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(OLIVIER DOULIERY/GETTY IMAGES)

Alerta aliados de Oriente Medio: Obama ha vuelto

La política exterior estadounidense vuelve a empoderar a Irán.

Este año, Oriente Medio podría experimentar su sacudida más dramática del último medio siglo. La administración Biden ha empoderado a Irán y a sus aliados rápida y contundentemente a expensas de los propios aliados históricos de EE UU, particularmente Israel.

Esta política para fortalecer al principal Estado patrocinador del terrorismo del mundo no es nueva. Es una política exterior autodestructiva implementada primero durante la presidencia de Barack Obama. En su segundo mandato, el presidente Obama y el vicepresidente Joe Biden persiguieron lo que el jefe editor de la Trompeta, Gerald Flurry, llamó el “peor error de política exterior en la historia de EE UU”. Obama forzó el acuerdo nuclear del Plan de Acción Integral Conjunto con Irán, dándole a este último acceso a más de 100 mil millones de dólares, de los cuales 1,8 mil millones llegaron a Teherán en efectivo imposible de rastrear.

La propia premisa de estas concesiones a Irán era irracional para cualquiera que se preocupe por la seguridad de EE UU, y mucho más por la de Israel. Luego Irán añadió más exigencias. Pero Obama persistió. Poco a poco, algunos comentaristas sagaces se dieron cuenta de que no se trataba de un inocente “mal acuerdo”. El desastroso acuerdo nuclear con Irán fue intencional, y ocultaba un motivo oscuro.

En realidad, los iraníes no se la jugaron a Obama, él estaba ayudándolos en sus ambiciones. La agenda de Obama de “transformar fundamentalmente a Estados Unidos de Norteamérica” incluía transformar fundamentalmente las relaciones de EE UU en Oriente Medio. Él hizo girar la política y los recursos del país para acoger y patrocinar a los enemigos y evitar a los aliados, o empujarlos directamente a la línea de fuego.

Ahora el asistente de Barack Obama está en la Casa Blanca. Y esta vez, no hay que esperar a un segundo mandato para perturbar profundamente a Oriente Medio. Ya está sucediendo.

Salen los aliados, entra Irán

El presidente Donald Trump revirtió de forma contundente las políticas destructivas de Obama, incluyendo retirar a EE UU del acuerdo nuclear, trasladar su embajada a Jerusalén y abatir a la mente maestra terrorista de Irán, el general Qasem Soleimani. Pero la nueva administración de Biden señaló desde el primer día que la política de Trump destinada a contener a Irán había terminado.

Rompiendo con el precedente presidencial de los últimos 50 años, Biden se negó por cuatro semanas a siquiera llamar al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu. Su gabinete está lleno de agentes y activistas de la era Obama que se han opuesto estridentemente a Israel. La comentarista israelí Caroline Glick escribió que la administración de Biden “se está perfilando como la administración estadounidense más hostil de la historia”. La Casa Blanca también puso a Arabia Saudí en aviso de que está investigando sus abusos contra los derechos humanos, y bloqueó un enorme acuerdo de armas que había sido aprobado por el Congreso.

Nada hace más evidente cuánto desea Obama dar poder al régimen iraní que el nombramiento de Robert Malley como enviado especial de Biden a Irán. Malley es otro veterano de Obama. Fue llamado para ser su asesor de política exterior en la candidatura de 2008, pero al hacerse público que se había reunido con los líderes del grupo terrorista Hamás, fue descartado para no entorpecer las esperanzas electorales de Obama. Después de que Obama ganara la reelección en 2012 y que los vínculos de Malley con los terroristas no pudieran perjudicarle en las urnas, Obama incorporó a Malley como director principal del Consejo de Seguridad Nacional del presidente. En 2015, se convirtió en el principal negociador de Obama para el acuerdo nuclear.

El regreso de Malley indica claramente que Irán puede esperar otro acuerdo favorable en un futuro cercano. Como escribió Jonathan Tobin el 22 de enero, Malley es “el candidato ideal de Irán para el puesto de enviado estadounidense”. Ese mismo día, el senador republicano Tom Cotton deploró la elección de Malley, tuiteando: “Malley tiene un largo historial de simpatía por el régimen iraní y antipatía hacia Israel. Los ayatolás no podrán creer su suerte si él es seleccionado”. Para suerte de Irán, eso sucedió. Y en junio, las próximas elecciones presidenciales amañadas de Irán probablemente provean un líder “moderado” con el que se pueda negociar un nuevo acuerdo.

Si parece prematuro pronosticar un cambio tan colosal en la política de EE UU en Oriente Medio basándose en estos detalles, considere el cambio de política que ya se ha producido en el actual punto álgido de la búsqueda de Irán para dominar la región: Yemen.

Cazando a Yemen

La mayoría de la gente apenas podría situar a Yemen en un mapa, pero es precisamente su geografía lo que hace que esta nación sea importante. Situada en el suroeste de la península Arábiga, su costa occidental bordea la estrecha entrada sur del mar Rojo. Conocido en árabe como Bab el Mandeb, este estrecho de 35 kilómetros de ancho conecta en última instancia el océano Índico con el mar Mediterráneo. Controle Yemen y podrá controlar el comercio del mar Rojo.

Desde 2014, Yemen sufre una guerra civil instigada por los hutíes, una secta islamista shií con históricos vínculos ideológicos con Irán. En septiembre de 2014, los hutíes tomaron la capital, Saná, y desde entonces luchan contra el gobierno reconocido internacionalmente. Pero esta guerra no es sólo un asunto interno de Yemen. Arabia Saudí ha proporcionado al gobierno nacional apoyo financiero y militar, mientras que Irán ha entrenado, organizado y armado a los hutíes como lo ha hecho con sus otros representantes terroristas, como Hezbolá en el Líbano.

Irán no oculta su control sobre los hutíes; se jacta de ello. “Nosotros, en el eje de la resistencia, somos los nuevos sultanes del Mediterráneo y del Golfo”, dijo Mohammed Sadeq al Hosseini, asesor del expresidente iraní Mohammad Jatamí, durante el levantamiento de los hutíes en 2014. “Nosotros, en Teherán, Damasco, el suburbio del sur de Beirut [de Hezbolá], Bagdad y Saná, daremos forma a la región. También somos los nuevos sultanes del mar Rojo”.

Desde la caída de Saná en 2014, una coalición internacional liderada por Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, aliados de EE UU, ha intentado derrotar a los hutíes y, por extensión directa, el dominio de Irán en el mar Rojo.

Como uno de sus últimos actos en el cargo, el presidente Trump designó a los hutíes como organización terrorista extranjera. También firmó un gran acuerdo de armas con Arabia Saudí, proporcionando sofisticados drones reaper para que sean usados en la guerra de Yemen. Trump negoció la venta del F-35, uno de los aviones de combate más sofisticados del mundo, a los Emiratos Árabes Unidos. En ambos acuerdos de armas, Trump estaba equipando a los aliados de EE UU con armas que podrían ayudar a detener la búsqueda iraní de dominar Yemen y otros lugares.

Sin embargo, en la primera semana del Sr. Biden en el cargo, no solo revocó la designación de los hutíes como grupo terrorista, sino que también anunció que EE UU ponía fin a su apoyo a la campaña dirigida por Arabia Saudí contra los hutíes. Además, anuló los acuerdos de armas con Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos.

El pensador geopolítico George Friedman, famoso por su discreción, escribió el 9 de febrero que los movimientos de Biden “pueden representar un cambio radical en la política de EE UU en Oriente Medio” y que “la amenaza de un Yemen dominado por Irán es real”.

Michael Doran, del Instituto Hudson, escribió: “En lugar de obligar a Irán a retirarse, la administración Biden está trabajando para expulsar a Arabia Saudí, un aliado de EE UU, que intervino en Yemen para detener el avance de Irán. (…) Abandonar la contención, desmantelar la disuasión, desperdiciar la influencia, degradar a los aliados y enriquecer a los enemigos, son los componentes esenciales de la estrategia de Obama-Biden. Que una superpotencia adopte este enfoque no sólo es anormal, sino alarmante” (Wall Street Journal, 4 de febrero).

¿Y cómo ha respondido Irán?

Desde principios de febrero, los hutíes han desencadenado una enorme ofensiva apuntando a objetivos militares y civiles en el sur de Arabia Saudí, incluyendo aeropuertos públicos. El 13 de febrero, lanzaron un enorme asalto terrestre contra Marib, la última gobernación del norte de Yemen que aún no controlan. Esta zona rica en petróleo ha proporcionado al gobierno reconocido internacionalmente una fuente de ingresos y poder, pero ahora está amenazada justo en el momento en que EE UU le ha retirado su apoyo. La política exterior estadounidense ahora apoya una usurpación de poder iraní en Yemen.

Estas no son decisiones sin relación entre sí. Son señales leídas claramente por el enemigo histórico de EE UU, Irán, y por los aliados históricos de EE UU, como Israel, y comunican de qué lado está la administración Biden. La estrategia “Obama-Biden”, como Doran la caracterizó acertadamente, consiste en apoyar a Irán y no ser tímido al respecto.

Presagiando una guerra mundial

Es crucial entender la política de Obama-Biden desde 2008 hasta 2016 y la política de Obama-Biden en 2021, y no sólo porque Oriente Medio en general sea una región extremadamente peligrosa o porque la lucha por el control del mar Rojo en particular pueda desencadenar una guerra (como ocurrió con la Guerra de los Seis Días en 1967). La razón por la que hay que entender y observar la política estadounidense en Oriente Medio ahora mismo es porque está profetizado que acabará en una guerra mundial del siglo xxi.

Basándose en la profecía del libro de Daniel, el jefe editor de la Trompeta, Gerald Flurry, escribió en 2015 que el “dominio de los hutíes en Yemen demuestra que Irán está implementando una estrategia audaz para controlar la vital vía marítima desde el océano Índico hasta el mar Mediterráneo”. El Sr. Flurry describe esa estrategia en Libya and Ethiopia in Prophecy [Libia y Etiopía en profecía, disponible en inglés]. La profecía crucial del tiempo del fin está registrada en Daniel 11.

“Pero al cabo del tiempo el rey del sur contenderá con él; y el rey del norte se levantará contra él como una tempestad, con carros y gente de a caballo, y muchas naves; y entrará por las tierras, e inundará, y pasará” (versículo 40).

Durante tres décadas, el Sr. Flurry ha identificado al rey del sur como una potencia islamista radical liderada por Irán, y al rey del norte como una potencia europea dirigida por Alemania. Esta profecía revela que la potencia liderada por Irán presionará a Europa. “Tomar el control de Yemen pone a Irán en una posición aún más fuerte para hacer este empuje”, escribió el Sr. Flurry en 2015.

Irán sabe que el control estratégico de Yemen puede convertirlo en el “sultán” del mar Rojo. La profecía bíblica muestra que Irán obtendrá el control no sólo del sur del mar Rojo, sino también de toda su extensión hasta Egipto, inclusive.

Sin embargo, lo que resulta sorprendente es que sea EE UU, bajo la estrategia de Obama y Biden, quien ayude e instigue activamente a Irán. Y lo está haciendo incluso más abiertamente que durante la presidencia de Obama.

Cuando EE UU da poder a una nación que lo llama “el gran Satanás”, que oprime a su propio pueblo, que patrocina el terrorismo más que cualquier otra nación del planeta, que sigue una ideología fanática y suicida, que busca tener armas nucleares, que ha amenazado abiertamente a gran parte del mundo civilizado y que promete borrar del mapa al “pequeño Satanás”, Israel, se debe reconocer la realidad: algo está terriblemente mal en la política exterior de EE UU. ▪


EL REY DEL SUR

El profeta Daniel escribió acerca de una futura confrontación entre el rey de norte y el rey del sur. ¡Estamos ahora en el tiempo donde estos dos importantes poderes están rápidamente levantándose! El rey del sur está provocando problemas incluso hoy. ¡Es crítico que usted sepa la identidad de este poder profetizado!