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CHRISTOF STACHE/AFP/GETTY IMAGES

Así es como la COVID-19 ha enriquecido a las grandes farmacéuticas

Los encierros impuestos por el gobierno no han sido algo negativo para todos.

La pandemia de la covid-19 ha causado un grave daño a la economía de Estados Unidos. Los economistas han estimado que la pandemia costará la asombrosa cifra de 16 billones de dólares. Alrededor del 80% de los propietarios de pequeñas empresas afirman que los cierres han perjudicado sus balances financieros. Pero incluso mientras los cierres impuestos por el gobierno obligan a los propietarios de empresas pequeñas a cerrar sus negocios, las grandes empresas tecnológicas y farmacéuticas están obteniendo ganancias extraordinarias.

Con más gente trabajando remotamente, quedándose en casa, navegando por Internet y comprando en línea, Apple, Microsoft y Google han duplicado su valor colectivo desde que comenzó la pandemia. Y con el gobierno presionando a la gente para que se vacune, Merck, Moderna, Sanofi, Pfizer y Johnson & Johnson probablemente se repartirán entre ellas 100.000 millones de dólares en ventas y 40.000 millones en ganancias.

La industria farmacéutica y de productos para la salud donó más de 5,9 millones de dólares a la campaña presidencial de Joe Biden y ahora están cosechando los dividendos. El 11 de febrero, Biden acordó la compra de 600 millones de vacunas covid-19 de Moderna y Pfizer. El 27 de febrero, aprobó la vacuna de Johnson & Johnson para uso de emergencia, lo que llevó a la empresa a asociarse con Merck para proporcionar 100 millones de vacunas adicionales. Dado que el precio de una vacuna doble es de unos 40 dólares, estos contratos harán ganar a las grandes farmacéuticas unos 40.000 millones de dólares sólo en Estados Unidos.

Y estas cifras son sólo las ventas. El gobierno también ha dado a las compañías farmacéuticas miles de millones de dólares en subvenciones para la investigación. La Operación Warp Speed [velocidad máxima] repartió 22.000 millones de dólares para investigación y pruebas.

Después de la primera infusión de dinero de los contribuyentes a Moderna, el jefe de la Operación Warp Speed, Moncef Slaoui, recibió opciones para comprar 18.270 acciones de Moderna, que se sumaron a las 137.168 que ya tenía. Gracias a esto Slaoui obtuvo 8 millones de dólares en ganancias personales cuando renunció a la junta directiva de Moderna después de que los funcionarios públicos observaran que tenía un interés financiero en la promoción de las vacunas de Moderna.

William Erhardt y Rachel Harrigan, asesores de la Operación Warp Speed y empleados de Pfizer, mantuvieron participaciones financieras en Pfizer, y los doctores Scott Gottlieb y Mark McClellan, ex comisionados de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, tienen puestos en los consejos de administración de los creadores de la vacuna covid-19. Cuanto más se profundiza en las conexiones entre el gran gobierno, los gigantes tecnológicos y las grandes farmacéuticas, más evidente se vuelve que un grupo de dirigentes corruptos ha utilizado la pandemia del coronavirus para inundar las urnas con votos por correo fraudulentos mientras los ejecutivos de las tecnológicas y las farmacéuticas ganan miles de millones. Mientras tanto, casi 100.000 empresas pequeñas cerraron permanentemente durante la pandemia.

Cuando la pandemia termine, las grandes empresas pueden ser las únicas que queden. “Con el tiempo, la economía en general se recuperará, más o menos”, informó el profesor James Kwak en un editorial del Washington Post. “Pero el coronavirus reconfigurará radicalmente la vida promedio de todo el país, acelerando los cambios que se están produciendo desde hace tiempo: las cadenas de tiendas sustituirán a los negocios familiares, algunas tiendas permanecerán vacías y el dinero que antes pasaba a manos locales se canalizará hacia Amazon y Walmart”.

Esta transformación económica hace recordar la que ocurrió en el antiguo Israel durante el reinado de Jeroboam II. Israel amplió sus fronteras y tomó el control de las rutas comerciales que conectaban con el imperio asirio y egipcio. Una nueva clase de élites israelitas poderosas se enriqueció comerciando con aceite de oliva, vino y caballos de guerra. Pero estas élites utilizaron su riqueza para explotar a su propio pueblo, y la brecha entre los ricos y los pobres se hizo más grande (Amós 6:1-7). El profeta Amós condenó a estas élites poderosas, diciendo: “… explotáis a los menesterosos, y arruináis a los pobres de la tierra…” (Amós 8:4-7).

Hoy en día, esta misma actitud se da en Estados Unidos, especialmente entre la clase oligárquica que obliga a los propietarios de empresas pequeñas a cerrar sus puertas para que las grandes empresas tecnológicas puedan beneficiarse de los cierres y las grandes farmacéuticas puedan beneficiarse de las campañas de vacunación. Estos oligarcas alejan el día adverso y se niegan a llorar por la aflicción de su nación; sin embargo, Dios profetiza que irán cautivos con la primera tanda cuando Estados Unidos sea finalmente conquistado por un enemigo extranjero. Donald Trump construyó su campaña política sobre la promesa de drenar el pantano y empezar a luchar por los intereses del ciudadano estadounidense común. Pero su campaña no va durar mucho si el pueblo estadounidense no se arrepiente de los pecados que llevaron a la nación al punto en el que un grupo selecto de ejecutivos corporativos, políticos y burócratas del “Estado profundo” pudieran tomar el control y empezaran a tomar decisiones que les dieran poder y oprimieran a todos los demás.

Para entender más acerca de cómo el libro de Amós nos da una clara indicación sobre dónde se encuentra Estados Unidos en el marco de tiempo de la profecía bíblica, por favor lea El león ha rugidopor Gerald Flurry. 


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