Reciba importantes análisis, comentarios y noticias directamente por correo electrónico.

‘Asesinato con un cuchillo prestado’

Reese ZOellner/La Trompeta

‘Asesinato con un cuchillo prestado’

China utiliza el fentanilo contra Estados Unidos en el ‘supremo arte de la guerra’. 

“Mucha gente teme que se avecine una guerra con China”, escribe Peter Schweizer en su nuevo libro Blood Money [Dinero Sangriento]. “Pero la guerra ya está aquí”. Explica que aunque no hay botas chinas sobre el terreno ni aviones de guerra del Ejército Popular de Liberación en los cielos, esta guerra está matando a 200 estadounidenses cada día. Eso es casi una persona cada 7 minutos. Cada año, los fallecidos suman más que las muertes de estadounidenses en combate en Vietnam, Irak y Afganistán combinadas.

Esta guerra hace estragos en todos los rincones de Estados Unidos, desde Alaska y Hawai hasta Maine y Florida. Mata a ricos y pobres, jóvenes y viejos, negros y blancos. A menudo se la llama la “crisis del fentanilo” de EE UU. Pero dado que el Partido Comunista Chino está implicado en cada paso de este ataque asombrosamente destructivo contra EE UU, sería más preciso llamarlo la Nueva Guerra del Opio.

No hay droga como el fentanilo

El fentanilo es un opioide sintético unas 50 veces más potente que la heroína y 100 veces más que la morfina. En el torrente sanguíneo, produce un intenso subidón. Esto significa que el fentanilo es extremadamente adictivo y asombrosamente de alto riesgo, en términos de sobredosis. Incluso pequeñas cantidades mínimas, como los pocos granos en la punta del cuchillo de arriba, son suficientes para matar a un adulto.

“Nunca ha habido otra droga como el fentanilo”, dijo el experto químico y farmacéutico Josh Bloom. “Para las drogas callejeras, esto destruye absolutamente cualquier otra cosa en términos de letalidad y peligro”.




Jim Crotty, ex jefe de personal de la Administración de Control de Drogas, enfatiza que el fentanilo es “la droga más perniciosa y más devastadora que jamás hayamos visto”.

Fabricar fentanilo también es mucho más fácil y barato que fabricar heroína, ya que es totalmente sintético y no requiere cultivar amapolas ni lidiar con complicaciones agrícolas relacionadas. El opio de origen vegetal necesario para fabricar un kilogramo de heroína cuesta unos 6.000 dólares. Los precursores químicos necesarios para un kilogramo de fentanilo sólo cuestan unos 200 dólares.

Como esta droga “tan perniciosa” es tan barata de fabricar, y una pequeña cantidad rinde mucho, los traficantes la mezclan con todo tipo de otras drogas. El fentanilo está en todas partes. Y aunque muchas de sus víctimas estadounidenses se arriesgaron a tomar este atroz veneno a sabiendas, la mayoría de los muertos por su causa no sabían que lo estaban tomando.

“Muchas víctimas creen que han comprado un medicamento aprobado por la fda, como Xanax o Vicodin, cuando en realidad se trata de un producto farmacéutico falsificado mezclado con fentanilo”, escribe Schweizer. En otros casos, el fentanilo “se mezcla con otras drogas ilegales, como marihuana o cocaína, sin que lo sepan”.

En 2020, el californiano Tyler Gordon, de 18 años, compró a un traficante local unas pastillas que le dijeron que eran Percocet, aprobadas por la fda. Tras tomar una, sufrió una sobredosis y no pudo ser reanimado. El informe toxicológico catalogó su causa de muerte como “toxicidad aguda por fentanilo”.

Al año siguiente, un menor de 1 año de Carolina del Norte llamado True Lash ingirió parte del fentanilo de su madre, tal vez unos pocos granos de polvo que habían llegado accidentalmente a sus pequeños dedos. Cuando llegaron los equipos médicos, ya era demasiado tarde. True fue uno de los 133 niños estadounidenses menores de 5 años que murieron ese año por ingerir fentanilo sin intención.

En 2022, varios cadetes militares estadounidenses viajaron de West Point a Fort Lauderdale, Florida, para disfrutar de unas vacaciones de primavera. Cuatro de ellos tomaron lo que les dijeron que era cocaína. Poco después, los cuatro sufrieron un paro cardiaco. Otros tres intentaron hacerle RCP, y en el proceso de respiración boca a boca, también se vieron expuestos a trazas de fentanilo. Los siete habrían muerto probablemente si los socorristas no hubieran llegado tan rápidamente. Ese año, otras 73.654 personas en EE UU no fueron tan afortunadas.

El año pasado, cuatro niños de Nueva York, de entre 8 meses y 2 años de edad, fueron hospitalizados tras inhalar trazas de fentanilo que había estado oculto bajo una colchoneta de siesta en su guardería. Tres fueron reanimados con Narcan, un medicamento utilizado para revertir las sobredosis de opioides. Pero Nicholas Dominici, de 1 año, no se recuperó. “Lo quiero, lo extraño, quiero que vuelva”, dijo su madre a la BBC. “Pero no hay nada que me devuelva a mi hijo”.

Durante la última década, este tipo de historias trágicas han llenado las páginas de las publicaciones de noticias estadounidenses. Y se publican nuevas cada día, sin falta.

No es de extrañar que algunos funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional de EE UU hayan argumentado que el fentanilo debería clasificarse como “arma de destrucción masiva”. Y no es de extrañar que incluso miembros de los carteles mexicanos, insensibles a tanta maldad y sufrimiento, tengan un serio temor al fentanilo. Se refieren a él como el diablo.

Puede sonar en cierto modo como un problema más de drogas, un síntoma más de la sociedad enferma de EE UU. Pero lo cierto es que esta crisis en particular estaría creando adicción, debilitando y matando a muchísima menos gente si no fuera por una estrategia activa empleada por el Partido Comunista Chino.

El libro de Schweizer se basa en una meticulosa investigación a partir de diarios militares chinos restringidos, correos electrónicos privados filtrados, datos corporativos chinos, registros filtrados del Buró Federal de Investigaciones y del Departamento de Seguridad Nacional, documentos internos de las fuerzas de seguridad mexicanas y documentos de tribunales penales estadounidenses. Y todo ello muestra que el Partido Comunista Chino está implicado básicamente en cada paso del problema del fentanilo en EE UU.

Entra el dragón

La crisis del fentanilo en EE UU no comienza al sur del Río Grande, sino a 11.000 kilómetros al este del corazón estadounidense, en Shijiazhuang, China. Las empresas de Shijiazhuang producen alrededor del 40% de los precursores químicos sintéticos con los que se fabrica el fentanilo ilícito estadounidense. Otro 55% de esos productos químicos se fabrica en varias otras ciudades de China.

Muchas de las empresas chinas que producen precursores, como Xuyang Biotechnology y Skyrun Industrial, son propiedad del Estado. Éstas reciben subvenciones, exenciones fiscales, subsidios —y órdenes— del Partido Comunista Chino. Y es importante saber que en China, incluso las empresas que no son oficialmente “propiedad del Estado” siguen operando a discreción del gobierno autoritario y funcionan como armas de la diplomacia estatal.

Ocasionalmente, los funcionarios estadounidenses reúnen la claridad política y la voluntad para sancionar a una determinada empresa china por fabricar precursores de fentanilo. Pero como el Partido Comunista Chino lo dirige todo desde arriba, pueden cambiar rápidamente el nombre de la empresa o trasladar sus operaciones a otra firma. Si EE UU prohíbe un determinado precursor químico, los funcionarios del Partido Comunista Chino ordenan a sus científicos que modifiquen ligeramente el compuesto químico. El “nuevo producto químico” no es técnicamente ilegal pero es igual de potente, adictivo y destructivo para los consumidores estadounidenses, y de eso se trata.

Muchos piensan que la fabricación de precursores es donde termina la implicación de China en la crisis del fentanilo en EE UU. En realidad es sólo el principio.

Desde Shijiazhuang y otras ciudades, China envía estos precursores a través del Océano Pacífico hasta Manzanillo, un importante puerto al noroeste de Ciudad de México. La terminal internacional de este puerto, como varias otras en México, no es operada por empresas mexicanas sino por una china llamada CK Hutchison Holdings. Hutchison también controla las terminales ferroviarias de Manzanillo. Sus empleados mantienen un flujo constante de trenes que transportan vagón tras vagón de precursores hasta Culiacán, una pequeña ciudad del norte de México.

Alrededor de 2.000 ciudadanos chinos, muchos de ellos químicos, tienen una presencia permanente en Culiacán. Trabajan con miembros de los carteles mexicanos para convertir los precursores procedentes de Manzanillo en el cóctel tóxico llamado fentanilo.

La implicación de China en este ataque no se detiene ahí.

Una vez sintetizado el fentanilo, hay que prensarlo en forma de pastillas para facilitar su contrabando, distribución e ingestión. También en este caso, los chinos echan una mano a los mexicanos. Las empresas chinas introducen de contrabando prensas de píldoras tanto en México como en EE UU. El Departamento de Justicia también ha señalado que las “ambiguas normativas de exportación” de China permiten que “los traficantes utilicen descripciones vagas en los manifiestos para describir las máquinas de prensado de píldoras con el fin de evitar el escrutinio del Personal de Aduanas y Protección de Fronteras de EE UU”.

Muchas de las prensas de píldoras fabricadas en China incluyen las matrices de fundición de metal específicas que se necesitan para imprimir las píldoras con códigos falsificados, como “10/352”. Esta es la impresión que se pone en las píldoras Percocet auténticas. Es muy probable que Tyler Gordon, de dieciocho años, viera ese código en la pastilla de fentanilo (que le presentaron como Percocet) que acabó con su vida.

Curiosamente, los hechos demuestran que las empresas chinas venden estas prensas para píldoras a los carteles por apenas unos 1.000 dólares por unidad, básicamente a precio de coste. Si están vendiendo estas prensas sin apenas ganancia, ¿qué ganan los chinos con estas transacciones? La escalofriante respuesta es ésta: ellos miden el éxito de su aventura con el fentanilo no en dólares, sino en vidas estadounidenses.

En este punto del proceso, los precursores se cocinan para convertirlos en fentanilo, y el fentanilo se prensa en tentadoras píldoras. Incluso aquí, los chinos no han terminado de retorcer el cuchillo.

Para pasar de contrabando las píldoras a través de la porosa frontera de EE UU, distribuirlas y venderlas, los miembros del cartel necesitan medios de comunicación que los agentes de la ley estadounidenses no puedan intervenir. Para ello utilizan WeChat, una aplicación de mensajería propiedad del gigante tecnológico chino Tencent. Los mexicanos confían en WeChat porque saben que, aunque está vigilada por las autoridades chinas para reprimir la disidencia política, los chinos hacen oídos sordos a las conversaciones sobre la introducción de fentanilo en territorio estadounidense. Los carteles también saben que los chinos se niegan a compartir comunicaciones con EE UU.

“Todo está ocurriendo en WeChat”, dijo el agente retirado de la DEA Thomas Cindric, que se había enfocado en la guerra del fentanilo. “El gobierno chino es claramente consciente de ello”.

El paso final del proceso es dar al dinero manchado de sangre de los carteles una apariencia de legitimidad para que pueda gastarse en armas, sobornos y cualquier otra cosa que expanda sus viciosos imperios de la droga. Y aquí, de nuevo, los chinos intervienen con entusiasmo. Los operativos chinos blanquean miles de millones de dólares de fentanilo para los carteles cada año. Y lo hacen a tarifas muy inferiores a las que los carteles obtenían de los blanqueadores colombianos en la época de la cocaína. “Con los colombianos, había sido una comisión del 18 al 13%”, dijo Cindric. “Los chinos lo hacen por un promedio de entre el 1 y el 2%. Y la velocidad a la que lo hacen es increíble. Los chinos han absorbido el riesgo. Saben que les pagarán”.

La alarmante verdad es que EE UU está siendo atacado sin piedad.

China está implicada básicamente en todos los aspectos de este comercio ilícito y devastador, y lo está con el propósito de arruinar tantas vidas estadounidenses (destrozadas, heridas o muertas), como sea posible. Schweizer lo resume de forma escalofriante: “El fentanilo está siendo dirigido de forma encubierta y sistemática contra los ciudadanos de nuestro país por una gran potencia extranjera, el ataque más letal en tiempos de paz de la historia de la humanidad”.

¿Por qué China trabaja tan frenéticamente para envenenar estadounidenses y desestabilizar nuestra sociedad? Porque los chinos quieren superar a EE UU como primera nación del mundo. Y tienen un largo historial de trabajar para conseguir tales objetivos con métodos turbios y perversos.

'Asesinato con un cuchillo prestado'

En su libro El arte de la guerra, el antiguo estratega chino Sun Tzu alentaba el uso de la alteración, el engaño y el subterfugio para derrotar a los enemigos. Enfatizaba el uso de tácticas indirectas, cuando fuera posible, en lugar de enfrentamientos militares abiertos. “El arte supremo de la guerra consiste en someter al enemigo sin luchar” es uno de los principios más famosos de su libro.

Esto se escribió hace más de 2.000 años, pero sigue siendo fundamental para el pensamiento de los líderes y agentes chinos modernos.

En 2003, el gobierno chino publicó su política oficial de las Tres Guerras. Esto fue diseñado para guiar las mentes de los soldados, marineros y oficiales del Ejército Popular de Liberación en todos los niveles. E incluye la frase de Sun Tzu sobre “someter al enemigo sin luchar” no menos de 10 veces, junto con muchos detalles sobre su aplicación al panorama actual.

Desde 2006, se exige a todos los miembros del Ejército Popular de Liberación de China que estudien a fondo El arte de la guerra como libro de texto. Con ello se pretende proporcionar una visión clara de la estrategia militar global de China.

En 2010, los planificadores militares chinos publicaron un manual titulado Guerra de desintegración, en cuya portada se cita ese mismo principio de Sun Tzu, y en cuyas páginas se ofrecen aún más detalles sobre cómo China puede lograrlo.

China está utilizando el fentanilo para someter al enemigo sin luchar. Alrededor de la mitad de los estadounidenses muertos por esta guerra oscura y solapada están en edad militar. “Esto equivale a eliminar de las listas a dos o tres divisiones del ejército o de los marines cada año”, afirma el Coronel de la Marina estadounidense Grant Newsham (retirado). Esto es escalofriante, pero la verdad es que los chinos no tienen como objetivo específico a las personas en edad militar. Están pensando en una guerra total y ya la están librando a través del amplio y desordenado rocío de devastación del fentanilo, que destroza familias y destruye comunidades. Con cada nuevo adicto, sobredosis o superviviente aplastado por el dolor, el enemigo está un poco más sometido, sin luchar realmente.

El pueblo chino también estudia universalmente un antiguo conjunto de tácticas llamado las 36 Estratagemas. Estos son métodos de engaño, distracción y explotación para su uso en la guerra y la política, que complementan bien las enseñanzas de Sun Tzu. Estas 36 estratagemas impregnan la cultura china moderna, los niños las aprenden en su más tierna infancia y las vuelven a encontrar una y otra vez en canciones infantiles, libros, revistas, música, programas de televisión y películas. Uno de los más discutidos de los 36 se traduce como “Asesinar con un cuchillo prestado”. Esto significa infligir daño a un enemigo implicando a un tercero, fomentando la guerra civil o encontrando otros medios insidiosos de ataque que den al atacante un grado de negación plausible. Y describe perfectamente el papel asesino de China en el azote del fentanilo en EE UU.

Una nueva era oscura

En su programa en inglés del 30 de marzo de 2018, de La Llave de David, “Los tiempos de los gentiles”, Gerald Flurry dijo: “Seguramente si nos detenemos a pensar en esto, con China haciendo todo eso y haciendo todos esos tratos y pagando todo ese dinero, ¿cuál es su objetivo? ¿Cuál es su ambición? Sin duda debemos ver allí una fuerte motivación para apoderarse del mundo, para conquistar el mundo, y algunos de los líderes chinos incluso dirán eso”.

El título de ese episodio procede de Lucas 21:24, en el que Jesucristo advirtió que, en nuestra era moderna, el mundo entraría en un nuevo periodo de pesadilla: los tiempos de los gentiles.

Las Escrituras dejan claro que esta nueva época ocurriría cuando el poder de las naciones israelitas, EE UU y Gran Bretaña, declinara y otros países como China se convirtieran en dominantes a nivel mundial. Estamos en esa época ahora, y China está retorciendo cada vez más el cuchillo para erosionar aún más el poder de EE UU, incluyendo su diabólica ofensiva con el fentanilo.

A medida que EE UU sucumbe cada vez más a su podredumbre social, a sus numerosas adicciones paralizantes y a su disfunción política, China seguirá haciendo todo lo posible para acelerar su caída e impulsar su propio poder. La profecía bíblica deja claro que estos esfuerzos culminarán con China trabajando con otras potencias mundiales para asediar a EE UU.

Es evidente que nos esperan días terriblemente oscuros. Pero la oscuridad no durará mucho.

En su previsión sobre “los tiempos de los gentiles”, Cristo dijo que, a medida que China y otras potencias sigan fortaleciéndose y debilitando a EE UU, también estarán “desfalleciendo los hombres por el temor” (versículo 26). Pero en el versículo siguiente, Él promete que el miedo dará paso al mejor acontecimiento posible: “Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria” (versículo 27). Estos tiempos brutales de los gentiles, en los que el mundo ya se encuentra, ¡llegarán a su fin con el regreso de Jesucristo!

RUSIA Y CHINA EN PROFECÍA

La posición de Estados Unidos como la única superpotencia mundial se está desvaneciendo rápidamente. Otras naciones y grupos de naciones están en la disputa por llenar ese vacío. Desde el oriente, está surgiendo un bloque de poder con un potencial enorme, tanto en número de hombres como en influencia económica y poderío militar. Su creciente presencia está intensificando la competencia global por los recursos y la influencia geopolítica. ¿A dónde conducirá esta tendencia? ¡Usted puede saberlo! ¡La profecía bíblica provee una extraordinaria y aguda visión por anticipado del futuro de Asia!