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La Trompeta

Autobiografía de Herbert W. Armstrong: En una encrucijada; y una decisión vital

Capítulo 17 En una encrucijada; y una decisión vital

Fue humillante tener que admitir que mi esposa había tenido razón, y que yo había estado equivocado en la discusión más seria que jamás tuvimos.

Desilusión

Pero para la totalmente frustrada sorpresa mía, descubrí que muchas de las enseñanzas y prácticas de las iglesias populares, no estaban basadas en la Biblia. Éstas se habían originado en el paganismo, como me lo había revelado una investigación histórica. Numerosas profecías bíblicas lo predijeron. La sorprendente e increíble verdad era que el origen de estas creencias y prácticas populares de la cristiandad profesa eran, en gran medida, el paganismo, el razonamiento humano y las costumbres, ¡NO la Biblia!

Yo primero había dudado, luego buscado evidencia y encontrado prueba de que Dios existe, de que la Santa Biblia es literalmente Su revelación e instrucción divinamente inspirada, para la humanidad. Había aprendido que el dios de alguien es lo que la persona obedece. La palabra Señor significa Maestro, ¡a quien uno obedece! Yo había descubierto que la mayoría de la gente obedece a dioses falsos y se rebela contra el único Creador verdadero quien es Gobernante supremo del universo.

La discusión era sobre un punto de obediencia a Dios.

Haber abierto mis ojos a la verdad me llevó a la encrucijada de mi vida. Aceptarla significaba vincularme con una clase de gente humilde y sin pretensiones a quienes yo siembre había considerado inferiores. Significaba ser cortado de los importantes, poderosos y adinerados de este mundo, a lo cual yo había aspirado. Significaba vencer total y finalmente la vanidad. ¡Significaba un cambio de vida total!

Una lucha de vida o muerte

Significaba un arrepentimiento verdadero, porque ahora veía que yo había estado quebrantando la Ley de Dios. Me había estado rebelando contra Dios. Significaba dar un giro y seguir el camino de Dios, el camino de Su Biblia, viviendo según toda palabra en la Biblia, en lugar de los caminos de la sociedad o los deseos de la carne y de la vanidad.

Era cuestión de por cuál camino viajaría por el resto de mi vida. ¡Ciertamente había llegado a la encrucijada!

Pero había sido vencido. Dios había ocasionado eso, aunque no lo comprendí en ese entonces. Reveses en los negocios repetidos, fracaso tras fracaso, habían destruido la autoestima. Yo estaba quebrantado de espíritu. Mi ego no quería morir. Quería tratar de levantarse de la derrota humillante y tratar una vez más de andar por el camino ancho y popular de la vanidad y de este mundo. ¡Pero ahora yo sabía que ese camino estaba mal! Sabía que su pena final era la muerte. ¡Pero yo no quería morir ahora!

Esta fue verdaderamente una batalla por la vida, una lucha de vida o muerte. Al final, perdí esa batalla, como había estado perdiendo todas las batallas mundanas en años recientes.

En desesperación final, me arrojé bajo Su misericordia. Si Él podía usar mi vida, yo se la daría, no en suicidio físico, sino como un sacrificio vivo, para que Él la usara según Su voluntad. Ésta ya no valía nada para mí.

Jesucristo había comprado y pagado por mi vida por medio de Su muerte. ¡Ésta realmente le pertenecía, y ahora yo le dije que podía tenerla!

De ahí en adelante, mi vida derrotada e inútil sería de Dios. No podía ver cómo ésta podría serle de algún valor. Pero era Suya para que la usara como Su instrumento, si Dios pensaba que podría usarla.

Gozo en la derrota

Este sometimiento a Dios, este arrepentimiento, este renunciar al mundo, a los amigos y asociados, y a todo lo demás, fue la píldora más amarga que alguna vez tragué. ¡Sin embargo fue la única medicina en toda mi vida que alguna vez produjo la sanidad!

Porque realmente comencé a comprender que en esta derrota total, estaba encontrando un gozo más allá del que las palabras pueden describir. Realmente había encontrado gozo en el estudio de la Biblia, en el descubrimiento de nuevas verdades, hasta ahora ocultas de mi conciencia. Y al someterme a Dios en arrepentimiento total, encontré gozo indescriptible al aceptar a Jesucristo como mi Salvador personal y actual Sumo Sacerdote.

Comencé a ver todo en una luz nueva y diferente. ¿Por qué tuvo que haber sido una experiencia difícil y dolorosa someterme a mi Hacedor y mi Dios? ¿Por qué era doloroso someterme a obedecer los caminos justos de Dios? ¿Por qué? Ahora, obtuve una nueva perspectiva de la vida.

De alguna forma comencé a darme cuenta que un nuevo compañerismo y amistad habían llegado a mi vida. Comencé a estar consciente del contacto y compañerismo con Cristo y con Dios el Padre.

Cuando leía y estudiaba la Biblia, Dios me estaba hablando, ¡y ahora me encantaba escuchar! Comencé a orar, y sabía que en la oración estaba hablando con Dios. Todavía no conocía muy bien a Dios. Pero uno llega a conocerse mejor con otro por medio del contacto constante y la conversación continua.

Una doctrina a la vez

Así que continué el estudio de la Biblia. Comencé a escribir, en forma de artículo, las cosas que estaba aprendiendo. En aquel entonces no supuse que estos artículos serían publicados alguna vez. Los escribía para mi propia satisfacción. Era una forma de aprender más por medio del estudio.

Yo había sido criado en las costumbres cuákeras. Los cuákeros no creen en el bautismo en agua. Pero ahora yo quería probar, con la Biblia, si debía ser bautizado. Así que comencé a estudiar acerca del bautismo y sobre recibir el Espíritu Santo.

A medida que este estudio de la Biblia continuó, me vi forzado a salir de la niebla de la Babilonia religiosa, una doctrina a la vez. Pasaron años antes que yo llegara a ver la escena completa, a entender el propósito de Dios siendo llevado a cabo aquí abajo, y por qué, y cómo, Él lo está llevando a cabo. Como un rompecabezas, las muchas partes doctrinales singulares encajaron, y entonces, por primera vez, felizmente toda la escena saltó a la vista.

Fue como estar tan cerca de un árbol a la vez, que no podía ver el bosque. Tuve que examinar todo árbol doctrinal en el bosque religioso. Muchos, según las creencias en las que yo había sido educado, fueron derribados tras examinarlos de cerca en la Biblia. Nuevos árboles doctrinales salieron a la vista. Pero finalmente, después de años, pude ver todo el bosque de la verdad, habiendo removido los árboles doctrinales muertos.

Es por eso que los estudiantes en Ambassador College hoy pueden aprender la verdad mucho más rápidamente de lo que yo pude hacerlo. Es por eso que los lectores de La Pura Verdad, los oyentes frecuentes del programa El Mundo de Mañana, y los estudiantes del Curso Bíblico por Correspondencia de Ambassador College pueden llegar tan rápidamente al conocimiento maduro de la verdad. La obra pionera ha sido hecha. La maleza ha sido removida. Los troncos mismos de los árboles de falsas doctrinas han sido cortados y desarraigados.

Pero yo mismo tuve que revisar cuidadosamente y probar toda doctrina, una a la vez.

Y entonces, después de arrepentirme y someterme a Dios, vino un estudio intensivo del bautismo en agua.

Desilusionado acerca de los predicadores

Durante mi estudio inicial de seis meses, yo había estudiado no solo la Biblia, sino todos los libros, folletos y tratados que pude obtener sobre los temas religiosos bajo estudio. En cuanto al asunto del Sábado, había buscado ansiosamente y había estudiado ávidamente todo lo que pude encontrar en contra del Sábado y que apoyara el domingo como el “día del Señor”. Pero traté de ser justo, y había investigado también la literatura sobre el otro lado del asunto. Pero la Biblia siempre fue la única autoridad. Así que llegué a familiarizarme bastante con la literatura de los Adventistas del Séptimo Día.

Sin embargo, nunca asistí a ningún servicio de la iglesia Adventista del Séptimo Día.

Además, revisé cuidadosamente la literatura de la Iglesia de Dios, con sede en Stanberry, Missouri.

Luego de rendirme a Dios, había perdido todo sentido de rencor contra la Sra. O. J. Runcorn, la dama anciana que inició a mi esposa en el “fanatismo” religioso que probó ser la verdad de Dios. Aún llegamos a llamarla a ella y a su esposo nuestros padres espirituales. La Sra. Armstrong y yo la visitábamos con frecuencia cuando estuvimos en Salem en el hogar de mis padres. A través de ella y su esposo llegamos a conocer a un pequeño grupo del “pueblo de la Iglesia de Dios” en Salem y cerca de Jefferson, Oregón.

Un día cuando estábamos en Salem supimos que un predicador de esta Iglesia de Dios acababa de llegar de Texas, un Anciano Unzicker. Él y su esposa se estaban hospedando en casa de un vecino, miembro de la Iglesia de Dios. La Sra. Armstrong y yo cruzamos la calle hasta la casa de este vecino para verlo. Yo quería hacerle preguntas acerca del bautismo en agua.

Cuestionando a otros ministros

Luego fui a un ministro bautista en Portland, para saber por qué los bautistas creen en el bautismo. Él fue cortés y paciente, y estuvo agradado de explicar las enseñanzas de su iglesia.

Fui a un ministro Adventista del Séptimo Día. Él, también fue cortés y se agradó de explicar su creencia, según la Biblia.

Finalmente, fui a ver a un ministro de la Iglesia de los Amigos.

Le pregunté por qué los cuáqueros no creían en el bautismo en agua. Él explicó la creencia cuáquera. Ellos creen en el bautismo espiritual, no en agua.

“Bueno, Herbert”, dijo él finalmente, “tendré que confesar que no puedo justificar honestamente la posición de nuestra iglesia con la Biblia. Este mismo asunto me perturbó mucho cuando fui llamado inicialmente al ministerio. Al principio, sentí que no podría llegar a ser consistentemente un ministro de la Iglesia de los Amigos porque esta posición sobre el bautismo en agua realmente me molestaba. Pero luego, miré a algunos de los grandes predicadores de la iglesia (nombrando a varios, incluido mi propio tío abuelo Thomas Armstrong), y ellos todos parecían ser hombres santos de Dios. Así que decidí que, si hombres tan grandes y santos podían predicar contra el bautismo en agua, yo también podría”.

Para mí esto fue desilusionante y desalentador. Me mostró que después de todo, los ministros son humanos, como la otra gente. De niño, yo de alguna manera llegué a suponer que los ministros de religiones son diferentes de otras personas. Que los predicadores eran santos. Las otras personas eran pecadoras. La otra gente tenía naturaleza humana. Pero los predicadores estaban por encima de la tentación y las debilidades de los humanos mortales. Ellos eran una clase especial, que estaban en la mitad entre humanos ordinarios y Dios. Yo había mirado a los ministros religiosos con cierta admiración que ruborizaba. Creo que muchas personas piensan sobre el clero de manera similar.

Por supuesto yo no era ministro, y en ese tiempo nunca esperé serlo. En mi estudio de la Biblia hasta este punto había llegado a estar dolorosamente consciente de que “Engañoso es el corazón [humano] más que todas las cosas, y perverso;” (Jeremías 17:9). Esto es verdad de todo humano, y yo tuve que comprender que me incluía a mí. Pero había llegado a ver que los clérigos son humanos también, y quizás tienen luchas aún más difíciles contra la tentación que los laicos.

Mi experiencia totalmente singular

En realidad, aunque no lo comprendía entonces, yo mismo estaba siendo literalmente empujado hacia el Ministerio de Cristo, aunque no lo buscaba en lo absoluto. ¡Y ahora sé que mi experiencia, con toda probabilidad, fue completamente única! Muy seguramente la manera en la que fui introducido a éste fue diferente a cualquier otro que yo haya oído.

¿Cómo ingresa el ministro promedio al clero? Estoy seguro que la mayoría escoge el ministerio de la misma manera que otros hombres jóvenes escogen la medicina, las leyes, la arquitectura o la ciencia como la profesión de sus vidas. Así que, naturalmente, ellos ingresan a algún curso de preparación proporcionado por su religión en particular, iglesia o denominación. Probablemente entran a un seminario teológico. Aprenden las doctrinas de su organización religiosa en particular.

Pero yo no pertenecía a ninguna religión, iglesia o secta particular. Yo no escogí el clero como profesión. De hecho, en mi caso esa habría sido la última elección. Pero, aunque no lo comprendía todavía, la profesión que yo había escogido (después de autoanálisis concienzudo y encuestas de las profesiones y ocupaciones), el periodismo y la publicidad, proveyeron el entrenamiento y experiencia que me prepararon para en lo que ahora estaba siendo involucrado.

Yo no ingresé a un curso de estudio de ninguna religión o iglesia particular. ¡Yo no estaba siendo enseñado por el hombre! Había entrado en un estudio profundo de la Biblia para probar que mi esposa estaba equivocada en una nueva creencia religiosa. Siendo desafiado además sobre la teoría de la evolución, mi investigación me condujo también a la pregunta de la existencia de Dios y la autoridad de la Biblia. Y acepté la realidad de la existencia de Dios, y la autoridad de la Biblia, solo después de encontrar prueba irrefutable.

¿Cómo llega la mayoría de la gente a creer lo que cree? El filósofo C. E. Ayres comentó que sin duda pocos se detienen alguna vez a preguntarse en retrospectiva cómo llegaron a creer lo que creen, o por qué lo creen. La mayoría de la gente cree lo que se le ha enseñado, o lo que ha leído, escuchado, o cualquier cosa que su grupo, religión, iglesia, partido político, o área del mundo particular cree. Ellos simplemente “siguen la corriente”. Lo Asumen descuidadamente, porque otros lo hacen.

Nuestro sistema de educación incita esto. Éste falla abismalmente al no enseñarles a los niños en crecimiento a pensar por sí mismos, a cuestionar, a buscar prueba antes de creer. En el colegio y la universidad se les enseña a los estudiantes a aceptar y memorizar lo que haya en el libro de texto, o lo que se les dé en la clase. Se les califica según qué tan bien hayan aceptado y memorizado lo que se les haya vertido en sus mentes ingenuas por medio de un embudo. No conozco ningún seminario que se aparte de este proceso, o anime a los estudiantes a preguntarse a fondo si las doctrinas de su religión son verdaderas.

Por supuesto, además, la gente usualmente cree lo que quiere creer. Es decir, se rehúsan a creer lo que no quieren creer. Pero en mi caso yo fui forzado, después de examen e investigación profunda, a creer lo que antes de esa investigación, definitiva y vigorosamente no quería creer. Fui forzado a aceptar bajo prueba aquello que me había determinado comprobar que era falso. Fui forzado a admitir, bajo las circunstancias más humillantes, y bajo prueba, lo que había esperado refutar.

Y lo que, bajo prueba, fui forzado a aceptar era probablemente la creencia más impopular y más difícil de ser aceptada por la mayoría de la gente. Pero contra mi deseo, yo había descubierto que era verdadero, y una vez comprobé que era verdadero, ¡finalmente llegué a acogerlo con alegría y gozo!

Pienso que de ninguna otra manera podría haber sido abierta la mente de alguien para ver las verdades más básicas y vitales del Mensaje revelado por Dios a la humanidad; el conocimiento más importante de todos, totalmente pasado por alto e incomprendido por las religiones, iglesias y sectas de este mundo.

Fue de esta manera singular que fui llevado a descubrir la dimensión faltante en la educación; la verdad de porqué la humanidad fue puesta sobre la Tierra; el verdadero propósito de la vida humana; la causa de toda la infelicidad, los problemas sin solución y los males del mundo; la diferencia entre los verdaderos valores y los falsos; el camino que puede ser la única CAUSA de la paz entre las naciones, grupos e individuos; la única causa del éxito verdadero en la vida con felicidad, paz, prosperidad y abundancia.

No, no sé de nadie que haya sido iniciado en el Ministerio de Jesucristo, sin ser enseñado por hombres, sino por el Cristo viviente a través de Su Palabra escrita, en la manera en que yo lo fui. Yo no me daba cuenta de esto entonces, pero estaba siendo iniciado en Su Ministerio por el Cristo viviente de una manera totalmente singular, ¡y totalmente diferente a la de cualquier otro que yo conozco!

Pero regresemos, ahora, a mi estudio con respecto al bautismo.

Engendrado de Dios

Finalmente completé el estudio del tema del bautismo. Ya no había dudas. Pedro había dicho: “arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38). A Cornelio y su casa, quienes ya habían recibido el Espíritu Santo, Pedro les dijo: “¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús…” (Hechos 10:47-48).

Era un mandamiento. No había promesa de recibir el Espíritu Santo sino hasta después de ser bautizado; aunque Cornelio, la excepción a la regla, había sido engendrado por el Espíritu Santo antes del bautismo. Sin embargo, a él se le ordenó ser bautizado en agua. Lo que yo aprendí en este estudio sobre el bautismo se relata en nuestro folleto gratuito All About Water Baptism (Todo acerca del bautismo en agua).

Así entonces fui bautizado inmediatamente y sin demora.

Inmediatamente después de salir del agua, definitivamente experimenté un cambio de actitud y mente en general. Yo ya me había arrepentido y rendido al gobierno de Dios en mi vida. La hostilidad carnal natural a Dios y Su Ley ya había desaparecido.

Ahora, por primera vez, ¡me sentí limpio! Ahora sabía que la carga terriblemente pesada del pecado había sido quitada de mis hombros. Cristo había pagado la pena por mí. Todos los pecados pasados estaban ahora borrados por medio de Su sangre. Mi conciencia estaba limpia y clara.

¡Por primera vez en mi vida experimenté verdadera PAZ interior de mente! Comprendí, como nunca antes, cuán vanos, inútiles y necios son los caminos de este mundo, en los cuales la mayoría de la gente tiene tantas esperanzas. ¡Había una felicidad apacible y maravillosa de mente en la certeza de que ahora yo era realmente un hijo engendrado de Dios! ¡Realmente podría llamar Padre a Dios!

No hubo sensaciones físicas excitables ni sentimientos estimulantes recorriendo mi columna vertebral. Nada del sistema nervioso. Eso es físico no espiritual. Nada de los sentidos; nada sensual, como algunas personas diabólicamente engañadas y mal informadas afirman experimentar. ¡Sino hubo algo consciente! Hubo una renovación inconfundible de la mente (Romanos 12:2).

Por seis meses luché noche y día, con una mente carnal, para aprender la verdad acerca de una doctrina singular en la Biblia. Antes de eso mi esposa y yo habíamos leído la Biblia recorriéndola libremente, ¡pero yo no había entendido ni una PALABRA de esta! La mayoría de las veces le pedía a mi esposa que leyera ella, porque ella podía leer más rápidamente. Terminábamos más rápido. Pero era como leer o escuchar un idioma extranjero. ¡Yo simplemente no podía ENTENDER la BIBLIA !

Pero ahora, a partir del momento del bautismo, algo nuevo extraño, maravilloso y muy agradable tomó lugar. ¡Yo podía leer la Biblia y entender lo que leía! Por supuesto que no podía entender toda la Biblia en cinco o diez minutos. Todavía tenía que estudiarla una doctrina a la vez. ¡Pero era entendible! ¡Tenía sentido! Aunque tomaba tiempo, ahora yo estaba empezando a entender. ¡Pero estaba comprendiendo y aprendiendo mucho más rápido que durante el estudio inicial de seis meses!

¡Era como un milagro! ¡Y sin duda FUE un milagro! El Espíritu Santo mismo de Dios había entrado y renovado mi mente. Yo había sido bautizado por medio del Espíritu Santo dentro del verdadero Cuerpo de Cristo, la Iglesia de Dios; pero no comprendía ese hecho literalmente. ¡Todavía tendría que buscar diligentemente para encontrar la única Iglesia verdadera que Jesús fundó, antes de reconocer totalmente que Él ya me había puesto en ella!

Capítulo 18 Aprendiendo que si Dios responde las oraciones

Continuará… 

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