decirles estas cosas. Hermanos en Cristo, este es uno de los desalientos que debo enfrentar, las responsabilidades que debo cargar, para brindarles los beneficios espirituales y las bendiciones que muchos de ustedes han escrito que están recibiendo de esta Obra”.

“Me gustaría que ustedes se pudieran sentar en mi escritorio unos pocos días y leer las cartas que llegan. ¡Algunas de estas desgarrarían las fibras de su corazón! Ustedes se darían cuenta realmente de la maravillosa cantidad del verdadero bien que esta Obra está haciendo y a gran escala, cubriendo la mayoría de Oregón y el sur oeste de Washington. Miles están oyendo el verdadero evangelio y la advertencia de Dios, ¡quienes nunca han oído tales cosas antes! Mientras nuestro programa se está transmitiendo por el aire, ¡Gente está siendo convertida!”

“Cuando observo este mundo y veo a la gente corriendo de aquí para allá, absortos por completo en sus preocupaciones mundanas y placeres, pero aun así, verdaderamente miserables, infelices y perdidos, desatentos, no sabiendo nada de las terribles cosas que pronto vendrán sobre aquellos que no se han puesto bajo la protección de Dios; y cuando miro en mi Biblia, y veo cuán reales son estas cosas, y qué tan pronto éstas estarán llegando, me quedo horrorizado y mi corazón arde por darle esta advertencia a más y más gente, ¡antes que sea demasiado tarde!”

Sentí que podría valer la pena reimprimir estas partes de esa carta, sólo para mostrar lo que enfrentamos y cómo nos sentíamos en ese momento.

AL FIN... una Pura Verdad

Pero la paciencia, la fe, y la lucha fueron recompensadas, como siempre lo son.

El 1 de enero de 1938, finalmente pudimos traer la Pura verdad de regreso a la vida. ¡Fue la primera edición en 2 y medio años!

Pero esta todavía tenía que ser una “revista” mimeografiada y producida a mano. Una carta enviada con esta decía: “Todavía no podemos pagar para imprimirla, así que la mimeografiamos nosotros mismos. Este trabajo ha sido hecho en su mayoría por la hermana Helen Starkey, la Sra. Armstrong y yo mismo; con unos pocos de nuestros buenos amigos viniendo a la oficina por trabajo voluntario en los últimos días, para ayudar con el plegado, direcciones, estampado, etc.” La señora Starkey estaba trabajando diariamente, aun sin salario.

Un boletín enviado a los miembros de la iglesia local en Oregon, fechada en enero de 1938, anunciaba que la lista de correo de la Pura verdad era ahora de 1.050 suscriptores.

Esto había sobrepasado a lo que la Sra. Armstrong y yo podíamos hacer. Estaba convirtiéndose en algo demasiado grande para el mimeógrafo. En febrero de 1938 nos vimos forzados a reducir la Pura Verdad a tres páginas, su tamaño más pequeño alguna vez. ¡Había dos hojas de papel y la página de atrás estaba dedicada a una carta!

En este momento me di cuenta que podríamos tener el número de marzo impreso, en una planta de impresión local, sobre papel barato, de ocho páginas por 30 dólares más del costo de mimeografiar. ¡Pero no teníamos los $30!

Así que los números de marzo y abril aun fueron mimeografiados.

El 18 de marzo de 1938, envié una carta mostrando que los gastos de la obra (incluyendo nuestra vida familiar) habían alcanzado unos $300 por mes. Pero estábamos quedándonos atrás en la parte de la vida familiar. Una acción legal fue instituida para ejecutar la hipoteca y quitarnos nuestro pequeño hogar. De alguna manera, yo no recuerdo ahora, este problema fue resuelto, y logramos mantener el hogar. Pero esto sólo sumó a los constantes obstáculos en la lucha por mantener la Obra en movimiento.

¡La primera Pura Verdad IMPRESA!

Finalmente, después de más de cuatro años al aire, ¡logramos producir la primera Pura Verdad físicamente impresa!

Ésto fue hecho al combinar mayo y junio en un número. Tuvo que ser impresa en papel periódico económico. El tamaño de página era más grande que el de la revista presente, pero este contenía solo ocho páginas.

Esta fue la primera edición que llevaba en el encabezado el eslogan que yo siempre había querido: “una revista de entendimiento”. ▪

Continuará...

Capítulo 40: La primera visión de la Obra Universal 

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